• Mis primeras palabras venezolanas fue creado por una venezolana que reside en Italia. Ella quiso compartir un poco más de su cultura con su única hija

Las historias sobre Venezuela y las personas que aún residen en el país han sido parte del día a día de Mila, de 5 años de edad, prácticamente desde sus primeras horas de vida. Su mamá, Mónica Kobiakov y su papá Luca le dieron la bienvenida en 2014 en Roma, Italia. Aunque nunca ha ido a Venezuela, Mila hace todas las semanas una maleta y sueña que viaja a una playa de la isla de Margarita, estado Nueva Esparta, donde todavía viven sus abuelos. 

Mónica es una ingeniera venezolana que estudió una maestría de Diseño en España. Allí conoció a Luca y al poco tiempo se enamoraron y decidieron formar un hogar. En 2008 se mudaron a Roma y desde entonces no vuelve a Venezuela. 

A pesar de eso, Mila habla español y siempre ha tenido una conexión especial con la cultura venezolana. 

A los tres años de edad sus padres la inscribieron en un colegio español en el que las maestras y la mayoría de sus compañeros eran españoles, por lo que Mila aprendió mejor el idioma, pero también se adaptó al vocabulario. 

Yo la escuchaba hablar y parecía española y en ese momento me puse a pensar en que debería haber una herramienta bien básica para enseñarle a los niños las palabras que usamos los venezolanos que son tan únicas”, cuenta Mónica en un entrevista para El Diario.

Al no encontrar tal herramienta, Mónica decidió crear un libro infantil dirigido a hijos de migrantes que quieren compartir su amor por Venezuela a través del lenguaje. 

Mónica y Mila | Foto: Cortesía

Cómo nació el libro infantil

Lo primero que hizo fue escribirle a su hermano, morocho, por WhatsApp para que la ayudara. Él vive en España así que tenía el mismo sentimiento que ella al escuchar a sus hijos hablar con un acento distinto al venezolano. 

Luego de largas conversaciones digitales y mucha investigación, los morochos dieron con 55 palabras venezolanas, la mayoría de ellas de uso exclusivo en Venezuela y algunas pocas compartidas con otros países como arepa, que también es popular en Colombia.

Palabras que aparecen en el libro

Entre las palabras incluidas en el libro infantil están algunos juegos como perinola, y gurrufio. También alimentos como jojoto, patilla, parchita, cambur, chipi chipi. Además nombra algunos utensilios del hogar como pipote, ponchera, coleto y matero.

El siguiente paso fue hacer las fotos, Mila estuvo presente en ese proceso, pues Mónica compró unas luces por Amazon y creó un estudio casero donde tomó la mayoría de las imágenes. 

El día de la sesión de fotos definitiva, la ingeniera trabajó desde muy temprano pero como cocinera. Esa mañana hizo desde cachapas hasta tequeños, también ubicó unas cholas, unos muñecos morochos, un pipote, un tetero y un peñero de juguete, que su mamá le había regalado en un encuentro que tuvo con ella en España. Admitió que tuvo que comprar algunas de las fotografías, porque no podía tener un chigüire ni un cachicamo en su casa para la sesión. 

La venezolana trabaja en un taller de diseño para arquitectos así que utilizó sus conocimientos básicos en software de diseño para maquetar el libro. Luego de que montaba las páginas en Illustrator, usaba su impresora para ver como quedaban, lo que le dio la oportunidad a su hija de echar un vistazo al resultado preliminar del proyecto en el que tanto había trabajado su mamá. 

Cuando me gustó como había quedado envié presupuestos a varias imprentas y conseguí una en Polonia que me gustó mucho. Cuando me enviaron la primera muestra Mila se emocionó mucho, pero creo que fue porque yo estaba aún más emocionada”, explicó Mónica.

En ese momento nació Mis primeras palabras venezolanas. La decisión de Mónica y su hermano fue hacer 1.000 copias. Querían enviarlo a sus familiares y amigos fuera de Venezuela, pero también querían venderlo, porque pensaron que podría ser una herramienta de aprendizaje para muchas familias en situaciones similares. 

A finales de diciembre de 2019, el hermano de Mónica creó una cuenta en Amazon y publicó el producto en la versión para Europa, con la que se puede distribuir por Italia, España, Alemania, Francia, Inglaterra y Holanda. Sin embargo, los primeros meses de ventas fueron difíciles, en primer lugar nadie conocía a los creadores ni el producto y además coincidió con la pandemia por covid-19 que golpeó duramente a Europa y ahora a América. 

Un resultado inesperado 

Promocionar al libro infantil no fue fácil, porque el manejo de las redes lo ha llevado solamente Mónica. La primera vez que vio una mejor respuesta por parte del público fue luego de que un amigo de una tía publicó un artículo sobre el libro en una página de Facebook. 

En esa ocasión las ventas subieron y los mensajes positivos comenzaron a llegar, pero no fue hasta el mes de junio cuando recibió uno de los mensajes más gratos sobre el libro. Valentina Quintero, periodista y viajera, le dijo que había visto su libro infantil, que le encantaba y quería saber la historia que había detrás de él. 

Días después Quintero publicó en sus historias de Instagram el libro infantil, que fue un regalo para su nieto Río. Segundos más tarde su bandeja de mensajes se llenó y durante días recibió miles de peticiones de venezolanos en todo el mundo que quieren la publicación.

“Me siento bien porque se ha vendido bastante en Europa estos días, pero a la vez estoy estudiando cómo exportarlos de mejor manera para que lleguen a otros países. Me han escrito de Chile, Argentina, Colombia y hasta un muchacho en Japón me preguntó que allá en donde lo venden, todavía no se ni como venderlos en Estados Unidos que hay muchísimos venezolanos”, recuerda entre risas para El Diario.

Después de la cuarentena

Las vidas de Mónica, Luca y Mila poco a poco han ido tomando su rumbo desde que comenzaron a bajar los casos de covid-19 en Italia, una de las naciones que vio la peor cara de la pandemia. 

La ingeniera todavía siente un poco de miedo y se da cuenta de que su hija también, a pesar de eso ella sigue jugando con el libro que le hizo su mamá. Todavía hay palabras que le cuestan a pesar de que siempre se las repiten. 

A veces le hace exámenes a los peluches, les pregunta ‘¿Qué es esto?’ y responden ‘perinola’, ese es uno de sus juegos”, contó la venezolana.

La creadora de Mis primeras palabras venezolanas confesó que el confinamiento fue muy duro para su familia, especialmente para Mila, quien no estaba acostumbrada a jugar sola. La idea de viajar a Venezuela se mantuvo viva durante la cuarentena y la pequeña armó y desarmó sus maletas, una y otra, vez como si tuviera los pasajes de ida para la isla de Margarita.

Aunque la familia se está adaptando a la nueva normalidad, todavía deben esperar para cumplir ese sueño. Mientras tanto Mónica trabaja duro en hacer que el libro llegue más allá de Europa y que los miles de venezolanos que hacen sus vidas alrededor del mundo puedan enseñar a las nuevas generaciones las palabras con las que ellos crecieron. 

Noticias relacionadas