• El 28 de enero de 2008 era un día normal en el pueblo guariqueño hasta que cuatro delincuentes armados retuvieron a más de 50 personas en contra su voluntad. Hoy se cumplen 12 años de aquel hecho, y una rehén relató su testimonio para El Diario

Era lunes y el reloj del Banco Provincial marcaba las 9:30 am cuando Ana, para ese entonces de 48 años de edad, se encontraba en el lugar para realizar un trámite aquel día. Mientras esperaba su turno para ser atendida notó que algo raro sucedía. Cuatro hombres entraron a las oficinas como “usuarios comunes”, pero de manera torpe e inexperta comenzaron un asalto en el que 53 personas quedaron encerradas como rehenes en la entidad bancaria.

Los delincuentes estaban armados y ya tenían el dinero que habían robado de las taquillas, pues su plan era fugarse con los bolsos llenos de bolívares. Una moneda de alto valor adquisitivo para ese momento, y un modus operandi poco visto en la ciudad de Altagracia de Orituco, estado Guárico.

“A eso de las 10:00 am decidieron hacer el asalto, sacaron las pistolas y nos recostaron a todos contra la pared. Ellos robaron el dinero de la caja y se iban a retirar, pero había dos policías Cicpc (Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas) que estaban vestidos de civiles en el cajero, ellos se pararon en la puerta del banco y no dejaron salir a los delincuentes. Desde ese momento se produjo todo”, relató para El Diario, Ana Fortuna García, 12 años después del suceso. 

Primer día: las horas decisivas           

Las alarmas de seguridad se activaron y el atraco quedó frustrado. Solo uno de los ladrones se escapó, mientras que los otros tres quedaron en el banco junto a los rehenes: empleados del banco, dos mujeres embarazadas, más de tres niños, un bebé de 15 días de nacido y varios adultos mayores. Mientras la mañana y la tarde transcurrían, los delincuentes deambulaban por el sitio sembrando miedo y angustia en los afectados.

Eran las 12:00 pm y Ana, para mantener la calma, se imaginaba almorzando en su hogar.

—Ya vamos a salir de aquí —se mentalizaba mientras pasaba la tarde y aún seguía en el banco.

Pero a las 6:00 pm el panorama de negociación no avanzaba entre los delincuentes y la policía.

 —No almorcé en mi casa, pero yo voy a cenar esta noche allá —se repetía Ana.

La mujer mencionó que había mucho ruido en la calle, justo frente al lugar estaban desplegados agentes armados, periodistas, fiscales, familiares de los rehenes y la gente del pueblo, que desde las primeras horas del atraco hicieron plantón. “El pueblo pasó toda la jornada ahí, aguantaron sol, todo afuera. Eso fue lo que no permitió que los cuerpos de seguridad entraran a la fuerza porque sino hubiese sido una masacre”, dijo.

Al rato, los tres delincuentes intentaron desesperadamente abrir un hueco en la pared, pero desistieron porque la policía entraría a la fuerza. “Si ellos entran a dispararnos, nosotros les vamos a disparar a ustedes”, citó Fortuna al narrar el momento en el que los delincuentes amenazaban a los rehenes con un revólver.

Sin agua, sin luz, sin comida

Anocheció y las autoridades gubernamentales decidieron obstruir el suministro de agua y luz para ejercer presión a los asaltantes. Ante esto, los rehenes podían ser observados a través de las ventanas del banco, por las cuales comunicaron su descontento y desesperación a través de diversos carteles.

“Nos quitaron el agua y la luz, pero la luz la volvieron a colocar porque sin aire nos íbamos asfixiar todos. Los baños eran un desastre. Hubo personas que les dio por vomitar, a otros les dio diarrea, había mujeres que tenían la menstruación, y todo esto, sin agua. ¡Te podrás imaginar 53 personas metidas dos días allí!. La gente con pánico no se puede controlar”, contó Fortuna.

Dentro de las negociaciones la comida era lo primordial. Luego de transcurrir cierto tiempo y varios de los rehenes comenzaron a deshidratarse; y aunque había una empleada que repartía café sin azúcar a todos los afectados, Ana relató que solo podían comer los niños y las embarazadas (una de ellas era empleada del banco y tenía ocho meses de gestación). Si se alimentaban los demás, los delincuentes amenazaban a las personas con pasar más días en el banco.

Una noche larga

Varios dormían en el piso, en las sillas o en los escritorios, pero Ana nunca pudo conciliar el sueño porque pensaba en su vida y en la de su familia. Ella es oriunda de ese pueblo, de Orituco, pero estudió en el Instituto Pedagógico de Caracas (IPC) donde se formó como docente. Cuando ocurrió el asalto al banco ella era coordinadora de deporte escolar.

“Pasaban las horas y uno cabeceaba, pero imposible que dure 24 horas sin dormir. A mí me daba mucha angustia porque yo me imaginaba saliendo del banco viva y cuando cerraba los ojos pensaba en muertos tirados por el piso. Simplemente trataba de no dormir, porque me ponía más nerviosa. Si estoy despierta me puedo defender, pero dormida me pueden matar y ni cuenta me doy”, comentó.

Mientras los asaltantes realizaban rondas en el banco, Ana decidió hablar con uno de ellos:

—¿Por qué tú, un niño tan joven, estás metido en esto? No solo tu vida peligra, sino la de nosotros aquí –le preguntó al muchacho macilento.

—Porque yo le pedí a mi familia, y no me ayudó, entonces desde menor me hice delincuente; y voy a morir siendo delincuente –contestó uno de ellos mientras sujetaba una pistola.

Ana señala que no fue fácil estar encerrada con personas armadas de cuyos nombres y edades desconocía. En su memoria solo recordaba el nombre de  “El Pirulo”,  de 27 años de edad, descrito como uno de los delincuentes más peligrosos.

Foto: «El Pirulo»

Otra de las situaciones que notaba Ana durante esa noche era que los delincuentes probablemente se drogaban, pues aseguró que se limpiaban mucho la nariz, también evitaban comer algo de los alimentos suministrados por los cuerpos de seguridad porque pensaban que estaban envenenados. Ellos preferían que comieran los niños y las mujeres embarazadas.

Regalaron dinero

“Los atracadores contaban el dinero en el suelo y uno de ellos eligió a un niño para que también contara con ellos. Esa noche ellos regalaron billetes, hubo gente que se metió en los bolsillos y en las carteras, pero los delincuentes solo guardaban los de alta denominación (100, 50, 20 bolívares). También sacaron dinero de la bóveda del banco”, relató la docente.

Tasas de violencia en Venezuela

En el texto Inseguridad y Violencia en Venezuela, informe 2008 del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) se señala que todas las encuestas que se realizaron en el país durante 2008 indicaron que la inseguridad fue percibida como el mayor problema que afectó a los venezolanos debido a las políticas públicas implicadas en los últimos años.

Desde 1998 se cometieron en el país 4.550 homicidios; pero el año 2007, se contabilizaron en Venezuela 13.157 homicidios, tres veces más que cuando inició el gobierno el expresidente Hugo Chávez.

Actualmente, el año 2019 el país vivió la mayor crisis social por la hiperinflación, las emigraciones y violaciones a los derechos humanos. Ese año cerró con 16.506 muertes y una tasa de 60,3 muertes violentas por cada 100.000 habitantes.

En el año 2020, tanto la epidemia del covid-19 como la epidemia de la violencia fueron letales para millones venezolanos. Con 11.891 fallecidos y una tasa de 45,6 muertes violentas por cada 100.000 habitantes.

Segundo día: la salida

A la mañana siguiente comenzaron las negociaciones. Ese martes 29 de enero de 2008, el ministro del Interior y Justicia, -para ese entonces- Ramón Rodríguez Chacín, llevó a las fueras del banco a los familiares de uno de los atracadores como garantía de seguridad de los rehenes. “El muchacho se enfureció y disparó de adentro hacia afuera porque no la quería allí. Al parecer, su madre lo había abandonado. Se notaba que eran unos jóvenes resentidos por falta de hogar y de otros factores”, agregó Ana.

Horas después, el coronel del Ejército Manuel Granadillo llegó a un acuerdo con el líder de los delincuentes, alías “El Pirulo”, en el que les facilitarían la salida a través de una ambulancia y debían estar acompañados de cinco rehenes como voluntarios.

Sin embargo, la tarde transcurría y la tensión dentro de la entidad bancaria aumentaba cada vez más. Los delincuentes asignaban a rehenes en las ventanas del banco con carteles para ejercer presión a los cuerpos policiales.

Los asaltantes amenazaron con matar a los rehenes si no les llegaba la ambulancia. “Uno de ellos disparó por segunda vez y le apuntó al vidrio. Hubo un señor que sacó el brazo, mientras cargaba a su hija. Él le hacia señas a los policías para que buscaran la ambulancia. En ese momento los delincuentes ya estaban violentos porque ya era el segundo día y queríamos salir”, contó Fortuna.

Llegó la ambulancia

Ana Fortuna García fue una de las voluntarias para salir en la ambulancia. Al llegar el vehículo, los rehenes voluntarios fueron los primeros en salir del banco. El grito del pueblo al verlos era ensordecedor y mientras se subían a la ambulancia, los delincuentes se protegieron con cartones para evitar que los identificaran y que fueran disparados por francotiradores.

En ese momento, decenas de personas de la localidad -entre ellas los familiares de los retenidos- así como paramédicos y agentes policiales se precipitaron a la sede bancaria para rescatar a los rehenes que permanecían allí.

“Salimos del banco a las 3:00 pm vía Guatopo. Dentro de la ambulancia iban tres empleados del banco; un muchacho de Mérida, que lo escogieron como chofer; los tres delincuentes atrás; y yo, que era el copiloto. Recuerdo que uno de ellos nos apuntó con el arma”, recordó.

Ana comentó que el dinero iba en la ambulancia, eran dos bolsos grandes que al final fueron decomisados por el gobierno, y que presuntamente fueron entregados al año siguiente al banco de la localidad.

Foto: Ana Fortuna García

El cuerpo de seguridad obstruyó la vía hacia Santa Teresa y la autopista hacia Oriente. “Nos interceptaron en la salida de la intercomunal de Guarenas. Ellos no querían entregarse en Guárico sino que los procesaran de donde ellos eran. Los delincuentes decían: ‘Si nos procesan en la cárcel de Guárico nos van a matar porque nosotros estamos robando en un estado que no nos pertenece’, por eso fue que ellos pidieron la ambulancia, para entregarse en su zona en Guarenas”, expresó Fortuna.

Un grupo armado se entrega tras 28 horas de asalto a un banco de Venezuela  - La Opinión de A Coruña

No hubo sangre

Finalmente, ese martes por la noche, los rehenes declararon en la sede del Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas (Cicpc) en Caracas todo lo sucedido en el robo. Asimismo, el ministro del Interior, Chacín declaró a los medios luego de una prueba de toxicología a los asaltantes, que estos “consumieron licor y estupefacientes” dentro de la oficina bancaria. Además de estar armados y poseer una granada.

“Tiempo después, había un periodista en el pueblo que tenía contacto con un juez en Guarenas y nos informaba que ellos (los asaltantes) estaban presos en ‘tal sitio’ y luego nos dijo que uno de ellos se ahorcó dentro de la cárcel”, comentó.

Ana describió ese día como uno de los peores porque desconocía cómo iba a salir de ese lugar. Comentó que no sintió miedo, pero si mucha ansiedad. “Gracias a Dios no hubo sangre dentro del banco”, concluyó.

¿Qué medidas se deben tomar?

“En el caso de los rehenes del banco, hay una privación ilegítima de libertad porque no se está solicitando dinero a cambio de la libertad de las personas. El motivo principal no es pedir dinero a cambio de esas personas, sino un vehículo para escapar y dejar a los rehenes con vida. Por esta razón, no lo catalogaría como un secuestro”, explicó el Inspector de la Brigada de Secuestros, Tomás Castaña* en entrevista para El Diario.

El artículo 3 de la Ley de Secuestros y Extorsión establece que no es necesario solicitar dinero, dádivas o algo a cambio para liberar a la persona que está retenida. “Por ejemplo, el simple hecho de yo desviar a una persona desde su trayecto hasta otro lugar que no era el de la persona, ya es un secuestro, así no pida ningún dinero a cambio de su libertad. También suelen asociar el secuestro con un rapto, que ocurre normalmente con fines sexuales hacia la víctima”, señaló el inspector.

Sin embargo, dentro de las medidas que debe tomar el cuerpo policial en este tipo de casos, es el de actuar de manera hermética con la información. “Un error o una palabra incorrecta puede significar un desenlace irremediable. Hay que estudiar, escuchar al delincuente, observar cómo se está expresando. Eso es un arte”, dijo Castaña.

En el caso de los rehenes, la situación de negociación es diferente al de un secuestro porque tiene conexo un delito de robo. En esa situación, señala el experto, debe haber un especialista de negociaciones, pues lo primero que se busca es preservar la vida de las personas que se encuentran allí.

En Venezuela, anteriormente era difícil conseguir a una persona preparada para negociar con ese tipo de casos. Hace 13 años era el jefe de la Policía el que podía agarrar el mando conjuntamente con un fiscal del Ministerio Público para garantizar la vida de los rehenes y de los delincuentes. Sin embargo, actualmente hay cursos y metodologías de preparación para personas que se encarguen de ese tipo de situaciones”, agregó el inspector.

¿Quiénes intervienen en la negociación?

“Solamente hay una persona destinada que va a llevar la negociación entre los familiares o persona designada por los familiares y los delincuentes. A veces hasta la víctima ni se debe enterar de la negociación, porque no sabe quién está detrás del secuestro. Por ejemplo, he tenido casos que la persona está en un estado emocional que no pueden, se desesperan mucho, dicen cosas que no son las que le estoy diciendo y a veces la negociación no surge como queremos”, reveló Castaña.

De igual forma, es necesario evaluar el estado psicológico, estado de ánimo, situación económica familiar y de pareja, puesto que uno de los factores más influyentes en una negociación es la parte emocional.

Diferencias de antes

“Hace 13 años en los secuestros en las ciudades centrales como Carabobo y Caracas muy pocas veces se veían armas largas y artefactos explosivos como granadas. Actualmente, una gran parte de los delincuentes se han armado hasta los dientes. Todos cargan un arma larga, una granada encima. Antes se veían armas largas en los estados fronterizos como Táchira o el Zulia por los grupos de la guerrilla”, comentó el experto.

Un informe del año 2015 de la asociación civil Paz Activa evaluó el índice de criminalidad en Venezuela, que desde 1990 hasta el año 2000, mantuvo una cifra de secuestros conocidos por debajo de los 100 casos al año, y eran realizados en estados fronterizos con Colombia y efectuados por la guerrilla o grupos de autodefensas.

Existen grupos delictivos más organizados que incluyen el uso de las tecnologías y las redes sociales, las cuales, usan como en una herramienta provechosa para el delito de secuestro y robo. Anteriormente, solo utilizaban radiotransmisores y uno que otro teléfono.

En Venezuela, las tasas de homicidio, extorsión y secuestro duplican a diario no solo porque las bandas delictivas perfeccionaron sus tácticas de violencia sino por la situación económica que agudiza las carencias y las necesidades de los barrios urbanos más peligrosos. Después de una historia de terror que duró más de 24 horas y que conmocionó al país hace 12 años, Ana y los afectados nunca olvidaran aquel día en el que fueron víctimas de la inseguridad venezolana.

*El nombre del entrevistado fue modificado para preservar su identidad

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