• Se cumplen 100 años del nacimiento de la estudiante alemana que se enfrentó pacíficamente al totalitarismo de Hitler duranate la Alemania nazi

Los panfletos cayeron desde el último piso de la Universidad de Múnich (Alemania) el 18 de febrero de 1943. Esa mañana las hojas descendían desde lo más alto y en ellas estaba escrita una frase simple pero desafiante: “De la boca de Hitler solo salen mentiras”. Aquella oración puso fin a un movimiento de jóvenes estudiantes, antinazis y pacifistas, que encontraron en los panfletos una forma de expresar su rechazo al totalitarismo y represión del Führer durante la Alemania nazi. 

El movimiento La Rosa Blanca nació por la disconformidad de un grupo de estudiantes de la Universidad de Múnich que no se sintieron en consonancia con los ideales del nazismo y la coerción de los derechos de los ciudadanos, quienes debían callar cualquier opinión que contradijera los intereses de Adolf Hitler. La persona que hablara de más podría ser denunciado ante la Gestapo, una organización de control estatal, y cumplir una pena en la cárcel o ser víctima de los verdugos. 

La guillotina fue el destino de Sophie Scholl, una estudiante de biología y filosofía de la Universidad de Múnich, que nació el 9 de mayo de 1921. Luego de prestar servicio obligatorio como enfermera durante la Segunda Guerra Mundial y observar en primera fila los estragos bélicos y la represión de civiles se sintió en desacuerdo con los ideales que Hitler imponía en Alemania. 

Sophie Scholl, la activista opositora alemana que fue víctima de la guillotina del nazismo

Fue la cuarta de los hijos de un político liberal y exalcalde de Forchtenberg, quien siempre se mostró en contra del nazismo. Aunque mantuvo cautela de expresar a viva voz sus opiniones, fue detenido durante un tiempo por la Gestapo luego de que uno de sus empleados lo denunció por hacer comentarios negativos contra Hitler. 

La prisión que enfrentó el padre de Sophie hizo que aumentara su rechazo al totalitarismo que estaba viviendo. Ella y su hermano Hans estudiaron juntos en la misma universidad. Ambos compartían la misma percepción sobre el nazismo y contaron con el apoyo sigiloso de otros estudiantes que no se dejaron seducir por el sistema. La necesidad parecía clara para ellos: debían mostrar a los ciudadanos el daño que le causaba el nazismo y la guerra al país. Las opiniones de varios estudiantes se agruparon en un movimiento secreto opositor: La Rosa Blanca, del cual Sophie Scholl no tenía conocimiento en un principio. 

Una mañana de clases, los pisos de cada pasillo de la universidad estaban repletos de panfletos. Los estudiantes parecían atónitos ante lo que estaban viendo. Mensajes en contra de Hitler estaban esparcidos por el centro de estudio, causando un clima de temor. Sophie tomó uno con rapidez y se escondió en el baño para leerlo. Estaba emocionada porque alguien se había atrevido a materializar su descontento. Al llegar a su casa le contó a su hermano lo que ocurrió en la universidad. Lo que siguió fue una confesión de su parte: Hans Scholl, hermano de Sophie, era el fundador del movimiento La Rosa Blanca, junto con otros estudiantes, y el creador de los panfletos que conmocionaron a la universidad esa mañana. Atónita pero sin pensarlo dos veces, la estudiante de 21 años decidió sumarse al movimiento opositor. 

Panfletos del movimiento «La rosa blanca» con mensajes en contra de los nazis.
Réplica exhibida en el Ghetto Fighter’s House Museum de Israel.

Nadie sospecharía de Sophie. Era una joven estudiante que no tenía apariencia de formar parte de un movimiento antinazi. Pasaba desapercibida en los controles policiales en las calles en donde usualmente los hombres eran detenidos y requisados. 

Con el apoyo de Sophie, Rosa Blanca logró expandir el alcance de sus mensajes. Eran enviados por correo, arrojados anónimamente en puntos estratégicos de la ciudad. Los autores de aquel revuelo eran cautelosos y desaparecían rápidamente del lugar. La Gestapo desplegó operativo para dar con el paradero de los miembros de la Rosa Blanca a como diera lugar.

El último día de la Rosa Blanca 

Pero la mañana del 18 de febrero de 1943 el anonimato del movimiento llegó a su fin. Hans y Sophie Scholl llegaron a la Universidad de Munich con una maleta llena de panfletos. Hans esparció una parte en los pasillos mientras que Sophie arrojó buena parta desde el último piso. Los hermanos no imaginaron que aquel sería su último acto de protesta pacífica contra un régimen totalitario. 

El conserje alcanzó a ver a Sophie cuando arrojó las hojas. Rápidamente, los hermanos intentaron escapar del lugar pero fueron detenidos por el trabajador y otros estudiantes,  quienes decidieron denunciar el hecho ante las autoridades. La Gestapo no tardó en llegar. 

Los oficiales detuvieron a los Scholl y posteriormente allanaron su residencia en donde encontraron y detuvieron a Christoph Probst, otro miembro del movimiento. 

Tres días después de la detención, los Scholl y Probst fueron llevados a juicio. El juez ni se preocupó en presentar pruebas ni testigos contra los imputados. Ya sabía la decisión que debía tomar. Los tres estudiantes fueron acusados de traición a la patria, un crimen que se pagaba únicamente con la muerte.

Sophie Scholl, la activista opositora alemana que fue víctima de la guillotina del nazismo
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Sophie, Hans y Christoph escucharon la sentencia. No se inmutaron. Aguantaron las lágrimas mientras que afuera del juzgado se escuchaban los gritos de Robert y Magdalena Scholl, los padres de los sentenciados. No los dejaron entrar a la sala, pero sabían el doloroso destino que enfrentaban sus hijos. 

Luego de conocer su futuro, los jóvenes fueron llevados a la prisión de Stadelheim por unos minutos. Les permitieron despedirse de sus afligidos padres y tras unos escasos minutos de beneficios, los estudiantes se encontraron de frente con la guillotina. 

La primera en pasar fue Sophie. Nunca bajó la cabeza, retuvo las lágrimas y miró de frente a sus verdugos mientras se arrodillaba frente a su final. “Proceda”, dijo el oficial a cargo del ejecutamiento de los rebeldes. La estudiante de 21 años cerró los ojos para no abrirlos nunca más. 

La vida de Sophie Scholl se convirtió en un ícono de la lucha contra el totalitarismo y el movimiento La Rosa Blanca ha sido recordado por su protesta pacífica a favor de los derechos de los ciudadanos alemanes. El ímpetu de la estudiante y del movimiento opositor fueron homenajeados en el año 2005 en la película alemana “Sophie Scholl: los últimos días”, dirigida por Marc Rothemund.

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