Nancy Luna, mamá del joven con discapacidad intelectual encarcelado el 9 en mayo en el estado Lara, contó en exclusiva para El Diario cómo vivió el proceso de detención de su hijo

Nancy Luna lleva varios días sin dormir. La última vez que lo hizo con normalidad fue el viernes 8 de mayo. Un día después, un hecho trastocó su sueño, su vida. En la tarde de ese sábado, una protesta en el Tocuyo, municipio Morán, estado Lara, congregó a los vecinos. Lo que comenzó como un cacerolazo, terminó con la quema de cauchos. Pedían la restitución de los servicios de luz y de agua.

La respuesta de los cuerpos de seguridad del Estado fue perseguir a los manifestantes. Entre ellos no estaba Luis Pérez Luna, hijo de Nancy, pero aquella noche él terminó en la cárcel. Sin importar que no estuviera implicado; sin importar que tiene discapacidad intelectual, pasó 19 días preso. Este jueves 28 de mayo volvió a su casa. Sin embargo, según información de sus abogados, se trata de arresto domiciliario. Su libertad, por lo tanto, no es total.

El relato de Nancy es elocuente. Recuerda todo con exactitud: lo vio desde la segunda planta de su apartamento y ahora reconstruye los hechos en exclusiva para El Diario. Su hijo, de 38 años de edad, no estaba en la protesta. De hecho, argumenta, Luis no entiende de política. Nunca ha votado.

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Explica que habitantes de los barrios El Jevito, Las Estacas, La Coqueta y de Nuvia, se unieron para tocar cacerolas y quemar cauchos como medida protesta por la falla en el suministro de agua y de luz. Al llegar la Guardia Nacional Bolivariana y las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) al lugar para dispersar a los manifestantes, un grupo huyó hacia el río ubicado en el sector Las Estacas. Lograron escapar. Los uniformados, no obstante, buscaban responsables.

Luis estaba a una cuadra del sector Las Estacas, en un galpón propiedad de unos amigos de la familia, al final de la calle 15 de la circunvalación. Seis personas lo acompañaban. Dando patadas al portón, los uniformados ingresaron al lugar y agredieron a cada uno de ellos. Luis todavía siente dolor en las costillas. La tranquilidad de su voz se corta cuando habla de su estado físico. “Quiero llevarlo al traumatólogo para que le hagan unas placas”, dice Nancy. El martirio recién comenzaba.

Proceso irregular

Nancy se enteró de la detención de Luis a las 2:00 am. La primera información que recibió de las autoridades es que su hijo se encontraba en la comandancia del Tocuyo y que lo liberarían en la mañana. Transcurridas las horas, acudió al lugar para verificar su liberación. La respuesta que le dieron la tomó con incredulidad. Luis no había pasado la noche allí; lo habían trasladado a Quíbor, a casi 30 kilómetros de distancia de El Tocuyo. La angustia de no conocer el paradero de su hijo se transformó en miedo a no verlo en casa otra vez. 

Poco tiempo después de pasar por Quíbor, a Luis lo devolvieron al Tocuyo. Allí, en las afueras de la comandancia, Nancy, su familia, y algunos vecinos pedían su liberación. Ante esto, las autoridades decidieron sacarlo del Tocuyo. Nadie quería hacerse cargo del caso. “Según, la alcaldesa (Gisela María Rodríguez, del Psuv) dijo que ella no la quería tener aquí porque ella no quería disturbio, o que fueran para la comandancia”, comenta Nancy. El destino era Quíbor nuevamente, pero poco antes de llegar a esta ciudad, decidieron trasladarlo a Barquisimeto, donde se encuentra el tribunal estadal. Allá tampoco fue bien recibido.

Allí supuestamente no lo querían recibir porque ellos no tenían orden para ese lugar, pero como aquí (en el Tocuyo) no querían tenerlo porque la gente se iba a levantar, porque no querían escándalo, lo dejaron allá”, comentó Nancy.

Y es que en El Tocuyo no hay quien no conozca a Luis, dice Nancy. Es el popular del pueblo. Para ella, es solo uno más entre sus seis hijos. A todos los crió sola, sin padre. Y así los sacó “pa’ lante”. Lo dice con temple: son su mayor orgullo.

“Él es muy popular en el barrio. Él trabaja a media cuadra de donde yo vivo, porque el dueño del taller se crió conmigo, somos muy buenos amigos, y yo un día le dije que me le diera un trabajito a Luis Ernesto. Él recoge las llaves, los ayuda con lo que pueda, porque sus hijos también se criaron con él. Yo siempre busqué que él socializara. Por esto, estos días me sentía atacada, me daba miedo lo que le pudiera pasar, me daba angustia. Mucho miedo. No podía dormir”, dice Nancy. Una angustia que, además, dice que empeora por la situación de la pandemia y de no poder trabajar.

Fue finalmente en Barquisimeto donde lo presentaron ante el tribunal y donde estuvo dos días antes de su traslado definitivo a El Tocuyo. A Luis le imputaron los delitos de instigación pública, cierre y obstaculización de la vía pública, detentación de objetos incendiarios, resistencia a la autoridad, uso de adolescentes para delinquir y asociación para delinquir.

Todo este proceso, explica Nancy, no hubiera podido afrontarlo sin la ayuda de la organización no gubernamental Foro Penal. Desde la detención de Luis, el equipo de la ONG en Lara hizo seguimiento al caso. Lo irregular del procedimiento judicial, explicó para El Diario Abraham Cantillo, coordinador de la ONG en el estado Lara, hizo que desde el principio de los hechos establecieran contacto con la familia. Por lo inusual de los traslados, ameritó la coordinación de los abogados de Quíbor con los del Tocuyo.

“Si hubiese sido presentado en el tribunal del Tocuyo, le hubiese correspondido un delito menos grave porque son tribunales municipales”, explicó Cantillo.

Con el paso de los días, el miedo de Nancy seguía en aumento. Ya no por desconocer su paradero, sino por sentir que su hijo no recuperaría la libertad. Fueron días de desesperación y de angustia, relata. Pero la noticia llegó este miércoles 27 de mayo. Tarek William Saab, fiscal general designado por la asamblea nacional constituyente (ANC) informó a través de Twitter que el ministerio otorgó medida cautelar sustitutiva de privativa de libertad a Luis, pero no fue sino hasta la madrugada del 28 de mayo cuando Nancy volvió a ver a su hijo. Sintió, por fin, un alivio, una alegría.

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Artículo 81 de la Constitución:

“Toda persona con discapacidad o necesidades especiales tiene derecho al ejercicio pleno y autónomo de sus capacidades y a su integración familiar y comunitaria. El Estado, con la participación solidaria de las familias y la sociedad, le garantizará el respeto a su dignidad humana, la equiparación de oportunidades, condiciones laborales satisfactorias, y promoverá su formación, capacitación y acceso al empleo acorde con sus condiciones, de conformidad con la ley. Se les reconoce a las personas sordas o mudas el derecho a expresarse y comunicarse a través de la lengua de señas venezolana”.

Discapacidad

Cuando se le pregunta a Nancy por la discapacidad de Luis, ella aclara: no es Síndrome de Down. Sí tiene “problemas”, advierte, pero el diagnóstico lo desconoce. Nunca lo llevó a un médico. Las condiciones económicas nunca se lo permitieron. Para Nancy, Luis siempre tuvo sus “limitaciones”.

“Él tenía problemas, pero yo traté de que no me afectara, de educarlo lo más normal posible. Con los estudios si no pude, porque a duras penas hice que estudiara hasta sexto grado. Los profesores me decían que no daba para más. Así ha sido la vida mía. Estoy muy orgullosa de mis hijos, porque eso fue lo que alborotó a todo el pueblo”, explica.

Discapacidad intelectual La Academia Americana de Pediatría recomienda el uso del término «discapacidad intelectual» en lugar de «retraso mental»

La condición de Luis, por lo tanto, es desconocida también para el Estado. Cantillo explicó que la jueza 7ª. de control de El Tocuyo, Ana Tovar, no solicitó una prueba para determinar su condición mental. De solicitarla, explica el abogado, era necesaria una prueba de cariotipo — que examina el tamaño, la forma y el número de cromosomas—, lo que iba a retrasar el proceso por el tiempo de obtención de resultados. La otra opción era un test psicológico, pero el tiempo en ese caso era de una semana. Todo esto, en opinión de Cantillo, no era necesario. Las características físicas y mentales más evidentes de Luis, llevan a inferir ya que no representa una condición normal, por lo cual nunca debió ser imputado.

Las noches de angustia de Nancy todavía no terminan. Aunque tiene a su hijo en casa, todavía espera por su libertad plena. Quizás hasta entonces pueda dormir con tranquilidad.

Este artículo de El Diario fue editado por: Irelis Durand |Yazmely Labrador

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