• El ginecobstetra Jorge Leal experimentó los síntomas de malestar y fiebre en las últimas semanas. El examen de sangre arrojó que tenía dengue de acuerdo con la versión de sus compañeros del hospital. No creía que fuera grave, pero su situación se complicó durante los días siguientes

Era lunes 22 de junio. Claudia* revisaba los estados de WhatsApp cuando uno de sus contactos principales publicó un mensaje. Era Jorge Leal, el doctor que había traído a su bebé al mundo el pasado 27 de febrero. En el texto avisaba que había enfermado de gripe. Los días anteriores estuvo de guardia en el hospital Militar del estado Zulia. Parecía que no había motivo para preocuparse. Pero dentro de su organismo los pulmones comenzaban a estar moteados de blanco. El aire que respiraba ya era limitado.

—“¿Qué le pasa doctor?”, le preguntó Claudia.

—“Aquí con mucha gripe y malestar. Cuídate mucho, a ti misma y a la bebé”, le respondió Leal en esa conversación.

Foto cortesía

Esa fue la última vez que pudieron intercambiar palabras, a través de un teléfono. El 27 de junio un nuevo mensaje llegó a su bandeja de entrada. Una compañera de trabajo de Claudia le avisó que Jorge había empeorado. Su estado era crítico. Lo último que decía aquel mensaje era que el resultado de la prueba PCR había llegado desde Caracas. El resultado era positivo para covid-19.

La semana del 22 de junio el doctor Leal empeoró silenciosamente. Sus compañeros del hospital, preocupados ante la situación, sospechaban que tenía dengue. Claudia aseguró que los resultados de la muestra de sangre que le realizaron habían confirmado el diagnóstico y no se relacionaba con alguna afección respiratoria. En ese momento solo presentó fiebre.  

Los médicos le suministraron el tratamiento necesario, pero algo más estaba sucediendo. No hubo mejoras. Allí se tomó la decisión de hacerle una placa de tórax. Las imágenes revelaron que sus pulmones estaban fallando. Tenía un edema y ya el doctor Leal, con bocanadas breves y angustiosas, desfallecía en la cama del hospital Universitario de Maracaibo. Fue intubado inmediatamente para estabilizarlo, pero falleció.

Fue el doctor que pudo hacer lo imposible, dice Claudia llena de convicción. Lo recuerda como una persona con una calidad humana excepcional y entregado a su profesión como lo era, la ginecobstetricia. Su admiración profesional a Jorge surgió desde que pudo detectar en ella una patología que le impedía tener hijos. Sufría de incompetencia cervical, una condición que ocurre cuando el cérvix comienza a abrirse antes del término del parto, originando abortos o nacimientos prematuros.  

Claudia tuvo que enfrentarse a dos abortos sin saber lo que la aquejaba en su cuerpo. Empezó a asistir regularmente a sus consultas en febrero de 2017. A raíz de su situación fue diagnosticada de un desorden hormonal a causa de las pérdidas.

El doctor Jorge creyó en mí, y en que sí podía tener un bebé”, recordó la mujer de 34 años de edad.

Leal decidió practicarle un cerclaje uterino, un proceso quirúrgico en el que se procede a cerrar con un punto de sutura, apoyado de un hilo de metálico, el cuello del útero.

Fue un éxito. En julio de ese año Claudia quedó embarazada. Su hija nació en la semana 39. Era su primera bebé sana y salva. El doctor Jorge había logrado que ella pudiese tener a su hija entre sus brazos en aquella habitación del hospital. Su familia admiraba a la recién nacida, su bienvenida al mundo era considerada “un milagro”.

Sin embargo, al pasar un año y seis meses las visitas al hospital se volvieron recurrentes. La niña había se contagió de una bacteria que, de acuerdo con la versión de los médicos, derivó en una rickettsiosis. La bebé falleció días después.

Los recuerdos todavía gravitan en los sueños de Claudia. En su mente visualiza a los médicos, batas blancas, guantes y un estetoscopio. El luto la embarga, y su alma se termina desgarrando en el momento en que debe enfrentar los recuerdos que reposan en el cuarto de su hija fallecida. El pesar le invadía el cuerpo. Claudia pensó que en su destino no estaba escrito ser madre.

El último intento

Tres meses después Claudia buscó ayuda nuevamente. Volvió a recorrer los pasillos de la unidad de obstetricia del Hospital Militar de Maracaibo y acudió al consultorio del doctor Leal. Fueron meses de exámenes y chequeos. El pronóstico era desalentador, pero ella recuerda que Jorge le pedía que no perdiera la fe.

En julio de 2019 empezó a sentir los síntomas que alertaban de un nuevo embarazo. Mareos y dolores de cabeza fueron los primeros indicios. El doctor Leal le confirmó que se encontraba en estado y, nuevamente, el procedimiento sería de alto riesgo. Fueron nueve meses en los que contó con el apoyo de Jorge para cumplir la hazaña de ser mamá.

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Claudia dice que Leal era reconocido en el hospital como el «salvador de vidas». “Él hizo muy feliz a muchas mamás por traer a sus hijos al mundo”, dice. Para ella, el fallecimiento de Jorge es una pérdida importante para el gremio en el estado Zulia. 

44 médicos contagiados en Venezuela. El diputado y médico José Manuel Olivares aseguró que el país podría tener la tasa más alta de mortalidad del personal de salud de la región, por no contar con los equipos de bioseguridad necesarios y rehusar los recursos.

Jorge es el séptimo médico que ha fallecido por causas relacionadas al covid-19, de acuerdo con los reportes de los periodistas de la región marabina. La brecha entre los fallecimientos de los médicos se redujo de semanas a horas. La pediatra Solangel Scandela falleció el sábado 20 de junio. El martes 23 murió la doctora Marisela Ramírez. La enfermera Keyla Molaya y el ginecólogo Manuel Romero fallecieron el 24 de junio. La cifra total de muertes del personal médico en Zulia relacionadas con el covid-19 es de seis residentes y una enfermera, de los 10 decesos que se han registrado en el país entre mayo y junio, de acuerdo con cifras de la ONG Médicos Unidos por Venezuela. 

A sus compañeros de trabajo y allegados les agobia la velocidad con la que ocurrió todo, la imposibilidad de preveer y la intención de querer hacer algo para que su destino fuera diferente. La mujer oriunda de Maracaibo recuerda a Jorge compartiendo por WhatsApp las últimas fotos en las que aparecía junto a ella en la sala de recuperación, con sus lentes cuadrados, mucho más alto que Claudia y siempre con una sonrisa. Fue el día del parto.

Aquel hombre religioso y que confiaba en lo posible falleció anhelando que en un abrir y cerrar de ojos volvería a estar en el hospital trayendo más vidas al mundo. Nunca pudo despedirse. Intubado, en soledad, aguardando por una despedida que, en este mundo, nunca llegará. Jorge partió dejando un grato recuerdo en la vida de sus pacientes. Claudia se sabe de memoria las primeras palabras del doctor Jorge cuando su bebé, Mathías, nació el 27 de febrero de este año en la habitación del hospital. El día que se había realizado “el otro milagro”. 

«¿Viste, Claudia? Para Dios no hay imposibles», dijo. Un recuerdo que atesorará para siempre, y que siempre la llenará de alegría al ver a su hija.

*El nombre usado es ficticio para proteger la identidad de la entrevistado

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