• Después de tres siglos de intentos por llegar a las fuentes del río más importante del país, el 27 de noviembre de 1951 y luego de 131 días de navegación, llega a su destino en el sector Ugueto del Cerro Carlos Delgado Chalbaud, la Expedición Franco – Venezolana del Río Orinoco, cuyo descubrimiento para occidente, conmemoramos 70 años durante mes de noviembre de 2021. Foto: Río Orinoco, cercano a su confluencia con el Ocamo, Amazonas. Foto de Oscar Noya.

La expedición

Fueron al menos tres siglos de intentos por llegar a las fuentes del río Orinoco por los más destacados exploradores victorianos, españoles, venezolanos y de otras nacionalidades, esfuerzos llevados a cabo por Apolinar Diez de la Fuente, Francisco Fernández de Bobadilla, José Solano, Koch-Grümberg, Richard Spruce, Hamilton Rice, Agustín Codazzi, Russel Wallace, Jean Chaffanjon y el barón de Humboldt junto a Aimé Bonpland en 1800. Pero no fue sino hasta 1951, que los científicos expedicionarios Franz Rísquez Iribarren, José María Cruxent, René Lichy, Luis Carbonel, Félix Cardona, Alfredo Alas, Joseph Grelier, Jean-Marc de Civrieux, Pablo Anduze, León Croizat, Manuel Butrón, entre otros 34 navegantes de la zona, pudieron alcanzar las misteriosas fuentes del Orinoco, tras dos siglos de intentos.

En 1951, Franz Rísquez Iribarren, mayor de Ejército venezolano, comandó la expedición conformada por un equipo multidisciplinario de venezolanos, franceses y de otras nacionalidades, especialistas y expertos de las ciencias naturales y sociales, así como los indígenas navegantes más avezados de la zona, configurándose una de las más importantes hazañas fluviales al sur de Venezuela durante 131 días de navegación sobre raudales y enfrentando la intemperie desde su zarpe en La Esmeralda, para luego desplazarse por los sectores Mavaca, Mahekodoteri, Peñascal, Raudal de Guaharibo, Isla Amoladores, Raudal de los Esfuerzos, Salto Bobadilla, Salto Michelena, Salto Libertador (parte de las toponimias otorgadas por esta expedición); a través de exuberantes paisajes rodeados de diversidad biológica, cuyo objetivo fundamental era ubicar las cabeceras del río Orinoco, finalmente halladas en el sector Ugueto de la Sierra Parima a 1.047 msnm, coordenadas 63° 21’ 42’’ longitud y 2° 19’ 05’’ latitud; así como realizar mediciones geográficas, hidrográficas, astronómicas e inventario de la flora y fauna.

Río Orinoco, cercano a la zona de su naciente, sector Hashimö. Foto de Oscar Noya.

El legado y patrimonio histórico de la expedición franco-venezolana del río Orinoco, es una importante referencia para alertar acerca de la necesidad de proteger el río más importante del país, y el tercero más caudaloso del mundo, ante una amenaza que lleva al menos una década materializándose de forma indiscriminada y sin el mínimo control: minería ilegal, presencia de grupos irregulares armados, desviación de sus cursos de agua, alteración de su morfodinámica, vertido de químicos altamente tóxicos y contaminantes, impactando el patrimonio ambiental del país y generando severas y ya notables afectaciones sociosanitarias a los pueblos indígenas amazónicos y orinoquenses.

Situación socioambiental

El río Orinoco a lo largo de su recorrido transita por diferentes paisajes guayaneses, amazónicos y llaneros, llenos de vida, donde diferentes ecosistemas han evolucionado y están en constante intercambio de materia y energía. Son parte de uno de los territorios más antiguos de la Tierra y también elemento fundamental de su termorregulación. 

Su recorrido divide a Venezuela en dos, al norte con los centros urbanos más densamente poblados, el mayor número de industrias, la mayor transformación del uso del suelo y los centros de poder; al sur la mayor riqueza natural, mineral y diversidad cultural, así como grandes extensiones de territorio con poca o nula intervención a lo largo de los años de instaurada la República. 

A partir de la década de los 80 del siglo XX, cuando iniciaba la explotación de minerales en la zona naciente del Orinoco por parte de garimpeiros, los gobiernos de la época tomaron una serie de medidas para contrarrestar estas acciones, por lo cual generaron un conjunto de instrumentos legales tendientes a proteger al río de mayor importancia para los venezolanos, consolidando una visión conservacionista de la Amazonía-Orinoquía venezolana. 

Uno de esos instrumentos, entre otras medidas, fue el Decreto 269 del año 1989 (G.O. 4.106), que prohíbe toda actividad de minería metálica en el entonces Territorio Federal Amazonas, cuyo contenido y espíritu continúa en plena vigencia a pesar de haber pasado por algunas transformaciones legislativas; sin embargo, es evidente su violación por parte grupos irregulares en actividades de minería ilegal de oro, particulares, así como por organismos del Estado en vista de su poca o ninguna capacidad para contrarrestar esta creciente actividad que se extiende a todo el sur del Orinoco, siendo el punto de partida de una serie de afectaciones sociales y culturales que pesa sobre los pueblos indígenas de la región. 

El territorio amazónico y guayanés ha tenido como principales causas históricas la deforestación, la ganadería y la agricultura, sobre todo al norte de la región. En un análisis de la ONG Provita del 2000-2018, la deforestación ha ocasionado la pérdida de casi 3.000 km2 de bosques tropicales.

70 Años de la Expedición Franco–Venezolana del río Orinoco
Mujeres y niños Yanomami de Parima B, Alto Orinoco. Foto de GRIAM & Proyecto Niños de la Selva.

En el último quinquenio, según estimaciones de la ONG Sos Orinoco, la actividad minera ha crecido exponencialmente, afectando áreas protegidas y cuencas. Según el informe 2019 de esta organización, el río Orinoco experimenta su mayor afectación en la confluencia con el río Ventuari, donde se sitúa el Parque Nacional Yapacana, el más devastado de los 44 Parques Nacionales del país, con más de 2.300 hectáreas intervenidas por la minería ilegal de oro. 

Por su parte, la cuenca del Caroní, uno de los principales tributarios del Orinoco, tiene afectaciones a lo largo de casi todo su recorrido, incluyendo las sábanas y tepuyes resguardados dentro del Parque Nacional Canaima, sitio de Patrimonio Mundial declarado por la Unesco. Al sur del Orinoco, Sos Orinoco ha cuantificado más de 600.000 hectáreas intervenidas por minería. Comunidades y organizaciones indígenas, así como diferentes ONG han denunciado un sinnúmero de máquinas excavadoras, motobombas de alta presión, dragas, empleo de mercurio y todo un entramado para la explotación y devastación ambiental y social de la región.

Es necesario aprovechar esta conmemoración de los 70 Años de la Expedición Franco-Venezolana del Río Orinoco para elevar la urgencia de reconocer y reafirmar a la Amazonía-Orinoquía, como parte del esencial del territorio venezolano, con todas sus riquezas y también las presiones que afronta. Además, es necesario moral y éticamente apoyar las iniciativas por la defensa del territorio, modos de vida y cosmovisión de aproximadamente las 1.600 comunidades de los 30 pueblos indígenas que habitan en la Amazonía, Orinoquía y Guayana venezolana, que hoy están siendo desplazados o presionados para formar parte de la trama minera con la entrega de sus tierras y el grave e inminente riesgo de la erosión-extinción de sus ricas culturas.

Según el Grupo de Investigaciones sobre la Amazonía (Griam), estos pueblos indígenas presentan los indicadores sanitarios más deprimidos del país, representado en malaria, oncocercosis, sarampión, tuberculosis, hepatitis, enfermedades respiratorias, gastrointestinales, conjuntivales, VIH (caso Warao), problemas de salud bucal, muerte materna y enfermedades relacionadas con la exposición de mercurio y otros metales pesados empleados en la extracción y procesamiento del oro. Todo esto en gran parte generado por la intervención minera, presencia de patógenos introducidos por personas extrañas vinculado al entramado minero y falta de un sistema de salud intercultural que atienda las especiales condiciones culturales y geográficas de la región.

Conmemoración y actividades

La última década ha significado un extraordinario repunte de las actividades extractivas en el sur del Orinoco, donde grupos irregulares colombianos, brasileños y venezolanos, llevan a cabo actividades mineras ilegales con la inobservancia de actores del Estado. Estas actividades se desarrollan sin ningún tipo de regulación ambiental y no discriminan relevancia ecológica o cultural. Actualmente se observan cicatrices a lo largo de toda la Amazonía venezolana, ríos afectados, morichales y bosques tropicales degradados, así como cimas de tepuyes intervenidas, en otrora sitios de gran inventario biodiverso. 

70 Años de la Expedición Franco–Venezolana del río Orinoco
Indígenas Yanomami de Ashidowateri, Alto Siapa. Retrato hiperrealista de Roberto de la Fuente.

La actual realidad minera pone en mayor evidencia la desatención histórica que han padecido los pueblos indígenas del sur de Venezuela. La invasión y destrucción de estos territorios indígenas e imposición de modelos económicos basados en esta actividad ilegal y contraria a los valores éticos de los pueblos indígenas, ha generado una serie de impactos sociales y culturales que es necesario visibilizar para generar conciencia y, sobre todo, activismo: acciones específicas para disminuir estas actividades extractivas, degradantes e invasivas de los ecosistemas amazónicos, hábitat de la mayor diversidad cultural del país.

Este necesario un análisis histórico, social y ambiental del río Orinoco. Es la justificación para que un conjunto de organizaciones ambientales y sociales, aliadas de esta causa, emprendamos una serie de actividades para mostrar a la sociedad venezolana y a toda la comunidad internacional, la actual situación de nuestro río padre y generar una sana discusión en torno a la necesidad de su protección y, consecuentemente, al respeto de la relación cultural que une al Orinoco con los pueblos indígenas que lo habitan ancestralmente.

Las actividades previstas son diversas y serán ejecutadas desde el 01 de octubre hasta el 27 de noviembre de 2021, fecha en que llegó la expedición franco-venezolana a la naciente del río Orinoco, en el año 1951. Se trata de encuentros sobre la historia de la expedición, su relación cultural con los pueblos indígenas, activismo, propuestas y acciones para su conservación. 

Se tienen planificado foros virtuales y presenciales, mesas de trabajo para tratar la situación ambiental del río Orinoco y sus potencialidades biológicas, alimentarias y turísticas, con la participación de activistas de la sociedad civil y organizaciones socioambientales. Las actividades contarán con la participación de profesionales calificados en cada área temática. 

También está previsto realizar actividades formativas con niños y adolescentes, a fin de destacar la importancia del río Orinoco, Amazonía y culturas indígenas del sur de Venezuela, acompañado de presentaciones culturales y excursiones fluviales en kayak sobre el río Orinoco. También está previsto, durante este mes de noviembre, la presentación en la Embajada de Francia en Venezuela, de la exposición “Shamatari”, conformada por 22 obras hiperrealistas yanomami del ilustrador naturalista Roberto de la Fuente, cuyo pueblo indígena es habitante y guardián de las cabeceras del río Orinoco.

Estas actividades se desarrollarán en Caracas y Puerto Ayacucho, así como presentaciones en otros países a través de organizaciones aliadas. 

Organización

Coordinación general

Grupo de investigaciones sobre la Amazonía (Griam)

Comité organizador

Sur del Orinoco (iniciativa de la Sociedad Venezolana de Ecología)

Sos Orinoco

Embajadores del Orinoco

-Peces de la Orinoquía

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