- Aunque las fotos y frases del fallecido expresidente se mantienen presentes en el imaginario del chavismo, el régimen de Nicolás Maduro sutilmente ha desplazado sus símbolos en la medida que busca congraciarse con capitales extranjeros y privados. Sin embargo, el director Politks, Andrés González, considera que el PSUV seguirá usándolo para conectar con las bases que todavía creen en la revolución
*Este reportaje de El Diario se publicó originalmente el 5 de marzo de 2023
En la sala del Hospital Militar de Caracas, Nicolás Maduro, acompañado de su esposa Cilia Flores y parte de la cúpula política y militar del oficialismo, estaba por dar una noticia importante al país. Aferrado al podio para no perder la compostura y con una notable aflicción en el rostro, su voz se quebró al anunciar que el entonces presidente, Hugo Rafael Chávez Frías, había muerto tras complicaciones en su lucha contra el cáncer.
De acuerdo con la versión oficial, Chávez murió el 5 de marzo de 2013 a las 4:25 pm. Dejando a un lado los rumores y dudas sobre el lugar y fecha reales, lo cierto es que por primera vez en 63 años ocurría un hecho así con un presidente venezolano en el cargo. Y más allá de ser un acontecimiento histórico, marcó un cambio de paradigma en el país. El proyecto de revolución bolivariana, que desde su concepción había girado alrededor de la figura del comandante, entraba en terrenos inciertos.
Para ese momento Maduro era el vicepresidente, pero ya llevaba meses gobernando de manera interina. Aunque había resultado reelecto en las elecciones presidenciales de 2012, Chávez nunca alcanzó a juramentarse por su estado de salud. En su lugar, tuvo una toma de posesión simbólica. Ahora sin su líder, el chavismo se encontraba ante el dilema sobre quién asumiría el mando. Quizás con algunas reservas, se optó por continuar con Maduro, a quien el propio Chávez había elegido como su sucesor en su última aparición pública.
Pasó más de una década y la decisión parece haber sido acertada. Maduro continúa en el poder habiendo sobrevivido a al menos tres estallidos sociales, una crisis económica y una emergencia humanitaria compleja, y preparándose para competir en las presidenciales de 2024. Sin el carisma de Chávez para manejar a las masas, para lograrlo tuvo que valerse de todos sus recursos: desde el uso de la fuerza y la violación sistemática de derechos humanos, hasta el control de las instituciones del Estado y armar una nueva cúpula con fichas más leales a su liderazgo, saliendo incluso de algunos cuadros clásicos del chavismo.
El gran viraje
Como parte de ese esfuerzo para mantenerse en el poder, el régimen de Nicolás Maduro optó por adoptar una postura mucho más pragmática. En sus primeros años, el oficialismo había conservado el estilo de gobierno de Chávez. Uno caracterizado por la lucha contra la burguesía y el ideal de instaurar un modelo de socialismo similar al de la Cuba de Fidel Castro. Sin embargo, las circunstancias han obligado a su sucesor a tomar un camino completamente diferente, a veces hasta contrario al pensamiento de su mentor.
Este sentido de maleabilidad obedece a un esfuerzo por parte del oficialismo de mantenerse vigente dentro de la población a pesar de la impopularidad. El director de la plataforma de análisis político Politks, Andrés González, destaca en entrevista con El Diario que la clave de la permanencia de Maduro se debe a su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos.
“El chavismo ha buscado que su discurso siga calando entre los venezolanos, con un cambio en sus símbolos y códigos. Pero Chávez sigue teniendo una preeminencia transversal a pesar de que no se vea a primera vista”, asegura.
Esto se ha evidenciado principalmente en el área comunicacional. Desde 2018 el discurso oficialista parece ir ahora más dirigido a la clase media que a los sectores populares. Esto con un discurso menos confrontativo y centrado en vender la idea de la recuperación económica. González agrega que incluso se ha intentado dominar la discusión en redes sociales, a través de las tropas de Twitter o el uso de presentadores de noticias creados con inteligencia artificial.
Capitalismo y opulencia
Desde 2019, el régimen ha impulsado una serie de reformas para flexibilizar la economía. También para recuperar la confianza perdida de los empresarios tras años de persecución y hostigamiento. Medidas como derogar el estricto control cambiario vigente desde 2003 y permitir la libre circulación de dólar como moneda no oficial en el comercio parecen distanciarse de los años de regulaciones de precios. También la búsqueda de incentivos como la devolución de algunos bienes expropiados durante la gestión de Chávez, como el centro comercial Sambil de La Candelaria.
González compara este cambio de paradigma con lo ocurrido en China tras la muerte del líder comunista Mao Zedong en 1976. Con un país empobrecido por el fracaso de la revolución cultural y el Gran salto adelante, y luego de varias pugnas internas, Deng Xiaoping asumió el poder en 1978. Emprendió un proceso de apertura a los mercados que no solo permitió recuperar la economía, sino sentar las bases de la actual potencia asiática. Y a pesar de regirse ahora por un modelo económico capitalista, China sigue gobernada por el Partido Comunista, venerando a Mao como su padre fundador.
Aunque tampoco se espera de Maduro el mismo éxito que Xiaoping, la necesidad le ha llevado a tomar un rumbo parecido en cuanto a desprenderse de los ideales de colectivización de la propiedad y un extremo proteccionismo del Estado. Gran parte del proyecto socioeconómico durante la presidencia de Chávez estuvo respaldado por la renta petrolera, que en su mejor momento llegó a superar los 100 dólares por barril. Pero desde 2014, Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) comenzó a evidenciar las consecuencias de años de desinversión y malas gestiones administrativas, reduciendo su productividad de 2,6 millones de barriles diarios en 2015 a 668.000 en enero de 2022.
Esto dejó de hacer sustentable el inmenso aparato burocrático y gasto público heredado de Chávez. También se sumaron las sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos a partir de 2018 contra PDVSA y varios funcionarios del régimen, limitando sus movimientos de dinero en el extranjero. Esto hizo que, después de casi dos décadas de un modelo monoproductor cerrado, el chavismo decidiera abrirse a la inversión extranjera y privada para captar los ingresos que había dejado de percibir del petróleo.
Volviendo al rojo
En los últimos días Chávez ha vuelto al discurso y propaganda del régimen de Maduro. El 3 de marzo de 2023 hicieron una serie de actividades para homenajear al líder socialista a 10 años de su muerte, con un foro realizado en el Teatro Teresa Carreño. El director de Politiks consideró esto como una forma de mantener el apoyo de aquellos sectores de la población que aún idolatran al fallecido expresidente.
Afirma que estos cambios de imagen y pensamiento no han generado mayor resistencia en el seno del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Sectores más ortodoxos como el del diputado Diosdado Cabello han mantenido su línea dura, pero sin rechazar la nueva directriz de la facción dominante, mientras otras figuras como el gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, han tenido carta libre para alejarse del ideal revolucionario, al punto de usar sus propios símbolos, como el murciélago y el color vinotinto.
“El chavismo sabe cómo adaptar su mensaje de acuerdo al público al que le está hablando. Por ejemplo: si bien Maduro ha usado más el azul y en amarillo en sus alocuciones oficiales, en los encuentro del PSUV siempre es rojo”, observa.
Incluso otros dirigentes como Elías Jaua o José Vielma Mora han expresado críticas por algunas maneras del nuevo modelo, aunque sin renunciar a su militancia. En todo caso, en los últimos años se ha visto cómo Maduro ha ido ajustando la correlación de fuerzas dentro del PSUV para desplazar a familiares de Chávez, como sus hermanos Argenis y Adán. En cambio, le ha dado más protagonismo a cuadros más reformistas, como Jorge y Delcy Rodríguez. Esto también se ha visto en el plano militar, con la consolidación de fichas como Vladimir Padrino López y Carmen Meléndez, en la medida que los antiguos compañeros de armas del exmandatario fueron retirándose de la vida pública.
El eterno heredero
Para las elecciones presidenciales de 2013, la campaña de Maduro se centró en explotar al máximo el duelo que sentía el país por la muerte de Chávez. Desde afirmar que votar por él era continuar con el legado del líder desaparecido, hasta decir en televisión que había sentido su presencia en la forma de un ave. Esta dependencia de la imagen de su antecesor se mantuvo al menos durante su periodo en el poder. Pero desde 2018 Maduro ha intentado consolidarse ante el país como algo más que el heredero de Chávez.
“El problema de Maduro es que su madurismo no convence. Nadie cree en él. Nadie en Venezuela lo admira. Sí, se mantiene en el poder, pero en un estado precario, sin posibilidad de hacer otra cosa que no sea resistir los embates de la disidencia y el paso del tiempo”, argumenta.
El ingeniero y consultor político cree que Maduro podría volver a apelar al fantasma de Chávez para las elecciones presidenciales de 2024. Aunque de una forma más discreta, pues la imagen del propio expresidente también se ha visto empeñada en la medida que el país ha ido sufriendo las consecuencias de las políticas que dejó.
Un ejemplo de esto es el resultado de las pasadas elecciones regionales y municipales en Barinas. A pesar de ser la cuna de Chávez y de haber estado gobernada por su familia desde el año 2000, la oposición logró una importante victoria allí dos veces. En la primera, derrotando a Argenis Chávez, quien aspiraba a la reelección. Y tras la repetición de los comicios por orden del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), le ganó también a Jorge Arreaza, exyerno del fallecido expresidente y quien apeló a él durante toda su campaña.
El fin del símbolo
Precisamente la emergencia humanitaria compleja y la represión en nombre de la revolución han hecho que el poder de Chávez como símbolo se haya ido desvaneciendo del imaginario colectivo. Mientras su funeral fue uno de los más concurridos en la historia de Latinoamérica y en su momento se proyectaba a ser una suerte de deidad venerada en altares populares, lo cierto es que ahora su rostro se destiñe en los murales de las paredes, mientras sus ojos, antes señal de su omnipresencia, han sido silenciosamente retirados de vallas y edificios públicos para no dar mala impresión a los inversionistas.
González cree que, al menos por ahora, es imposible que el oficialismo recree con Chávez la trascendencia que logró Cuba con la imagen de Ernesto “Ché” Guevara. Pero sí podría convertirse en un referente más local. A pesar de que cada vez crecen más generaciones sin recuerdos de lo que fue su gobierno, asegura que todavía en las encuestas Chávez sigue mostrando niveles de aprobación de entre 45 y 50 puntos, aun 10 (dato de 2023) años después de su muerte.
“Alguien que se mantiene en esos niveles de popularidad de forma constante no va a desaparecer tan fácilmente del imaginario colectivo. Hugo Chávez cambió este país para siempre, querámoslo o no, y seguirá presente en las décadas por venir. Será un fenómeno similar al peronismo en Argentina”, dijo González.
“El madurismo es el estado final del chavismo. La fase final de un proyecto cuyo objetivo era sumir a Venezuela en la más podrida oscuridad”, opina González.