• La joven de 28 años de edad se encuentra en una silla de ruedas que actualmente posee 12 pulgadas menos de las medidas correspondientes con su talla y peso. La incomodidad de vivir esta situación la impulsó a crear una campaña para poder salir adelante en un país en crisis

Diana Zambrano empezó a sentir un ardor que consumía su espalda. Tenía apenas 15 años de edad cuando un enfrentamiento entre bandas se generó cerca de la casa donde vivía, en Catia, Caracas. Estaba en la parte trasera del vehículo de sus padres. Sus piernas se habían apagado, como si un interruptor hubiese sido presionado cuando la bala ingresó y explotó dentro de su columna. Fue como si su cuerpo se desentendiera de sus piernas, los músculos de sus rodillas no reaccionaron más a sus intentos por escapar de aquel momento. 

El proyectil recorrió la parte izquierda de su espalda y rebotó en su interior estallando en sus vértebras lumbares derechas. Las destrozó. Quedó parapléjica sin saber que una bala había ingresado a su organismo. No la sintió durante el tiroteo, su única señal de alarma fue ver cómo su camisa empezó a destilar sangre. Sus esfuerzos por volver a sentir una corriente que conectara con sus piernas se desvanecieron. 

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Foto: Victor Salazar

Diana es esbelta, su cabello negro le llega hasta las orejas y tiene unos ojos intensos de color marrón; demuestra rastros de su malhumor incididos al estar postrada en su silla. Siempre incómoda. A pesar de esto, es audaz, con un amor profundo por la fotografía y exhaustiva por el conocimiento.

Durante el día suele experimentar cambios de ánimos bruscos. No le gusta salir de su apartamento porque la mayor parte del tiempo sufre de “corrientazos”, como ella misma los describe en exclusiva para El Diario. Dice que recorren su cuerpo hasta llegar a su cadera. También utiliza pañales para adultos por su condición.

Su silla de ruedas tiene algunos tintes de color rosa que constantemente le recuerdan que era solo una niña cuando sucedió el accidente. Ahora es incómodo. Debe pasar todo el día en un asiento desgastado por el tiempo. Añade que los días terminan en sollozos que su madre no puede contener. 

Su mamá, Esperanza, como su nombre lo refiere, mantiene el anhelo de que su hija pueda volver a ser independiente. Ella tuvo que dejar de trabajar como empleada pública por construir una nueva vida con Diana, quien además tiene una limitación auditiva y en el habla desde que nació. 

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Foto: Victor Salazar

La silla de ruedas le queda pequeña porque Diana creció sobre ella. El asiento tiene 12 pulgadas menos que las medidas correspondientes con su talla y peso. La familia Zambrano explicó que las sillas tradicionales no son funcionales para la joven de 28 años de edad. 

Una silla promedio pesa siete kilos. A pesar de esto, a los padres de Diana se les dificulta movilizarla por su edad avanzada de 70 y 65 años, pues viven en el piso 22 de su edificio.

Son pocos los paseos familiares, pero cuando Diana necesita salir a un control médico, su padre debe cargarla en silla de ruedas sorteando los escalones que lo llevan al piso en el que el ascensor se encuentre disponible. Debido a las constantes fallas que presenta su principal movilizador en en el conjunto residencial, sus vivencias se han reducido a las paredes de su sala. 

Su papá, Eli Zambrano, afirmó para El Diario que ha recibido propuestas de donaciones de sillas de ruedas, pero explicó que ninguna se ajusta a las necesidades de Diana. 

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Foto: Victor Salazar
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A mí me han llegado donaciones de sillas de ruedas. Pero sería injusto que las acepte sabiendo que no le van a funcionar a Diana. Otra familia puede necesitarla más que nosotros”, agregó.

Zambrano también relató las dificultades que existen para conseguir las medicinas que contrarrestan las conductas hormonales que infunden la frustración de Diana. Necesita con urgencia macrodantina, un fármaco necesario para estabilizar su temperamento, y que debido a la crisis del país es difícil de adquirir. 

La espera de un milagro

Las molestias en su cuerpo también han aparecido luego de que los doctores le practicaran una intervención en su cono medular. Este procedimiento consiste en quitar todos los nervios que resultaron dañados producto de la bala. 

¿Qué es el cono medular?

El cono medular es la parte final de la medula espinal.

El mismo comienza cerca de la salida de los nervios lumbares (L1). Después de que la medula termina, los nervios espinales continúan en raíces nerviosas suspendidas, esto también se le conoce con el nombre de «cola de caballo».

Esperanza, en su momento, conversó con el doctor para que Diana conservara mucha más movilidad en sus piernas; sin embargo, la petición fue negada por riesgo de infección. 

“Los médicos me explicaron que no iba a ser posible porque como la bala entró en su cuerpo y luego explotó muy cerca del cono medular, causó que tuviera esquirlas de hueso producto del impacto. Por eso, al hacerle esta intervención en su médula, es como si sacaran las raíces de una planta y solo quedara el remanente de algunos tallos. Cualquier movimiento que ella haga y que roce con estos pelitos o tallos es lo que genera que ella tenga los corrientazos, y sabemos que a ella le duele mucho cada vez que pasa esto a diario”, aseveró su madre. 

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Foto: Victor Salazar

La desesperación llevó a Diana a crear una campaña de GoFoundMe en 2017 para recibir la ayuda necesaria y tener una silla nueva que se adapte a su cuerpo. Sin embargo, no ha reunido el dinero suficiente para aunque sea comprar la estructura de una silla eléctrica marca Tilite, la ideal para su condición. El monto total para la silla nueva es de 10.000 dólares.

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Hola, me llamo Diana y tengo 28 años. Actualmente tengo movilidad reducida porque recibí un disparo que ingresó por la parte inferior de mi espalda dejándome parapléjica. Desde entonces el estado en una silla de ruedas, utilizo una tradicional, pero mi condición hizo que fuera casi imposible de usar”, son las palabras de Diana para explicar su situación.

Su madre señaló que, en una oportunidad, intentó que le aprobaran un presupuesto para comprar una silla de ruedas en el exterior, pero cuando llevó la factura valorada en dólares a las oficinas del Seniat, el personal se negó a atender su requerimiento.

La exigencia era que la empresa ordenara el presupuesto en bolívares. Nunca sucedió y la oportunidad perdió fuerza con el tiempo. “Se nos han impuesto muchas trabas”, confesó Zambrano.

A pesar de recibir múltiples negativas durante los últimos meses, Diana y su familia tienen un espíritu inquebrantable que la lleva a seguir compartiendo la campaña de GoFoundMe con la esperanza de estar sentada en una nueva silla para rehacer su vida. Que las pesadillas ligadas a sus dolores de cadera desaparezcan y que pueda empezar a sembrar la vida independiente con la que tanto sueña. Su lucha se traduce en que las personas puedan brindarle un granito de arena para acabar con lo que define como “una pesadilla”.

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