- La demógrafa Anitza Freitez explicó que la ausencia de políticas enfocadas en formación, capacitación y establecimiento de mejores condiciones de vida influyeron en la pérdida del potencial de la población más joven
La transición hacia el envejecimiento poblacional es un proceso que está ligado a las posibilidades de progreso. Va de la mano con variables económicas o de políticas públicas ajustadas a la protección e inserción laboral, así como de capacitaciones profesionales en las áreas de interés que tienen una demanda estratégica para el país.
Desde la década de los años sesenta, la pirámide poblacional le permitió a la nación ganar el bono demográfico, donde los habitantes pertenecientes al segmento económicamente activo superaron en la mayor proporción histórica a la población dependiente; conformada por niños, niñas, adolescentes y adultos mayores que no están insertados en el campo laboral.
En este proceso, que es de larga duración, la estructura general de la población se fue modificando.
Sin embargo, después de cinco décadas, el promedio de hijos por mujer se redujo considerablemente, siendo el principal factor que marcó el cambio en la estructura por edad de la población.
Ese comportamiento llevó a que la población en edad de trabajar, sobre todo la que se encontraba en el rango entre 15 y 29 años de edad, se hiciera más visible en ese estrato medio, destacó Freitez.

Carga demográfica y el remodelaje de la población
El crecimiento del número de individuos en el rango laboral productivo tuvo más peso entre el número total de individuos, y por consecuencia el grupo dependiente (menor de 15 años de edad y adultos mayores) se hizo menor, lo que consolidó la reducción de la carga demográfica.
De acuerdo con Freitez, el país experimentó un “remodelaje en la pirámide de población” y eso propicia una transformación en la estructura de las demandas que se traduce en alivios de la presión fiscal y recursos del Estado para resolver problemas propios de una población más joven.
Bono demográfico desaprovechado
La primera década del siglo XXI, cuando el éxodo migratorio no se había producido en Venezuela, desde la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) se comenzaron a analizar los cambios demográficos y los retos asociados a ello como el proceso silencioso de envejecimiento poblacional, el embarazo adolescente y la mortalidad juvenil por violencia, que son factores que inciden en la demografía del país.
Según el análisis de Freites, la pérdida del bono demográfico se dio debido a que no se hicieron las intervenciones en materia de políticas públicas que apuntan a formar jóvenes que tuviesen las habilidades necesarias para su inserción en el mercado de trabajo.
“Para que esa población joven se insertara en el mercado laboral se debió haber preparado con antelación. Es por ello que no fue aprovechada, sobre todo cuando el tema de la migración aún no estaba presente en la ecuación”, resaltó.
Por otra parte, consideró que en lugar de crear oportunidades, el mercado laboral se fue limitando cada vez más debido a la situación económica negativa del país.
“Factores como la contracción económica, inseguridad de la propiedad privada, la política de expropiaciones y estatizaciones de empresas, de alguna forma incidieron en la reducción de las oportunidades para un grupo importante de la población”, indicó Freitez.
El efecto de la migración
Con la incorporación del boom migratorio y su impacto directo en los últimos 11 años, la población que precisamente buscó una mejor calidad de vida estuvo en un rango de edad entre los 15 y 29 años.
“Cuando comenzamos a medir esos datos de salida de la población de los hogares, a través de la encuesta Encovi, encontramos que el 60 % de las personas que se habían ido entre 2012 y 2017 correspondían a la población de 15 a 29 años de edad”, señaló la docente.
Luego, en el monitoreo de Encovi siguió evidenciándose que el peso de la población joven se redujo, y se fue uniendo a ese proceso migratorio la población de mayor edad.
Teniendo en cuenta que uno de los factores que aceleró la pérdida del bono demográfico fue la migración, la especialista insistió en que solo la ralentización del proceso migratorio podría evitar el crecimiento de la curva de envejecimiento poblacional.
“Lo que se puede dar es una desaceleración de la relación de dependencia demográfica si se logra revertir el proceso migratorio”, agregó.

Actualización educativa
El bono demográfico no se perdió solo por la migración, sino que, es parte de la sumatoria de factores que se fueron añadiendo con el tiempo.
Resaltó que una de los factores es precisamente las adecuaciones en materia educativa, las cuales no se han ido ajustando en el contexto de las necesidades que demanda el desarrollo del país y de la región.
“Nosotros no hicimos las mejoras necesarias en materia educativa. En este momento estamos hablando de una mejora en el pensum cuando esas modificaciones debieron haberse hecho hace mucho tiempo atrás. Uno de los países que es modelo en aprovechamiento del bono demográfico es Corea del Sur, donde concentró recursos y voluntad política para masificar la educación media, pero además diversificándose. Para ello, contó con el apoyo del sector privado”.
De acuerdo con Freitez, el Ministerio de Educación coreano no contaba con la capacidad de dotar a todos los liceos de la infraestructura necesaria para brindar la educación diversificada de calidad y manteniendo las actualizaciones tecnológicas necesarias.
Destacó que en Venezuela, a través del Instituto Nacional de Capacitación y Educación (Ince), renombrado por el régimen venezolano como Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces), se puso en marcha una iniciativa importante para reforzar la educación técnica en áreas de interés estratégicas para el país.
Fuentes y mediciones externas
Los cálculos con relación a qué tan envejecida está la población son difíciles de hacer, debido a que no se poseen las fuentes estadísticas para hacer esos ejercicios.
“Por ahora, las fuentes que se están usando son las que maneja la división de población de Naciones Unidas. En 2019 se pudo desmontar la posición gubernamental de crecimiento poblacional gracias a la data de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Gracias a ello se comprobó que Venezuela no tenía 33 millones de personas como se preveía según el censo de 2011 que iban a tener para 2020, sino que éramos 28 millones”.
Destacó que los datos de la Encovi no les permitiría llegar a una estimación similar, en virtud de por ejemplo, cuando el hogar emigra por completo no hay quien reporte ese caso.
“La ONU a través de la implementación de procedimientos en directo y modelos matemáticos son quienes manejan esa estimación de 28 millones que hasta ahora es la fuente más fidedigna con la que contamos debido a que el Estado venezolano no proporciona cifras”, dijo la demógrafa.
La pérdida de la natalidad
Cuando la población joven se va del país, los hijos que tienen en el exterior no se contabilizan en Venezuela.

Freites resaltó que el país experimentó pérdida de la población con las tres variables que determinan el cambio demográfico.
Aunado a ello, las estimaciones de Naciones Unidas determinaron que se perdió alrededor de tres años en la esperanza promedio de vida de la población venezolana