• La joven actriz y directora teatral venezolana Valentina Garrido, ganadora del Premio Marco Antonio Ettedgui 2019, reflexiona acerca del hacer artístico en los meses pandémicos, la necesidad de generar espacios para la cultura y la urgencia de eliminar estereotipos. Su participación en Eneamiga, la más reciente producción de RCTV Internacional, llevó la discordia a la trama. Y desde su casa, en medio de un diplomado en escritura, prepara su próximo montaje: Srta Katharina  

Como esa fuerza natural que todo lo alborota, así es la voz de Valentina Garrido cuando sus palabras suenan a creación, energía, arte. Así son sus deseos siempre de hacer, de construir con cualquier herramienta posible. Con todo y a pesar de todo; por la libertad y la necesidad de decir con el alma y con el cuerpo. La joven actriz venezolana es esa pisada fuerte sobre la tierra mojada. 

Caraqueña nacida en 1991, comenzó su viaje por la actuación a los 14 años. Se graduó en la Escuela Superior de Artes Escénicas Juana Sujo y más tarde obtuvo su licenciatura en Dirección Teatral en la Universidad de las Artes (Unearte). Durante su carrera, ha trabajado con compañías venezolanas como Teatro San Martín, Fundación Rajatabla, Río Teatro Caribe y La Caja de Fósforos. En febrero del año pasado recibió el Premio Marco Antonio Ettedgui 2019 para jóvenes artistas. Y fue una de las 24 voces que integraron el libro Nuevo país del teatro (2020), del fondo editorial de Banesco.

“Estamos en un momento de mucho aprendizaje, lo veo así. Porque si no, no le sacamos provecho. Es muy trillado, sí, eso de que los momentos de crisis son oportunidades; pero es así. Las peores cosas que uno vive te transforman en una persona mejor, si así lo decidiste: si decidiste sacarle provecho. Es inevitable pasar por momentos difíciles, no estamos exentos de ello. La cuestión es cómo uno lo asume”, señala sobre la creación en estos meses de confinamiento. 

Valentina Garrido: “Yo nunca voy a callar nada como mujer”
Foto: Valentina Garrido

¿Qué has descubierto en este último año?

—Que necesitaba una pausa. Porque mi manera de trabajar siempre ha sido muy frenética, muy obsesiva. Y no había terminado un proyecto cuando ya estaba comenzando en otro. Es rico porque estoy joven y tengo la energía; pero llega un punto en el que uno necesita digerir las cosas que hace y reflexionar. Este tiempo me ha servido para reconectar con esa chama que dejé pendiente hace años, la que siempre soñaba con escribir. Además que me di cuenta de que la parte tecnológica era algo que tenía pendiente, porque siempre he sido como muy artesanal. Ha sido maravilloso.

—Entonces, por qué no adaptarse. Por qué no abrirse a las nuevas propuestas que el mundo me está dando. Porque yo siempre soy de las que dice: ¿No te gusta esta realidad? Ok, chévere, puedes quejarte toda la vida, pero qué tal si buscas la manera de intervenir en eso que no te gusta. Y eso es en lo que estoy trabajando ahorita, generar mis propias realidades y buscar y jalar gente y ver cómo se hace. En eso creo que debemos enfocarnos. 

Todas las facetas juntas 

Valentina Garrido es una actriz que también estudió dirección. Ha estado al frente de montajes como Cuentos de guerra para dormir en paz de Karin Valecillos, como parte del Festival de Jóvenes Directores del Teatro San Martín; y No hay Cristo que aguante de Augusto Boral, para Unearte. En los años recientes ha decidido seguir el llamado de la palabra. 

Valentina Garrido: “Yo nunca voy a callar nada como mujer”
Foto: Valentina Garrido

Cuenta que siempre ha habitado en ella una escritora. Nunca antes la había sacado a la luz. Recuerda que desde antes de cumplir los 10 años de edad ya escribía algunas cosas, versos. “Había un niñito del que estaba enamorada y le hacía cartas de amor, típico que comienzas así. Nunca se las entregué. Lo que escribía se lo leía a mis papás, a mi hermana. Mi papá me fue fomentando esa pasión y me mandaba a leer textos en casa de literatura, filosofía. Nos sentábamos a analizarlos. De pequeña no entendía mucho, pero ya él quería clavarme a Nietzsche. Y yo con el cerebro doblado”, ríe. 

Actualmente cursa un diplomado de Escritura Dramática en la Universidad Central de Venezuela y está trabajando en dos textos. “Descubrí que tengo mucha necesidad de decir cosas. Quiero desarrollar mis propios proyectos. De hecho, creamos una productora con unos amigos del medio, ZANVAJ. Presentamos un montaje en espacios no convacionales con el que nos fue genial. Ahora estoy dirigiendo el segundo proyecto, se llama Srta. Katharina, con el que gané Mejor Dirección en Microteatro y ahora quiero llevar a un formato más largo. Queremos presentarlo en junio; es una obra que habla del psicoanálisis y de la histeria. Nos gustaría ofrecer conversatorios. Nos interesa que la gente se lleve no solo arte, cultura y divertimento, sino también información”, indica. 

¿Sobre qué temas sientes la necesidad de hablar?

—Me llama mucho la atención el público joven y la mujer. Pero el asunto es que no me quiero casar con ningún prototipo, no me quiero definir de ninguna manera. Sino más bien enfocarme en que la mujer es productiva sin denigrar al hombre, sin instaurar el odio; porque yo adoro a los hombres, los amo. Y creo que hay que darle luz a lo que queremos hacer y no a lo que no nos gusta. Una persona que crea desde la productividad enaltece su posición y no le pone foco al odio. Me llama la atención el tema de la mujer productiva que se une al hombre; el tema de la mujer completa. Un género no me define. 

En esta época de redefinición de conceptos y de etiquetas, ¿cómo miras a la mujer? ¿A ti misma?

—Me veo de una manera productiva, construyendo. No quiero perder tiempo en el odio. Me quiero enfocar en construir y decirles a las personas que construyan su verdadera versión, más allá de que suene trillado. El hombre tiene sus lados femenino y masculino, y eso no tiene nada de malo. La mujer también los tiene. Es un tema de concientizar y no ponerte límites, que tampoco significa hablar de libertinaje. Dentro de la libertad hay reglas y convivimos en sociedad, así que debe haber un orden, hay que ser coherente con lo que decimos y hacemos. Creo mucho en que un país que debe sensibilizarse más hacia las artes, hacia la solidaridad.

—En los colegios debe haber más actividad artística; que los ingenieros y políticos tengan mayor contacto con el arte, así como los artistas deben aprender a manejar la tecnología y saber de política. Porque eso nos hace más completos y capaces. Me gustaría ser parte de ese cambio. Mi sueño es crear una escuela de arte para niños, adolescentes, adultos; e ir a las comunidades.

Y en este contexto, ¿cómo traer a las personas a la cultura, a las actividades artísticas, al teatro?

—Yo creo más bien que hay que ir a ellos. Es una manera también de invitarlos. Vas, das algo y luego atraes. Creo que es como cuando vas a seducir a alguien. La seducción no es nada más para fines amorosos; tiene que ser también con tu público, con la gente. Acércate a ellos, no le tengas alergia a su cultura por el hecho de que no se parezca a la tuya, por muy elevada o inferior que sea. Hay que romper con esos estereotipos. No somos iguales, somos seres distintos. Cada quien se forja sus oportunidades y va por lo que quiere. Eso también nos define. Pero hay que ir al otro. El teatro no es nada más ese espacio de butaca; es el hecho en sí. Y tenemos la tecnología, las plataformas.

Foto: Valentina Garrido

La televisión en pandemia

No solamente las tablas han sido su espacio de creación. También el cine, con trabajos como coach actoral, y en la TV. Recientemente Valentina Garrido participó en la telenovela Eneamiga, producida por RCTV Internacional y estrenada por Televen en enero de este año. Escrita por José Simón Escalona, tuvo a Karin Valecillos en el guion y a Javier Vidal en la dirección. 

¿Cómo fue la experiencia con Eneamiga?

—Me fue chévere. Interpreté el papel de la abogada de uno de los protagonistas, Carla Arias. Tuve escenas muy puntuales, con su desarrollo, sus relaciones. Era alguien que venía a ocasionar discordia, un personaje antagónico. Y me gusta. La participación fue corta, pero contundente y me sentí muy cómoda. En el camerino soy de las que se acerca a saludar, pregunta cómo vamos a trabajar, si quieren pasar texto. A mí me gusta crear esa empatía con el compañero, la armonía ante todo. Cada director le imprime su sello a la telenovela y yo soy una persona que se deja llevar fácilmente. Creo que es algo que me ha ayudado a que se me abran las puertas. Me considero una plastilina. También me gusta proponer y escuchar. La comunicación es fundamental en todas las relaciones humanas. 

¿Cómo te sentiste trabajando con un canal que ha sido tan perseguido en este país?

—Ya había trabajado en la telenovela Ellas aman, ellos mienten con un personaje pequeño. Me fue súper bien. Son muy profesionales, una gente que tiene toda la vida en este país. Tienen muy claro qué es lo que hay que hacer, hay un mecanismo de trabajo. Y uno hace su parte con mucho cariño y profesionalismo. Es un orgullo para mí poder trabajar en ese canal que yo veía desde pequeña. Es muy rico poder decir que perteneces al grupo de personas que están haciendo por el país. Y ellos decidieron seguir apostando. Eso se aplaude y se respeta. No me gusta que me digan que algo es difícil, porque te limitan y a mí no me gustan las limitaciones; creo que todo se puede hacer. La cuestión es enfocarse. 

Foto: Valentina Garrido

La escena digital

Por su cuerpo y alma han pasado personajes poderosísimos. Sus comienzos en la actuación profesional incluyeron a los habitantes de Madre coraje y sus hijos de Bertolt Brecht. Y entre los más recientes estuvieron La Novia de Bodas de Sangre (García Lorca) y la Bruja en Macbeth (Shakespeare). Pero desde que comenzó el confinamiento en Venezuela, su interpretación ha debido migrar –como la de muchos– a lo digital. 

La pieza Humboldt en Caracas en la que participó junto al actor Armando Cabrera, presentada por la Asociación Cultural Humboldt, se pudo ver a través de la plataforma Ticketmundo Play. Además, la pieza Lejos –de Daniel Dannery– la ofreció Skenateatro.com como parte del ciclo de lecturas dramatizadas del Encuentro de Dramaturgia Iberoamericana en Confinamiento. En medio del confinamiento, se unió al grupo @actoresonlinevzla y para El Pitazo Tv presentó Muñeca en fuga, escrita por la periodista Catherine Medina.

“El monólogo con El Pitazo fue bastante exitoso. Lo dejaron libre en YouTube por 24 horas y superó las dos mil visualizaciones. Para mí es un orgullo esa obra porque se trata de un caso real; representa a esa chica a la que no le enseñaron a creer en ella, que no veía más allá. Yo no la juzgo ni la condeno. Es una realidad y me duele. Me duele saber que hay chicas de mi edad que salen del país y se prostituyen, que no creen en sus capacidades para construir. Y eso tiene que ver con el hogar, hay una fractura que viene desde ahí. Que el sistema de  un país roto no pueda brindarles una visión más amplia a los jóvenes me duele. Estoy aquí trabajando por eso. Se quiere llevar el monólogo a las comunidades, pero la pandemia lo ha hecho difícil”, explica. 

¿Cómo has llevado esta experiencia del teatro online?

—Con Como una mariposa –escrita por María Antonieta Flores y dirigida por Federico Pacanins– sobre una boxeadora nos fue bastante chévere. El asunto es que el Internet se me cayó a mitad del monólogo y no lo pude terminar en vivo. Mandé a la gente al canal de YouTube para que pudieran verlo. Era la primera vez que hacía un monólogo en vivo. Pero nuestro Internet es bastante complicado y si quieres tener una mejor conexión tienes que pagar un realero. Seguimos con el tema del país fracturado, que no ofrece lo que su pueblo está pidiendo. Y mi inconformidad con este sistema también está planteada en mi trabajo y en las cosas que hago, porque yo nunca voy a callar nada como mujer y como individuo. Es algo que yo siempre digo: creo que no hay que callar. 

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