• La primera mujer al frente de la UCV, además de la rectora que más tiempo ha durado en ejercicio, pero sobre todo quien ha sabido defender su alma mater con ahínco, confiesa que durante este largo y difícil camino ha estado acompañada por un ángel de la guarda

Cecilia García Arocha es caraqueña, la menor de cinco hermanos. De ellos, recuerda con particular cariño a Raúl, “el hermano de mi corazón”. Y es que un episodio en particular lo une a él ineludiblemente: luego de que Cecilia lo juramentara como decano de la Facultad de Odontología, cuando él tenía 60 años de edad, la vida le jugó una pasada y falleció de forma repentina.

La rectora de la Universidad Central de Venezuela (UCV) recuerda este momento como uno de los más determinantes y tristes de su vida, aunque dice haberlo tomado con mucha calma y serenidad, guardando un tiempo de luto en el que su rutina diaria consistía en estar en pijama en su casa y no ir a la universidad. En ese momento, Cecilia le dijo a su madre, de casi 100 años de edad entonces, que no regresaría a la universidad sino tres meses después de esa fecha.

10 días después del fallecimiento de Raúl, Acela Arocha, madre de Cecilia, preocupada por la incipiente depresión de su hija, invitó a las autoridades universitarias —vicerrector académico, vicerrector administrativo y secretario— a una reunión en casa de su hija, sin informarle a ella sobre el encuentro.

Aquel momento sirvió para sacudir a la rectora de su letargo anímico, pues Cecilia recuerda que el día de aquella reunión subió un momento a su cuarto y, casualmente, miró la foto de su hermano Raúl, que reposa en su mesa de noche. Algo pasó. “Creo que él me dijo lo que yo quería escuchar, y fue: ‘Esa no es la mujer que nosotros elegimos como rectora de la universidad, así que te vistes y asumes tu cargo”. Desde ese día, Cecilia García Arocha se enfundó nuevamente el traje de rectora y hasta el sol de hoy nunca se lo ha quitado.

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Foto: Fabiana Rondón

La defensora de la autonomía universitaria

Al entrar al despacho de la rectora de la UCV se siente una emoción similar a la que se experimenta cuando se entra a un museo. Todas las paredes están revestidas por murales y retratos de los hombres que han pasado por el Rectorado durante casi 300 años. Pero lo más impresionante es el espacio donde se conserva en perfectas condiciones la silla en la que se sentó el primer rector de esta universidad: el doctor José María Vargas. 

En la pared ubicada a la diestra del escritorio reposan únicamente los retratos de los rectores que han defendido de manera ardua la autonomía universitaria. Hace años, la doctora Cecilia García Arocha puso en esta pared el clavo donde se colgará su retrato el día que se retire del Rectorado.

Cuando termine su período, confía en que saldrá por la puerta grande, no solo por haber sido la primera mujer en ocupar el puesto de rector, sino también por ser una de los que más ha defendido la autonomía universitaria, asegura.

Cuenta que ese día, cuando firme el acta que señala el final de su gestión, bajará por última vez las escaleras del despacho de la máxima autoridad universitaria con una sonrisa en el rostro y la satisfacción del trabajo bien hecho. Tal como lo hiciera muchos años antes, cuando entregó las riendas del decanato de la Facultad de Odontología, sonriente y altiva. 

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Foto: Fabiana Rondón

García Arocha y su matrimonio con la UCV

El día en que el gobierno del fallecido ex presidente Hugo Chávez cerró Radio Caracas Televisión (RCTV), Cecilia, entonces secretaria de la UCV, tomó la iniciativa de sentarse en la grama junto a algunos jóvenes que protestaban en la entrada Tamanaco de la universidad. Uno de los dirigentes estudiantiles se quejó de que ninguna autoridad universitaria estuviera en el lugar, a lo que ella respondió manifestando su presencia. A partir de allí, García Arocha se levantó del suelo y se trazó la meta de ser rectora de la universidad.

Después de ese momento, García Arocha se convirtió en la primera mujer en ser candidata a rector de la UCV. El camino más usual para ocupar el Rectorado es haber desempeñado previamente el puesto de secretario y vicerrector académico, pero ese no fue su caso. “Mi mamá dijo: ‘Ella va ahorita de rectora. O va de rectora o no va a ninguna parte’”, refiere la hija, a quien este comentario sirvió de acicate para lograr el objetivo. El resto es historia.

La odontóloga Cecilia García contaba con todos los requisitos para llegar al Rectorado, además del aval de haber sido la primera mujer decana de la Facultad de Odontología durante cuatro períodos consecutivos. Pero lo más importante de todo es que ella se sentía con la fortaleza y la seguridad de que lo lograría.

En las elecciones realizadas en mayo de 2008 García Arocha sacó 50% de los votos en la primera vuelta, lo que prácticamente la convertía en rectora, pero tendría que acudir a la segunda vuelta. Y a ella fue acompañada Acela, su madre, quien fue testigo del triunfo de su hija con 80% de los votos. 

Acela era una mujer inteligente, muy prudente, pero sobre todo simpática, cualidad que, según la rectora, heredó, junto con el carácter de su padre. Su madre fue su mejor amiga y siempre afirmaba, orgullosa, que “Cecilia se casó con la Universidad Central de Venezuela”.

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Ser rectora te llena tanto, que no te hace falta nada más”, expresa.

La alternabilidad electoral como sinónimo de democracia

García Arocha nació bajo la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y por este motivo todos sus tíos se encontraban en el exilio. En diciembre de 1957 sus padres viajaron con ella y su hermano Raúl a Canadá a visitar uno de los tíos que huyó del país por razones políticas. Al regresar a Venezuela y atracar en el puerto de La Guaira, les impidieron el desembarque sin explicarles la razón. El padre pensó que a él también lo iban a mandar al exilio, como al resto de la familia. Pero a las 5:00 pm, cuando los dejaron desembarcar, se enteraron de la causa del impasse: Pérez Jiménez había huido, y junto a él, su sistema despótico y tiránico. Esto fue el 23 de enero del año 1958.  

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Foto: Fabiana Rondón

La rectora recuerda como si fuera hoy el cuento que desde niña le repetía su madre: aquel 23 de enero se lanzaron muchos fuegos artificiales desde el patio de su casa y se celebró la caída de la dictadura. Es en ese mismo patio de la casa materna que aún habita espera encender montones de fuegos artificiales para celebrar la caída del régimen que hoy padece Venezuela, según refiere.

“La alternabilidad electoral es sinónimo de democracia”, aclara, pues ha vivido toda su vida bajo este sistema, y por esta misma razón manifiesta su rechazo a la decisión del Tribunal Supremo de Justicia que impide realizar elecciones para renovar las autoridades rectorales de la UCV desde hace seis años. 

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Foto: Fabiana Rondón

“Esta oportunidad que me dio la vida de estar tanto tiempo en esta ilustre universidad me ha dado madurez, templanza, seguridad, firmeza y tranquilidad, cosas que no hubiera adquirido en ninguna otra parte”, refiere. Por esta razón, luego de terminar su trabajo en el Rectorado, quiere compartir con el país todo lo que aprendió durante su gestión. Ella aún tiene un deber con el país, dice.

En cuanto al futuro cercano, la rectora no desecha la idea de aspirar a algún cargo de elección pública, porque como ella misma señala, “a mí me gustan los cargos por elección, no los cargos por designación”. También le gustaría viajar y hablar de su experiencia en distintas universidades del mundo. Pero su mayor propósito es formar a los jóvenes a través de su experiencia para sacar a Venezuela adelante cuando se dé un cambio político.

La quema de su alma mater

El momento más difícil para Cecilia dentro de su casa de estudios a lo largo de estos 11 años ha sido sin duda cuando en una oportunidad, al principio de su gestión como rectora, se encontraba en su despacho un viernes en la tarde un poco atareada porque tenía que salir a una reunión con sus compañeros de odontología. Lograr salir de la universidad a tiempo era un reto, porque como ella dice: “Las colas de esta ciudad son impredecibles y a mí siempre me gusta llegar a tiempo” y cuando ya estaba con sus colegas, recibió una llamada inesperada.

Los bomberos de la Universidad Central de Venezuela la estaban contactando porque parte del rectorado había sido quemado en ese momento.

“Dentro de mi conmoción  al otro día cuando entro a las oficinas y veo todo de hollín en las paredes le digo al jefe de mantenimiento por favor intenten limpiar muy bien todas las paredes y todo el lugar porque yo el lunes tenía una reunión”.

Lo que Cecilia no sabía es que las siguientes medidas a tomar era tumbar todas las oficinas del rectorado y volverlas a construir.

“Gracias a Dios la bomba lacrimógena que fue lanzada hacia el despacho fue devuelta por las cortinas, porque en ese momento no teníamos vidrios de seguridad”. Se pudieron salvar todas las obras de artes y las reliquias que se encuentran dentro de esa oficina, pero lo que estaba de la puerta hacia afuera de su despecho no corrió con la misma suerte. 

Ese lunes siguiente, cuando Cecilia se reunió en la oficina del vicerrector junto con otras autoridades, al momento en que se sienta en la silla que le fue asignada, se desconectó por completo. En su mente solo veía los pasillos llenos de hollín, el olor a humo que reinaba en las oficinas del rectorado y la cara angustiada de los trabajadores. Justo en ese momento rompió en un llanto desconsolado, lágrimas cargadas de rabia, de injusticia porque se había vulnerado su espacio de trabajo y el de sus compañeros. 

“ ¿Qué pasó después? Tumbamos todo y lo volvimos a hacer más bonito con la ayuda de arquitectos y diferentes personas que pusieron de su parte”.

Asegura que así como han vulneraron su casa de estudio, lo mismo han hecho con el país, pero es enfática al afirmar que así como ella, junto con su equipo pudo reconstruir su rectorado, de esa misma manera en un futuro podremos todos reconstruir Venezuela.

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