• El magíster y doctor en Historia analiza para El Diario el uso de la figura y el legado del Libertador, a 238 años de su nacimiento, a lo largo de la historia de Venezuela. “El bolivarianismo no amainó en los gobiernos democráticos; todo lo contrario, siguió profundizándose”, asegura. Foto principal: Daniel Hernández / Clímax

A 238 años del natalicio del Libertador, Simón Bolívar, los mitos abundan en torno a su figura. No es casualidad. Son más de 150 años en los que el culto a su imagen ha sido, quizás, política de Estado. Desde el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, pasando por los regímenes autoritarios y la etapa democrática hasta llegar al chavismo, con distintos matices, la alteración de la memoria histórica devino en dos corrientes: quienes exaltan su legado y quienes reniegan de su importancia histórica.

Así lo explica para El Diario Rafael Arráiz Lucca, individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, abogado, poeta, magister y doctor en Historia. “El bolivarianismo no amainó en los gobiernos democráticos; todo lo contrario, siguió profundizándose. El culto a Bolívar es casi un factor del imaginario colectivo venezolano. Yo no me atrevería a decir que es exclusivo de los regímenes militares”, sostiene. En ese contexto, dice, el deber es construir el pensamiento crítico.

Si tuviéramos que nombrar un origen, un punto de partida para esta construcción mesiánica de Simón Bolívar en la vida nacional, ¿dónde lo ubicaría y cómo lo caracteriza?

—Sin la menor duda, el culto bolivariano lo inicia Antonio Guzmán Blanco. Se produce a partir de su primer gobierno en 1870, cuando establece el bolívar como moneda nacional –desaparece el peso plata-; cuando crea el Panteón Nacional y cuando se prepara para la celebración del centenario del nacimiento de Simón Bolívar, en 1883, y ocurre una gran apoteosis. Además, Guzmán Blanco ordena una réplica de la estatua de Bolívar en Lima y es la que se establece en la Plaza Mayor de Caracas, que pasa a llamarse Plaza Bolívar, y se exhorta a que las plazas mayores de todos los pueblos y ciudades de Venezuela pasen a llamarse Plaza Bolívar. De modo que no hay la más mínima duda de que el culto bolivariano quien lo inicia es él.

Guzmán Blanco, quien tenía una cultura francesa muy acendrada, entendía con mucha claridad que la nacionalidad requería símbolos nacionales. Por eso es él quien convierte el “Gloria al Bravo Pueblo” en el himno nacional, Venezuela hasta entonces no tenía himno; convierte la Iglesia de la Trinidad en el Panteón Nacional, donde están los héroes, ese olimpo de los dioses nacionales que está presidio por Bolívar y a su lado están, digamos, los dioses menores, los secundarios. ¿Por qué lo hace? Porque además entiende que en un país fracturado se requiere una unidad nacional. Y él concibe la unidad nacional alrededor del culto de Simón Bolívar, que la nación entera se reunifique alrededor de él. Es un proyecto político, cultural, simbólico y mitológico.

Rafael Arráiz Lucca: El culto a Simón Bolívar es un factor del imaginario colectivo del venezolano
Antonio Guzmán Blanco y Simón Bolívar

—¿Y logró esa reunificación en torno a Bolívar?

—Sí. A partir de ahí comienza el culto bolivariano. Ese culto se robustece muchísimo durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. Después vuelve a robustecerse en el gobierno de Eleazar López Contreras, quien incluso crea una organización que son las Cívicas Bolivarianas, y ya después prácticamente todos los presidentes de la República en el siglo XX alimentaron el culto bolivariano. Militares y civiles.

—Ahora, eso parece haberse intensificado especialmente durante regímenes autoritarios y dictatoriales. El caudillismo parece haber amoldado a Bolívar, como hicieron Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez.

—Hay que hacer una observación: el bolivarianismo no amainó en los gobiernos democráticos; todo lo contrario, siguió profundizándose. El culto a Bolívar es casi un factor del imaginario colectivo venezolano. Yo no me atrevería a decir que es exclusivo de los regímenes militares. Homenajes, celebraciones anuales, todo el fasto alrededor de Bolívar se fue incrementando. Los historiadores la alimentaron muchísimo en la escuela primaria, en la escuela secundaria, y comenzó a confundirse la historia de la República de Venezuela con la biografía de Simón Bolívar. Entonces la gente empezó a estudiar el periodo de la independencia estudiando la biografía del Libertador, como si él hubiese estado en todos los acontecimientos, cuando tampoco fue así. Son 150 años de culto bolivariano.

—Hugo Chávez, por otra parte, llama a su programa político “revolución bolivariana” y hasta cambia el nombre del país. ¿Cuál es, a su juicio, lo peor y lo mejor durante estos años en torno al manejo de la imagen y legado de Bolívar? ¿Corresponde al Bolívar real o a uno que se construyó a conveniencia?

—Realmente los aportes interpretativos de Chávez a la figura de Bolívar son ínfimos, menores. Chávez lo que hace es reproducir lo que se ha venido diciendo en el culto bolivariano en el pasado. No hay nada nuevo realmente de importancia en relación con Bolívar desde el punto de vista de Chávez, salvo un intento de querer convertir a Bolívar en un líder socialista, que todos sabemos que no lo fue, porque entre otras cosas el socialismo ni siquiera existía, el manifiesto comunista es de 1848.

De modo que querer convertir a Simón Bolívar en un líder socialista es un proyecto fracasado, porque la gente conoce su historia y sabe que eso no es así. Además, las ideas que estaban con Bolívar eran las ideas liberales, muy románticas, porque él tiene mucho de héroe romántico, que condujeron a la creación de las repúblicas en todas partes del mundo. Aparte de eso, el bolivarianismo de Chávez era más o menos el mismo de sus antecesores.

Yo incluso, llevando la argumentación hacia el extremo, encuentro en el mito bolivariano de tiempos de Guzmán Blanco, que se ha mantenido, una simbiosis con el mito cristiano, en la idea que Bolívar fue un hombre traicionado fundamentalmente por (Fransisco de Paula) Santander y por (José Antonio) Páez. Esa idea de que Bolívar fue traicionado como Cristo lo fue por Judas. La idea de que Bolívar fue un héroe incomprendido como Cristo. Yo creo que allí hay una traslación del mito cristiano al mito bolivariano.

Rafael Arráiz Lucca: El culto a Simón Bolívar es un factor del imaginario colectivo del venezolano

—¿Y qué otros mitos observa que se han construido en estos 150 años en torno a Bolívar?

—La idea de que era un hombre que no se equivocaba, que su pensamiento de hace 200 años sirve para la actualidad porque era una suerte de hombre infalible. Eso es un mito. Todos los hombres nos equivocamos y todo pensamiento de cualquier ser humano se refiere a la coyuntura histórica que vivió. Transpolar pensamientos de Bolívar de hace 200 años para aplicarlos en la realidad actual venezolano es algo que a veces puede hacerse con alguna idea vigente del Libertador, pero no de una manera automática. Entonces eso de la infalibilidad del Libertador es, por supuesto, un mito.

—¿El mesianismo del venezolano se le puede atribuir a Bolívar?

—No. Si no hubiese sido Bolívar, hubiese sido otro. La idea mesiánica en los pueblos es una idea que arraiga mucho en pueblos sin suficiente educación. La idea de que va a venir alguien a salvarnos de los problemas y que nosotros no somos los responsables de los problemas que tenemos es entendida a lo largo de la humanidad que, en el caso venezolano, ha encarnado en Bolívar, pero ha podido encarnar en cualquier otro. El mito mesiánico y el mito de la edad de oro, que también está muy presente, no necesariamente están vinculados con Bolívar.

—Por otra parte, eso parece influir también negativamente en la imagen del Libertador. Hay quienes en su insistencia por deslindarse de la llamada “revolución bolivariana” tampoco valoran en su justa medida a Bolívar y su aporte histórico.

—Sí, y eso es muy lamentable porque Bolívar fue un hombre importantísimo, de una inteligencia excepcional, que cometió muchos errores, pero que fue un gran estratega militar y político. Tuvo muchos problemas como arquitecto constitucional y, una vez terminada la guerra, como administrador de repúblicas, pero la importancia de Simón Bolívar es algo que está fuera de toda duda. De modo que esta circunstancia mitológica alrededor de él haya dañado el acercamiento de mucha gente hacia Bolívar es lamentable. Es un gran personaje al que hay que estudiar con pensamiento crítico, con sentido histórico, valorando al Libertador en su circunstancia en los 47 años que vivió.

—¿Cómo debe ser, entonces, la relación entre el país y Bolívar una vez termine ese periodo de hartazgo de la simbología? ¿Cómo reconducir la memoria histórica en torno al Libertador?

—A través del pensamiento crítico. Amar a Bolívar pero también estudiarlo críticamente, con sus luces y con sus sombras, con sus logros y con sus fracasos, como se estudia a cualquier personaje histórico y abandonar los estudios mitológicos en relación con el Libertador. Eso es lo que hay que hacer.

—¿Y cuál es el rol del historiador en ese contexto?

—Estimular el pensamiento crítico, analizar el contexto, revisar la psicología del Libertador, revisar todos los factores que influían en cualquier decisión que él tomara. Son muchos elementos, pero en ningún caso acudir a simplificaciones, al revés, a partir de la complejidad. 

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