• El fallecimiento del expresidente dejó un fuerte vacío en las filas de su proyecto socialista bolivariano, el cual intentó ser cubierto tras el ascenso de Nicolás Maduro al poder. El sociólogo Juan Manuel Trak explica para El Diario qué aspectos de la estructura social venezolana se han transformado casi una década después, y por qué el oficialismo parece ahora alejarse de su líder original

Luego de días de incertidumbre, rumores y escuetos comunicados diarios por parte del entonces ministro de Comunicación, Ernesto Villegas, la tarde del 5 de marzo de 2013 quedó grabada en la memoria de muchos venezolanos. Desde el Hospital Militar de Caracas, Nicolás Maduro informaba sobre la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías. A su derecha, estaba su esposa y diputada de la Asamblea Nacional, Cilia Flores, el propio Villegas, y el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez; a su izquierda, el canciller Elías Jaua y Jorge Arreaza, quien era ministro de Ciencia y Tecnología, además de yerno del recién fallecido mandatario. En el fondo los acompañaba un grupo de uniformados del Alto Mando Militar.

“Recibimos la información más dura y trágica que podamos transmitir a nuestro pueblo. A las 4:25 pm, ha fallecido el comandante presidente”, anunció Maduro compungido en cadena nacional. En 1992, Venezuela conoció al teniente coronel Chávez por un discurso televisado, luego de dar un golpe de Estado fallido contra el gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez. 21 años después, cerraban el ciclo nuevamente a través de la pantalla, dando por concluido un capítulo de la historia reciente del país.

Nueve años han pasado desde entonces. Una de las consecuencias directas de la muerte de Chávez fue el ascenso al poder de Nicolás Maduro, a quien nombró su sucesor días antes de viajar a Cuba para atender su cáncer. De hecho, de aquel cuadro transmitido casi una década atrás en el Hospital Militar, la mayoría de sus personajes actualmente se mantienen en lo más alto de la cúpula gobernante. Solo Elías Jaua parece estar ahora fuera de los reflectores, como parte de una facción más conservadora del chavismo, y que en los últimos años se ve cada vez más reducida ante el gran viraje político, económico y social del régimen.

Otro país

Nueve años de la muerte de Hugo Chávez: ¿Cómo ha cambiado Venezuela desde entonces?
Foto: EFE

Para el sociólogo y doctor en Procesos Políticos Contemporáneos, Juan Manuel Trak, resulta una tarea complicada el describir la transformación que ha tenido la sociedad venezolana tras nueve años sin Chávez. En entrevista para El Diario, reconoce que todavía es muy pronto para hablar de cambios culturales o de los valores que forman la identidad nacional. Lo que sí destaca son las huellas que dejó el chavismo en el tejido social, con fenómenos que la han marcado irreparablemente, como la migración de más de 6 millones de venezolanos en los últimos cinco años.

“Ha transformado demográficamente la sociedad y sus consecuencias todavía no estamos al tanto de poder medir con total certeza. Tenemos cambios profundos también en el tema de la calidad de la educación, lo cual se va a ver reflejado en el mercado de trabajo; la destrucción no solamente de la industria petrolera, sino también del tejido productivo, que no era mucho, pero sí lo había. Y eso va a traer muchos cambios importantes en las formas de trabajo de los venezolanos”, señala.

De acuerdo con el estudio Migración y refugio en Venezuela 1998-2020, de Mauricio Phélan y Emilio Osorio, durante todo el gobierno de Chávez se calcula que emigraron aproximadamente 768.000 venezolanos. Reseña que en su mayoría se trataba de personas de alto nivel educativo y recursos económicos, generalmente con destinos como Estados Unidos, Canadá o Europa.

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A partir de 2014, la curva migratoria crece hasta explotar en 2017, cuando la crisis política y la emergencia humanitaria compleja empujaron a millones de venezolanos a buscar una vida mejor. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estima que la cantidad de desplazados podría equivaler al 17 % de la población, siendo la segunda mayor ola migratoria del mundo, solo superada por Siria. Igualmente, ha sido una marea de emigrantes y refugiados caracterizada por la necesidad, y que orbita a lo largo de toda América del Sur, desde Colombia hasta Argentina y Chile.

Definitivamente el país dejó de ser el mismo que existía en 2013. Problemas para entonces evidentes como la inseguridad y la deficiencia en los servicios públicos se intensificaron, mientras aparecieron otros nuevos como la escasez de combustible. Trak destaca también nuevas realidades como la hiperinflación, la desnutrición infantil y la rápida transición de una democracia frágil y populista a un régimen autocrático y represivo. Además menciona la brecha social acentuada en los últimos años, y que entierra el discurso del oficialismo de la lucha contra la burguesía. 

Tenemos una sociedad más desigual, donde unos pocos manejan mucha riqueza, y donde el poder está concentrado en manos de una oligarquía que se ha enriquecido del erario público. Y eso en detrimento de la sociedad, que es de las pocas en la región que ha retrocedido en todos los indicadores como educación o salud en estos 20 años”, explica.

En fin del espejismo

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Otro aspecto importante que el sociólogo resalta es que la crisis general de los últimos años contribuyó a derribar algunos antiguos paradigmas que estaban arraigados en la psique del venezolano. La más importante fue el mito de que Venezuela era un país rico solo por contar con vastos recursos naturales. Una percepción surgida desde la segunda mitad del siglo XX, cuando la bonanza petrolera creó un espejismo de desarrollo que no se correspondía con la realidad de muchos sectores históricamente pobres.

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“No éramos un país rico. Teníamos riquezas en la forma de recursos naturales, pero que no fueron transformados de manera productiva a través de una industria nacional para generar ahora sí riquezas. Puede que se esté acabando ese mito, y dependiendo de hacia dónde se resuelva este conflicto político y económico, puede derivar en un cambio de la perspectiva que tienen los venezolanos en relación a lo que somos como país extractor de petróleo”, dice.

Comenta que también hay otros elementos idiosincráticos que, aunque deteriorados, aún siguen fuertemente presentes. Asegura que la falta de legitimidad del régimen de Maduro y la represión vivida en años como 2014, 2017 y 2019 afectaron la forma en que percibimos la política. Igualmente, el desencanto con los partidos y liderazgos, así como los procesos electorales cuestionados de 2018 y 2020 volvieron al venezolano, antes apasionado y proactivo, más desinteresado en los asuntos políticos. Aun así, Trak afirma que en el fondo, aún sigue esa chispa que llevaba a muchos a madrugar en los centros de votación en cada convocatoria.

“En términos de cultura política, la creencia en la democracia se mantiene fuerte, aunque haya bajones en algunos sectores. Pero las elecciones como mecanismo de resolución de conflictos políticos sigue siendo el preferido por los venezolanos. Aun cuando no hayan sido eficaces en los últimos años debido al tipo de sistema de gobierno que tenemos”, asegura. 

Problema estructural

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Durante los primeros años de Maduro en el poder, fueron inevitables las comparaciones con su antecesor. Sobre todo en la medida que el país progresivamente se encaminaba hacia el colapso. Hasta 2013, aunque con algunos tropiezos, Venezuela mantenía buenos indicadores económicos. El ingreso por la renta petrolera permitía costear el gran aparato burocrático e institucional creado por Chávez, además de sus numerosos programas asistenciales. “Maduro heredó una política económica y social que es consecuencia de las medidas que tomó el gobierno en los años anteriores”, opina Trak.

Señala que la destrucción del aparato productivo y la desmejora de la principal empresa estatal, Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), ya se venía cultivando desde mucho antes. Políticas de Chávez como la expropiación indiscriminada de empresas y tierras, la salida de país de varias transnacionales y la dependencia de las importaciones por la poca diversificación económica acabaron pasándole factura a Maduro. Asevera que este tampoco tuvo un buen manejo de la crisis, empeorando aún más la situación.

Igualmente, aclara que gran parte de lo que es hoy el régimen de Maduro es resultado de toda una arquitectura política e institucional desarrollada por Chávez, quien en su último mandato asomó un talante cada vez más autocrático y personalista. Acota que las reacciones ante las protestas, presos políticos y elecciones polémicas son producto deun sistema creado en torno al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Esto debido a la previa subordinación de los poderes públicos, la manipulación de las leyes y la consolidación de cuerpos represivos leales.

“Muy difícilmente podemos creer que iba a democratizarse o que iba a llevar a cabo un proceso diferente. Toda la arquitectura institucional estaba diseñada para seguir un camino de mayor control del Estado sobre la economía y sobre la participación política”, indica.

Implosión inevitable

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De acuerdo con el Banco Mundial, en 2013 Venezuela poseía un Producto Interno Bruto (PIB) de 438.284 millones de dólares. Un crecimiento de 14,95 % respecto al registrado en el año anterior y 1,3 % al ajustarlo a la realidad inflacionaria de entonces. Aunque ese año el sector bancario y financiero fue el que tuvo el mayor desarrollo debido a la emisión de bonos y endeudamiento del gobierno, lo cierto es que la industria petrolera era el mayor sostén del país. Entre 2009 y 2013 los precios del crudo superaban los 100 dólares por barril, lo que significó ingresos sin precedentes para PDVSA. Aunque no duraría mucho.

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La revolución del fracking en Estados Unidos y el aumento de la producción en Irán e Irak hizo que en 2014 la oferta de petróleo disponible se disparara. Como consecuencia, el precio del barril cayó en más de 60 %. Este fenómeno coincidió en Venezuela con el primer año de Maduro en la presidencia y la primera gran jornada de protestas conocida como “La Salida”. La desafortunada alineación de factores llevó a la economía venezolana a contraerse un 4 %. Trak señala que a partir de allí el PIB estuvo en caída libre hasta el año 2021. Aunque el Banco Central de Venezuela (BCV) dejó de publicar datos oficiales, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la contracción total del PIB entre 2014 y 2019 fue de 65 %. 

“Evidentemente es Maduro el que va a recibir el golpe, y de hecho por comparación, van a decir que es culpa de él. Si bien una gran cantidad de las políticas económicas que nos llevaron a esta crisis fueron tomadas durante Chávez, lo cierto es que estalló justamente después de que falleciera. Y la gestión de esa crisis por parte de Maduro fue muy mala”, examina.

Construyendo un mito

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Capilla del “Santo Hugo Chávez”, ubicada en la parroquia 23 de Enero de Caracas, a pocos metros de la tumba del expresidente. Foto: EFE

A pesar de haber sido una figura extremadamente polarizante durante sus 15 años de gobierno, los días siguientes a la muerte de Chávez estuvieron marcados por el duelo. Miles de personas acompañaron su carroza fúnebre hasta la Capilla Ardiente en la Academia Militar de Venezuela; mientras largas colas esperaban por días para ver unos pocos minutos su ataúd. La última vez que un presidente venezolano había fallecido en el cargo había sido con el asesinato de Carlos Delgado Chalbaud, en 1950. Un antecedente tan lejando, que hizo del funeral de Estado un acontecimiento insólito para varias generaciones.

Desde entonces, el oficialismo se ha dedicado a convertir a Chávez en la piedra angular de su mitología. Aunque el culto a la personalidad es un fenómeno común en regímenes autoritarios, Trak considera que el líder de la revolución bolivariana aún está lejos del tratamiento recibido por otras figuras históricas como Lenin en Rusia, Mao Zedong en China o la familia Kim en Corea del Norte. Comenta que, a su juicio, el oficialismo optó por un abordaje más parecido al del peronismo en Argentina.

Hubo una estrategia impulsada por Óscar Schemel y otra parte del chavismo de legitimar a Maduro como hijo de Chávez. Dado el carácter carismático del liderazgo de Chávez, construir su mito como un redentor o una persona extraordinaria parecía tener toda la lógica, además del tipo de partido unipersonal que era el PSUV y el movimiento chavista”, explica.

El consultor político señala que la campaña tuvo éxito en algunos sectores, pero no caló tan profundo en la sociedad como se esperaba. Agrega que, irónicamente, la ineficiencia del gobierno legado por el fallecido expresidente ha empañado su imagen, perdiendo gran parte del apoyo que alguna vez tuvo. Un ejemplo ocurrió en Barinas durante las  últimas elecciones regionales. Allí el chavismo sufrió una importante derrota a pesar de apelar al simbolismo de ser el estado natal del dirigente socialista.

Caminos separados

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Hugo Chávez tras nombrar a Nicolás Maduro como su sucesor, el 9 de diciembre de 2012. Foto: Cortesía

En una de sus últimas alocuciones, en octubre de 2012, Chávez había resaltado la necesidad de dar un “golpe de timón” en su revolución. Esto implicaba cambios radicales dentro del gobierno en materia económica y de planificación. Quizás esa rectificación en el rumbo llegó 10 años tarde al régimen de Maduro, y no exactamente de la forma que su antecesor había ideado.

Trak reseña que desde el año 2019 el régimen de Maduro se ha visto forzado por las circunstancias a ajustar el modelo de su gestión. En parte a causa de las sanciones económicas emitidas por Estados Unidos y la Unión Europa; y también como un medio de autopreservación. “La profundidad de la crisis económica y el cambio en la correlación de fuerzas a lo interno del partido y de la coalición dominante, y el pragmatismo de mantener el poder a toda costa creo que han llevado al madurismo a tomar decisiones que van en contravía de los postulados por lo menos iniciales del chavismo”, afirma.

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Así, mientras el gobierno de Chávez se caracterizó por un fuerte estatismo, proteccionismo comercial y hostigamiento contra el empresariado, el madurismo ha girado en sentido contrario. La flexibilización de la dolarización informal del mercado, la creación de zonas económicas especiales y el extractivismo en el Arco Minero del Orinoco, así como la aniquilación de los sindicatos y reivindicaciones laborales, son medidas que el régimen ha tomado en nombre del socialismo, aunque con un tono bastante capitalista.

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Nicolás Maduro (izquierda) y Diosdado Cabello (derecha) durante la Capilla Ardiente de Hugo Chávez. Foto: EFE

“Hay toda una política que para muchos podría ser considerada como neoliberal dentro del chavismo, pero que obedece a un pragmatismo de poder. Es decir, si hay que tomar estas decisiones para mantener el poder, se toman y se implementan a fuerza, a sangre y fuego de ser necesario. Sobre todo con los aliados que van a empezar a cuestionar esas políticas”, añade.

Precisamente desde el comienzo de esta liberalización informal, varios sectores más ortodoxos han apuntado contra el madurismo, acusándolo de traicionar los principios de la revolución. Trak comenta que como parte de esa construcción de Chávez como símbolo, cada facción apela al difunto expresidente para legitimar sus decisiones. Tal es el caso del autodenominado “chavismo originario”, representado por figuras como el exministro de Energía, Rafael Ramírez, o por el exalcalde metropolitano Juan Barreto, y que actualmente forman parte de la disidencia. No obstante, también hay grupos que, dentro del propio Estado. Antiguos generales cercanos a Chávez o miembros de su familia, como sus hermanos Adán y Argenis Chávez, o su hija María Gabriela, quienes lentamente han sido desplazados del centro del poder.

Lo que ocurre a ciencia cierta es que la facción que domina el aparato de represión del Estado es la que está imponiendo su visión del mundo y el resto del chavismo pareciera ser minorías que están cada vez más desconectadas tanto de las políticas dentro del Estado, como de unas bases que ya no creen en nadie”, sentencia el sociólogo.

Un país sin pasado

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Diferentes sondeos realizados en 2010 habían demostrado que la popularidad de Chávez había bajado considerablemente durante sus últimos años de gobierno. Sin embargo, tras el anuncio de su enfermedad en 2011, logró subir hasta 10 puntos porcentuales, alcanzando una valoración de 58,9 % entre julio y septiembre de ese año, de acuerdo a la firma Datanálisis. Un escenario que resultó ideal para su campaña presidencial, a pesar de las dudas y preocupaciones por su salud dentro de su entorno.

Trak asegura que la emotividad no fue el único factor que influyó en la reelección de Chávez. Recordó que, aún con los problemas económicos que comenzaban a vislumbrarse y el ascenso de la candidatura del opositor Henrique Capriles, el mandatario en ningún momento dejó de ser el favorito de las encuestas. “Las políticas sociales que había implementado apuntaban al imaginario de los venezolanos de inclusión social y sus aspiraciones como sociedad. Ganó esa última elección porque sabía sobre qué aspiración montarse y qué ofrecer. Con independencia de que eso haya sido eficaz o de que hubiera corrupción, las personas votaron por esa aspiración que sentían que Chávez les iba a satisfacer”, señala.

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Cuartel de la montaña, antes Museo Militar. Ahora es usado como mausoleo para los restos de Hugo Chávez. Foto: Cortesía

Aun así, el líder socialista ni siquiera llegó a juramentarse para su tercer mandato el 10 de enero de 2013. En su lugar tuvo un acto simbólico encabezado por Maduro, quien ocupaba el cargo de forma interina como vicepresidente. Dejado a un lado del debate de si hubo o no vacancia presidencial, lo cierto es que desde diciembre de 2012 Chávez estuvo alejado del poder, por lo que resulta imposible predecir cómo habría sido su desempeño de haberse recuperado. Por lo menos Trak señala que cualquier ejercicio de especulación resulta impreciso, cuando no irrelevante.

Desde diciembre de 2012 como interino; desde abril de 2013, como presidente, y desde 2018 bajo usurpación del cargo, Maduro ha estado ya casi una década ocupando el Palacio de Miraflores. Al igual que su antecesor, ha sido quizás la única figura de poder con la que ha crecido toda una generación de venezolanos. Salvo los breves gobiernos provisionales de Pedro Carmona Estanga y Diosdado Cabello en 2002, actualmente no queda ningún expresidente constitucional vivo, por lo que la memoria de una vida bajo otros sistemas corre el riesgo de desvanecerse en la medida que avanza la historia.

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