• Victoria Príncipe nació en Caracas hace 30 años, pero se mudó a Estados Unidos desde hace 20. El pasado 5 de octubre participó en un evento de la campaña del candidato demócrata a la presidencia de ese país. En entrevista con El Diario, cuenta la experiencia de conocer al exvicepresidente y a su esposa. “Aprobaré el TPS para los venezolanos”, le prometió

Hablaba una mujer rubia, en perfecto inglés, en el auditorio del Parque José Martí, del barrio Little Havana, en Miami, Florida. Era lunes 5 de octubre y estaba allí para presentar ante la comunidad latina al candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Joe Biden, y a su esposa, Jill. En un estado clave para la definición de las elecciones, el apoyo latino es elemental. El discurso apeló a la emotividad. Su historia no era muy diferente al resto de inmigrantes. Cuando ella era muy joven, sus padres se mudaron al país en búsqueda de un mejor futuro y debieron acoplarse al cambio de vida. Su atractivo para dar el discurso pasaba, entonces, por otro lado.

—Tan pronto como me convertí en ciudadana (estadounidense), me registré para votar y este noviembre emitiré mi primer voto en una elección general presidencial para Joe Biden- dijo.

La frase despertó los aplausos del poco público dentro del auditorio. A diferencia de los rivales, allí prefieren mantener la distancia por la pandemia del covid-19. Todos llevaban tapabocas. Después de la ovación, varios segundos después, dijo con un convencimiento un tanto preparado:

—Miami, es mi privilegio y honor introducir a la próxima primera dama de los Estados Unidos, una mujer que nos ayudará a unirnos como estadounidenses: la doctora Jill Biden.

El discurso tendría poco de sorpresivo de no ser por la nacionalidad de la oradora. Antes de develar su voto por el demócrata, se había presentado como Victoria Príncipe, una venezolana que arribó a Weston, en el sur de Florida, cuando tenía 11 años de edad. Toda una rareza en un “territorio Trump” para los venezolanos en ese estado.

Tanto Jill como Joe Biden agradecieron el gesto. “Gracias, Victoria, por elegirnos. Es realmente un honor que vayas a votar por mí en tus primeras elecciones”, le dijo el candidato a presidente. Pero, más allá de eso, era una oportunidad inigualable para ratificar la posición de Biden con respecto a la crisis política venezolana. Y aunque la historia de Victoria no remite ni a persecuciones políticas ni a migraciones forzadas, el demócrata aprovechó para asestar un golpe al régimen de Nicolás Maduro.

Victoria Príncipe. Foto: Cortesía

“Deberíamos estar liderando los esfuerzos internacionales para enfrentar la masiva crisis humanitaria en Venezuela. Maduro le está causando un sufrimiento increíble a los venezolanos para mantenerse en el poder. Los venezolanos necesitan nuestro apoyo para recuperar la democracia y reconstruir su país”, propuso Biden. Y, para despejar dudas, una frase que recorrió los titulares de prensa en todo el mundo: “Maduro, a quien he conocido, es un dictador, así de sencillo”.

Venezuela presente

A pesar de que se acerca a sus 20 años viviendo en Estados Unidos, Victoria no pierde su tonalidad venezolana. Sus frases en español tampoco pierden el hilo de la coherencia. Ni lengua trabada ni palabras en inglés. Modula cual caraqueña en Venezuela. Sus raíces permanecen allí: la familia materna, en la Península de Paraguaná, estado Falcón; la familia paterna, en la capital, Caracas. Es por eso que cuando habla de Venezuela, dice, sabe a qué se refiere.

Menor de cuatro hermanos, tuvo que lidiar con el choque de la migración cuando apenas era una niña. Cambiar de colegio, amigos, idioma, y alejarse de la familia. Cambiar de vida. Empezar de cero.

La conexión con Venezuela la acredita su papá. Abogado de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y empleado de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) durante 30 años, antes de que Hugo Chávez llegase al poder, lo cataloga como un “visionario”. Cuando vio que las cosas “se empezaron a poner feas”, decidió emigrar. “Él nunca votó por Chávez en ninguna de las elecciones, eso me da paz mental, podemos dormir tranquilos”, dice con orgullo en entrevista para El Diario

Poco a poco, con el recuerdo insistente de su padre, de la enseñanza sobre la situación venezolana y de la preocupación por la vida familiar, se forjó en ella, ya para siempre, el interés por la actualidad de Venezuela. Y con ello, la curiosidad por la política estadounidense.

Cara a cara con Biden

Victoria nunca buscó el encuentro con el exvicepresidente; fue más bien algo fortuito. Aunque era uno de los eventos más importantes de la candidatura en el estado, su paso en la política no conoce la militancia. Su afinidad pasa más, dice, por lo emocional. Por la humildad, por la compasión, por el respeto. Son esos sus valores. Son esos los valores que ve reflejado en Biden. Es ese el motivo de su elección.

La oportunidad de participar en la actividad, pues, fue una propuesta de una amiga de Weston. Victoria tenía todo el atractivo para la ocasión. Latina, inmigrante, venezolana, apoyaba al demócrata y, por si fuera poco, sería su primer voto como ciudadana estadounidense. Para Victoria, de igual manera, el mitin era más que atractivo: el solo hecho de conocer a un exvicepresidente y, quizás, futuro presidente de Estados Unidos, lo hacía irrechazable. Aceptó, y no hubo mayor protocolo hasta el día del encuentro. Hicieron algunas preguntas, midieron la temperatura y poco más. Ante la amenaza del covid-19, la campaña del opositor a Donald Trump ha sido más que discreta en sus viajes por el país.

Antes de dar su discurso, el tiempo pareció detenerse. Lo que se encontró detrás del salón donde estaba el público no le intimidó. Estaba ante uno de los hombres posiblemente más poderosos del mundo en poco tiempo y se sentía como con un viejo conocido. Joe Biden, dice, es un hombre apacible, dicharachero, simpático. Extrovertido. “Es una persona bastante simpática, no sentí esa pesadez cuando uno conoce a una persona con tanto poder”, revela. En contraposición, Jill Biden, la esposa del candidato, estaba serena, un tanto más introvertida, muy elegante. Fueron 5 o 10 minutos de conversación. Quizás más, quizás menos.

—Ella es Victoria, es venezolana, y será la primera vez que vote –la presentó Jill ante su esposo.

El hecho de que supiera quién era la tomó por sorpresa. Por si fuera poco, la respuesta del candidato fue advertir que ya conocía la historia de Victoria. Luego de un agradecimiento por la confianza, Biden, haciendo gala de su carisma, aunque estrategia muy habitual en campañas, consultó por sus preocupaciones. Allí salió Venezuela.

Victoria mencionó a los venezolanos que todavía no saben a quién elegir, a los temores que existen de a quién apoyar. Fue, quizás, una alerta. Las encuestas no son muy favorables: incluso entre los demócratas, los venezolanos en ese estado prefieren a Donald Trump como presidente. Y, por supuesto, su preocupación con la crisis venezolana.

Foto: Cortesía.

La respuesta de Biden, más allá de la compasión y sentimiento que dice haber percibido Victoria, no salió del libreto. Sacó su principal apuesta para los venezolanos: prometió que, de ganar, aprobaría el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) en sus primeros meses de gestión. Victoria agradeció, y de inmediato salió a dar su discurso de presentación.

“Cada vez que uno conoce a un líder político o a una persona importante, es un momento donde uno se llena de mucha humildad. Gane o no la elección de noviembre, pues yo tuve unos minutos para hablar con el exvicepresidente. A veces con todo esto se nos olvida que él es un político que tiene 40 años de carrera, es uno de los senadores más respetados. Tener la oportunidad de verlo, de que me viese a mí, de que supiera quién soy y de dónde vengo, sí fue impactante”, dice.

Ni socialista ni racista

Victoria sabe en lo que se metió. En la campaña presidencial más polarizada de la historia de Estados Unidos, los venezolanos han decidido tomar partido, quizás como nunca antes, con posturas radicales. Del lado republicano hay quienes dicen que Biden es socialista, comunista y que apoyará al régimen de Maduro. Del lado de los demócratas, que Trump es racista, un white supremacy (supremacista blanco). Pero ella no cree en ninguna de las dos definiciones.

Su ideología solo conoce los puntos medios; no le gustan los extremos. Ni a la derecha ni a la izquierda. Es por eso que, aunque apela a la emotividad, no entiende los sentimentalismos. A los políticos cree que no se le idolatran. Son humanos, de carne y hueso. Para entenderlo, recomienda investigar más la política estadounidense, aunque no se reconoce como una experta en ello. Estados Unidos es una democracia, un gobierno capitalista –lo dice, claro está, como un don-, donde no existe el autoritarismo.

Tristemente ahorita, todo ese discurso sobre todo de los venezolanos de lo que está pasando en Estados Unidos, es bien lamentable. Seas del bando que seas, creo que los venezolanos deberíamos haber aprendido algo de lo que hemos vivido. El respeto de las opiniones de otras personas, el luchar por mantenernos unidos, el no discriminarnos”.

Y, aunque evita hablar de temas de fondo, tampoco quita méritos a la presidencia de Trump con respecto a Venezuela. “Lo hecho, hecho está”, reconoce. Con eso se refiere al reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, con las sanciones al régimen chavista y la presión internacional. Pero confía en que todo ello se mantendrá en un eventual mandato de Biden. Su apoyo pasa más por un tema de convicciones.

“Cuando hablas de política exterior, necesitas a una persona que sepa dialogar, que entienda lo que está pasando, que está dispuesta a escuchar las historias del pueblo, y que tengan la experiencia para poder tomar decisiones contundentes para proveer soluciones (…) Ahí es importante elegir a una persona que tenga empatía, que tenga capacidad de entender, que vea las cosas no como una estrategia que le pueda dar más dinero y beneficios políticos”.

Esa persona, asegura, es Joe Biden. Con Venezuela en la mira, lo votará el 3 de noviembre. Pase lo que pase, Victoria ya habló con un vicepresidente. 

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