• Edgard Yerena y Marcos Hidalgo trabajan para concientizar sobre la importancia de los osos andinos en Venezuela. Los investigadores hablaron sobre el riesgo de extinción de la especie luego de que se hiciera público el asesinato de un ejemplar macho en la Sierra de Perijá

Los osos andinos, o frontinos, como también se les conoce por las siluetas pardas que rodean sus ojos, son animales que les temen a los humanos. Esta especie habita zonas de la cordillera de los Andes venezolanos. Se inmiscuyen en el vasto bosque para no ser localizados y sus avistamientos siempre son noticia, pues son muy escasos.

A este animal se le considera especial por tratarse de la única especie viviente de la familia de los osos originarios de América del Sur (Ursidae). Es, además, una especie omnívora y que solo sale de su hábitat cuando su supervivencia depende de ello. Dejan atrás la maleza para adentrarse, sin quererlo, en las cercanías de comunidades indígenas y zonas pobladas en la búsqueda de frutos. Ahí es cuando se produce la caza furtiva.

El pasado 24 de mayo, proyectos dedicados a la conservación del oso andino en Venezuela, alertaron que un ejemplar macho y adulto había sido asesinado presuntamente para consumir su carne en la Sierra de Perijá, en las cordilleras del estado Zulia. En el lugar solo se encontró una de las patas del animal, reconocible por su pelaje oscuro y denso. La fotografía recorrió varias páginas de Internet. Esta especie de oso, como la mayoría, se encuentra catalogada como vulnerable y en peligro de extinción en la Lista Roja de la UICN.

Edgard Yerena es biólogo e investigador del oso andino desde el año 1986. Además, es miembro del Grupo de Especialistas de Osos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

En una entrevista para El Diario explicó que no existen cifras exactas de la población de osos andinos. Hasta el momento solo hay estimaciones basadas en su hábitat disponible.

Caza de osos andinos en Venezuela
Foto: Arizona Center For Nature Conservation

Las suposiciones, debido a que son pocos los estudios sobre esta especie, también lo llevan a estimar que las prácticas de caza hacia los osos andinos han disminuido, pero no se han detenido. Una muestra de ello es lo que ocurrió en la Sierra de Perijá. Comenta que la caza es un hecho naturalizado dentro de las culturas de comunidades indígenas Yukpa y son consideradas como “deportivas”.

Es una práctica cultural porque no es una caza porque el oso sea una plaga o sea un depredador peligroso. Estos osos son muy tímidos y le huyen al hombre. Lo que se sabe es que son cazadores rurales que buscaban al oso bajo un contexto hasta deportivo y de tradición. Sin embargo, la cacería de osos ha venido disminuyendo por el cambio social y gracias a la labor de concientizar sobre los riesgos de extinción en los que se encuentra esta especie”, indicó.

Yerena señaló que perder esta especie y que se extinga, siendo tan única en la región, sería un fracaso para el país. El oso andino en Venezuela es visto, en gran medida, como el arquitecto del bosque. Aun cuando la información que hay sobre su distribución sigue siendo poco explorada. Y es que aunque el panorama resulta difícil, en Venezuela existen proyectos de investigación que están abocados a proteger a este animal.

Concientización para prevenir y proteger

Marcos Hidalgo es coordinador e investigador del proyecto de conservación Oso Andino Guaramacal. Esta organización no gubernamental (ONG) realiza monitoreos a la especie desde el año 2016 y desde finales de 2018 se ha dado la tarea de recolectar y sistematizar datos de señales y rastros que deja el oso como parte de su ecología en el eje sur de la Sierra de Trujillo.

Osos andinos en Venezuela
Foto: Revista Semana

Hidalgo considera que esta especie se encuentra amenazada no solo por la caza furtiva, sino también por la destrucción de su hábitat, que provoca el aislamiento del oso de otros ejemplares, sobre todo, en el estado Zulia debido a que este territorio no tiene conexión con otras áreas del país.

Históricamente, explica, hay textos que reseñan que las comunidades indígenas ven al oso andino como un animal dañino. Esta percepción ha estado presente durante años, pero lo importante en este caso, acota el investigador, es acudir hacia estas comunidades para educar y crear conciencia sobre los riesgos que traería para el ecosistema perder esta especie.

“Creo que es importante que no se señale a las comunidades, sino que se debe educar a estas poblaciones sobre que ya no estamos en el mismo momento donde había una abundancia de individuos y ellos cazaban y no se notaba la diferencia. Antes ni se conocía que la especie estaba en peligro. La matanza del oso andino significa un retroceso para la conservación, sobre todo en la Sierra de Perijá, porque los ejemplares están aislados en esta zona y no tienen conexión con otras regiones de Venezuela”, señaló.

Foto: CBS Perú

El Fondo Mundial para la Naturaleza estima que hay entre 6.000 y 10.000 individuos en la región de los Andes. Pero los investigadores comentan que este número es incierto en el mejor de los casos. Esto debido a que estas criaturas tímidas se separan en docenas en cientos de áreas a través de su rango geográfico.

Los proyectos de protección y conservación de los osos andinos han propuesto un plan de acción y estrategias que representan un primer esfuerzo para dar luces a un conflicto que necesita ser atendido.

Ambos investigadores coinciden en que el punto de partida es poner en marcha un plan de acción para conocer y registrar adecuadamente su población. Considerando la amplia distribución de esta especie. Además, consideran que es necesario implementar políticas de conservación coherentes y sólidas para protegerla.

Osos andinos en Venezuela
Foto: CBS Perú

Para enfrentar este y otros problemas también mencionan que es necesario la educación ambiental y, de esta manera, lograr definitivamente el cambio de percepción en la población respecto al oso andino.

El reconocimiento de esta especie por sus ciudadanos también es clave. La sociedad civil tiene una deuda pendiente no solo con el oso andino, sino con el resto de animales en peligros de extinción. No se sabe cuál es el número de individuos que pierden la vida cada año por el conflicto animal-humano. Un plan de acción desde la concientización, por lo pronto, podría llenar este último vacío. Pues las propuestas de los activistas ya están sobre la mesa, solo faltaría conocerlas, apoyarlas y ejecutarlas.

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