• Las personas con depresión o ansiedad son más propensas a sufrir padecimientos relacionados con la comida 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) cataloga los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) como enfermedades mentales que afectan a millones de personas en todo el mundo, pueden causar graves daños físicos y psicológicos, y, en algunos casos, poner en peligro la vida de quienes las padecen. 

El TCA más conocido es la anorexia, caracterizada por la restricción extrema de la ingesta de alimentos debido a un miedo intenso a ganar peso. No obstante, existen otros como la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón o la restricción nutricional por temor a ganar peso. 

De acuerdo con un estudio publicado en el medio Journal of Eating Disorders, los trastornos alimentarios no son en la mayoría de los casos una elección personal, sino una enfermedad mental compleja que requiere atención y tratamiento. 

En la investigación se reveló que estos padecimientos afectan a personas de todas las edades y géneros, se caracterizan por una preocupación excesiva por el peso, la forma corporal y la alimentación. 

El tratamiento de los TCA es multidisciplinario y generalmente incluye una combinación de terapia individual, familiar, nutricional y, en algunos casos, medicación. Además, cada trastorno necesita de una evaluación específica. 

Trastornos de conducta alimentaria: ¿cuáles son y cómo tratarlos?
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Anorexia nerviosa

Según la Clínica Mayo de Estados Unidos, la anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria que conlleva una preocupación obsesiva por el peso corporal y una restricción extrema de la ingesta de alimentos. 

Como consecuencia la persona presenta un peso significativamente bajo para su edad y altura, entre otros síntomas como: percepción distorsionada de la imagen corporal, miedo intenso a ganar peso, falta de apetito, rituales de alimentación restrictivos, ejercicio excesivo y comportamientos compensatorios como el vómito o el uso de laxantes.

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Las causas de la anorexia nerviosa son multifactoriales y pueden incluir elementos genéticos, psicológicos, sociales y ambientales. Las presiones culturales para alcanzar un estándar de belleza irrealista, experiencias traumáticas, baja autoestima y trastornos de salud mental como la depresión y la ansiedad también pueden desempeñar un papel en el desarrollo de este trastorno.

El tratamiento de la anorexia nerviosa es complejo por lo que el paciente debe ser evaluado por médicos, psicólogos, nutricionistas y terapeutas especializados en trastornos de la alimentación. 

El principal objetivo es restaurar un peso saludable, abordar los problemas psicológicos subyacentes y promover una relación saludable con la comida y el cuerpo de la persona afectada.

Trastornos de conducta alimentaria: ¿cuáles son y cómo tratarlos?
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Bulimia nerviosa

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, la bulimia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria que se caracteriza por episodios recurrentes de ingestión excesiva de alimentos, seguidos de vómitos autoinducidos. 

Este padecimiento también implica el uso de laxantes o diuréticos luego de comer. Los expertos del instituto explican que los pacientes con bulimia sufren una lucha interna intensa con la imagen corporal, la autoestima y los sentimientos de culpa y vergüenza asociados con los episodios de ingesta excesiva.

Los patrones de comportamiento en este trastorno suelen incluir episodios de atracones, en los cuales la persona consume grandes cantidades de alimentos en un corto periodo de tiempo, que luego los lleva a recurrir a métodos purgativos o incluso realizar ejercicio físico intenso. 

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Estos comportamientos son peligrosos para la salud y pueden tener graves consecuencias físicas y emocionales a largo plazo.

El tratamiento de la bulimia nerviosa generalmente también implica una combinación de terapia psicológica, asesoramiento nutricional y, en algunos casos, medicación para tratar la ansiedad. 

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las modalidades terapéuticas más efectivas para abordar los patrones de pensamiento negativos y los comportamientos disfuncionales asociados con la bulimia nerviosa.

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Trastorno por atracón

El trastorno por atracón está reconocido por la OMS como enfermedad mental y es un tipo común de alteración de la conducta alimentaria. Se caracteriza por episodios recurrentes de comer en exceso de forma descontrolada y compulsiva, sin poder detenerse incluso cuando se sienten físicamente saciados.

Un estudio publicado en la revista especializada American Journal of Psychiatry detalló que comer compulsivamente es el primer síntoma de los pacientes. 

No obstante, aclaran que no debe confundirse con los atracones ocasionales que las personas pueden experimentar en ciertas ocasiones. En lugar de eso, los episodios son frecuentes y obsesivos, ocurren con una sensación de pérdida de control y están asociados con la depresión y ansiedad.

Una de las estrategias clave para abordar los episodios de comer compulsivamente es a través de la terapia, donde las personas puedan identificar las causas y cambiar los pensamientos negativos y las conductas disfuncionales relacionadas con la alimentación. 

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El apoyo de la familia, amigos o grupos de apoyo especializados, para no enfrentar este trastorno en solitario, se consideran indispensables para que el paciente comience una relación sana con la comida. 

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Otros TCA menos conocidos

Existen algunos tipos menos conocidos como el pica, ortorexia y vigorexia. El primero se refiere a las personas que sienten un impulso incontrolable de comer sustancias no nutritivas, como tierra, papel, tiza o hielo. 

Estas sustancias pueden causar obstrucciones intestinales o intoxicación, por lo que controlar este trastorno requerirá de profesionales de la salud que ayuden a identificar las causas subyacentes y desarrollar estrategias de manejo adecuadas.

La ortorexia es otro TCA menos conocido, pero que de acuerdo con la Clínica Mayo está en aumento en los últimos años. Esta afección se caracteriza por una obsesión extrema por comer alimentos considerados puros desde una perspectiva nutricional. 

Las personas con ortorexia pueden evitar ciertos grupos de alimentos o volverse obsesivas con los ingredientes y la preparación de sus comidas. Aunque la intención inicial puede ser saludable, puede conllevar a deficiencias nutricionales y aislamiento social. 

La vigorexia, por su parte, es una alteración mental que lleva a algunas personas a presentar una obsesión por desarrollar masa muscular y cambiar su apariencia física. 

Estas personas pueden pasar horas en el gimnasio, seguir dietas restrictivas y utilizar esteroides o suplementos peligrosos para alcanzar sus metas físicas. La característica principal de este padecimiento es que los afectados nunca se sienten satisfechos con lo que ven en el espejo, lo que los lleva a aumentar el ejercicio o el consumo de anabólicos. 

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Por esto, las consecuencias pueden ser graves para la salud, como lesiones musculares, problemas cardíacos, de hígado y otros trastornos alimentarios relacionados. 

Trastornos de conducta alimentaria: ¿cuáles son y cómo tratarlos?

Atención a largo plazo

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Mental de EE UU,  promover la recuperación y prevenir recaídas es esencial cuando se trata de los trastornos de la conducta alimentaria por lo que descubrir las causas es fundamental para comenzar el tratamiento. 

Las alteraciones que padecen algunas personas relacionadas con la comida son a menudo derivadas de depresión o ansiedad que requieren un enfoque integral a largo plazo para garantizar una recuperación duradera.

El primer paso es establecer un plan de tratamiento personalizado que involucre a profesionales de la salud mental, nutricionistas y otros especialistas en el cuidado de los trastornos de la conducta alimentaria.

Luego se necesita hacer seguimiento regular para evaluar el progreso del paciente y realizar ajustes en el tratamiento según sea necesario. Esto puede incluir terapia individual y grupal, sesiones educativas, apoyo emocional y nutricional, monitoreo del peso y del estado de salud.

Además, los expertos de la Clínica Mayo coinciden en la importancia de fomentar un entorno de apoyo para el paciente, ya sea a través de la participación de la familia y amigos en el proceso de recuperación.

La prevención de recaídas implica también educar al paciente sobre los desencadenantes y las señales de advertencia, así como proporcionar estrategias y herramientas para hacer frente a situaciones estresantes.

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