• El 9 de enero se confirmó, con la victoria de la oposición, que el pueblo de Barinas ya no se identifica como la cuna de Hugo Chávez y busca un nuevo destino. Los analistas políticos Benigno Alarcón y Andrés González examinan para El Diario qué implicaciones tuvo esta elección para el oficialismo más allá de sus resultados

Horas antes de conocerse los resultados de la repetición de las elecciones regionales en Barinas, la noche del 9 de enero de 2022, el candidato oficialista Jorge Arreaza hizo una declaración insólita. Emulando a su exsuegro, el difunto expresidente Hugo Chávez, reconoció en Twitter que no se habían cumplido los objetivos propuestos por el régimen de Nicolás Maduro para preservar el control del estado. El chavismo admitía abiertamente, y por adelantado, su derrota.

Más tarde, la Junta Regional Electoral (JRE) confirmó lo que ya para ese momento era evidente. El opositor Sergio Garrido había ganado con el 55,34 % de los votos. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y sus aliados habían logrado 70.621 votos más que los obtenidos por Freddy Superlano en los comicios originales del 21 de noviembre de 2021. Aun así, en la rueda de prensa del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Arreaza volvió a recurrir a Chávez. Esta vez con una versión menos soez de su frase usada tras perder el referéndum constitucional de 2007: “Administren bien su victoria”.

La victoria de la oposición en Barinas marcó un hito importante para su dirigencia. Más allá del resultado obtenido el 21 de noviembre, donde apenas consiguieron dos gobernaciones frente a 19 ganadas por el oficialismo y 1 por la Alianza Democrática. Ese fue el estado natal de Hugo Chávez, y uno de los muchos sitios a los que a lo largo de su vida bautizó como “la cuna de la revolución”. También fue uno de sus principales feudos, gobernado durante 22 años por el padre y hermanos del “comandante”.

El valor de la derrota

El nuevo gobernador de Barinas, Sergio Garrido (con la bandera). Foto: Cortesía

Para el director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (Cepyg-UCAB), Benigno Alarcón, hubo tres factores clave que sentenciaron la derrota del chavismo en Barinas. En entrevista para el El Diario, indicó que en poco más de un mes, el tablero se configuró de una manera diferente a la prevista por el oficialismo, quienes planeaban repetir el escenario de Zulia en 2017, cuando se declaró la vacancia de Juan Pablo Guanipa de la Gobernación sin siquiera juramentarse, y luego Omar Prieto ganó en la repetición de los comicios.

“El caso Barinas refleja un poco la mengua del oficialismo y básicamente el hecho de que no fue la misma elección que tuvimos el 21N. Fue una elección bajo condiciones distintas”, afirma. Uno de los primeros cambios fue la polarización alrededor de las figuras de Garrido y Arreaza. Eso impidió a los demás candidatos dispersar el voto como ocurrió en otros estados. También las pugnas internas dentro del propio oficialismo, expresadas con el reemplazo de Argenis Chávez, aspirante a la reelección, por el excanciller, proveniente de los círculos más cercanos al poder en Caracas.

Alarcón destaca que en la política, el manejo de las expectativas es fundamental dentro de una elección. En el caso de Barinas, el triunfo previo de Freddy Superlano y el resentimiento en la población por la anulación de los comicios por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), sirvieron de impulso para que la oposición capitalizara el descontento popular. “La gente sabía que había ganado, y eso hacía que de alguna manera se sintiera que podían volver a ganar. Eso marcó una diferencia muy importante en relación con los demás procesos donde había una expectativa casi inexistente de que se pudiera ganar”, agrega.

La motivación de los barineses se reflejó en los niveles de participación. Pasaron de 45,9 % el 21 de noviembre, a 51,91 % el 9 de enero. Este aumento también pasó factura al oficialismo en sus resultados. En los comicios originales, la diferencia entre Freddy Superlano y Argenis Chávez fue de 0,39 %, apenas 130 votos. En cambio, en la repetición Garrido superó a Arreaza con un amplio margen de 14,04 puntos porcentuales, es decir, 44.277 votos de diferencia.

Error de cálculo

Jorge Arreaza (derecha). Foto: Cortesía

Diversas teorías han girado en torno a la facilidad con la que Arreaza, en representación del PSUV, reconoció su derrota. Sobre todo con el antecedente del 21 de noviembre, tomado por muchos como una muestra de la poca disposición del oficialismo de promover transiciones por la vía democrática. En este sentido, para las redes sociales no resultó descabellado insinuar que había algo detrás de la victoria en Barinas, como una especie de territorio cedido a conveniencia.

El director de la plataforma de análisis políticos Politiks, Andrés González, no cree que Barinas haya sido un espacio entregado. “Es conocido desde hace años que los cálculos políticos en Miraflores terminan influyendo en los resultados electorales. El chavismo entrega lo que considera necesario para cumplir con sus objetivos estratégicos. Ahora, no hay que quitarle mérito a todo el pueblo barinés que se movilizó y defendió su triunfo”, aseveró a El Diario.

Al abortar los resultados que concedían una cerrada victoria a Superlano, el régimen de Maduro cometió un error, afirma. En el transcurso de una campaña fugaz, el comando del PSUV desplegó toda su maquinaria de propaganda financiada con recursos del Estado, como en su momento denunció el rector del Consejo Nacional Electoral (CNE), Roberto Picón. También aplicó diferentes mecanismos de coacción y control social que, a juicio de González, lejos de funcionar, solo demostraron su desgaste y fueron aprovechadas por la oposición.

Alarcón tampoco ve plausible la idea de un estado entregado porque sí. Señala que de haber sido ese el plan del régimen de Maduro, habría mantenido los resultados originales sin necesidad de buscar segundas oportunidades con el TSJ. Más que una capitulación o pacto, siente que el oficialismo simplemente se resignó a aceptar los números finales ante la imposibilidad de cambiarlos o desconocerlos.

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“Si no puso mayor resistencia a los resultados, es porque creo que en la evaluación que el propio gobierno hizo de Barinas y que los cuerpos de inteligencia hayan hecho, posiblemente hayan advertido de una conflictividad importante si se negaban los resultados. Por eso decidieron dejar las cosas de ese tamaño”, explica.

Lucha de facciones

Foto: Cortesía Javier Mayorca

Barinas evidenció que, al igual que la oposición, el chavismo ya no es el bloque monolítico que solía ser. Una lucha por el reparto de los estados y municipios que dio algunos asomos durante las primarias del PSUV, aunque sin llegar a exponer toda su magnitud. Sobre este punto, González comenta: “El chavismo es un movimiento tan hermético que es muy difícil saber con precisión el balance de fuerzas en la coalición luego de estos reacomodos. A diferencia de la oposición, ellos lavan sus trapos en la casa y muy poco terminan saliendo a la luz pública”.

Entonces, ¿cuál es la corriente del chavismo que salió más perjudicada en las elecciones? Alarcón se aventura a dar una respuesta. Para él, fue el madurismo la facción que, en definitiva, tropezó en la entidad llanera. Cuenta que en lugar de apostar por Argenis Chávez, quien había perdido por un estrecho margen, o por algún otro candidato escogido por la familia, Nicolás Maduro optó por traer desde Caracas a Arreaza. Un candidato con un perfil más moderado y ejecutivo, alineado con las nuevas políticas del madurismo.

A pesar de recibir el apoyo de María Gabriela y Rosinés Chávez, dos de las hijas del expresidente, Arreaza no llegó a Barinas para representar la continuidad de la familia gobernante. Por el contrario, llegó como una ficha de Maduro, prometiendo en su campaña “devolver la esperanza” ante las fallas cometidas por la gestión de Argenis. “El hecho de que aun así se haya perdido da la sensación de que el problema no eran solamente los Chávez. El problema además es Maduro y el gobierno nacional”, apunta el politólogo.

Relevo generacional

Foto: Cortesía

En su cuenta de Twitter, la politóloga Ana Milagros Parra mostró una opinión diferente. Señala que mientras Barinas tenía gran importancia para los grupos más tradicionales y dogmáticos del oficialismo, para el nuevo madurismo su valor era ya cosa del pasado. “Decir que el gobierno perdió Barinas, siendo este un bastión del legado de Chávez, ignora completamente que estamos frente al madurismo, que busca todos los días dejar atrás el chavismo”, escribió. 

Al respecto, González reconoce que ha habido un desplazamiento cada vez más evidente de la rama ortodoxa del chavismo, aunque lo vincula más a un cambio generacional. Explica que muchos de los militares que acompañaron a Chávez en el golpe de Estado fallido del 4 de febrero de 1992 y de los dirigentes fundadores del Movimiento Quinta República (MVR) gradualmente están pasando al retiro. Aunque es cierto que Maduro ha agilizado muchas veces estas jubilaciones para imponer sus propias piezas, agrega, el paso del tiempo también juega a su favor en el golpe de timón.

“Creo que el chavismo tradicional entró a su ocaso y en pocos años serán sustituidos por otra generación que vendrá con ideas nuevas, pero teniendo siempre a Chávez como mítico fundador del movimiento. Un proceso que se asemeja a lo visto en la China post-Mao, en la que se homenajea al caudillo, pero se aplican políticas totalmente diferentes a las vistas en los tiempos de la revolución”, opina.

El analista político dice que un ejemplo de este cambio de paradigmas se vio con la campaña “Venezuela tiene con qué”, del 21 de noviembre. De aquel chavismo reaccionario y socialista, apenas quedó la silueta de los ojos del comandante, mientras el nuevo público objetivo del PSUV pasó a ser los jóvenes de clase media. Esto ha permitido el reemplazo de los viejos generales y exguerrilleros por figuras atípicas como la del gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, quien antes habría representado todo lo contrario al ideal revolucionario: un miembro de la clase burguesa con simpatías entre el empresariado local.

El ocaso de los Chávez

El exgobernador Argenis Chávez, junto a Nicolás Maduro. Foto: Cortesía

“Un elemento que no hay que perder de vista en Barinas fue las evidentes diferencias que había entre la familia Chávez y el madurismo. Tenemos, por ejemplo, un Argenis Chávez que en un principio se queja de la elección por la situación nacional, mientras que el gobierno consideraba que no se ganó por la situación local. Había un tema de cruce de culpas. Yo creo que había una combinación de ambas cosas”, declara Alarcón.

Otro episodio de división que cita el politólogo ocurrió el mismo día de los comicios del 9 de enero. Saliendo de su centro electoral, Argenis invitó a los barineses a votar “por el candidato de su preferencia”. No directamente por Arreaza. Las pugnas en la familia Chávez no solo ocurrieron con el poder central. Incluso antes de las elecciones, ya había fricciones entre los hermanos del expresidente. Especialmente entre Argenis y Narciso, quien durante las primarias oficialistas postuló a su hijo, el diputado Hugo Rafael Chávez Terán. Este último, proclamándose heredero del legado del tío por el que fue nombrado, dirigió en su campaña fuertes críticas contra la gestión de Argenis. En una ocasión llegaron incluso a enfrentamientos entre seguidores de cada facción.

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No obstante, Alarcón está seguro de que aún sin las disputas familiares, los Chávez igual habrían perdido Barinas. Como parte de la vieja casta política y llevando al chavismo marcado en su apellido, poco a poco ocupan menos protagonismo bajo los reflectores. El director del Cepyg ve esto como un proceso natural. “Recordemos que este tipo de regímenes dependen mucho de la lealtad. Entonces donde hay cambios, el líder principal termina rodeándose de gente de su confianza”, afirma.

Políticamente los Chávez pasaron a segundo plano hace tiempo. No creo que Maduro de un plumazo se deshaga de todos ellos ahora. Posiblemente haya algún cargo secundario que se les reserva para evitar que se pongan en contra de él y comiencen a vociferar abiertamente. Pero la realidad del asunto es que su peso político ha venido disminuyendo y ahora al perder Barinas va a disminuir mucho más, sin lugar a dudas”, sentencia.

Distanciados del poder

Luego de cesar en su cargo de embajadora de Venezuela ante las Naciones Unidas en 2019, María Gabriela Chávez se apartó de la vida pública al igual que sus hermanas Rosa Virginia (exesposa de Arreaza) y Rosinés. Hugo de los Reyes Chávez, padre del líder socialista y exgobernador de Barinas, está retirado a sus 89 años de edad.

Por su parte, Adán Chávez, hermano mayor del mandatario difunto y también exgobernador de ese estado, actualmente es el embajador de Venezuela en Cuba. Aunque queda ver qué destino deparará a Argenis, Alarcón cree que seguramente seguirá en el gobierno central, en algún cargo de bajo perfil.

Foto: Cortesía VOA

—¿Existía un valor más allá de lo simbólico para el oficialismo en Barinas?

—Benigno Alarcón: No lo sé. La verdad es que después de tantos años gobernando Barinas yo me imagino que en alguna medida debe ser un centro de poder importante. Lo que pasa es que hoy en día tengo dudas de si lo es para los Chávez o para el madurismo. Pero nosotros hemos visto cómo lugares que son importantes para el oficialismo como Táchira y más recientemente Zulia, a la hora de perderlos, los han entregado. El gobierno tiene ciertos límites en lo que desconoce, porque al final del día sabe que eso aumenta la presión internacional contra él y creo que prefiere guardar un mínimo de apariencias, aunque les cueste hacerlo. Sobre todo cuando las elecciones no son de nivel nacional, como es el caso de una elección regional o municipal.

Voto unido

Foto: Cortesía

González y Alarcón coinciden en que los viejos métodos de coacción usados por el oficialismo en elecciones pasadas ya están desgastados. Los puntos rojos y las amenazas de despido a funcionarios públicos parecen no tener el mismo efecto, por lo que el régimen de Maduro ha optado por nuevas herramientas. En las elecciones del 21 de noviembre, el éxito del oficialismo radicó en la dispersión del voto opositor entre varias coaliciones. En muchos casos, aprovechando la propia incapacidad de la MUD para lograr alianzas con los partidos independientes.

Alarcón explica que la aparición de la Alianza Democrática mermó significativamente la fuerza de la MUD en cada estado y municipio, sumado a otros partidos no necesariamente vinculados a los denominados “alacranes”, que también arrastraron su porcentaje de votos. Un ejemplo fue Fuerza Vecinal, tolda que si bien en varios estados se unió a la MUD, en otros como Miranda provocó un quiebre y desmovilización entre los electores. “Algunos candidatos poco conocidos se llevan 100, 500 y hasta 1.000 votos, que se le restan a la oposición principal y terminan perdiendo”, añade.

Los expertos afirman que, muchas veces, esa tendencia a dividir el voto opositor es intencional. “Las oposiciones prêt-à-porter (a la medida) son un clásico en los regímenes de este tipo, que se valen de unos cuantos sinvergüenzas para restarle votos a la oposición democrática y confundir a la población”, completa González.

En el caso de Barinas, el voto se polarizó fuertemente entre Sergio Garrido y Jorge Arreaza, sin casi oportunidades para la dispersión. “Prácticamente los demás candidatos no existieron”, observa Alarcón. La indignación provocada por la sentencia del TSJ logró que varios partidos independientes como Centrados, MAS y Puente se sumaran a la MUD, mientras otros como Fuerza Vecinal apoyaron a Garrido aunque no inscribieron sus tarjetas. 

“Ese hubiera sido el mismo resultado en el resto del país si la estrategia del gobierno de dispersión del voto no hubiera funcionado”, comenta el politólogo. Efectivamente al ver los resultados electorales, en 8 estados la MUD habría podido ganar de haber sumado los votos obtenidos por otros partidos. Del mismo modo, en los casos de Anzoátegui, Lara y Táchira, donde la Alianza Democrática llegó en segundo lugar, su diferencia con el PSUV fue menor a la cantidad de votos obtenida por el candidato de la Unidad.

Los otros vencidos

Precisamente la Alianza Democrática es la coalición política que peor evaluada salió en Barinas. El 9 de enero el bloque perdió más de 38.000 votos respecto a los obtenidos en la elección anterior. Por un lado su candidato, Claudio Fermín, llegó directamente desde Caracas entre fuertes críticas por dividir el voto opositor. Por el otro, perdió buena parte de su músculo político, luego de que partidos como Avanzada Progresista, UPP89 y Bandera Roja decidieran apoyar a Garrido.

Al final, Fermín apenas obtuvo 5.572 votos, equivalentes al 1,77 %. Otro derrotado, y por mucho, fue Adolfo Superlano, del partido MIN-Unidad. El exdiputado estuvo en medio de la polémica en diciembre de 2021, al ser el responsable de introducir la solicitud ante el TSJ que anuló los comicios e inhabilitó a Freddy Superlano (no son familiares). Como fruto de su acción, apenas obtuvo 4.819 votos (1,53 %). 

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Precisamente tanto MIN-Unidad, como los partidos que apoyaron a Fermín dentro de la Alianza Democrática han sido señalados de pertenecer a esa oposición a la medida, comúnmente denominada “alacranes”. Partidos como El Cambio, Soluciones y Cambiemos muchas veces han expresado su disposición a colaborar con el régimen de Maduro en el marco de la Mesa de Diálogo Nacional. También figuran allí las tarjetas intervenidas por el TSJ de Acción Democrática, Voluntad Popular y Copei.

Aunque la Alianza Democrática sufrió un quiebre importante en Barinas, los analistas afirman que todavía está lejos de desaparecer como fuerza política. González señala que con el aparente regreso al camino electoral de la oposición, muchos líderes regionales y locales volverán a la MUD. Esto dejaría a la Alianza disminuida a sus corrientes más vinculadas con los alacranes. “Siempre se presentarán así sea para restarle un punto porcentual a la oposición, que en un país como Venezuela, podría definir una presidencial”, advierte.

Malos perdedores

Rueda de prensa de Jorge Arreaza tras perder las elecciones en Barinas. Foto: Cortesía

González reniega de la frase «Todo termina donde comenzó», usada por múltiples políticos y usuarios en redes sociales. Esto porque dentro de su narrativa, el chavismo ha cambiado varias veces el lugar donde asegura que inició la gesta de su revolución bolivariana. Desde la natal Sabaneta de Chávez, hasta Guarenas, lugar donde empezaron en 1989 los disturbios que derivaron en El Caracazo. El director de Politiks se inclina por la versión que sitúa su cuna en las bases militares de Aragua, donde Chávez y un grupo de oficiales fundaron el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200).

La acotación viene precisamente del ímpetu triunfalista que reinó en la oposición tras la victoria de Garrido en Barinas. Ahora, con el cielo como límite, surgen en Internet acalorados debates sobre el próximo paso a seguir. Desde un referéndum revocatorio este 2022, hasta el calentar los motores para las presidenciales de 2024. González recuerda que todavía no existen plenas garantías democráticas en Venezuela, y el régimen de Maduro no está dispuesto a entregar el poder mediante elecciones. Por eso la cuestión ahora será cómo el oficialismo administrará su derrota de cara a los próximos movimientos de la oposición.

Alarcón está de acuerdo en que el régimen no cometerá el error de jugarse su permanencia en unos comicios. Indica que en elecciones de carácter regional o en parlamentarias, el oficialismo puede aplicar la estrategia para dividir el voto entre varios candidatos para asegurar su victoria; o en su defecto, aceptar la pérdida de algunos espacios como Barinas. Sin embargo, la cosa cambia en elecciones nacionales, donde se disputa todo el poder, o con un referéndum, donde las opciones se polarizan a “Sí” y “No”.

Por ese motivo, el abogado asegura que el régimen no será tan noble en los comicios venideros. En el caso de un potencial revocatorio este año, vaticina que intentará impedir su realización a través de mecanismos legales como ocurrió en 2016 (aunque cree que sigue siendo una opción viable de aplicar). Con respecto a las presidenciales de 2021, prevé que el régimen siga con la misma estrategia.

Buscarían, como lo hizo Daniel Ortega en Nicaragua, o como lo hizo el propio Maduro en las elecciones de 2018, sacarse de encima a cualquier amenaza que le impida ganar. Bien inhabilitando candidatos o tarjetas de partidos, o dividiendo a la oposición para tratar de dispersar el voto. Ya lo hizo con las elecciones del 21 de noviembre, con la diferencia de que allí fue más flexible porque no era nacional”

Nuevos aires

Foto: Cortesía

González considera que la elección de Sergio Garrido fue un hito político inédito en Venezuela. Una elección sobrevenida y con un fuerte ventajismo en la campaña, pero donde la indignación de los barineses se hizo escuchar. Además, también representó una bocanada de oxígeno para una oposición sin triunfos desde 2015, y con dos años de estancamiento en su lucha.

Afirma que años de crisis humanitaria y represión han pasado factura en los partidos políticos, que se verán empujados a la vía electoral de cara a 2024 sin maquinaria política y con liderazgos poco posicionados. No obstante, para tomar esa ruta ante un régimen sin ánimos de salir democráticamente, se necesita más que un revocatorio o candidato presidencial. 

Para que eso cambie debe quebrarse la coalición chavista combinando la presión nacional e internacional, lo que se ha venido ensayando sin éxito desde 2016. ¿Se deben crear las capacidades para poder vencer al PSUV en una eventual elección? Por supuesto que sí, pero esas capacidades de movilización electoral servirán de poco en tanto no se logre que el chavismo ceda a elecciones verdaderamente competitivas, ergo, esté dispuesto a salir del poder”, señala.

“Hay gente que cree que después del triunfo en Barinas los fracasos del 21 de noviembre desaparecen. Hay gente que cree que ya todo cambió, y la realidad es que una elección como la de Barinas no garantiza un éxito mañana. Y eso puede confundirnos como ocurrió con la victoria del 2015 en la Asamblea Nacional. Barinas hay que verlo como un proceso más”, agrega Alarcón.

Aunque el oficialismo tuvo un significativo tropiezo en Barinas, al mirar el mapa de Venezuela, todavía predomina el color rojo. La oposición tiene el reto de aprovechar ese aliento recibido para planificar su siguiente jugada. El régimen, con una pieza menos, evitar que se propague el fuego encendido en su antiguo bastión simbólico.

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