• El especialista internacional Gerónimo Frigerio detalló para El Diario que todas las economías de América Latina fracasan “en mayor o menor medida”

Las pequeñas empresas son la clave del desarrollo económico de América Latina debido a que representan el 99% del sector privado. Así lo asegura el especialista en políticas públicas Gerónimo Frigerio.

En su más reciente libro, titulado Simple, el experto condensa sus recomendaciones para que la región alcance el desarrollo sostenible. También menciona cómo las “burocracias” del continente han exacerbado la pobreza.

“Venezuela es más pobre, informal y con mayor desempleo que cualquier otro país de la región. Pero toda la región sigue fracasando, en mayor o menor medida”, comenta Frigerio en exclusiva para El Diario.

El también exfuncionario del Banco Mundial y del Banco Interamericano de desarrollo detalla que el crecimiento de América Latina pasa por desatar el potencial productivo de las pequeñas empresas.

Sobre Gerónimo Frigerio

Es especialista internacional con 20 años de experiencia en el diseño y la ejecución de proyectos de desarrollo económico y social en América Latina.

Experto en regulación, estructuración de inversiones y procesos de reforma, es fundador y director general de la consultora GF Consulting Group, que provee asesoramiento técnico en proyectos y estrategias de inversión a gobiernos, empresas y organismos multilaterales de crédito.

Fue presidente del directorio ejecutivo de Fonplata (2017-2018); especialista abogado del Banco Interamericano de Desarrollo (2003-2012); funcionario del Banco Mundial y coautor de Doing Business in 2004.

Se graduó como abogado por la Universidad de Buenos Aires (1998), tiene una maestría en Leyes -LLM en Finanzas- del Queen Mary College de la Universidad de Londres (Chevening 2000-2001) y estudios de especialización en Harvard Business School (2013).

—¿Por qué las pequeñas y medianas empresas son la solución al subdesarrollo en Latinoamérica y no las grandes empresas? 

—Las pequeñas empresas que incluyen a las micro, pequeñas y medianas, son la llave al desarrollo económico de América Latina. ¿Por qué? Estas pequeñas empresas son prácticamente sinónimo de nuestro sector privado. Representan el 99% de ese sector privado y dan empleo a más del 60% de las personas. Pero inclsuo, si lográsemos sumarle al sector informal, es decir, todos aquellos individuos que hacen negocios por fuera de las reglas del Estado, ese 99% se incrementaría más aún. En contraste, las grandes empresas representan el 1% del sector privado. Sin embargo, ese 1% de grandes empresas aporta el 75% del producto. En términos simples, las grandes empresas son importantes para cada ministro de Finanzas porque prácticamente le resuelven sus necesidades de recaudación de impuestos. Con esos impuestos los gobiernos después gestionan y redistribuyen.

En síntesis, la “asociación” entre el 1% de las grandes empresas y los gobiernos es la base del modelo de desarrollo que ha tenido nuestra región desde siempre. El planteo que quiero instalar en el centro de la agenda de todos los países de América Latina, es que, para desarrollarnos, ya no alcanza con ese modelo. La “asociación” entre el 1% y los gobiernos fracasó por ser insuficiente. Es necesario pensar con cabeza de 100%, es decir, facilitar que el 99% de las pequeñas empresas puedan crecer, hacer negocios y fundamentalmente crear empleo. En otras palabras, la oportunidad de desarrollo de todos los países de nuestra región pasa por desatar el potencial productivo de nuestras pequeñas empresas que son las que mayor riqueza y aporte al crecimiento de nuestros países pueden generar, siendo a su vez las principales creadoras de empleo.

¿Con el uso de medios digitales se puede minimizar la burocracia del Estado a favor de las pequeñas y medianas Empresas en la región?

—Las pequeñas empresas necesitan vincularse digitalmente con el Estado. Hacer negocios, para cualquier emprendedor o pequeña empresa, debiera ser simple y digital. Hoy sucede todo lo contrario. Cualquier proyecto o emprendimiento que uno quisiera llevar adelante, requiere de enormes costos, trámites burocráticos que demoran tiempo y procesos complejos que generan desincentivos. En consecuencia, se evita o elude la formalidad del Estado todo lo que se puede, no se genera riqueza masivamente ni se crea empleo. En este marco, nuestra realidad es contundente: pobreza, desempleo e informalidad son parte de la vida de nuestra región.

No importa si estamos en México, Guatemala o Argentina, los cuellos de botella para emprender siguen siendo estructurales para la mayoría. Estamos en 2021: ¿Puede ser que para abrir una empresa aún necesite un abogado, contador, notario público, acceso a los bancos, comprender sistemas impositivos complejos, tramitar licencias presencialmente y recorrer distintas dependencias del Estado para poder generar mi forma de subsistencia? En contraste: ¿no habrá llegado el momento de que pueda abrir mi empresa en un aplicativo desde el celular en el acto, a costo cero y sin requerir servicios profesionales ni pagar altos costos? Las nuevas generaciones ya emprenden por redes sociales, como por ejemplo en Instagram y pueden incluso administrar sus pagos totalmente por fuera de la regulación del Estado.

Toda esa creación de riqueza podría crear empleo si estuviera bien regulada.  La informalidad con la que convivimos en América Latina es indicativa de nuestras malas reglas. Necesitamos adoptar buenas reglas, es decir, reglas tan simples que aquellos con menor formación las puedan entender. A su vez, necesitamos que esas reglas estén accesibles para ser observadas desde un teléfono móvil, que es la única tecnología que nos conecta a todos en América Latina.

¿Por qué es tan complicado desarrollar un modelo de progreso en América Latina si cuenta con muchos hombres y mujeres talentosos como por ejemplo Argentina, México o Venezuela por citar solo algunos?

Es complicado desarrollar un modelo de progreso en América Latina, porque partimos de reglas complicadas. Todos nuestros países tienen el mismo “origen legal”, es decir, fuimos colonizados en el mismo tiempo y nos implantaron las mismas malas reglas de origen francés pensadas para una Europa de hace 200 años. ¿Cómo no podemos aún comprender en 2021 que esas reglas no facilitan que nuestros hombres y mujeres talentosos de todos nuestros países puedan emprender, generar proyectos y escalar sus habilidades sin limitaciones? Las malas reglas, justamente porque son malas reglas para poder hacer negocios, tienen graves consecuencias: crean malas instituciones, es decir grandes burocracias, y en consecuencia construyen una mala cultura de negocios.

En América Latina debemos adoptar una buena cultura de negocios. Para ello, el punto de partida es justamente adoptar buenas reglas, especialmente reglas simples para hacer negocios que puedan ser comprendidas por todos, sintéticas y pensadas para reducir costos y complejidades facilitando la generación de negocios. Adicionalmente, con una institucionalidad digital, es decir, que los Estados y privados se vinculen a partir del teléfono celular, podremos sentar las bases para una mejor cultura de negocios.

¿Por qué tantas décadas sin aprender en Latinoamérica lo dañina que es la burocracia?

—La burocracia es dañina porque evidencia pobreza y corrupción. Los países más pobres, son los que más y peor regulan. América Latina tiene burocracia como un indicador claro de fracaso en su búsqueda de desarrollo económico y social. La burocracia es producto de las malas reglas. La burocracia también sintetiza la desconfianza que existe entre el sector público y privado. Tendemos a regular todo con el mayor detalle posible para evitar que las reglas no se cumplan, pero en ese detalle vamos creando capas de burocracia que dificultan y encarecen la posibilidad de que los privados generen riqueza, emprendan y hagan negocios.

Tardamos muchas décadas en aprender la lección porque los procesos de aprendizaje colectivos son más lentos que aquellos individuales. Aprender nuestras lecciones desde los errores lleva sus años y son procesos que no se pueden acortar. Sin embargo, la pandemia ofrece una oportunidad única para acelerar una solución: el fracaso de la región es evidente para la mayoría de los latinoamericanos y contamos con la tecnología, los teléfonos celulares para poder hacer una transición hacia lo digital como nunca antes.

En otras palabras, la posibilidad de capitalizar lo que se aprendió está más cercana que nunca antes. Lo más interesante es que esa solución depende justamente de nosotros: los latinoamericanos, que conocemos mejor que nadie nuestros “cuellos de botella” y como resolverlos para facilitarnos la vida a nosotros mismos, especialmente para crear empleo, generar riqueza y establecer las bases de una formalidad a la que puedan acceder todos, pensando en los más pobres.

—¿Cómo la pandemia por covid-19 hará “reinventar” a las empresas en América Latina?

—Todos nos vamos a tener que “reinventar”: individuos, empresas pequeñas, empresas grandes, gobiernos, sindicatos, abogados, contadores, escribanos, entre otros. Inevitablemente la pandemia afectó nuestra forma de vida, aceleró nuestra necesidad de digitalizar lo más posible nuestras formas de trabajo y naturalizó los vínculos virtuales para colaborar en la actividad laboral. Esa evolución “forzada” no tendrá retorno. Posiblemente sigamos evolucionando, pero no volveremos a la “normalidad” de la prepandemia.

Este escenario disruptivo, nos da una oportunidad única: reinventar la relación de los Estados de América Latina con los más de 600 millones de habitantes que convivimos con malas reglas, burocracia y una incompetencia estatal inaceptable para esta era. La reinvención nos induce a que seamos más competitivos, a que nos animemos a emprender, a que seamos generadores de negocios o de nuestra propia forma de subsistencia en muchos casos. A tal fin, emprender y hacer negocios debiera ser simple y digital. La herramienta es el teléfono celular. Ese es el punto de encuentro para la reinvención por delante.

Cuanto antes lo podamos entender e implementar, preferentemente con una visión regional que expanda nuestro propio mercado interno mejor nos va a ir. Si nos reinventamos, tendremos un escenario de mayor creación de empleo y menor pobreza. Si fallamos en entender la oportunidad de reinvención, tendremos mayor desempleo y peores niveles de pobreza que los que hemos visto hasta aquí.

—¿Cómo los líderes en sus distintas áreas podrían reinventar la sociedad latinoamericana?

—Los líderes de la región debieran hacer más foco en las ideas que pueden generar desarrollo y menos foco en las encuestas semanales que miden su imagen. Los encuestadores entienden bien la coyuntura, pero no necesariamente el proceso de desarrollo económico y social. Los procesos de desarrollo son multidisciplinarios y demandan integrar conceptos de economía, ciencia política, derecho, medio ambiente, adquisiciones, infraestructura, finanzas, relaciones internacionales, entre muchos otros. En ese marco, los líderes debieran decidir pensando en cómo construir países y una región con visión de futuro y no con foco en la coyuntura.

Nuestra generación, como ninguna otra en el pasado, debiera hacer un “sacrificio” de pensar en las generaciones futuras por encima de la nuestra. Como no le vamos a poder dejar una región desarrollada a las generaciones que vienen, al menos dejémosles buenas reglas y la oportunidad de que hagan negocios a partir de sus teléfonos inteligentes. Las nuevas generaciones como los millenials, centenials y Alpha, ya son naturalmente digitales y emprendedores. Hay que darles las bases a esas nuevas generaciones de que lleven a América Latina a una mejor versión. Los liderazgos de este tiempo y los años por delante definirán el desarrollo o no de la región en las muchas décadas por delante. Se requerirá visión de futuro y visión de negocios.

—¿Cómo se crean empleos de buena calidad con una fórmula “simple”? 

—La propuesta de reforma abarca el universo de reglas, instituciones y procesos que inciden en el inicio, administración y cierre de una pequeña empresa a fin de priorizar el desarrollo del sector privado como fuente principal de creación de empleo. El foco de la reforma son las pequeñas empresas, toda vez que estas representan el 99% de la fuerza productiva de la región y tienen la mayor potencialidad para crear empleo. Las reformas debieran focalizarse en la secuencia del ciclo de vida de las pequeñas empresas y priorizar la digitalización de la totalidad de los procesos a fin de que puedan realizarse en un aplicativo desde el teléfono móvil.

El objetivo es claro: el sector privado formal con foco en las pequeñas empresas, debe florecer en toda su capacidad. Cabe aclarar que el proceso de reforma es continuo. Hasta tanto la creación de empleo no alcance todo su potencial y la pobreza disminuya a su mínima variable, la potencialidad de mejora de los servicios a ser prestad8£os por el sector público seguirá vigente: habrá más costos por reducir, más reglas por simplificar y más trámites por eliminar o informatizar. Por eso, la secuencia del proceso para los próximos años tiene que lograr una dinámica de mejora continua que busque implementar una visión: América Latina sin pobreza.

—Se dice simple, pero ¿por qué para América Latina ha sido tan “difícil”? 

—Hacer negocios en América Latina tiene que ser sencillo, en particular para los latinoamericanos. En la actualidad hemos transitado décadas por el camino opuesto: es o se presume “difícil”. La eficiencia, que no es de “izquierda” ni de “derecha”, debiera convertirse en el pilar básico para consolidar el mejor clima de negocios en la región. En términos concretos, todas las actividades económicas de cada sector en América Latina debieran hacerse en su formato más fácil y económico: cada Estado debiera tener un único portal para todos los trámites. La totalidad de los trámites que dependen del Estado debieran ser online. La creación de una empresa debiera hacerse en un solo trámite y vía online, instantáneo y gratuito, para facilitar el inicio de la actividad económica en la formalidad.

El Estado debiera promover una cultura de contratos entre privados para que ellos mismos regulen sus derechos y obligaciones. Por ejemplo, plazos y términos de mutuo acuerdo, o alquileres con plazos y términos acordados por las partes. Simplificar el sistema impositivo para que individuos y empresas de la región tengan un esquema de impuestos simple y competitivo, que posiblemente sea un impuesto universal y plano que no ofrezca interpretación alguna; por ejemplo, impuesto corporativo del 10% e impuesto único al individuo del 10% de su ingreso. Digitalizar la totalidad de las actividades comerciales para operar integralmente desde un teléfono inteligente. La meta es clara: transformar una realidad “difícil” en “fácil”.

—En su país, Argentina, ¿qué recepción ha recibido del gobierno sobre estas propuestas de su libro Simple?

Nada. El gobierno no ha expresado opinión sobre las propuestas. La oposición, en sus distintas variantes, tampoco. En Argentina el tema aún no se ha instalado en la agenda pública. Sin embargo, tuve oportunidad de profundizar el debate con mayor facilidad en otros países de la región como Guatemala, Paraguay, Costa Rica, Colombia, Chile, México, Panamá y El Salvador e inclusive en Belice.

—¿Cuáles son los países de América Latina que a su parecer van transitando más a lo simple y por qué?

—Chile, Paraguay, Costa Rica, Uruguay, Panamá y Guatemala, con distintas realidades, parecieran tener más claro que el desarrollo del sector privado genera riqueza y crea empleo. Si bien ninguno adoptó la agenda de Simple aún, han hecho mayor progreso en comprender los beneficios de simplificar reglas y los beneficios de digitalizar procesos recurrentes. De todas formas, los avances conseguidos hasta ahora son mayormente modestos. Mirando hacia el futuro, no alcanza con tener la regulación “menos mala” de la región, sino adoptar “la mejor”, por simple, digital y menos costosa del mundo. Ese proceso depende de los propios latinoamericanos. Ese desafío tiene un objeto claro: dejar de ser una región pobre del mundo con base en nuestro propio trabajo y la posibilidad de generar nuestra propia solución a la realidad compleja que tenemos.

—¿Cuáles son los países de América Latina que, a su parecer, van más lento o involucionando?

—Venezuela insiste con un socialismo del siglo XXI que fracasó en sus variables más importantes. En la actualidad, Venezuela es más pobre, informal y con mayor desempleo que cualquier otro país de la región. Pero toda la región sigue fracasando, en mayor o menor medida, con altos niveles de pobreza, informalidad y desempleo. Uno de cada tres latinoamericanos es pobre desde hace 50 años. Esa es nuestra realidad. Naturalizamos que haya gente que nazca y muera en la pobreza. Dejar de ser pobres debería ser nuestra primera prioridad regional. A su vez, la pobreza afecta a toda la región. Las migraciones por causa de pobreza son una realidad que nos afecta a todos. Por eso la visión en la solución debería ser regional también.

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