• El futuro presidente de Perú tendrá que demostrar su temple para imponerse al líder de su partido, un –todavía más- radical de izquierdas que lo llevó a ganar las elecciones contra todo pronóstico. Es, además, un aliado de Nicolás Maduro que asegura que en Venezuela hay democracia. Imagen principal: composición/La República

Era el 7 de junio de 2019. En el salón Ezequiel Zamora del Palacio de Miraflores, Nicolás Maduro presumía de sus aliados internacionales. Pocos meses antes, buena parte de los gobiernos del mundo reconocieron a Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela. La reunión, llamada “Encuentro Latinoamericano de Gobiernos Locales y Democracia Participativa”, congregó a más de 100 autoridades locales de 19 países latinoamericanos y caribeños, según un comunicado del régimen.

Entre los presentes estaba Vladimir Cerrón, gobernador de la región peruana Junín, líder del partido Perú Libre y ahora padre político de Pedro Castillo, el izquierdista que asumirá la presidencia de Perú el próximo 28 de julio. Ambos estrecharon su mano durante una transmisión del medio chavista Venezolana de Televisión (VTV). El futuro del gobierno peruano dependerá, en buena medida, de la relación entre Castillo y Cerrón, a quien no pocos apuntan como el mayor peligro de las decisiones del próximo Ejecutivo.

Maduro publicó en su Twitter la foto con Vladimir Cerrón

Fue Cerrón, de hecho, quien eligió a Castillo como el abanderado de Perú Libre para las elecciones presidenciales. Ante la imposibilidad de ser el candidato –la justicia vetó su candidatura-, designó al carismático profesor hasta ese momento no muy conocido.

Si a Castillo se le ve como un radical de izquierda, frente a Cerrón queda como un moderado. Al menos esa fue la estrategia de campaña: mientras que en las últimas semanas para las elecciones de segunda vuelta frente a Keiko Fujimori Castillo moderó su discurso en economía, mostrándose más abierto a la inversión extranjera, Cerrón siguió con su discurso incendiario en redes sociales. Incluso Castillo, cuestionado frecuentemente sobre la posible intervención de Cerrón en sus decisiones, intentó poner límites al tema:

“Acá las decisiones las toma Pedro Castillo y las toma el pueblo; el señor (Vladimir) Cerrón está impedido judicialmente y no lo van a ver ni siquiera de portero en ninguna de las instituciones del Estado”, declaró el 25 de mayo.

Sin embargo, el exgobernador de Junín todavía mueve los hilos del próximo presidente peruano. Sigue al frente del aparato partidario, fue uno de los dos coordinadores del comando regional de Castillo en Lima y estuvo al frente de la organización del acto de cierre de campaña en Lima. Dicho esto, quedará por ver quién se impone entre sus propios partidarios. De momento la balanza se inclina por el presidente electo: de acuerdo con una encuesta de Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el 85% de ciudadanos no quiere que Vladimir Cerrón participe en el próximo gobierno.

Formado en Cuba y admirador del populismo

Vladimir Cerrón es hijo de Jaime Cerrón Palomino, vicerrector de la Universidad Nacional del Centro del Perú y un profesor que alfabetizó al ignorante con el abecedario de Marx y Engels, que fue asesinado el 8 de junio de 1990 por militares. Creían que Cerrón Palomino era uno de los ideólogos del grupo terrorista de corte maoísta Sendero Luminoso, aunque nunca se ha probado su participación.

Vladimir Cerrón en Cuba

El líder de Perú Libre adquirió la ideología de su padre desde joven. De corriente marxista-leninista, en 1991 logró una beca para estudiar Medicina en Cuba, carrera que cursó en Camagüey. Logró una nueva beca en 1997 también en ese país, gracias a lo cual obtuvo el título de Especialista de Primer Grado en Neurocirugía. Es admirador confeso de la “revolución” cubana y sus hijos en la región.

Yo sí admiro a Hugo Chávez, admiro a (Rafael) Correa, admiro a Fidel (Castro), admiro a Evo Morales, porque es gente que ha tenido el valor de sacar a su pueblo del yugo que lo ha estado explotando en beneficio de ellos en detrimento de las mayorías”, dijo en una oportunidad.

De regreso en Perú, construyó una carrera política que empezó en Junín como dirigente hasta llegar a gobernador entre 2011 y 2014, y que ha sido una cadena de polémicas. En 2018 su partido presentó a la Alcaldía de Lima a Ricardo Belmont, un político xenófobo. Pero lo más importante, sin dudas, fue su condena ante la justicia en 2019. Fue sentenciado a 4 años y 8 meses de prisión por favorecer con 300.000 dólares, en su etapa de gobernador, a una empresa para que pudiera terminar una obra que jamás se terminó. Al poco tiempo la pena fue cambiada a prisión suspendida de 3 años y 9 meses y quedó en libertad.

En contra de los inmigrantes venezolanos

Por sus ideales, no es sorprendente, entonces, su participación en aquel evento en Caracas en el que saludó a Maduro.

El objetivo del Encuentro –que se llevó a cabo entre el 5 y el 6 de junio-, según el régimen, era debatir “los modelos de organización y comunicación entre pueblo y movimientos sociales con sus respectivos gobiernos, sobre la base de su experiencia local”. Entre esos días, Cerrón dio un discurso cargado de la narrativa victimista del “Socialismo del Siglo XXI”: aseguró que Estados Unidos quiere “quebrar” la democracia latinoamericana, acusó a la Organización de Estados Americanos (OEA) de intromisión, y de la dependencia de los sistemas educativos, económicos, militares y políticos de las potencias.

Una vez en Perú, el entonces gobernador de Junín se dedicó a lavar la cara del régimen de Maduro.

“Para mí (Venezuela) es una democracia, (el régimen) viene del voto popular”; “Yo lo que he visto en Venezuela es un pueblo que mayoritariamente es chavista así sea antimadurista en primer término”; “En el tema de la libertad de prensa le podría decir que he podido constatar que en cada barrio existe una prensa alternativa comunal”. Estas son solo algunas de las citas que se desprenden de sus entrevistas en medios de comunicación. Por si fuera poco, tiempo después aclaró que el viaje a Caracas lo pagó el mismo régimen.

Vladimir Cerrón en el encuentro con otros representantes, en la Casa Amarilla, Caracas. Foto: Cancillería.

En otra ocasión, al ser consultado por un informe de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, donde documentó las violaciones de DD HH por parte del régimen chavista, Cerrón dijo que no conocía en detalle el documento. Se limitó a decir que “Bachelet responde a una izquierda liberal, que debe tener su propia opinión”.

En 2019, mismo año en el que visitó a Maduro en Caracas, criticó duramente al entonces presidente, Pedro Pablo Kuczynski, por facilitar el ingreso de inmigrantes venezolanos en Perú. “Para nadie es un secreto que la inmigración súbita es una amenaza para cualquier Estado en el mundo”, dijo en una entrevista a El Comercio.

Prueba de fuego

En política internacional, sin embargo, no hay demasiadas diferencias entre el pensamiento de Cerrón y el de Castillo. Donde sí las hay es en materia de derechos humanos. El primero está a favor de la unión civil entre homosexuales y el segundo se opone; mientras que líder del partido dice está a favor del aborto y el presidente electo en contra.

Vladimir Cerrón y Pedro Castillo.

Aunque Cerrón no es precisamente conocido por ser tolerante y respetuoso con la comunidad LGBT. “Estamos obligados a respetar a todos los componentes de la sociedad”. Le parece que los homosexuales “no deben exponerse” frente a menores de edad. “De cinco a once años son una maquinaria de imitación”, aseguró.

La principal prueba de fuego será, entonces, los límites que Castillo estará dispuesto a ponerle a Cerrón en su futuro gobierno. Luego de las alianzas del presidente electo con sectores de izquierda más moderados, el líder de Perú Libre es la cara más radical de su entorno. El futuro presidente tendrá que demostrar su entereza. 

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