• El legendario escritor, poeta, crítico y periodista nació el 19 de enero de 1809 en Boston, Estados Unidos. Su obra es una de las más importantes en el espectro de la literatura gótica y el género detectivesco

“Y el cuervo nunca emprendió el vuelo. / Aún sigue posado, aún sigue posado / en el pálido busto de Palas, / en el dintel de la puerta de mi cuarto. / Y sus ojos tienen la apariencia / de los de un demonio que está soñando. / Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama / tiende en el suelo su sombra. / Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, / no podrá liberarse. ¡Nunca más!”. Este es uno de los pasajes de El Cuervo, uno de los poemas más conocidos de Edgar Allan Poe, por su talante temeroso y el uso lingüístico de una imagen perdurable, una sombra siempre presente. El maestro del terror, aquel de vida trastabillante, donde los pasos se confundieron entre las sombras del dolor, es un referente primordial para la literatura universal

Edgar Allan Poe nació el 19 de enero de 1809 en Boston, Estados Unidos. El relato de su vida es reconocible en la oscuridad de sus historias. Para algunos, la tristeza y el dolor lo persiguió durante muchos años, pero para otros, al parecer, todo eso se reduce a la biografía realizada por Rufus Wilmot Griswold, crítico literario y contrario a Poe. En el texto escrito por Griswold se narra a un escritor sumergido en el alcohol y rebosante de estupefacientes. Sin embargo, de acuerdo con algunos especialistas, el autor de Corazón delator era intolerante al licor y aborrecía el ambiente de los bares de la época. Este último argumento es insostenible para la mayoría, por la afición del autor hacia el alcohol y el juego de azar. La vida del autor está suspendida entre relatos ajenos y biografías dispares; lo único que se mantiene impoluto y, a su vez, múltiple a la interpretación individual es la obra que lo mantiene 212 años después de su nacimiento en el imaginario cultural de Occidente. 

Ilustración: John Tenniel

Ahora, ciertamente la vida de Poe tuvo una serie de tristezas innegables: a un año de su nacimiento su padre abandonó a la familia y toda la responsabilidad del hogar, de él y sus dos hermanos, cayó sobre los hombros de su madre. Luego, en 1810, la madre, Elizabeth, murió de tuberculosis y Edgar Allan Poe quedó a la deriva, en la orfandad de un hogar inexistente, junto a su hermana menor Rosalie. El único recuerdo que mantuvo el escritor de sus padres fue un retrato de su madre y un bosquejo del puerto de Boston. Posteriormente, ambos fueron adoptados: Edgar por la familia Allan y Rosalie por la familia Mackenzie. 

La juventud del maestro del terror

La relación posterior entre sus padres adoptivos era dispar: su madre, según el relato de varias biografías, lo mimaba al punto de malcriarlo, ya que ella no podía tener hijos y Edgar era su primera figura infantil. Su padre adoptivo, por otra parte, era un hombre intransigente y colérico que siempre desdeñó los sueños literarios del joven Edgar. La ambivalencia entre ambos se mantiene en la mayoría de los relatos sobre Poe. Además, nunca fue adoptado legalmente, aunque recibió el apellido de la familia. Esto provocó una “mala estrella” sobre el escritor por los estigmas que llevaba la orfandad en los círculos aristocráticos del siglo XIX. 

Los negocios de la familia Allan permitieron su llegada a Londres en 1815. El joven Edgar tenía las características de un aristócrata, pero debajo de las apariencias, por su descendencia huérfana, sufría los embates de la crítica social. En Inglaterra inició sus estudios en uno de los internados más exclusivos de Chelsea, donde aprendió francés y latín. Sin embargo, los años en la capital inglesa estuvieron plagados de soledad y tristeza por todos los integrantes de la familia.

En 1820 regresaron a Richmond, Estados Unidos. Edgar Allan Poe comenzó su educación formal en los mejores colegios del sur estadounidense y descubrió, a su vez, a los clásicos de la literatura como Ovidio, Virgilio, César, Homero, Cicerón, entre otros. En ese momento de su juventud, a través de la lectura de revistas europeas y el conocimiento de relatos fantásticos, encontró un nuevo espectro de lo literario y, además, notó la riqueza del imaginario de los sirvientes negros de su hogar. En los relatos de la nodriza y los mayordomos se escondía la disolución entre lo real y lo imaginario, los vivos y los muertos, lo ordinario y lo sobrenatural. Este proceso de referencias se convirtieron en parte del oficio escritural de Poe años después.

La estética del Romanticismo estaba en su momento de auge en Europa y lo gótico, como parte del ensimismamiento y el uso retórico de la oscuridad, también era uno de los estilos más representativos de la época. Al terminar su etapa escolar, el padre de la casa decidió pagar sus estudios universitarios con la esperanza de llevar al joven Edgar por el camino de los negocios y el comercio. Se matriculó en la Universidad de Virginia para estudiar Lenguas, pero los fantasmas de los juegos de azar y la bebida deambulaban alrededor de Poe. Su padre se negó a pagar sus deudas y, tiempo después, fue echado de la universidad por la recurrencia en actitudes herejes y, quizás, consideradas moralmente incorrectas. 

Era un estudiante reconocido por su afán por la lectura y su talante en el oficio de la escritura. En 1827 publicó su primer libro llamado Tamerlán y otros poemas, pero nadie, ni siquiera en los círculos literarios, reconoció la obra de Poe. El dinero de sus padres se agotó poco a poco y la realidad económica del autor se vio menguada y la única solución para conseguir dinero era alistarse en el ejército. En su etapa militar tuvo un sueldo de 5 dólares al mes y logró convertirse, después de dos años de servicio, en sargento mayor de artillería. 

Las publicaciones más importantes de Edgar Allan Poe

En 1829 publicó su segundo libro llamado Al Aaraaf, Tamerlane and Minor Poems. La obra de Poe no fue considerada dentro de los cánones de la literatura para la época, pero el crítico John Neal reconoció el futuro del joven autor y comentó: “será el primerísimo en las filas de los verdaderos poetas”. En 1831 fue juzgado por una corte marcial y decidió abandonar el servicio militar para tomar camino hacia la ciudad de Nueva York. En ese momento publicó su tercer libro llamado, sencillamente, Poemas.

En 1833 ganó un premio literario de 50 dólares por la obra Manuscrito hallado en una botella de vidrio y la escritura se convirtió en el único medio necesario para la subsistencia de Poe. Luego de su paso por Nueva York regresó a Baltimore, donde comenzó su trabajo como redactor en el periódico Southern Baltimore Messenger. En su estancia en la redacción del medio, uno de los más importantes del sur estadounidense, tuvo la posibilidad de publicar varios poemas y textos narrativos.

Ahora, en el aspecto literario, Edgar Allan Poe es considerado el creador de la novela policiaca con la obra Los crímenes de la calle Morgue. Poe se convirtió en un referente de la época con las publicaciones de El cuervo y otros poemas en 1845 y El escarabajo de oro, ese mismo año. 

En 1847 su esposa murió de tuberculosis y la “mala estrella”, ese infortunio fantasmagórico, volvió a la vida de Poe, quien caminó por el cortejo fúnebre arropado con una antigua capa de cadete. Después tuvo algunos encuentros con varias mujeres, pero su carácter problemático y la recurrencia del alcohol en su vida impidieron cualquier tipo de duración. Su escritura se mantuvo reconocida en los ámbitos literarios y publicó el ensayo llamado Eureka, que sería el último libro del autor.

Luego, aunque se volvió a casar en 1849, desapareció sin dejar rastro alguno. Su presencia se esfumó de la faz de la Tierra y no hubo búsqueda posible. Se mantuvo a la deriva por varios meses hasta que un conocido lo descubrió harapiento y en estado de delirio por las calles de Baltimore. No fue capaz de razonar su desaparición, como si sus historias se hubiesen revelado ante los límites de la página blanca para buscarlo en la realidad y llevárselo. Fue trasladado al Washington College Hospital, donde murió el 7 de octubre de ese mismo año. 

Según lo relatado sus últimas palabras fueron: “¡Que Dios ayude a mi pobre alma!”. La mala fortuna persiguió a Edgar Allan Poe durante su vida y su obra, referente de los recovecos oscuros de la humanidad y el temor, es una muestra de ello. Y aunque el autor haya muerto con un alma corrompida por la tristeza se mantiene vital entre los versos de cada poema y en las máximas de cada relato. 

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