• Desde que ganó el Miss Universo en 1981, la providencia parecía preparar un destino grande para la modelo y politóloga. Como alcaldesa de Chacao, la popularidad y eficiencia de su gestión parecía apuntar a ello, aunque quedó al aire tras perder las elecciones presidenciales de 1998. Aun así, figura como una de las carreras políticas más exitosas en la historia venezolana

Se dice que en la década de los noventa, las personas al entrar al municipio Chacao, en el estado Miranda, se transformaban. Con apenas cruzar aquella frontera, los motorizados se detenían en los semáforos en rojo y los transeúntes botaban la basura en las papeleras. A pesar de ser una zona de clase media-alta y centro neural de una Caracas cada vez más desplazada hacia el este, eran aquellos destellos de civismo los que hacían ver en Chacao el ideal para el futuro de una Venezuela sacudida por todo el caos de los años anteriores. 

El éxito detrás de esa creación de conciencia ciudadana tuvo un nombre y apellido: Irene Sáez. Una figura que, con su frondosa melena rubia y vestida de policía, caló tan fuerte en la memoria colectiva de los caraqueños hasta volverse casi una leyenda para las nuevas generaciones en la actualidad. Un modelo de gestión tan estrechamente vinculado a su imagen, que durante sus dos periodos (1992-1998) como alcaldesa, Chacao era conocido coloquialmente como “Irenelandia”.

Sáez parecía destinada, de una manera u otra, a ser la soberana de los venezolanos. Lo consiguió a los 19 años de edad, cuando se coronó como Miss Venezuela 1981 y posteriormente extendió su reinado a todo el planeta como Miss Universo. Sin embargo, con fuertes convicciones democráticas, halló en la política una forma de consolidar sus aspiraciones. Una de ellas fue la presidencia de la República, a la que se postuló en 1998.

Larga vida a la reina

Mujeres en la política venezolana: Irene Sáez
Foto: cortesía @irene_saezconde

Irene Lailin Sáez Conde nació en Caracas el 13 de diciembre de 1961. Venía de una familia conservadora y de fuertes creencias católicas. Fue la menor de seis hermanos, y su madre, Ligia Conde, falleció cuando ella tenía 4 años de edad. Creció en Chacao, municipio con el que siempre se sintió identificada, participando en actividades comunitarias o de la iglesia. 

Osmel Sousa, quien para entonces era preparador en el Miss Venezuela, relató al diario español El Mundo que la conoció en un concurso de belleza local, pero no fue hasta un año después, en una peluquería, que al verla supo que había llegado su momento de ser miss. La joven, que para entonces estudiaba Ingeniería en la Universidad Metropolitana, no estaba del todo convencida, sobre todo por las pruebas en traje de baño. Finalmente sus hermanas mayores la animaron y tras una campaña de intriga en la que solo posó una vez durante su presentación a la prensa, se convirtió en la favorita del público.

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El 7 de mayo de 1981 participó en el certamen, portando la banda de Miss Miranda. Al comenzar la noche en el Hotel Macuto Sheraton, recibió la corona de la reina saliente, Maye Brandt. Miss Aragua, Pilín León, quedó como primera finalista. 

Ese mismo año, se marcó un hito para la cultura popular del país. En julio, desde Nueva York (EE UU), Sáez se coronó como Miss Universo, la segunda venezolana en lograrlo luego de Maritza Sayalero apenas dos años antes. Posteriormente, en noviembre, León se alzó en Londres (Reino Unido) con el Miss Mundo, también por segunda vez desde Susana Duijm. Hasta entonces, solo Francia (1953) y Australia (1972) habían logrado ganar ambos concursos el mismo año.

Tras entregar sus coronas en 1982, Sáez se dedicó por un tiempo al modelaje y trabajó como imagen institucional del Banco Consolidado. Sin embargo, prefirió dedicarse a sus estudios, con lo que a finales de los años ochenta se graduó con honores de Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela (UCV). En ese tiempo se dedicó también a proyectos de alfabetización en comunidades de bajos recursos y fue agregada cultural de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La alcaldesa

En 1989, el gobierno de Carlos Andrés Pérez impulsó un proceso de descentralización de Venezuela, lo que llevó a sus primeras elecciones de alcaldes y gobernadores. También se promulgó la Ley Orgánica de Régimen Municipal, con la cual se eliminaron los antiguos distritos y crearon nuevos municipios. Uno de ellos fue Chacao, que se separó del municipio Sucre en 1992. Fue la oportunidad perfecta para Sáez, quien dio su salto formal a la política aprovechando su popularidad como figura pública y vecina histórica de esa comunidad.

A pesar de sus valores conservadores y cercanía a figuras como Enrique Mendoza o Andrés Caldera (hijo del expresidente Rafael Caldera), nunca militó formalmente en el partido democristiano Copei. En cambio, decidió postularse en las elecciones municipales de 1992 como independiente, y con el 41,89 % de los votos se convirtió en la primera alcaldesa de Chacao a sus 30 años de edad.

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En un momento en que Caracas atravesaba una decadencia en sus servicios y espacios públicos, la gestión de Saéz destacó por combinar elementos técnicos-gerenciales con criterios políticos para lograr una mayor efectividad. Uno de sus fuertes fue la seguridad, ya para entonces un problema creciente en el país, con la creación de la Policía Municipal de Chacao. Dotó al organismo no solo de equipos modernos y patrullas diseñadas especialmente para ese fin, sino también de uniformes y una imagen institucional que se volvió un sello de su propio gobierno. Sobre todo por la preparación académica de sus oficiales y su cercanía con los vecinos. 

Modelo eficiente

Mujeres en la política venezolana: Irene Sáez
Foto: cortesía

A su favor tuvo también las condiciones socioeconómicas del propio municipio. Para 1995, Chacao era uno de los municipios más ricos de Venezuela, con una tasa de pobreza de 16,6 % de acuerdo con el Ministerio de la Familia. También era uno de los que percibía rentas más altas, por lo que la recaudación de impuestos permitió que el 87 % del presupuesto de la alcaldía viniera de ingresos propios y no dependiera del gobierno central. 

Un estudio realizado en 1999 por los investigadores María Pilar García Guadilla, Ernesto Roa y Juan Carlos Rodríguez indicó que estos dos factores fueron claves para Sáez, pues le permitió contar con recursos para atender las necesidades de las clases media y alta de forma eficiente, y a la vez mejorar la calidad de vida de los sectores más pobres. Con esto, en 1995 logró reelegirse para un segundo periodo, ahora con el 94,76 % de los votos. 

“Nosotros llegamos a devolverle a la gente sus impuestos en servicios públicos de calidad. Hoy tengo la satisfacción de que parte de lo que logramos existe todavía: la policía de Chacao sigue, Salud Chacao continúa, así como buena parte de la infraestructura que hice en la Alcaldía”, declaró Sáez en una entrevista para el portal Prodavinci.

“Miss Presidenta”

La postulación de Sáez fue recibida con cierto escepticismo e incluso hostilidad por algunos sectores políticos e intelectuales. Desde burlas por su pasado como reina de belleza y el apodo de “Miss Presidenta”, hasta cuestionamientos sobre su capacidad real para gobernar un país. En un artículo para El Universal que tituló Sé bella y cállate, el historiador Manuel Caballero, parte del grupo Los Notables, aseguró en 1997 que la politóloga no era más que un producto de los medios de comunicación e intereses de empresarios poderosos. 

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Aunque la intención de voto de Sáez inicialmente era del 70 %, cayó hasta 15 puntos en los meses posteriores. El libro El hundimiento de los partidos políticos tradicionales venezolanos: el caso Copei, de Dinorah Carnavelli, da luces sobre los motivos. Ya en febrero de 1998, politólogos como Aníbal Romero advertían que el triunfalismo de la candidata era “su peor enemigo”. Esto sumado a una creciente polarización provocada por la llegada a la contienda del exmilitar golpista Hugo Chávez, con un discurso mucho más radical y que acaparó el voto independiente al que apuntaba Sáez.

Desde el inicio de su campaña, la alcaldesa había recibido el apoyo del expresidente Luis Herrera Campíns, quien actuó como una suerte de padrino político. Bajo su tutela, Sáez ganó sin ser militante las primarias de Copei contra Eduardo Fernández. Sin embargo, ese respaldo, lejos de brindarle la estructura política que necesitaba, solo la hundió más en las encuestas, en la medida que la tolda verde demandaba más presencia en sus mítines. 

Esto hizo que aquellos sectores con mayor descontento hacia el establishment político cambiaran su intención de voto a Chávez, quien pasó de 5 % de apoyo en 1997 a 39 % para agosto de 1998. En un intento por evitar esa victoria, los partidos tradicionales acordaron adherirse a la candidatura de Salas Römer, quien lo seguía de cerca con un cerrado 38 %. Por eso, tres días antes de finalizar la campaña, Copei decidió retirar su apoyo a Sáez, dejándola sin capacidad organizativa. 

Aquella jugada desesperada no evitó que Chávez ganara las elecciones el 6 de diciembre de 1998, con el 56,2 % de votos, frente a 39,97 % de Salas Römer. Sáez, quien se proyectaba apenas un año antes como la gran favorita, ahora quedaba en tercer lugar con el 2,82 %. Aun así, con 184.568 votos, se mantiene hasta la fecha como la mujer más votada en unas elecciones presidenciales en Venezuela.

El adiós

Mujeres en la política venezolana: Irene Sáez
Foto: cortesía

Quizás por despecho ante el desplante de Copei, o por interés en el cambio político que se avecinaba, Sáez decidió apoyar al nuevo gobierno de Chávez. En 1999, el gobernador de Nueva Esparta, Rafael Tovar, falleció a pocos meses de haber sido reelecto, por lo que se realizaron nuevos comicios. Sáez se postuló en una peculiar alianza que contó con el apoyo del MVR y el Polo Patriótico, pero también de otros partidos como URD y La Causa R. 

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Esto le valió fuertes críticas en la recién formada oposición, sobre todo por no tener ninguna vinculación con ese estado. A pesar de ello, resultó electa con el 70,29 % de los votos. Con pocas semanas en la Gobernación, contrajo matrimonio con el abogado y politólogo Humberto Briceño León. Meses después anunció su embarazo, aunque desde su inicio fue diagnosticado como de alto riesgo por sus médicos. 

Por ese motivo, en febrero de 2000 anunció su separación del cargo. No manifestó interés en participar en las megaelecciones de mayo de ese año. Se mudó a Miami, Florida (EE UU), donde su hijo nació sin mayores complicaciones en junio. Una nota de Caracol Radio de noviembre de ese año refiere que el bautizo se hizo en Caracas, en un evento marcado por la ausencia de personalidades políticas. El país parecía haber olvidado rápidamente a quien meses atrás llamaban “la Barbie de Chacao”.

Sáez decidió retirarse definitivamente de la política. En 2002 se divorció y poco después pasó a trabajar en la junta directiva de BancGroup Colonial (el cual quebró en la crisis bancaria de EE UU en 2009). A su nueva vida en Miami, lejos del ojo público, sumó en 2006 un segundo matrimonio con el empresario de origen canario Serafín García, quien desde la década de los noventa acumula en Venezuela y Chile un historial de investigaciones penales por fraude y evasión fiscal. 

El 3 de diciembre de 1998, Irene Sáez tuvo su cierre de campaña con una marcha a la que apenas asistió un centenar de personas. Anticipando su destino, declaró en ese momento a El Tiempo: “No tengo nada que perder y sí mucho que ganar. Aunque saque pocos votos seguiré hasta el final, luchando por ser la primera mujer presidente de Venezuela”. 

Con el tiempo, una parte de la población ha manifestado arrepentimiento, incluso frustración, con el resultado de esas elecciones. El legado de su gestión en Chacao y el fantasma del “¿qué hubiera pasado si…?” rondan cada vez que mencionan su nombre. Sobre todo, por el potencial de una carrera política prometedora, pero truncada prematuramente.

Este artículo fue hecho como parte de las Mentorías Editoriales del Semillero Violeta de la Red de Periodistas Venezolanas

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