• La derechista, que intentará llegar a la presidencia peruana por tercera vez consecutiva, tiene un largo historial de denuncias de corrupción. Con sus ventajas y defectos, es la heredera del fujimorismo

A los 19 años de edad, Keiko Fujimori pintaba como la sucesora al trono. Su padre, el controvertido presidente Alberto Fujimori, la eligió para hacer las veces de Primera Dama de Perú en 1994. Desde entonces comparte más que un apellido con su progenitor: arrastra consigo uno de los legados más polarizantes de la historia peruana, que incluye corrupción y graves violaciones de derechos humanos. 27 años después de aquel nombramiento y 21 años después del fin del mandato de su padre, hoy acerca nuevamente al fujimorismo al poder.

No obstante, ese mismo legado es el que hoy la pone, por tercera vez consecutiva, cerca de la presidencia de Perú. En las dos ocasiones anteriores perdió contra Ollanta Humala (2011) y contra Pedro Pablo Kuczynski (2016). Ahora deberá enfrentar al ultraizquierdista Pedro Castillo. Y es que además de un pasado oscuro, también disfruta de la popularidad de su padre en sectores de la población peruana. En más de una ocasión, Keiko tiró de la “mano dura” de su padre contra quienes estén al margen de la ley para hacerse con el apoyo de las viejas generaciones. Asimismo, se vende como defensora de las libertades económicas.

Sus virtudes y defectos pasan, pues, por su relación con el expresidente. Sin embargo, en eso de labrar su propio camino, Keiko ha forjado también un legado que trasciende al de su padre. O es, quizás, un reflejo de él. En cualquier caso, las polémicas –para bien o para mal, aunque más de estas últimas- sobran en su vida.

Hija de papá

Keiko cursó la carrera de administración de empresas en la Universidad de Boston (EE UU), donde se graduó en 1997. De acuerdo con Vladimiro Montesinos, el encarcelado jefe de inteligencia del gobierno de su padre, su carrera fue financiada con fondos públicos. La china –como le llaman-, argumentó que los ahorros de sus padres cubrieron los gastos y la denuncia fue archivada por la justicia peruana.

Su infancia y adolescencia la pasó en las aulas del colegio católico La Recoleta en Lima. En una oportunidad, según la revista local Caretas, llevó a sus amigos a tomar desayuno en Palacio de gobierno después de que Alberto Fujimori ganó la presidencia en 1990.

A pesar de que asegura que siempre ha tenido una buena relación con su madre, Susana Higuchi, su vínculo con ésta es una de las manchas que más la persiguen. Higuchi se separó de Alberto Fujimori entre denuncias de que fue torturada. Previamente había denunciado que sus cuñados supuestamente comerciaban con ropa donada por Japón para los pobres. En un acto que hoy todavía consideran de deslealtad, Keiko desautorizó a su madre y continuó su cercanía con el entonces presidente.

Keiko Fujimori y su mamá, Susana Higuchi

Recientemente, los periodistas del programa Amor y fuego de Willax TV, la increparon sobre esa situación. A lo que ella respondió: “Fui a hablar con ella (con su mamá) y en ese momento nosotros dijimos ‘mamá, pero eso no es cierto’. (No le creí) porque estábamos a su lado. Para mí es bastante incómodo tener que hablar (de esto)”. Y agregó: “Eso (la tortura) nunca ocurrió. Jamás hubiese permitido que ocurriera algo así. Es más, eso formó parte de un cuadernillo (de extradición) que se investigó en Chile y se archivó”.

Por otra parte, comentó que, tras el divorcio de sus padres, su hermano Hiro y ella ya eran mayores de edad, por lo que no tuvieron que decidir con quién quedarse. En cambio, su hermana Sachi decidió permanecer con su madre y su hermano Kenji, con Alberto Fujimori.

“Durante todo el proceso de divorcio siempre hemos estado al lado de mi madre, siempre la hemos acompañado. Cuando ella postuló (al Congreso con el Frente Independiente Moralizador), fuimos a su juramentación”, dijo.

Su propio legado turbio

Cuando se trata de reconocer defectos, Keiko apunta más bien hacia sus opositores. Afirma que desde que fue electa como congresista en el año 2016 (con la votación más alta de la historia), es víctima de una “guerra sucia”. Sus detractores, en cambio, le sacan constantemente su historial en el Congreso.

En el programa Amor y fuego, el periodista Rodrigo González criticó la gestión de su bancada en el Parlamento y sus “ansias de poder”. “Tenías mayoría en el Congreso y poder. Han sido los principales obstructores para que el país avance, olvidándose por completo de la gente”, cuestionó.

Hasta 2007, Keiko estuvo ausente en 500 sesiones del Congreso. Ella justificó que fueron por licencias de maternidad debido a dos embarazados. La china es madre de dos niñas de nueve y siete años y está casada con un estadounidense.

También le achacan anteponer sus intereses políticos personales al bienestar del país. Aunque en las elecciones presidenciales de 2016 perdió frente a Kuczynski, su amplio triunfo en la primera vuelta de las elecciones generales de 2016 le había conferido el control del Congreso, con una mayoría de 73 parlamentarios sobre 130. Desde entonces se propuso hacer una oposición férrea al gobierno de PPK, logrando incluso su destitución.

En 2017 lanzó su primer intento de vacancia contra el presidente PPK. Sin embargo, fue un intento frustrado: este se alió con Kenji Fujimori —hermano menor de Keiko, con quien llevaba tiempo enfrentada— que le facilitó los votos que controlaba dentro de la bancada. A cambio, Kuczynski indultó a Alberto Fujimori. Pero no resistió mayor tiempo en el mando. PPK se enfrentó a un nuevo proceso de vacancia, con denuncias de compras de votos –en el que estuvo involucrado Kenji-. Keiko suspendió a su hermano como congresista y lo acusó penalmente.

Pero luego volvió a enfrentar sus propios problemas. Fue acusada por lavado de activos, una de ellas vinculada con la empresa Odebrecht. Asimismo, posteriormente se destapó la existencia de una mafia de jueces y fiscales en el puerto del Callao —el más importante del Perú— cuyos vínculos con Fuerza Popular terminaron por quedar expuestos.

Foto: AFP

Por esa causa, Keiko estuvo 13 meses en prisión preventiva por el mismo caso desde octubre de 2018. Salió en libertad el 29 de noviembre de 2019, luego que el Tribunal Constitucional aceptara un habeas corpus. Sin embargo, volvió a la cárcel dos meses después mientras era investigada por cuatro delitos, incluido el de lavado de dinero para financiar sus campañas electorales de 2011 y 2016. Solo cumplió tres meses en prisión debido a la pandemia del covid-19.

En enero de 2021, la fiscalía peruana pidió 30 años y 10 meses de prisión. Keiko insistió con que se trata de persecución en su contra. “Por más que un fiscal quiera ahora meterse en la recta final de la primera vuelta, yo seguiré enfrentando esta persecución y avanzando con energía para que juntos podamos superar esta emergencia sanitaria y económica”, escribió en Twitter.

Fujimorismo a la Keiko

En eso de acercarse al fujimorismo duro que representaba Alberto, la china ha tenido sus idas y vueltas. Si en la campaña presidencial de 2011 -cuando perdió contra Humala-, se vendió como el reflejo de su padre y jugó con la ilusión de excarcelarlo, en 2016 -cuando perdió contra Kuczynski-, marcó distancias admitiendo que hubo “errores y delitos” durante su gobierno.

En los últimos años se encargó de renovar su partido Fuerza Popular, al alejar al fujimorismo duro. Paulatinamente, pareció perder el interés en la liberación del expresidente, quien entró en la cárcel en 2010. Muchos de sus consejeros de primera línea parecieron animarla a determinar que, en caso de que Alberto Fujimori fuese liberado, se convertiría en una amenaza para su liderazgo.

Sus defensores aseguran que siempre ha tenido sus propias ideas. Sostiene que suscribió un proyecto opositor que buscaba impedir la reelección de su padre en el año 2000. No obstante, la iniciativa para un referendo no prosperó y el patriarca Fujimori ganó su tercera reelección, aunque solo duró cuatro meses en el cargo porque tuvo que renunciar tras el destape de una red de corrupción.

En esta última campaña presidencial, Keiko se acercó nuevamente a la imagen del expresidente. “Tengo el gran honor de anunciar la incorporación de un gran profesor a la escuela Naranja: Alberto Fujimori”, anunció en octubre de 2020. Aunque eran videos de entre los años 2003 y 2004, fue una manera simbólica de incluirlo en su campaña.

No obstante, en esta última elección también tuvo un rival en este sentido. “La mano dura de su papá está conmigo”, aseguró el conservador Hernando de Soto, quien obtuvo el cuarto puesto en la primera vuelta. Pero Keiko, una vez más, demostró lo que todos saben: con sus defectos y ventajas, ella es la única heredera de Fujimori.

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