• El sacerdote, que se ha popularizado en Instagram por los videos en los que explica de manera novedosa el evangelio, contó para El Diario cómo ha sido su vida, sus sueños y lo que desea para Venezuela

Emulando la vestimenta de San Francisco de Asís —traje marrón con un cordón que rodea su cintura— barba y cabello perfectamente arreglados, además de una amplia sonrisa, Fray Luis Salazar recibe a la gente. Es un padre que se ha valido de la tecnología y la simpatía para llegar a los más jóvenes de la sociedad. 

Su voz es fuerte y cuando habla dentro de la Iglesia La Chiquinquirá, en Caracas, cada palabra pronunciada llega claramente a los oídos de todos los feligreses.

Sentado en una silla ubicada en el pasillo central de la iglesia, con un vitral de fondo, recuerda momentos que han marcado y definido su vida.

Foto: Fabiana Rondón

Fray Luis nació rodeado por el calor de Maracaibo, estado Zulia, en 1985, y pertenece a los frailes menores capuchinos, congregación fundada por San Francisco de Asís.

Fray significa hermano y me siento orgulloso. Si no me siento orgulloso de ser fraile capuchino ¿De qué me voy a sentir orgulloso?”, dice sonriendo a El Diario.

Con una amplia sonrisa, cuenta que su infancia fue una época bonita en la que sus padres fueron muy consentidores. Su papá le decía “el piojo” porque era muy pequeño y su madre siempre lo complacía con lo que le gustaba. A pesar de eso, afirma que también llevó regaños. 

“Me nalguearon en algún momento y creo que eso es bueno. Le doy gracias a mi mamá porque no termine siendo otra persona sino la que soy ahora”, detalla. 

La primaria la estudió en un colegio de monjas y allí complementó los valores cristianos que aprendió en su hogar. Su adolescencia o «aborrescencia», como él le llama, la vivió cerca del teatro y la poesía. Practicó futbol, baloncesto y voleibol, pero en ninguno le fue tan bien como en la natación. 

Destaca con énfasis la importancia que tuvo su hermana mayor en esa época. “La amo y la adoro con todo mi corazón. Gracias a ella aprendí lo que es la caballerosidad y a tratar a una dama”.

Su familia participó activamente en la iglesia. Una vez fueron el ejemplo parroquial del Día del Abrazo en Familia. Siempre estuvo rodeado del catolicismo, pero, a los 15 años de edad se interesó por pertenecer a un grupo parroquial y luego pasó a la juventud franciscana.

Entre los 16 y 17 años dio catequesis. A pesar de que iba en misiones a los pueblos indígenas y campesinos y estaba en los grupos juveniles, sentía que no era suficiente.

“¿Sabéis? Había como algo que me faltaba, una necesidad, una ansiedad y yo decía ‘Dios mío ¿pero qué es esto?”, revela y enfatiza con sus manos. 

Finalmente, a los 18 años, asistió a una convivencia vocacional con la orden de frailes capuchinos en la inmensa Sierra de Perijá durante Semana Santa. “No pierdo nada”, pensó y recuerda que cuando regresó a su casa les dijo a sus padres que si lo llamaban para la siguiente convivencia, se iba con los capuchinos. 

“¡Eso fue el hecatombe! Tan practicantes, tan de iglesia y tan de misa, mi mamá se puso a llorar por la parte afectiva, pero yo estaba decidido: si me llaman me voy porque me voy”, precisa al tiempo que golpea sus manos suavemente.  

Allí encontró el lugar en el que se sintió pleno y realizado como persona. “Yo no sé si a vos te ha pasado que uno dice ‘es aquí’. A mí me pasó, esa ansiedad, ese vacío que no se llenaba se llenó con los frailes capuchinos”, expresa y sonríe. 

Fray Luis vivía en un sector de bajos recursos económicos y eso, cuando era pequeño, lo motivó a querer ser arquitecto para poderle hacer una buena casa a quienes habitaban cerca del hogar que su padre construyó.

“Quiero ser arquitecto para arreglar todo esto cuando sea grande”, decía.

Foto: Fabiana Rondón

Luego a su papá le dio un infarto. En ese momento quiso ser cardiólogo para sanar a las personas enfermas del corazón y cuando creció un poco más, quiso estudiar Comunicación Social, mención audiovisual, con la proyección de ser corresponsal de CNN en español para cubrir eventos en cualquier parte del mundo. “Yo decía ‘¡vámonos!’”, dice emocionado. 

Siendo fraile capuchino puedo ser arquitecto de la iglesia y reparar la iglesia de Dios, pero puedo ser médico de las almas y puedo ser comunicador del evangelio así que tengo las tres que siempre quise”, asegura.

Viviendo el evangelio

Sonriendo rememora cuando soñaba con estudiar Comunicación Social. También soñó con tener una familia estable, pero aun proyectando un futuro con esposa, hijos, trabajo y prosperidad, sentía que le faltaba algo. Y lo encontró con los frailes capuchinos. 

“Sabía lo que implicaba ser fraile capuchino y con todas esas implicaciones yo asumí. Me siento feliz, realizado, pleno y completo haciendo lo que hago y siendo lo que soy”, dice con su voz fuerte. 

A Fray Luis lo prepararon durante 10 años para vivir en celibato, pero sin dudar afirma que, como cualquier persona, ha tenido tentaciones. 

“Uno dice en el Padre Nuestro ‘y no nos dejes caer en la tentación’. Yo también he tenido tentaciones, pero no plenan mi vida: ese es el punto”, explica. 

Durante su etapa formativa como fraile capuchino le enseñaron como sublimar esa energía: haciendo deporte, saliendo al cine, haciendo meditación o relajación. 

“A mí me da risa cuando mis amigos casados por la iglesia y con hijos dicen ‘yo no sé cómo tú haces’. ‘Bro, a mí me prepararon, a vos no, tú no pasaste cinco años en el liceo de cómo aguantarte las ganas y ser fiel a tú esposa ¡no te enseñaron eso! Pero a mí sí’”, destaca. 

Cuando posa su cuerpo en la cama cada noche lo hace feliz de haber tomado la decisión de pertenecer a los frailes capuchinos, de escuchar a la gente y ayudarlos. Eso lo hace sentir pleno. También es sacerdote, pero su labor no solo se limita solo al templo: también lo hace mediante las redes sociales.

Define como una aventura el hecho de haber llevado lo que habitualmente dice en misas a una pantalla. La idea de hacerlo fue de un joven que acudía a la Iglesia de la Chiquinquirá que, en mayo de 2018, le dijo que mediante Instagram, en donde se llama flas7.0 y tiene 129.000 seguidores, les podría llevar un mensaje a muchas más personas que las que asisten a misa y Fray Luis le dijo que sí.

Foto: Fabiana Rondón

“Yo no me lo había tomado en serio, todo relax, pero el chamo sí”, precisa. 

Cuando comenzaron, el joven le preguntó cómo se llamaría el proyecto y él, rápidamente, dijo “vivir el evangelio”. “Date cuenta que no nos sentamos a pensar nada, eso salió muy espontáneo, muy relax, muy happy”, cuenta. 

Comenzaron a publicar los videos en su Instagram y se encontraron con una sorpresa: a la gente le gustó.

“Cuando me doy cuenta estoy metido en tremendo paquete, esto es una gran responsabilidad. Tipo Spiderman: un gran poder conlleva una gran responsabilidad, entonces yo decía ‘¡qué fuerte!’”, expresa. 

Mucha gente, incluso fuera de Venezuela, le comenzó a escribir y a decirle que les encantaba lo que hacía. En ese momento se sentó con su equipo de trabajo para saber cómo llevarían el proyecto, desde ese momento en adelante y actualmente, más de un año después, continúa haciéndolo. 

“La primera vez que me escribieron como ‘influencer católico’ para mí fue… Todavía me emociono y cuando me recomendaron otras páginas sentí mucho orgullo, creo que es válido sentirlo”, expresa.

También sintió miedo por la relación que empezaba a tener con los medios de comunicación. “Un día te suben, te aman, te quieren y otro día te equivocaste y no sirves para nada. De eso estoy claro”, asevera. 

Para acercarse a los jóvenes mediante sus videos ha tenido que renovarse y revisar lo que hace a pesar de que se considera joven. Enfatiza que tiene que escuchar a los chamos para saber si les gusta cuando cuenta un chiste o cuando pone un efecto especial en los audiovisuales. 

De la belleza física a la espiritual

“Si no hacías esa pregunta te botaban del trabajo y no dormías”, dice entre risas cuando se le pregunta por su participación en un concurso de belleza. 

En el año 2002 estaba en el gimnasio, había participado en un reallity show y en varios proyectos audiovisuales en el bachillerato. Un amigo le dijo para participar en el casting de Chico Zulia, el concurso previo al Míster Venezuela. “No mi alma, yo no voy para allá”, dijo, pero luego se animó y ambos quedaron. 

Le dieron la bufanda de Chico Mara, pero solo la tuvo durante cinco días. 

“El señorito que dirigía el concurso quería inyectarme esteroides y me dio mucho miedo: dije que no, le dije ‘estoy de vacaciones yo hago mis ejercicios, voy al gimnasio, hago una dieta, tomo proteínas’ y no: él lo quería para ya”, dice chasqueando los dedos. 

El lunes entró al concurso, el martes le dijeron que se debía inyectar esteroides, el miércoles discutió con el organizador, el jueves no fue y el viernes regresó la bufanda. 

“¡Eso fue todo!”, destaca riendo. 

Frente a Dios y la Virgen de Chiquinquirá resalta la importancia de las experiencias en su vida. “Algún chamo me puede decir ‘Fray, estoy en un concurso’ y yo le diré que tenga cuidado, que sus valores sean primero”, afirma. 

“Esa carita y ese cuerpecito pasan pero lo esencial que es invisible a los ojos. Eso queda, permanece, prevalece y la gente se va a acordar de ti no por tu cara, se van a por lo que vos hiciste, por como vos actuaste”, destaca citando “El Principito”. 

De 2007 a 2019 

Cuando habla de la situación que atraviesa Venezuela, su tono de voz se torna serio, más fuerte y la sonrisa desaparece de su rostro. Desea un país mejor y desde 2007, cuando era estudiante de Filosofía la Universidad del Zulia, ha participado en las protestas antigubernamentales. 

Con el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV) por la no renovación de la concesión por parte del gobierno del fallecido Hugo Chávez, Fray Luis salió a protestar porque no estaba de acuerdo. 

“Salgo a la calle a protestar por convicción, porque considero que lo que está pasando no está bien y salí a la calle como estudiante, como fraile y como cura”, resalta enfatizando con las manos.

Durante las protestas de 2014 estuvo en Machiques, estado Zulia, y protestó. En 2017 estuvo en Ciudad Bolívar durante las manifestaciones en contra de Nicolás Maduro y vio cuando asesinaron al Augusto Puga.

“Yo estuve cuando asesinaron a Augusto Puga, el único muerto de Ciudad Bolívar. Yo vi cuando le disparó la Policía del estado Bolivar y el chamo cayó”, asevera. 

Afirma que siempre ha estado con los ciudadanos y que cuando sale a protestar lo hace con la convicción de que los venezolanos se merecen un país próspero, democrático, justo y platos de comida dignos.  

Todo venezolano necesita y requiere sus tres papas (comidas). Salgo a la calle porque creo que la salud pública debe ser bien atendida por buenos médicos y los tenemos pero necesitamos medicinas, porque creo que los viejitos merecen estar mejor, porque extraño a mi familia y amigos que están fuera del país”, expresa fuertemente.

Asegura que ante la situación que ha vivido el país la Iglesia Católica ha respondido dignamente y que los obispos venezolanos se han firmes en su discurso en contra del régimen. 

“Se han mantenido firmes en decir ‘esto es un régimen dictatorial, no estamos de acuerdo, deben respetarse los derechos, los presos políticos deben salir, debe haber elecciones libres con un nuevo Consejo Nacional Electoral’”, recuerda. 

Destaca que él no es el único miembro de la iglesia que protesta: también salen monjas, curas, seminaristas y más frailes.

“Estamos padeciendo directa o indirectamente de esta realidad. La iglesia en Venezuela ha mantenido una postura frontal contra el régimen en el que vivimos”, dice. 

En cuanto a la posición del papa Francisco asegura que, a su juicio, por prudencia el sumo pontífice habla mediante los obispos venezolanos. 

“¡Date cuenta!: los obispos mantienen nexo directo con el papa, viajan a El Vaticano y se reúnen con él. ¿Por qué el papa no les ha dicho que cambien el discurso? ¡No! El papa les ha dicho que continúen”, argumenta. 

Resalta que la iglesia venezolana ha sacado documentos en los que son frontales con el gobierno de Nicolás Maduro. “El papa pudo haber dicho ‘ese documento no va pa’ afuera’ y no lo dijo”, destaca. 

Mejores que Los Vengadores

Al hablar de los jóvenes venezolanos destaca que estos tienen verdaderos superpoderes que utilizan para sortear la situación de un país que los atrapa y los mantiene haciendo lo posible por superarse.

Avengers es una película y estos chamos son reales, son chamos de a pie, de patear calle, que están pasando hambre, que se gradúan en Venezuela con toda esta realidad: de esos chamos hay que hacer una película, una secuela completa si queréis porque son historias reales”, afirma. 

Piensa que los jóvenes que van a presentar exámenes sin comer, que caminan desde su casa hasta la universidad por falta de transporte, que buscan la forma de entregar sus trabajos a pesar de estar enfermos son sus héroes. 

Siente indignación, tristeza, dolor, y aunque sabe que los curas no pueden sentir rabia: la siente. 

“Quisiera curar a todos los enfermos y darles de comer a todos, pero a veces no me dan las fuerzas. Eso sí, yo sigo intentándolo, lo sigo haciendo y pienso seguirlo haciendo hasta que Dios me lo permita”, asegura. 

Si se le pregunta por los zulianos destaca que siente una profunda admiración por ese pueblo que resiste y persiste a la dura realidad que les ha tocado enfrentar. 

“He llorado. Lloro ciertamente por ver eso. Me duele porque somos el mismo pueblo, somos hermanos y lo estoy viviendo a diario”, expresa. 

Lloró cuando una joven del Sur del Lago le dijo que ella le enviaba 100 dólares a sus padres porque necesitan un medicamento que van a comprar a Colombia. “Pensé en mis viejos”, expresa calmadamente.

Cuenta que en esa conversación con la joven le aseguro que la situación que se vive en Venezuela va a durar hasta que los ciudadanos sean capaces de decir “hasta aquí”. 

Para Fray Luis uno de los problemas de los venezolanos es el mesianismo. “¡encárgate tú!, que se encarguen los marines, el presidente, los otros países… ¿y nosotros que vamos a hacer?”, cuestiona. 

Cree en la reeduación en valores, esos que tal vez se han desdibujado de la sociedad. Afirma que hay que potenciar la honestidad, el compromiso, la responsabilidad y la puntualidad, que hay que decirle no al palanquismo y al facilismo. 

“Todos esos valores se tienen que volver a rescatar. Creo que la iglesia católica juega un papel fundamental en el rescate de estos valores porque como institución tenemos que decir ‘este valor es primario y tiene que estar en nuestro día a día’”, dice. 

Resalta que a pesar de que hay un sistema que corrompe al venezolano, los ciudadanos tiene el poder de decir que no están de acuerdo y que desean un mejor sistema de valores para lograr un país mucho más próspero y exitoso. 

Fray Luis ha vivido momentos muy alegres como su ordenación como cura y su primera misa en la iglesia donde inició su camino y recibió sus sacramentos. “Eso fue magnánimo”, resalta con emoción, pero también le ha tocado escuchar una gran variedad de situaciones bajo confesión y una de ellas marcó su vida.  

Tras un largo silencio cuenta con calma que el momento más duro que ha vivido fue la confesión de una mujer que fue abusada sexualmente por un familiar cuando tenía ocho años de edad. 

Cuando ella tenía 52 años pudo contarlo por primera vez. “Esa confesión me movió, me dolió”, expresa. 

La mujer le preguntó a Fray Luis “¿Dónde estaba Dios en ese momento?” y él le contesto: Dios estaba abrazándote en medio de la violación. Dios de alguna u otra manera, también se sintió vejado y lloró contigo. 

Vocación de ayuda 

En su casa en Maracaibo había un tanque de agua subterráneo y siempre llegaban personas a pedirles un poco de agua y su mamá se las daba, igual pasaba cuando pedían comida. 

Si estaban comiendo en familia y llegaba un niño su padre lo invitaba a comer. “Le decía ‘siéntese y coma’”, recuerda. 

Esos gestos de los que estuvo rodeado durante su infancia y juventud los traslado a la Iglesia de la Chiquinquirá donde tiene la Olla Milagrosa, donde dan de comer a 800 personas un plato digno de comida, bajo un techo y en una mesa con mantel cada sábado. 

También participa en el Kilo de Amor: las personas donan comida y él se las entrega en su despacho a quienes van en búsqueda de algún alimento. Los medicamentos que recibe se los dan a las personas que presenten sus récipes correspondientes y en El Ropero donan prendas de vestir a personas en situación de calle o pobreza extrema.

Foto: Fabiana Rondón

“Si tengo la capacidad de ayudar ¿por qué no hacerlo? Sería ir contra mi propia consciencia. Todo esto es tratar de ayudar al venezolano que lo necesita”, destaca y ríe. 

Su amplia sonrisa, su voz fuerte y sus sabias palabras en el momento adecuado son algunas de las características que resaltan quienes han tenido la oportunidad de escucharlo en cada misa y compartir con él. 

Desde la Iglesia de la Chiquinquirá asegura, siempre sonriendo, que se siente pleno y feliz, que no se arrepiente de ninguna decisión y que continuará haciendo lo que hace hasta que Dios se lo permita. 

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