• Protegerse del coronavirus es una medida que todo ciudadano debe cumplir, pero el aislamiento en el hogar puede causar desde aburrimiento hasta ansiedad, por ello, en El Diario realizamos una lista de diez libros importantes para mantener la mente activa  

El régimen de Nicolás Maduro declaró este 13 de marzo «Estado de Alerta» en todo el territorio nacional luego de que su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, informara sobre la existencia de dos casos de coronavirus (Covid-19) en Venezuela. Ambos ciudadanos ingresaron al país provenientes de Europa en un vuelo de Iberia. 

La medida excepcional comprende la suspensión de las clases en todos los niveles educativos al igual que de todas las actividades de carácter público, lo que supone el aislamiento de miles de personas en sus hogares. Teatros, cines y espacios culturales fueron cerrados para evitar la expansión del virus. 

En tiempos de aislamiento preventivo la literatura se transforma en un crisol de luz sobre el encierro que, aunque es para evitar un posible contagio, se cierne sobre el individuo. Hacerle caso a la palabra escrita en viejas páginas o, en la nueva era, plasmada en los teléfonos inteligentes y computadoras es un punto de encuentro con el exterior. 

Las acciones se automatizan, las paredes se empequeñecen con el pasar de los días y los límites del hogar se vuelven inexpugnables, pero la creación de las plataformas de streaming, de la compra y venta de libros por Internet y la continua existencia del libro físico permite que los momentos de extrañeza se disuelvan con las historias y los relatos que han construido a la humanidad. 

Por esta razón, en El Diario realizamos una lista de las lecturas que pueden ayudar a sobrellevar los días de cuarentena con serenidad y entretenimiento. 

El Decamerón

Se trata una obra escrita por Giovanni Boccaccio en el siglo XIV, uno de los autores primordiales de finales de la Edad Media y es considerado uno de precursores de la escritura en italiano, junto a Dante y Petrarca. El texto es una compilación de 100 cuentos, aunque algunos podrían considerarse como novelas cortas, que narran tres temáticas en especial: el amor, la fortuna y la inteligencia humana. 

Foto: cortesía

La pluma de Boccaccio se caracteriza por el uso de la parodia para realizar el salto de lo erótico a lo trágico. En El Decamerón, por ejemplo, la trama comienza con el relato de la peste bubónica, o mejor conocida como la peste negra, que azotó el territorio de Florencia, Italia, en 1348. Luego, un grupo de jóvenes, siete mujeres y tres hombres, escapa de los peligros de la peste y se refugian a las afueras de la ciudad. Para pasar el tiempo de encierro cada miembro del grupo debe narrar una historia cada noche y, al finalizar los quinces días de cuarentena, la recopilación de las historias da 100 cuentos. 

Link para descargar el libro en formato PDF o Epub: https://www.elejandria.com/libro/el-decameron/boccaccio-giovanni/218

Cuentos de Canterbury

Otra historia que relata el encuentro de un grupo de personas encerradas, sin otra salida más allá del relato, son los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer, escritos entre 1387 y 1400. La trama se construye con el testimonio de varios personajes que van de Londres a Canterbury para visitar el santuario de Tomás Becket. En un momento, hospedados en una cabaña, los participantes concursan con sus textos por una comida en la taberna Tabard en el viaje de regreso. 

Foto: editorial Cátedra

La mayoría de los cuentos presenta una estructura en verso, aunque existen dos que están escritos con características de la prosa. El libro de Chaucer, al igual que Boccaccio en Italia, fue importante para la historia de la literatura anglosajona porque introdujo la popularización del inglés vernáculo como lengua literaria. Además, en 1972 el director de cine italiano Pier Paolo Pasolini estrenó una película homónima de la obra escrita por Chaucer seis siglos antes. 

Link para descargar el libro en formato PDF: https://www.taller-palabras.com/Datos/Cuentos_Bibliotec/ebooks/cuentos_canterbury.pdf

Casas Muertas

En Venezuela existe una obra muy importante en el siglo XX, escrita por Miguel Otero Silva y llamada Casas Muertas. Relata la soledad de Ortiz, un pueblo del llano venezolano, que ha sido escondido por la polvareda del sueño petrolero, olvidado por la emigración de sus habitantes y desolado por la muerte que ha provocado el paludismo en la región. El lenguaje de Otero Silva realiza un viaje entre la expresión académica y lo popular, entre la rigidez de la escritura y la libertad del habla común, para encontrar un equilibrio lingüístico en cada una de sus novelas. 

Foto: editorial Panapo
“Para la preparación de Casas muertas me fui a Ortiz, que para entonces estaba al borde del derrumbe total, busqué a los sobrevivientes de la época terrible, que eran muy escasos, y ellos me contaron cómo eran en esa época los árboles y los pájaros, qué se comía, cómo se vestían, qué canciones cantaban, y yo comencé a llenar cuadernos con sus confidencias”, comentó el autor en 1978 en una entrevista con Efraín Subero.

Piedra de Mar


“Estoy en la playa. He vuelto al mar. Escribo en un cuaderno que me traje. Me cuesta un poco escribir porque tengo sueño. Kika me dejó y se fue a Caracas. Yo me quedé, y mañana la veré. Ojalá llegue temprano. Me gustas mucho, Kika”. De esta forma, con la inocencia de un relato juvenil, comienza la obra más conocida de Francisco “Pancho” Massiani llamada Piedra de Mar.

La obra relata la historia de Corcho, un joven que deambula por Caracas, caminando en los años sesenta por Sabana Grande mientras que trata de escribir una novela. La escritura de Massiani, como si de un niño se tratase, presenta una esencia espiritual de la juventud de dicha época y, al mismo tiempo, trasciende por la capacidad de representar la constante duda que se cierne sobre todos los jóvenes. 

Foto: editorial Panapo

Clásicos de la literatura venezolana

La literatura nacional ha tenido grandes escritores que, desde la mirada nostálgica del terruño agrícola hasta el movimiento incesante de la vida citadina, han narrado la evolución del país. En El Diario recopilamos varias obras representativas de la historia literaria en Venezuela:

– Doña Barbara, Rómulo Gallegos.
– Las memorias de Mamá Blanca, Teresa de la Parra.
– Cuentos Grotescos, José Rafael Pocaterra.
– País Portátil, Adriano González León.
– Memorias de Altagracia, Salvador Garmendia.
– Campeones, Guillermo Meneses.
– Lanzas Coloradas, Arturo Uslar Pietri.
– El falso cuaderno de Narciso Espejo, Guillermo Meneses.
– Cubagua, Enrique Bernardo Nuñez.
– Acto Cultural, José Ignacio Cabrujas.

Pedro Páramo

Juan Rulfo, escritor y guionista mexicano, solo escribió dos libros en su vida: Pedro Páramo y El Llano en Llamas. Uno es una novela de 129 páginas y el otro es una recopilación de cuentos. No necesitó más para quedar marcado en la historia de la literatura latinoamericana. Por ejemplo, Pedro Páramo es una obra de gran complejidad temporal y espacial. Los muertos y los vivos conviven en el mismo espacio, en un pueblo desvalido y solitario del desierto mexicano llamado Comala. 

Foto: editorial Anagrama

El lenguaje utilizado por Rulfo, un hombre callado y anclado a su cigarrillo, es certero. Ninguna frase es redundante ni pretende enarbolar de palabras el texto. Cada frase, por otra parte, es primordial para construir los saltos temporales entre la vida y la muerte. Además, Pedro Páramo es una obra que se presenta como la cosmogonía de la cultura mexicana, desde la futilidad entre cielo, tierra e infierno de los aztecas hasta la pesadez de la revolución mexicana comandada por Pancho Villa y Emiliano Zapata. 

Los Detectives Salvajes

Es una novela del escritor chileno Roberto Bolaño publicada en 1998. La trama comienza con el relato de Juan García Madero, un joven de la Ciudad de México que es parte de un grupo de poesía vanguardista llamado «Los real visceralistas», pero los personajes principales son Arturo Belano y Ulises Lima. La caracterización de ambos, tanto de Arturo como de Ulises, es interesante para entender el oficio de la poesía como motor de vida. 

Foto: editorial Anagrama

La obra se divide en tres partes: Mexicanos perdidos en México (1975), Los detectives salvajes (1976-1996) y Los desiertos de Sonora (1976). Los personajes de la novela no están anclados a una realidad estática; por el contrario, están en una constante búsqueda, en un ir y venir, que se alimenta del relato literario. 

El beso de la mujer araña

Se trata de una novela publicada por Manuel Puig en 1976, por la editorial Seix Barral en Barcelona, España. El diálogo para el autor argentino es el punto principal para construir las acciones del relato. No existe un narrador, no hay nada que se cuente, solo nos presenta durante toda la novela dos personajes que dialogan diariamente en la prisión de una dictadura. 

Foto: cortesía

Estos son: Valentín Arregui, un militante comunista de 26 años que fue apresado por la subversión al Estado, y Molina, un hombre de 36 años que fue encarcelado por enamorarse de un joven. Uno representa la pesadez ideológica, el discurso sin fin de las reivindicaciones sociales y el otro, por su parte, representa la esencia emocional. Ambos dialogan constantemente hasta que se forja una relación amorosa entre los dos. La obra de Puig es un ejemplo de la debilidad que tienen los discursos ideológicos ante los elementos propios de lo humano, como el amor y la amistad. 

La Peste

Albert Camus fue uno de los exponentes más importantes de la filosofía en el siglo XX. En 1947 escribió una de sus obras más reconocidas La Peste, una novela que narra las distinciones que pueden aparecer en el momento que una plaga llega a una población. El talante filosófico de la misma es el encuentro del ser humano, ausente de Dios y de todo ente totalizador, contra una situación poco manejable y de muerte. En este caso, para Camus la solidaridad humana es el factor que permite la resolución del problema. 

Foto: editorial Gallimard

El narrador observa el camino de todos los personajes que participan y fueron víctimas de la peste ocurrida en Orán, una ciudad del noroeste de Argelia. Camus logra visualizar una abanico de reacciones humanas ante la posibilidad de muerte a partir de la representación de distintos personajes, desde médicos hasta turistas. 

Ensayo sobre la ceguera 

Ensayo sobre la Ceguera de José Saramago fue publicada en 1995 y según el autor es “la novela que plasmaba, criticaba y desenmascaraba a una sociedad podrida y desencajada”. La historia se centra en el avance de la ceguera como una epidemia que se cierne sobre los habitantes de una ciudad.

Foto: cortesía

En comparación con la obra de Camus que, entre todas las cosas, resaltaba la solidaridad humana ante una situación de dificultad, Saramago representa el egoísmo de la sociedad que empuja al otro para salvarse de una ola que, al final, los tragará a los dos. 

1984

1984 de George Orwell es una novela de ficción distópica publicada entre 1947 y 1948. La novela sigue los pasos de Winston Smith en su desengaño ante las estrategias del Estado para dominar a los individuos. Para Orwell la negación a la información y el manejo de la población, utilizando el miedo y el lenguaje como armas, son las estrategias de un poder dictatorial. La represión, más allá de ser solo física, se cierne sobre los elementos esenciales del ser humano como el lenguaje, la relación amorosa y el pensamiento. 

Foto: cortesía

La novela de Orwell es un clásico de la literatura Universal y, en palabras del mismo autor, 1984 “Quiere describir las perversiones a las que se ve expuesta una economía centralizada y que ya han sido realizadas parcialmente por el comunismo y el fascismo».

El autor continúa diciendo: «yo no creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo (si se tiene en cuenta que el libro es una sátira) es que puede ocurrir algo parecido. También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus lógicas consecuencias”. 

La literatura, al ser el punto supremo del lenguaje, es capaz de representar todas las emociones humanas en la palidez de la hoja en blanco. Por eso mismo en los momentos de mayor decaimiento, de miedo y zozobra ante lo desconocido, de encierro por el peligro del contagio, la palabra escrita da la conexión que tiene el individuo con el otro, con el exterior y, en muchos casos, consigo mismo. 

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