• Sufrir cáncer de mama convirtió a la actriz en una persona “más sencilla”, que ahora cuestiona la frivolidad de la gente y cree que el vivir debe construirse todos los días sin dejarse llevar por la ambición

Portarretratos, cuadros e ilustraciones reposan en las paredes —teñidas con tenues colores— de la casa de la actriz venezolana Tania Sarabia, quien desde ese mismo rincón lleno de arte, de calor de hogar con olor a buen café, puede observar una privilegiada vista de la ciudad de Caracas, lugar donde nació el 24 de septiembre de 1947.

Foto: Víctor Salazar

A sus 72 años de edad Tania recuerda claramente cómo fue su infancia viviendo cerca del Panteón de Caracas hasta los 4 años de edad, para luego mudarse a la urbanización de Las Mercedes. La artista conoce la Caracas de antaño, esa que muchos – hoy en día quisieran haber vivido.

La casa de estudios iniciales de Tania fue en el Colegio Santa Rosa de Lima, donde resalta tuvo una educación “bastante religiosa”, además de la que le daba su familia. “Mi abuela, mi mamá y mis tías me inculcaban que tenía que ir a misa todos los domingos”, explica, para “ser una buena practicante de la religión católica”.

La madre de la actriz formaba parte de los fundadores del Ateneo de Caracas, un establecimiento que fue de suma importancia para la cultura, el arte y la música en Venezuela. Esto mantuvo a la pequeña Tania muy cercana al mundo del teatro, sin embargo, ante los ojos de su familia este oficio no era el ideal para ella.

De niña, Tania conoció la ciudad de Nueva York y una gran sonrisa se dibuja en su rostro cuando hace retrospectiva a ese momento. Su mirada se ilumina cuando visualiza los teatros y los musicales que vio en la llamada capital del mundo. “Era como un sueño, eso contribuyó a que yo decidiera ser actriz”, dice antes de lamentar lo frustrante que fueron los años en los que no la dejaban actuar.

«Era una época en la que habían muchos prejuicios, muy cerrada y muy fuerte”, explica. Esto llevó a ya una joven Tania a mudarse a México a estudiar Restauración y Conservación de Obras de Arte como un atajo para mantenerse cerca de las cosas que le gustaban.

Y aunque culminó sus estudios superiores en esta carrera, su hiperactividad no le permitió ejercerla. “Al final no me gustaba porque era algo que requería de muchísima delicadeza, había que ser muy meticuloso y yo soy una persona muy inquieta. Terminé profundamente aburrida de esto”, cuenta. En efecto, Tania decidió abrirse a sus sueños y por fin iniciar en el mundo del teatro, pero esta vez del lado de la producción.

Entre risas la actriz cuenta que la relación de una amiga con el destacado dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas formó parte de su entrada definitiva a las tablas. “En ese momento fue cuando obtuve mi primer papel en la obra Acto Cultural”, recuerda antes de definir a Cabrujas como “un genio”.

Foto: Víctor Salazar

Gracias al también escritor y al talento de Tania las puertas de Radio Caracas Televisión, uno de los canales más populares y respetados del momento, se abrieron para ella y para su participación en incontables producciones. La artista también destaca que sus años de mayor crecimiento fueron en la Compañía Nacional de Teatro, donde hizo Shakespeare, Moliere y muchos clásicos de la literatura universal.

El aprendizaje que me ha dejado la actuación es que mientras más grande sea tu esfuerzo, más grandes serán los frutos y la formación como persona”, reflexiona Tania.

Además, define que ser actriz es “su pasión y su vida”. “Me gusta dar lo mejor de mí, me gusta hacer reír a la gente, porque también hago comedia”, dice. Y sobre la comedia Tania considera que viene del talento innato. De joven recuerda que ella siempre era “la graciosa de la familia”, mientras que a su hermana la consideraban como “la más bella”.

Sobre su trabajo como actriz recuerda muchas telenovelas que la marcaron, pero hay dos de ellas que resalta como las que más disfrutó. La primera es «La Inolvidable», de RCTV, un drama romántico – antiguo en el que Tania interpretaba Memela Calcaño, un personaje que destacaba por su chispa de inocencia.

Otro de los personajes que recuerda con cariño es a “Mamasanta”, en la novela «Cosita Rica» de Venevisión. En este caso la artista interpretaba a una mujer ciega que se caracterizaba por un profundo amor hacia su familia. “Me gustó mucho ser ‘Mamasanta’ porque mi abuela era ciega y fue como descubrir su mundo pero desde la actuación”, dice.

Foto: Víctor Salazar

También recuerda que el año 2003, momento en que salió al aire «Cosita Rica», su personaje ocupaba las portadas de varias revistas nacionales por el Día de las Madres y lo define como algo que marcó “muy especial” para ella porque “sentía que su trabajo había llegado al corazón de la gente”.

El triunfo fuera de la actuación

Tania ha tenido una vida llena de éxitos no solo a nivel profesional, sino espiritual, pues en el año 2004 empezó una dura batalla contra el cáncer de mama de la cual salió victoriosa.

Respecto a esta etapa de su vida, la actriz considera positivo que luego de sufrir esta enfermedad se convirtió en una persona totalmente diferente. “Al ver a los pacientes con cáncer me sentía conmovida. Yo empecé a pensar más en los demás desde entonces, porque a veces uno se vuelve muy egoísta”, expresa.

El cáncer hizo que Tania empezara a agradecer más por lo que tenía.

Fue muy duro estar tan cerca de la muerte”, dice antes de agradecer a quienes la apoyaron durante ese duro momento.

Considera que es el cariño de la gente y la actitud del paciente parte de la sanación del cuerpo.

Esta experiencia convirtió a la actriz en una persona “más sencilla”, quien ahora fácilmente cuestiona la frivolidad de la gente y cree que el vivir debe construirse todos los días sin dejarse llevar por la ambición.

Hoy en día Tania les dice a las mujeres que padecen cáncer que sean positivas, que busquen ayuda y que “no se queden estáticas carcomiéndose con la enfermedad”. “Siempre es bueno buscar a amigos y familiares para pasar los momentos amargos”, dice.

Foto: Víctor Salazar

Demuestra su aprendizaje y buena voluntad día tras día en Senos Ayuda, fundación donde cientos de mujeres acuden con esta enfermedad en busca de una mano amiga. “Ayudar a los demás es lo que más fortaleza me ha dado”, concluye.

Un país que es su casa

La actriz, que ha visitado diferentes lugares del mundo, asegura que sigue en Venezuela porque “no sabe vivir en otra parte”.

“La vida afuera es muy diferente, sí. El movimiento de las ciudades, todo es bello, todo es alumbrado, y aunque me siento bien caminando por esas grandes avenidas, me hacen falta las guacamayas de Caracas, me hace falta mi casa, ver la montaña de mi ciudad…”, expresa luego de un suspiro.

Tania se muestra como una fiel amante a Venezuela y no deja de exteriorizar su preocupación por la situación sociopolítica del país, la cual considera atemorizante. Sin embargo, su optimismo sobrepasa cualquier duda. “Creer que el poder es eterno es absurdo, ningún gobierno dura para siempre”.

Su creencia de que Venezuela será un mejor país dentro de poco le inspira en su cotidianidad. “Me hace feliz ver a los jóvenes que están aquí estudiando, luchando por realizarse, tenemos mucho talento”, dice.

Finalmente y con mucha seguridad, resalta que “no siente miedo de la generación de relevo” porque considera que es gente capacitada para dar lo mejor de sí.

“Esta juventud valiosa me inspira”, asegura sonriendo.

Tania Sarabia todavía se encuentra en vida laboral activa y durante cada año se presenta en diferentes obras de teatro. La actriz es referencia de la televisión y el teatro venezolano, pues ha sido reconocida por generaciones como una de las primeras artistas venezolanas gracias a su talento.

Su familia es su mayor tesoro y así lo hace saber. Ansiosamente siempre espera para reunirse con su hija cada vez que sea posible, pues se encuentra fuera del país. “Hay que ver la vida desde una perspectiva más humana”, finaliza la mujer de característico cabello rojo, que tiene una historia más que contar. Una simple alergia a los tintes con químicos, la llevó a aplicar productos naturales y tener así un aspecto que la hace reconocida en el mundo artístico venezolano.

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