• En esa quietud que obliga el covid-19, los promotores de dos nichos lingüísticos de Puerto Ayacucho, aprovechan para fomentar el aprendizaje del idioma baré y warekena. El baile, el canto y los cuentos han sido propicios para acercar a los niños a su cultura ancestral

“Taina wini”, buenas tardes en lengua baré. Así llega un grupo de niños, dos o tres veces por semana, al espacio de encuentro del grupo Danzas Nuwayaka, en donde a través del baile y los cantos aprenden el idioma indígena baré. Desde una actividad lúdica y cumpliendo con las medidas de bioseguridad, estos pequeños están rescatando sus raíces como miembros de pueblos originarios del estado Amazonas, al tiempo que evaden el sinsabor psicosocial que ha generado el covid-19.

Y es que detrás de una casa del sector El Calvario, del barrio Cataniapo de Puerto Ayacucho (Amazonas), se ubica un espacio al aire libre, pero techado, que denominan La Barraca de Elena. Con la idea de una escuela o centro cultural a cielo abierto, este lugar ha servido para que niños y jóvenes que habitan en la comunidad, puedan participar de actividades pedagógicas y recreativas desde hace varios años. Ahora, en cuarentena, sus promotores buscan mantenerse activos y aprovechan para sacar a los infantes del confinamiento y enseñarles la lengua de la etnia de la que muchos descienden, con el propósito de mantener viva la oralidad de su idioma.

El arte reconstruye lenguas indígenas de Amazonas en plena pandemia
Expresiones como “Bienvenidos” han sido divulgadas por la Escuela
Baré de Pompilio Yakame. Foto: Madelen Simó

Con un fin parecido, es que la Escuela Baré Pompilio Yakame también trabaja para enseñar el idioma a jóvenes y adultos, incluso proponiendo un himno del pueblo baré. Asimismo, el nicho lingüístico warekena no ha parado sus actividades en tiempos de pandemia, para buscar la manera idónea de mantener el aprendizaje del idioma, pues la práctica continua que han tenido es lo que les ha permitido conocer y ejercitar el vocabulario, con el objetivo de que en un futuro puedan tener una conversación fluida.

En el estado Amazonas conviven la mayor cantidad de etnias indígenas del país, entre las cuales se destacan los Uwotuja, Baniva, Yeral, Curripaco, Baré, Piapoco, Puinave, Yanomami, Yekuana, Maco, Sánema, Warekena e Ingas.

La rigurosidad que permite la pandemia 

“Bakun”, uno; bikúnuma, dos; kjilikúnuma, tres”, con estas formas numéricas la profesora de la agrupación Danzas Nuwayaka, Suset Gómez, comenzó a idear un baile con desplazamientos en diferentes direcciones para involucrar a los niños que les gusta bailar, mientras van aprendiendo palabras del idioma baré.

El arte reconstruye lenguas indígenas de Amazonas en plena pandemia
El baile del mono, danza típica de la etnia Baré. Foto: Madelen Simó

“Fue un proceso, porque tuve que ir a donde un sabio indígena a preguntar cómo se trabajaba con los números y los colores. Primero comencé con eso y fui explicando a los niños el vocabulario, empecé a crear un baile, a interpretar una danza con los números”, dijo para El Diario.

Gómez agregó que este tipo de actividades les ha permitido dar un giro a la pandemia y reforzar el trabajo que realizan en el centro cultural La Barraca de Elena. “Los niños están enfocados en aprender, como actualmente no reciben clases presenciales con los profesores, nosotros buscamos una alternativa para enseñar, para que no pierdan el conocimiento, para que aprendan sobre una etnia como lo es la baré”, precisó.

Una opinión similar tiene el promotor cultural Dixon Dacosta, quien afirmó que la pandemia les permite trabajar con el arte con mayor rigurosidad. “La mayoría de nuestros sabios, de nuestros abuelos, están desapareciendo. El año pasado falleció Elena, uno de nuestros pilares dentro de este espacio que fue fundado por la familia Dacosta Braz. Viendo esa carencia de nuestros saberes ancestrales, nos motivamos a darle continuidad a algo que ya habíamos emprendido, pero sin consistencia, sin la rigurosidad que nos permite la pandemia”. 

El promotor cultural añadió que “esa posibilidad de permanencia, de estar quietos, de no ir a trabajar como lo hacíamos antes, permite desarrollar otros espacios y recuperar entornos de convivencia. Por ejemplo, el baile, el cuento, el retorno a esas leyendas con otra generación: los niños”.  

Al mismo tiempo, la pandemia ha servido como el movilizador de conceptos de autocuidado, que siempre buscan divulgar en medio de las actividades culturales, y ahora en los dos idiomas: el español y el baré. “Vemos clases dos o tres veces por semana. Además, les enseñé el uso del tapaboca, el distanciamiento, el correcto lavado de las manos, con recursos dinámicos y recreativos para un mejor aprendizaje del idioma”, concluyó la profesora Suset Gómez.

El arte reconstruye lenguas indígenas de Amazonas en plena pandemia
Uno de los niños del nicho Warekena muestra el correcto lavado de las
manos. Foto: Madelen Simó

Sabiduría comunitaria 

Con la entonación del Himno Nacional de Venezuela en lengua baré comenzó una actividad recreativa para hacer honor al juego tradicional del trompo y la zaranda. Esto fue el pasado mes de marzo, cuando el profesor Pompilio Yakame de la Escuela Baré del barrio Loma Verde recordó a niños y jóvenes la importancia de mantener vivo el idioma. 

El arte reconstruye lenguas indígenas de Amazonas en plena pandemia
Niños entonando el himno Baré en el centro cultural La Barraca de
Elena. Foto: Madelen Simó

Desde el año 2000, el profesor Yakame creó un pequeño espacio para aprender baré que ha crecido, así como el interés por transmitir este conocimiento a las nuevas generaciones. Precisamente a este sabio fue a uno de los que acudió la encargada de Danzas Nuwayaka, Suset Gómez, para conocer aún más del idioma. 

Al principio, Pompilio Yakame abrió su escuela con adultos, entre ellos varios profesores. Luego se fueron sumando jóvenes profesionales de diversas ramas, pero todos descendientes de la etnia baré. Pasaron varios años, hasta que en 2014, con el apoyo de la Asociación Civil Iguini y el auspicio de Fundayacucho, este centro de enseñanza involucró a los niños. 

“Se dio el ingreso a niños hasta los 14 años de edad, la mayoría hijos de los aprendices adultos”, contó Menca Yakame, hija del profesor Pompilio, y quien asumió la responsabilidad con los infantes. “Lo hago con dinámicas lúdicas, a través del juego, pero reforzando el idioma”, recalcó. 

Menca dijo que el proceso de aprendizaje funcionó muy bien hasta el año 2017, cuando comenzaron las fallas del transporte público y la Asociación Civil Iguini se dispersó. Sin embargo, no se dieron por vencidos y continuaron su actividad formativa con los niños que vivían más cerca del sector. A la par, trabajan en el material didáctico y lingüístico del idioma baré, para hacerlo más masivo a otras generaciones. 

Nicho Warekena 

La mañana del sábado 10 de abril, los niños del nicho Warekena aprendieron a preparar “Nu danaka tepesí”, o un té ancestral Warekena. Se trata de una bebida de hierbas naturales para aliviar los malestares, tal como lo hicieron sus ancestros. “Primero, Pi tnaka uní (hervir el agua); segundo, pjwa kabi pjé nipijl (agregar las hojas); tercero, pieda nidana yapisa (dejar hervir por mucho tiempo); cuarto, pijla amujli (tomar caliente) y quinto, pi pajletapi (arroparse y acostarse)”. Así rezaba la receta que compartieron ese día las promotoras de este espacio lingüístico, que fue fundado por la sabia Miriam Yavina.  

Lo lúdico también es el recurso que usan en este nicho para enseñar el idioma Warekena, el cual se ha querido revitalizar, debido a que es uno de los que ha estado en peligro de desaparecer. “En los nichos estamos implementando estrategias a través de la oralidad, cantos, danzas, bailes infantiles, cuentos y pequeños diálogos”, señaló la docente Warekena, Miriangela Angulo. 

Miriam Yaniva, sabia del nicho lingüístico Warekena. Foto: Madelen
Simó

Cuando se le preguntó sobre la realización de estas actividades en pandemia, Angulo aclaró: “Para incorporar a los niños, los visitamos, les explicamos cómo deben venir, usando el tapaboca y otras medidas de bioseguridad. Una vez ellos llegan, les hablamos sobre las medidas de prevención para evitar algún contagio, buscamos un día que haya mucho sol, no nos arriesgamos a que le dé gripe a alguno, estamos pendientes que no venga ningún niño enfermo». 

La docente también indicó que trabajan por grupos, dos veces por semana. Un día atienden a 15 niños, y el otro día al resto. Recalcó que desde siempre han trabajado en las dos lenguas. “Pero desde que explotó la pandemia, hemos tratado de contextualizar los contenidos con la necesidad del momento. Hay días que tenemos charlas solo sobre el virus, organizando las dinámicas y los juegos en el idioma. A los niños y a los padres les interesa mucho, porque les enseñamos cómo prevenir (el coronavirus)”. 

Multiplicar el conocimiento

En el nicho reciben a niños entre 4 y 13 años de edad, y trabajan con los que residen en el sector Valle Verde. Atienden niños que son Warekena y a quienes no lo son. “Aplicamos esta estrategia, porque si la lengua Warekena está casi en el olvido, ¿cómo nos multiplicamos, si solamente, por ejemplo, quedan dos Warekena? Tenemos que sumar, por eso invitamos a esos niños, porque ellos serán los multiplicadores, a pesar que no tienen esas raíces, pero tendrán el conocimiento”, reveló Angulo. 

Este es el caso de los tres hijos de Nairín Arias, quienes tienen 6, 8 y 10 años de edad. Ella informó que su ascendencia es baré, pero como viven cerca de nicho warekena, decidió inscribirlos allí. “Considero importante que los niños conozcan algún idioma indígena, cualquiera que sea, para que ellos tengan una educación un poco más amplia, integral. Quiero que ellos conozcan las tradiciones, no solo de este pueblo, sino de todos los pueblos indígenas”, destacó.  

Con papelográfo en idioma Baré buscan explicar el correcto lavado de
las manos. Foto: Madelen Simó.

En Puerto Ayacucho, el nicho Warekena viene trabajando desde el año 2009, pero inicialmente surgió en el municipio Maroa con la maestra Miriam Yavina, quien luego se trasladó a la capital del estado Amazonas y decidió abrir esta escuela. 

Todos estos espacios han permanecido en el tiempo gracias al apoyo de la propia comunidad donde se desarrollan. Vecinos y familiares se han sumado a la reconstrucción de su historia ancestral. Eventualmente han tenido alguna colaboración institucional, pero han sido los mismos habitantes de la zona quienes han insistido, y en un trabajo comunitario han elevado el valor de su cultura. 

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