• El Parlamento chileno aprobó una ley que le dará a las empresas la opción de implementar un sistema con cuatro días de trabajo y tres de descanso a la semana. De igual forma, la reducción de las horas laborables se hará gradualmente, hasta aplicarse por completo para el año 2029

El Congreso de Chile aprobó el 11 de abril una nueva ley que reduce la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. Fue el resultado de seis años de debates en la Cámara de Diputados, en las que el proyecto pasó por varias reformas. Se espera que entre en vigor el 1º de mayo, cuando el presidente, Gabriel Boric, la promulgue en el marco del Día Internacional del Trabajador.

La medida contempla que no habrá ningún tipo de recorte de sueldos y remuneraciones, pese a trabajar menos tiempo. También fija un límite de hasta cinco horas extra por día, cuando la legislación anterior permitía hasta 12 horas extras. De igual modo, establece excepciones y regímenes especiales para aquellos trabajos que sí demandan tiempo completo, como médicos, transportistas o mineros.

Con esto, Chile se ajusta a los estándares de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que recomiendan esa medida de 40 horas semanales. Internacionalmente esto se cumple desde hace varios años en países como Canadá, Finlandia, España o Nueva Zelanda. Incluso algunos como Francia, Suiza y Alemania tienen jornadas más cortas, de 35 horas. 

Lo contrario ocurre en Latinoamérica, donde el promedio es de 47 horas. En algunos como Brasil o República Dominicana llegan hasta las 44 horas. Esto hace que la región tenga uno de los sistemas laborales más largos, solo superado por África y partes de Asia. Hasta ahora, Ecuador y Venezuela eran los únicos países latinoamericanos que cumplían las recomendaciones internacionales.

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Gradualmente

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Foto: Cortesía

A diferencia del proyecto original propuesto por el Partido Comunista Chileno en 2017, esta vez contó con un apoyo amplio dentro del Congreso, salvo por la bancada del ultraderechista Partido Republicano. Esto por los cambios introducidos desde el Senado y las recomendaciones del gobierno de Boric, tras recoger las inquietudes de los gremios empresariales.

Parte de la buena acogida que tiene la ley parte de dos rasgos importantes: su flexibilidad y gradualidad. Las empresas tendrán la opción de no aplicar la reducción inmediatamente como desean los sectores más de izquierda, sino que podrán hacerlo de forma escalonada en un plazo de cinco años. 

Es decir, para el momento en que la ley entre en vigor, se aplicará una primera reducción a 44 horas semanales. El próximo año, se reducirá nuevamente la jornada a 43 horas, y así sucesivamente hasta que para 2029 sea universal la jornada de 40 horas.

Este criterio ya había sido evaluado por el gobierno de Sebastián Piñera cuando planteó su propio proyecto de ley en 2018. También se aplicó en 2003, cuando el Congreso redujo precisamente la entonces jornada de 48 horas a su duración actual. Ante la preocupación de los representantes patronales de que provocaría pérdidas para las empresas por la merma en la productividad, pidieron que se hiciera gradualmente. Pese a esos pronósticos, la economía no se vio afectada cuando entró en vigor ni se espera que ocurra en esta ocasión.

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Menos días

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Otro rasgo llamativo de la ley es la posibilidad de distribuir esas horas en una jornada completa, pero con menos días. Así, Chile sería pionero en la región en la aplicación del modelo conocido como “4×3”, por tener cuatro días laborables y tres de descanso. Actualmente está en tendencia en Europa, donde el aumento del trabajo remoto por la pandemia de covid-19 llevó a replantearse los modelos tradicionales y apelar por una mayor flexibilidad.

Nuevamente, aunque solo se trabaje de lunes a jueves, esto no debería afectar el sueldo, ya que se mantiene la misma carga de trabajo. Es decir, los empleados deben completar en cuatro días las tareas que antes se hacían en cinco. Esto se conoce como “100:80:100”, ya que implica tener el 100 % de remuneraciones, por el 80 % del tiempo y manteniendo el 100 % del esfuerzo. 

De acuerdo con el portal Euronews, para cumplir con esto muchas empresas se han tenido que revisar sus procesos internos y reinventarse. Algunos reduciendo la cantidad de reuniones y priorizando canales de comunicación más eficientes, además de favorecer el trabajo independiente y la aplicación de nuevas tecnologías.

Experimento exitoso

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Foto: cortesía

Este sistema se implementó en 2022 en el Reino Unido con un plan piloto de seis meses en 61 empresas. El proyecto fue impulsado por la organización 4 Day Week, con el apoyo del Boston College y las universidades de Cambridge y Oxford. Esto con el fin de medir el impacto del 4×3 en la productividad de los trabajadores, y otros factores como la reducción de la contaminación y una mayor equidad de género, pues las mujeres tendrían menos problemas en compaginar su trabajo con la maternidad.

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Al terminar el experimento, el resultado fue que 92 % de las empresas decidieron mantener el sistema de cuatro días semanales. La cadena española Antena 3 reseñó que los investigadores consideraron el piloto como un “gran avance”, pues la productividad más que mantenerse, aumentó un 1,5 % en promedio. Además, los empleados manifestaron sentirse menos estresados y cansados que antes. De igual modo, se redujo en un 65 % las faltas por enfermedad y en un 57 % las renuncias. 

Esto sigue el mismo resultado que Islandia, donde entre 2015 y 2019 se aplicaron pruebas similares con una alta tasa de efectividad. Actualmente alrededor del 90 % de la población de ese país trabaja entre 34 y 35 horas semanales. Por su parte, Bélgica promulgó en noviembre de 2022 una ley que permite a las empresas elegir el modelo 4×3. Su primer ministro, Alexander de Croo, declaró que la idea es mejorar la calidad de vida de sus trabajadores y dinamizar el mercado belga, al incentivar a las empresas a organizar mejor su tiempo.

Otros gobiernos como los de Escocia y Gales tienen planeado implementar medidas similares para este 2023. Por su parte, el director de la campaña 4 Day Week en Reino Unido, Joe Ryle, aseguró que continuarán con el experimento en Canadá, Nueva Zelanda y Australia, mientras Estados Unidos e Irlanda se mostraron interesados en incorporarse a futuro.

En Venezuela

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Vendedores informales en Caracas. Foto: Archivo

Venezuela fue uno de los primeros países en implementar la reducción de la jornada a 40 horas semanales, hace ya más de una década. En mayo de 2012, el entonces presidente Hugo Chávez promulgó la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT). En ella se estableció esta medida con ocho horas de trabajo diarias, además de la obligatoriedad de dos días de descanso a la semana. Todo esto comenzó a aplicarse a partir del año siguiente.

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Curiosamente, en 2016 Nicolás Maduro decretó una implementación del modelo 4×3 en toda la administración pública durante los meses de abril y mayo. Sin embargo, lejos de buscar un equilibrio entre la vida laboral y personal, la medida en realidad pretendía ahorrar energía en medio de la crisis eléctrica que atravesaba el país y derivó en racionamientos del servicio en varios estados.

Aun así, Chile podría enfrentar un problema similar al de Venezuela en este caso.  A pesar de las estadísticas, se estima que en la práctica la mayoría de los trabajadores de Latinoamérica trabaja realmente menos de lo estipulado en sus normativas. Sin embargo, esto solo aplica para el sector formal, es decir, aquellos con contratos regularizados, beneficios laborales y hasta sindicatos. 

Fuera de esto hay todo un universo de trabajadores informales que no están amparados por ninguna ley, y que suelen trabajar incluso más de 48 horas semanales, muchas veces en condiciones precarias. Y de acuerdo con la OIT, en 2016 el 53,1 % de los habitantes de Latinoamérica trabajaba en la informalidad, lo que representa alrededor de 130 millones de personas. 

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