• La intervención del ELN y las FARC en Venezuela, con el apoyo del régimen de Maduro, puede llegar a ser el último bastión de violencia organizada en el país

Los procesos revolucionarios fueron una característica del siglo XX, cuando el ideal marxista-leninista se apoderó de tierras latinoamericanas, abogando por un discurso utópico que buscaba resarcir a los pueblos olvidados por los mandatarios de ese entonces. Sin embargo, con el pasar de los años estos ideales se transformaron en el sustento para excusar hechos viles como el asesinato, el secuestro y la tortura, realizados por los grupos guerrilleros.

El presente y la violencia organizada en Venezuela

El gobierno de Hugo Chávez inició una relación cercana con los grupos guerrilleros propiciada por la semejanza ideológica. Pero en los últimos años, con el aumento de la crisis venezolana y el avance de los diálogos de paz en Colombia, muchos frentes guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) decidieron emigrar a territorio venezolano con la ayuda del gobierno de Nicolás Maduro.

Una serie de documentos confidenciales del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) y del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Ceofanb) deja en evidencia la complicidad entre el régimen de Maduro y la incursión de los grupos guerrilleros en Venezuela.

El primer documento expuesto por la Revista Semana fue un memorando firmado por el almirante Remigio Ceballos, comandante estratégico operacional de las Fuerzas Armadas, en el que informa a los “generales comandantes del Ejército Bolivariano, de la Guardia Nacional Bolivariana y la Milicia Bolivariana, a todas las unidades militares subordinadas, REDIS, ZODIS y Adis” una orden para brindarle apoyo y cuidado a los “grupos rojos” que ocupan el territorio venezolano.

Remigio Ceballos | Foto cortesía

“Muy respetuosamente (informo) a través de la presente comunicación que, por orden del presidente Nicolás Maduro Moros, deberán evitar entablar enfrentamiento con personal de los grupos rojos en las zonas de entrenamiento y abastecimiento desde 080106002019 hasta nueva orden. Brindar apoyo logístico y entrenamiento”, señala el documento. “Grupos rojos” es el seudónimo de los grupos guerrilleros en Venezuela.

Otro documento enviado el 4 de julio de 2019 por el director general del Sebin al Comando Estratégico Operacional del Ministerio de Defensa dice que “de acuerdo a lo ordenado por el Comando Superior, se ha ordenado a las unidades de la Guardia Nacional Bolivariana y Milicias Bolivarianas de las jurisdicciones de los estados Zulia, Apure, Amazonas y Mérida que se realicen las coordinaciones para proveer elementos de entrenamiento y logísticos a los miembros del grupo rojo allí apostados hasta nueva orden”. Entonces, la unificación de los grupos guerrilleros con el régimen de Nicolás Maduro es el último vestigio para establecer una violencia organizada en Venezuela.

Foto cortesía

El general Luis Fernando Navarro, comandante de las Fuerzas Militares de Colombia, aseguró en Caracol Televisión que los grandes jefes guerrilleros de las FARC, que decidieron retomar la lucha armada, se encontraban en territorio venezolano. “Tenemos conocimiento de que están Santrich, Márquez, Romaña, Jhon 40, entre otros”, agrega.

De igual forma, da a conocer las presuntas zona de residencia de estos jefes subversivos en Venezuela: Iván Márquez está radicado entre Apure y Caracas; Santrich está en Caracas; Romaña vive en el estado Bolívar y Enrique Marulanda, hijo de Manuel Marulanda, se encuentra en el Amazonas, junto a otros guerrilleros.

“(Las guerrillas) se organizan, se entrenan, desarrollan sus actividades de narcotráfico y desarrollan acciones contra los habitantes de la frontera”, señala Navarro.

Para el internacionalista Alejandro Martínez, la inclusión de la guerrilla en Venezuela “agrava la situación actual porque es un elemento desestabilizador muy grave. Además, pone la política en términos de violencia, contrario a la democracia”.

La finalidad del régimen de Maduro es generar una violencia sistemática a través de los grupos irregulares, tanto venezolanos como extranjeros, para crear un poder inamovible que tenga como base el miedo. Con esta relación guerrillera, “el régimen de Maduro busca desestabilizar a la oposición para mantener el control del país”, agrega Martínez en exclusiva para El Diario.

Los noventa y la época de los secuestros

En los años siguientes, con el crecimiento del narcotráfico, el avance de la violencia de los grandes carteles de la droga y el desequilibrio social colombiano, estos grupos subversivos alcanzaron un poder inigualable, hasta que en la década de los noventa protagonizaron el secuestro de cientos de soldados, policías y representantes políticos en todo el territorio neogranadino. Más de 3.500 personas fueron secuestradas por los grupos guerrilleros.

Uno de los casos más famosos fue el de Ingrid Betancourt, candidata presidencial para los comicios del año 2002, quien se dirigió a la selva para iniciar un “diálogo de paz” con la guerrilla, pero fue secuestrada durante siete años por los jefes subversivos. Otro caso importante fue el secuestro de tres ciudadanos estadounidenses por seis años. Tanto Ingrid como las otras personas fueron liberadas en la “Operación Jaque” realizada en el año 2008.

Foto cortesía

La violencia organizada es un bastión de los grupos revolucionarios, porque realizan asesinatos, secuestros y masacres con un fin ligado a la obtención de poder. Este funcionamiento de la violencia como medio para una finalidad política se desmoronó en el territorio venezolano en los años sesenta, pero la inclusión de la guerrilla en nuestro país genera un nuevo espacio para la violencia.

Los sesenta y la violencia guerrillera en Colombia

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con fuerte presencia en el territorio venezolano en los últimos años, iniciaron su proceso guerrillero en el año 1964 en el Valle de Marquetalia, ubicado en las montañas del Tolima, comandado por Pedro Antonio Marín Marín, alias Manuel Marulanda Vélez; y Luis Alberto Morantes, alias Jacobo Arenas.

Foto: Caracol Radio

En el mismo año, en la zona del Magdalena Medio, Manuel Pérez Martínez, conocido como el Cura Pérez, inicia un proceso guerrillero bajo el nombre de Ejército de Liberación Nacional (ELN). A diferencia de las FARC, creadas por campesinos, el ELN fue creado por varios estudiantes universitarios e integrantes de la iglesia católica que pregonaban la “Teología de la liberación”, un concepto teórico que busca unificar la lucha de clases con la salvación religiosa.

En sus primeros años, el alcance de las FARC fue muy reducido a causa de las dificultades para mantener a los combatientes y para adquirir armamento, pero en los años ochenta, con el auge del narcotráfico, los ejércitos guerrilleros encontraron una forma de financiar el crecimiento de la subversión armada.

Las zonas montañosas y campesinas del Cauca, Tolima y Caquetá en territorio neogranadino tuvieron un crecimiento guerrillero significativo al inicio de los años ochenta gracias al dinero producto del narcotráfico y al secuestro de grandes hacendados. Las dificultades económicas y el desplazamiento de las clases bajas en esta época fue, de igual forma, un detonante para el camino guerrillero.

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Otra de las razones que permitió el crecimiento de los grupos armados fue el despojo por parte del gobierno central de Colombia de los sectores campesinos. No había autoridad ni inversión estatal en los pueblos y en la zonas alejadas de las grandes ciudades, y esta separación entre el poder gubernamental y la sociedad campesina permitió que la guerrilla tomara las riendas de una gran parte del país, con la presencia de 30 frentes guerrilleros.

La ilegalidad de los procesos guerrilleros acrecentó el nivel de violencia del conflicto armado. Uno de esos ejemplos, que permite entender el acabose humano de los grupos subversivos, recae en la figura del “Monstruo de los Andes”, alias de Jaime Delgado, comandante del Frente Ricardo Franco de las FARC. Este hombre asesinó a más 164 personas y ajustició a más de 400 pertenecientes al ejército subversivo, considerados, según su criterio, traidores a la lucha guerrillera.

Este proceso se conoce como “justicia revolucionaria” y a través de ella el ejército subversivo realiza un consejo de guerra y asesina a los implicados. La crudeza del hecho es inaudita: el acusado es atado, de manos y pies, con alambre de púas; se le mantiene de pie durante horas, sin comer ni beber nada; luego, después de estar desahuciado, se le obliga a subir desnudo por una larga escalera en el centro de la selva para hacerlo desplomarse hacia el suelo y morir en el acto a causa del golpe. Según el mismo jefe guerrillero, si el acusado queda vivo después de la caída, es ajusticiado con un disparo en la cabeza.

Los cincuenta y el origen de la guerrilla

En la década de los años cincuenta, la revolución cubana, comandada por Fidel Castro, ocasionó un quiebre en el entendimiento de los procesos políticos en Latinoamérica, porque su llegada al poder ocurrió con la resistencia del brazo armado. Esto significó el comienzo de la inclusión de la Fuerza Armada con ideales de izquierda en el resto del continente, y Venezuela, un país que finalizaba una férrea dictadura e iniciaba su democratización con el Pacto de Punto Fijo, se transformó en el globo de ensayo ideal para el ideal marxista.

El Pacto de Punto de Fijo estableció la unión de los partidos políticos más representativos del país para iniciar un proceso democrático constante, pero solo fue firmado por Acción Democrática (AD), el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei) y Unión Republicana Democrática (URD). El Partido Comunista Venezolano (PCV) fue la única agrupación política que no fue tomada en cuenta para la firma del pacto, por su dependencia del Partido Comunista Soviético. Ante su marginación en la reconstrucción democrática el PCV decidió iniciar la lucha guerrillera para tomar el poder.

En Venezuela la lucha guerrillera — que fue estandarte del PCV en los años sesenta — estuvo fundamentada en el sueño utópico de la juventud y el ideal de un “mundo mejor”. Muchos jóvenes de las principales ciudades, con abundantes lecturas en su haber y los sueños revoloteando en los textos de la teoría marxista con los cuentos heroicos de la revolución cubana, decidieron tomar los caminos de tierra y adentrarse en las montañas del país para iniciar su propia revolución.

En este escenario fue importante la intromisión del régimen de Fidel Castro en la política nacional con el desembarco de Machurucuto, en el que cuatro soldados cubanos y tres venezolanos arribaron a costas nacionales para apoyar la incipiente lucha guerrillera.

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Edgardo Mondolfi Gudat, doctor en Historia e integrante de la Academia Nacional de la Historia venezolana, afirmó en una entrevista para Papel Literario que “en cuanto al grueso de su procedencia (de los integrantes de la guerrilla) era liceísta y universitaria”.

“Lo que en cambio es revelador de las carencias, contradicciones y calco de otras experiencias — cubana, vietnamita o argelina — es la precariedad de eso que podría llamarse la formación ‘ideopolítica’ de los jóvenes combatientes y su manejo, bastante pobre y voluntarista, de la realidad venezolana”, agrega Gudat en la entrevista.

En realidad, el germen del proceso revolucionario en Venezuela fue el descontento hacia la reconstrucción política del país, pero a nivel social la aceptación de las ideas marxistas fue muy poca. El impulso guerrillero se enfocó en los jóvenes universitarios y liceístas, porque el campesinado, los obreros y las clases populares (en su mayoría) no participaron del proceso revolucionario. Este factor es importante para determinar el entendimiento de la guerrilla en Venezuela.

En cambio, en Colombia el proceso guerrillero está conformado por campesinos, no por estudiantes. El descontento de las clases populares y los residuos de la época conocida como “La Violencia”, que tuvo lugar entre la década del cuarenta y cincuenta, conformada por constantes luchas entre el partido conservador y liberal, dieron inicio a las guerrillas de ideología comunista en los años sesenta.

La sociedad venezolana no sufrió en el siglo XX la creación de una violencia sistemática implementada por grupos armados, sino que su proceso guerrillero estuvo influenciado por Fidel Castro y fue implementado por jóvenes idealistas. En los años que lleva el régimen en el poder, la creación de estos grupos, con diferentes matices, ha sido un factor determinante para caracterizar la crisis nacional y la intervención de las guerrillas colombianas. La violencia del narcotráfico y la tortura revolucionaria serían los últimos elementos para establecer una violencia organizada en Venezuela.

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