• Los integrantes de la banda venezolana contaron para El Diario cómo fueron sus inicios, cómo han evolucionado y lo que quieren lograr

Anakena ha sabido combinar distintos géneros musicales, robar corazones y también conmocionar al público venezolano al son de cada una de sus canciones. Buscan transmitir sentimiento, despeje y alegría; que se conmuevan, canten pero también que bailen sin perder ese toque “caribeño” que tanto los caracteriza.

Sus integrantes contaron para El Diario cómo ha sido el camino que han recorrido hasta ahora, donde en distintas presentaciones el público ha coreado todas sus letras y han alzado las manos para seguir el ritmo de cada uno de sus temas. 

Santiago de La Fuente: “La música me ha ayudado a desahogarme”

La voz y la guitarra de Santiago de la Fuente es una de los principales motivos que hacen vibrar Anakena. Su constancia es una de las cosas que lo caracterizan, la música lo hace feliz y más cuando la comparten con quienes considera sus hermanos de la vida. Es uno de los más reservados de la agrupación y por eso la música le ha servido para despejarse de todo lo que le ocurre.

El primer acercamiento que Santiago tuvo con la música fue a través de la composición, cree que se debe a su personalidad que es muy reservado y no le gusta hablar de sus cosas personales. No se considera una persona introvertida, pero tampoco extrovertida.

“Desde pequeño la música me ha ayudado bastante a desahogarme de todo eso que no puedo hablar porque soy reservado, entonces dreno todo por el lado de la música”, dice. 

blank
Foto: Víctor Salazar

Cuenta que cuando cursaba primer año de bachillerato aprendió a tocar la batería por una clase que tenía en el colegio, luego como quería componer canciones aprendió guitarra porque necesitaba algo que lo ayudara en lo que deseaba. 

Cuando quería comenzar a componer sus canciones se le venían a la mente muchos músicos como Jack Johnson y John Mayer, quienes considera sus más grandes influencias porque le dieron sentido a la música que él quería componer.

Santiago no solo se ha enfocado en la música pues antes de iniciar en este mundo cursó su carrera universitaria: Ingeniería en Producción. Asegura que nunca hubiese sido músico sin ser ingeniero debido a que su carrera lo ha ayudado en este camino.    

A mediados del año 2016 mientras estaba estudiando en la Universidad Metropolitana se le presentó la oportunidad de irse de intercambio por un año a Barcelona, España, para continuar sus estudios y hacer sus pasantías. Aprovechó esa oportunidad para encontrarse nuevamente con Mikel – vocalista de la agrupación–   que ya se encontraba en España. 

“Hace tiempo Mikel y yo habíamos escrito una canción que se llama ‘Otro Lugar’ y después de ese momento nos quedó la piquiña de que nunca la pudimos grabar. Cuando se da esta oportunidad de Barcelona le escribí inmediatamente a Mikel que estaría un año allá y él me dijo: ‘No puedo creer que me acabas de escribir, mira la publicidad que me acaba de salir’ , era la publicidad de un concurso de bandas y decidimos que nos meteríamos”, cuenta mientras sonríe al recordar ese momento que dio inicio a una de las mejores etapas de sus vidas. 

Explica que para esos concursos de música emergente es importante tener un proyecto detrás de la agrupación porque no te consideran, mientras Mikel pasaba un tiempo en el país fue cuando decidieron iniciar su apuesta musical: Anakena.

“Es un mes compusimos las canciones: ‘Sofía’ ; ‘Veneno’ ; ‘El tiempo del silencio’ y la que ya teníamos ‘Otro Lugar’ , nos tomamos las fotos, grabamos, hicimos todo lo que teníamos que hacer y nos fuimos a España para concursar”, recuerda. En el concurso quedaron entre las 10 primeras agrupaciones aunque no llegaron a la final.

Para Santiago, Anakena nació por un sencillo deseo de querer hacer música sin ningún tipo de ambición. Señala que cuando vio que los empezaron a seguir en Instagram, que les escriben y sus propios amigos empiezan a hacerles comentarios sobre las canciones se dieron cuenta que algo estaba ocurriendo. “Todo fue muy orgánico y ahí es donde está la magia con el tema del concurso en España y los mensajes de nuestras amistades”. 

Los cuatros son como hermanos. Han vivido un sinfín de experiencias – tanto buenas como malas – y siempre han tenido el foque principal en la mente: hacer música entre panas.   

blank
Foto: Víctor Salazar

A pesar de que Anakena inició entre Mikel y Santiago, Mara y Antonio siempre estuvieron incluidos en el proyecto. Como Mikel y Santiago eran los que se encontraban en España decidieron ser “la imagen del proyecto”, pero cuando regresaron al país se unieron los cuatro para continuar. 

blank
“Nosotros ya somos como hermanos en todos los sentidos: peleamos, no peleamos; nos morimos de la risa; nos odiamos; no nos hablamos, pero literal es una relación de hermanos. Nos vemos todos los días, en ocasiones nos vemos y no nos saludamos, pero en el fondo sabemos que contamos el uno del otro en las peores y las mejores”, expresa.

Las energías que transmite la agrupación son notorias cuando están en algún espectáculo. Quienes los ven siempre terminan cantando alguna de sus canciones, bailando y simplemente disfrutando el momento.   

Santiago aún lo ve como algo incierto, pero cree que la conexión que tiene el público con ellos es porque cuando se montan en la tarima son las mismas personas que cuando están abajo. “No nos creemos nada, no cambiamos el personaje, somos amigos haciendo música y listo”. 

Además, cree que también se debe a que las canciones son muy sencillas, son cosas de la cotidianidad, cosas que le puede pasar a todo el mundo. Agrega que cuando la gente escucha sus letras también se siente así y considera que al final del día la música es para eso: “Compartir sentimientos”. 

Una de las tantas experiencias que han vivido es ganar el Nuevas Bandas en su edición del año 2018. Momento que define como satisfactorio porque trabajaron mucho para ese día, ganas el Nuevas Bandas fue más que una sorpresa para Santiago fue un alivio. 

Se sintió agradecido porque los asistentes en el Centro Cultural Chacao fueron receptivos con la música que presentaron, a pesar de que siempre concursan bandas con un estilo musical al de ellos. 

“Creo que con la música caribeña, así seas el más metalero, es imposible que no muevas un poquito los hombros. Al final la música latina está en las venas de todos los que vivimos en esta región del mundo, te guste o no te gusta está en tus venas. Eso hace que las vibras se den, es una música muy feliz y bailable”, dice entre risas.   

blank
Foto: Víctor Salazar

Para el líder de la agrupación los planes a corto plazo son muy sencillos: seguir tocando y seguir mostrando su música en el país. A pesar de que señala que 2020 es un poco incierto, espera que su agenda incluya marque viajes y música. 

Todo lo que han vivido en los últimos meses lo describe como algo alucinante, como algo que jamás se imaginaba que pasaría. “Nosotros vamos a un concierto propio y nos vemos las cara y nos preguntamos: ‘¿Qué es esto?’. Ver los resultados nos alegra, pero sabemos que todavía falta camino”.   

Anakena en una palabra

Felicidad

¿Cómo te imaginas Anakena en unos años?

Vienen momentos de mucho sacrificio, pero estamos dispuestos a todo.

¿Qué significa para ti Anakena?

Es mi vida, es lo que quiero hacer de aquí a que muera, si se puede.

Canción de Anakena con la que más te identificas

La canción más personal: Saudade. Una canción que le escribí a mi abuelito hace muchísimo tiempo. La gente conecta demasiado con esa canción, a todo el mundo le recuerda a alguien. Todo el mundo tiene un Saudade. 

La música se ha convertido en su día a día. En su columna vertebral, no se imagina haciendo otra cosa en el camino. Considera que la perseverancia y la autenticidad son la clave para lograr lo que más deseas.

blank
Mil veces te van a cerrar la puerta, mil veces te van a decir que no, pero también mil veces te dirán que sí”.

Mikel Maury: “Somos una familia” 

Sonriente y con sus rizos enjaulados en una cola, así llega Mikel Maury. Un joven que acelera corazones cuando está en tarima, pero al que le cuesta soltar palabra cuando le preguntan sobre sus miedos. 

De voz tranquila y con una sonrisa que prácticamente no se borra de su rostro, comienza a recordar cómo fue su niñez, esa en la que pasaba horas cantando sin parar, imitando voces y también jugando fútbol. 

blank
Foto: Víctor Salazar

«Me pusieron a elegir entre tocar guitarra y jugar fútbol. Pero me dijeron que no podía dejar de hacer deporte, entonces tampoco me dieron muchas opciones», recuerda entre risas cuando era ese niño que no tenía ni idea de lo que la música llegaría a ser en su vida. 

Su amor por la música apareció más adelante, en época colegial. Sus compañeros lo terminaron convenciendo de que su voz tenía que unirse a una banda que ellos ya tenían conformada, así que aceptó. Fue en ese momento en el que empezó su relación con el mundo musical. 

Tomó cierta distancia del deporte y optó por acercarse cada vez más a ese nuevo espacio que le ofrecían las notas musicales. Uno de sus amigos y guitarrista de la banda para ese momento, Diego Prato, fue una de las personas que más fortaleció su unión con la música, pues era quién le dejaba ciertas «tareas» para que se fuera metiendo más y más en ese nuevo mundo. 

«Ahí fue donde me empezó a gustar esto de verdad», explica Mikel. 

Sin embargo, la etapa colegial terminó. Con miras hacia el futuro, todos los miembros de la banda tenían pautados destinos distintos que se desarrollarían también en lugares diferentes, por lo que todo quedó hasta allí. La música y todo lo que había aprendido sobre ella quedó en pausa. 

El integrante de Anakena asentó sus bases en España, donde estuvo cinco años formándose como arquitecto, dos de ellos en los que la música había desaparecido por completo de su mente. Sin embargo, un amigo lo condujo de nuevo hacia ese mundo musical que tanto lo cautivó. 

«Después de que hablé con él, me cuestioné ‘sí yo lo que quiero es hacer música, ¿por qué no lo estoy haciendo?’”, recuerda Mikel. 

En ese momento habló con Santiago de la Fuente, su amigo de infancia, al que conoció durante un campamento de tenis. Desde ese momento empezaron a construir una amistad que no ha hecho más que afianzarse con el paso del tiempo. 

«Santi», como él le llama, tenía ya algún tiempo activo en la música. Era parte de una banda llamada Club House y Mikel lo vio como la persona idónea con quién iniciar un proyecto nuevo. 

«Le dije ‘Mira, vamos a empezar algo’. En verdad fue como vamos a hacerlo solo por el hecho de hacerlo», detalla Mikel sobre aquel momento. 

Juntos grabaron «Otro lugar», una canción que tardó cuatro años para llegar al estudio pero que tenían guardada en la plataforma Soundcloud, donde se la mostraron a varios de sus amigos. Las críticas fueron buenas, el tema gustaba. Fue en ese momento en el que pensaron que quizás sí estaban haciendo algo «con sentido». 

blank
Foto: Víctor Salazar
El comienzo Anakena inició con Mikel y Santi; sin embargo, ya Antonio Romero y Carlos González, mejor conocido como Mara, ya habían grabado la percusión y los bajos de sus creaciones, por lo que luego decidieron formalmente que serían los cuatro, a pesar de que dos estuvieran en Venezuela y los otros dos en España, una condición que la banda sabe llevar muy bien.

«El proyecto se hizo sabiendo que iba a haber esta separación. Está hecho de una forma en la que si yo no estoy, el show igualmente puede continuar perfectamente. También viceversa, si Santi no está» explica Mikel.

La banda fue pensada con esa dualidad, una característica que, Mikel asegura, se puede notar en cada una de sus letras. “El movimiento, la separación, todo se nota mucho”.

“’Montaña Rusa’ es una relación a distancia. ‘Náufrago’ y ‘Volveré’ hablan de cómo emigrar y volver. Todo eso sí se ve perfectamente”, detalla Mikel.

Usualmente quienes componen los temas son Santi y Mikel, aunque a Santiago lo califica como “una máquina de la composición”. Los dos se sientan y la inspiración va fluyendo.

Ahora se encuentran en el proceso creativo de nuevos temas y la dinámica se ha dado de manera distinta. “Nos fuimos a la playa, porque nos dijimos vámonos tres días a componer y ya teníamos varias ideas pero una de las canciones salió de cero estando todos, no solamente Santi y yo. Y creo que es mi favorita», cuenta Mikel. 

blank
Foto: Víctor Salazar

Asegura que en Anakena son como un familia, una hermandad que se ha afianzado con el paso del tiempo donde reina el apoyo y el cariño.

Anakena en una sola palabra

– Despeje. Eso es lo que queremos ofrecer.

Lo que más disfruta Mikel son las presentaciones en vivo, siempre ha sido fanático de los conciertos, y desde que descubrió la música es lo que más ha disfrutado.

“Llega un momento en el que ya está toda la euforia allá arriba y es brutal”, dice sonriente. 

Tiene mucha fe en Anakena y no le teme al fracaso. Todos trabajan muy duro por seguir creciendo y alcanzando metas. 

Su vida ha cambiado, pues pasó de imaginarse trabajando en un estudio de Arquitectura, ha estar en una tarima. Se repone de las tristezas al ritmo de la música y mira la vida siempre con optimismo, siempre creando, siempre mirando hacia adelante. 

Antonio Romero: «Siento que mi llamado es hacer música» 

Los viajes familiares a la playa tienen un espacio especial en los recuerdos de Antonio Romero. Durante el recorrido escuchaba música: el arte que le ha dado la oportunidad de estar donde tiene que estar. 

Cuando está sobre un escenario siente que ese es el lugar al que pertenece. La energía que recibe del público la multiplica en su interior y la devuelve mientras sonríe, corre, salta, agita su cabello y toca el bajo en cada show de Anakena.  

blank
Foto: Víctor Salazar

Su infancia y juventud estuvieron musicalizadas por un amplio repertorio musical que incluía a Juan Luis Guerra y Juanes porque era lo que su mamá escuchaba, gaitas porque tiene familia maracucha y también rock and roll y metal, aunque en una época le encantaron los Back Street Boys. 

La música siempre estuvo muy presente, pero cuando estaba en octavo grado, según recuerda, comenzó a interesarse por un instrumento musical: el bajo.

“Me puse a investigar mucho, a ver muchos videos y me llamó la atención el primer bajista que tuvo Metallica porque era un bajista muy poco convencional, era muy loco”, dice. 

Cliff Burton murió en un accidente de tránsito, pero dejó un gran legado musical que influyó en Romero. Durante las vacaciones escolares, entre octavo y noveno grado, su primo le regaló un bajo que él tenía y comenzó a tocar. 

Inició tocando rock and roll, pero cuando estaba en quinto año y participó en las gaitas se expandió su conocimiento musical y se abrió a tocar géneros más latinos. 

Desde que se graduó del bachillerato no ha parado de tocar. Tras un suspiro seguido de un corto silencio cuenta que estudió Ingeniería de Computación en la Universidad Simón Bolívar durante cuatro años, pero se cansó de los paros por los que perdió un año entero y se cambió a estudiar Ingeniería en Sistemas en la Universidad Metropolitana. 

“En la Metropolitana tenía beca al 100%, todo bien, siempre fui un buen estudiante pero me cansé de la universidad. Estaba perdiendo muchas oportunidades en la música”, destaca con énfasis. 

Una de las oportunidades que perdió fue la de tocar con Chino y Nacho en unos Premios Pepsi Music: no pudo hacerlo porque tenía un laboratorio de Química. 

“Fueron muchas oportunidades que fui perdiendo, que se me fueron acumulando y llegó el punto en que decidí dejar la universidad porque al final del día lo que quiero es hacer música”, resalta y sonríe levemente. 

Lo primero que hizo después de dejar la universidad fue crear su perfil en una página freelance, grabar un video donde demostró sus conocimientos acerca de diferentes géneros, técnicas y habilidades musicales y publicarlo. A la semana ya tenía clientes para quienes grabar música. 

Durante esa época, recuerda, también tocaba con cinco agrupaciones musicales diferentes, incluyendo Retrovisor y Club House. Tocó con La Pagana Trinidad, con Andrés Mata, La Pequeña Revancha y rechazó la propuesta de El Otro Polo. “Me había dicho que quería que tocara con él también, somos muy amigos”, destaca. 

blank
Foto: Víctor Salazar

Tocó con más bandas y colaboró muchísimo con la Fundación Nuevas Bandas. “Estaba dejando de tener tiempo para la universidad, estaba perdiendo oportunidades pero también estaba muy full y como estaba haciendo lo que me gusta sentía que la universidad era un limitante”, detalla sonriendo. 

Romero afirma que la organización y la comunicación son los pilares fundamentales que le permitieron tocar en cinco bandas al mismo tiempo. 

Cuando tenía una presentación con alguna agrupación se los comunicaba a las otras bandas para que no chocaran las fechas. 

Su agenda la escribe a mano. Plasmar sus planes con tinta en un papel le permite retener muchísimo más todo lo que tiene que hacer. 

“Siempre he sido una persona demasiado obsesiva con el orden y soy una persona organizada: con organización y comunicación se puede lograr todo”, resalta.

En cuanto a la organización de su día a día enfrenta un problema: como freelancer su espacio de trabajo es su habitación.

“Eso es un problema muy grande, es muy complicado porque estás trabajando y tienes tu cama al lado y te acuestas y ‘bueno, acabo de perder tres horas porque bueno, me acosté’. Eso es un problema bastante grande, pero es intentar organizarse lo más posible y listo”, comenta tras tocarse el bigote que lo acompaña. 

La relación de amistad más larga que Romero ha mantenido con otro integrante de Anakena es con Carlos “Mara” González. “Recuerdo el primer día que llegó. Lo conocí y desde ese día hemos sido amigos”, dice sonriente. 

“¿Queréis jugar fútbol?”, le preguntó Mara, Romero aceptó y ya tienen más de 15 años construyendo la amistad. 

A Santiago De La Fuente lo conoció porque un día Mara lo invitó a tocar con un amigo baterista “que tenía una casa fina”, mejor conocida como la Quinta Anakena. 

“Ese fue el día que vimos que había algo, había una conexión y decidimos formar una banda: Club House”, cuenta. 

De la Fuente fue el baterista de Club House hasta que, un día, agarró la guitarra y cantó una canción. 

“Empezó a cantar y fue ‘olvídate tú eres el cantante de la banda’ y Santiago paso a ser el vocalista luego de ser el baterista”, dice con énfasis. 

Al último miembro de Anakena que conoció fue a Mikel Maury. Se lo presentaron como “el primo de Santi” en 2016, cuando estaban por iniciar el proyecto Anakena. 

“A mí me llega Santi y me dice ‘mira tengo estas canciones que escribí con este pana y me gustaría que nos ayudes, que toques el bajo con nosotros y nos ayudes a producir y grabar las canciones’ y le dije ¡claro que sí, fuego!”, afirma. 

Desde ese proceso de composición y arreglo de los cuatro primero temas de Anakena: Otro Lugar, Sofía, El Tiempo del Silencio y Veneno, inició más que un proyecto junto a Maury. 

Los cuatro integrantes principales de Anakena geográficamente están separados. De La Fuente y Maury viven en España, mientras que Mara y Romero continúan residenciados en Venezuela. 

Mara y Romero ayudaron a grabar las canciones “y listo”, pues el proyecto en principio era un dueto entre De La Fuente y Maury. Sin embargo, De La Fuente regresó a Venezuela en 2017 y les pidió que formaran parte del proyecto. 

En ese momento Mara y Romero ya habían concluido Club House, banda con la que participaron una vez en el Festival Nuevas Bandas. 

“Vamos a hacer un disco, lo vamos a producir con esta persona, lo vamos a grabar en este sitio: nosotros como que le sentamos las bases a Santiago de todo lo que teníamos que hacer para lograr las cosas que queríamos lograr”, precisa. 

Luego, grabaron «Sanguchito»: una canción de Club House, escrita por De La Fuente antes de irse al intercambio, que nunca grabaron

«Sanguchito», explica Romero, fue un tema que marcó una transición entre lo que era Anakena antes de ese tema y lo que es ahora. 

El formato anterior lo define como algo mucho más pop y más chill, en cambio ahora es muy tropical. 

A finales de 2017 iniciaron la producción del su primer álbum conscientes de que la distancia estaría presente. 

“Sabíamos que iba a ser un trabajo a distancia y de nuevo vuelvo a la importancia de la organización y la comunicación. Tenemos la facilidad de que componer es, digamos, fácil, porque existen voicenotes”, dice riendo. 

Cada segundo que están juntos lo aprovechan para generar la mayor cantidad de material posible: escriben, tocan, hacen sesiones de fotos y graban. 

Todos los procesos creativos por los que deben pasar para finalmente tener una buena canción son sumamente orgánicos y divertidos. 

“Se vienen cosas muy bonitas, cosas muy diferentes y estamos disfrutando mucho lo que estamos haciendo”, cuenta con emoción.

Romero habla con tranquilidad y su mirada se pierde mientras rememora cada detalle que ha marcado algo importante en su vida. Para él existen tres puntos primordiales dentro de Anakena. 

El primer gran cambio fue el regreso de De La Fuente de España y la invitación a formar parte de Anakena que este le hizo a él y a Mara. El segundo es el Festival Nuevas Bandas y el tercero la gira por España.

Su participación con Anakena fue la tercera vez que concursó en el Festival. “No sentía que tuviera como mucho sentido participar otra vez. Para qué si de todas formas es un festival de rock and roll en donde no le paran bolas a las vainas pops o latinas”, dice. 

A pesar de eso, decidieron participar y hacer una presentación atrevida que empezó con una bachata y, para su sorpresa, la respuesta del público acostumbrado a otro estilo de música fue positiva. 

“Fue increíble ver a ese poco de comegatos bailando bachata”, dice riendo ampliamente. 

Haber participado no cambió sus planes, pero les dio un gran impulso y los puso en los oídos de muchas personas. 

Acerca del tercer punto de inflexión, la gira por España, cuenta que finalmente pudo cumplir su sueño de tocar en una calle “como un vagabundo”. Pudo cumplir su sueño frustrado en las calles de Madrid. 

“Una vez estábamos tocando «Sanguchito» frente al Palacio Real de Madrid y se acercó una despedida de soltera de unas portuguesas y bailaron y tripearon demasiado. Fue una locura”, señala con emoción. 

blank
Foto: Víctor Salazar

Para Romero es una locura lo que se vive cada vez que se sube a un escenario. La conexión, la energía y la complicidad como banda es parte fundamental de hacer lo que les gusta. 

“Un show es una cosa demasiado retroalimentativa. Estamos dándoles energía y ellos nos devuelven más energía y eso nos nutre, entonces ves las fotos de los shows, como nos miramos entre nosotros y es una locura la complicidad y el disfrute”, resalta. 

Cuando esta sobre un escenario siente que es el lugar en donde tiene que estar. “Siento que ese es mi llamado”, afirma.  

En los conciertos, a veces, pasan cosas muy raras o locas. Al pensar acerca de ello a su mente llega un recuerdo que prefiere no contar y, entre risas, comienza a contar uno de los momentos más bonitos que ha vivido en un escenario. 

En el showcase de Anakena en el Anfiteatro de El Hatillo, De La Fuente se quedó solo sobre el escenario cantando «Matilda La Gata Mariposa» y Romero estaba a un lateral de la tarima.

“Prendí la linterna y de repente veo que se prende una, y otra y otra, y de repente todo el público tenía las linternas prendidas y ¡wow, fue muy hermoso ver eso!, pero lo mas hermoso de todo fue que Santiago termino de tocar la canción: yo pude hacer otra cosa que salir corriendo a abrazarlo y eso terminó qen un abrazo grupal donde todo el público estaba gritando ‘Santi, Santi’”, destaca mientras sonríe y recuerda.

Ese momento, para él, ha sido uno de los mejores que ha vivido con Anakena y, en ese momento, ni siquiera estaba tocando. 

Romero no solo forma parte de Anakena, sino que alimenta su llamado a ser músico grabando bajos para quienes lo contratan y musicalizando shows de improvisación teatral. 

“Creo que tuve la suerte de haber conseguido esto que me llena y me define es lo que me hace ser yo: siento que mi llamado es ser músico y hacer música”, expresa. 

Asegura que es un músico integral y destaca la importancia de ser versátil en lo que sea que hagas. 

“Soy una persona realmente muy variada en gustos musicales.  Entre mis 10 discos favoritos hay un disco de salsa y también hay uno de metal y eso es muy variado”, afirma. 

El disco de salsa que destaca en su lista de favoritos es Siembra, de Rubén Blades y Willie Colón. 

Una de esas grandes canciones de Siembra es “Plástico”. “El intro de ‘Plástico’ es el intro de una canción de disco y lo que habla la canción… Me parece que toca temas muy importantes a nivel social”, precisa. 

“Las canciones son unas cancionsotas, ¡Dios mío! Pedro Navajas también está en ese disco, María Lionza, Buscando Guayaba… ¡Dios mío!”, dice mientras se sujeta la cabeza.  

Para Romero es difícil decidir cuál es su álbum favorito en la historia de la música, pero precisa rápidamente que si banda favorita es Led Zeppelin. 

“Para mí es como la mejor banda de la historia. Es la banda con la mayor química que he visto”, describe. 

Carlos ‘Mara’ González: “Cuando haces algo con pasión, puedes contagiar a la gente”

Carlos González nació en Maracaibo y creció al ritmo de las gaitas que sonaban por doquier. ‘Mara’ como lo apodaron por ser maracucho, sintió atracción por la música desde muy pequeño. Disfrutaba ver a sus vecinos tocando sus instrumentos, tenían una banda de gaita y se sentía fascinado al ver aquella algarabía.

blank
Foto: Víctor Salazar

“Esa orquesta y esa unión musical. Ese es el primer acercamiento que yo recuerdo”, cuenta cuando intenta pensar en cómo inició su relación con la música.

A los 11 años de edad se mudó a Caracas y gracias a su hermano aprendió a tocar la tambora. Fue él quien le enseñó sobre tiempos, ritmos y esos otros elementos que desconocía. Los días se le iban tocando y también escuchando conciertos de Maná, recuerda entre risas. Se sentía cautivado por los sonidos, las vibraciones musicales y toda la experiencia que suponía una banda creando música.

Posteriormente se empezó a formar como baterista en una academia, pero en ese entonces no sentía que esa fuera su pasión musical. Quería más. Incursionó con la guitarra pero el resultado fue el mismo, faltaba algo más. 

Su padrino le regaló unos timbales y fue en ese momento cuando todo cambió. No sabía cómo tocar timbales, por lo que empezó aprendiendo gracias a tutoriales que veía en Internet. “Esto es sabroso, esto tiene malicia”, cuenta que pensó en ese momento. Luego decidió inscribirse en clases de percusión y tuvo la fortuna de toparse con distintos profesores que lo ayudaron a crecer y también auparon su talento. 

“Entonces me puse a practicar. Al principio no te das cuenta, poco a poco te empieza a gustar, quieres ir a los ensayos, dejas de hacer ciertas cosas para ensayar porque lo disfrutas muchísimo”, detalla Mara con emoción.

Aceptar que su amor por la música era real fue algo progresivo, aunque el timbalero de Anakena recuerda que el día decisivo fue cuando dejó su antiguo trabajo y pensó en dedicarse a la música cien por ciento. 

blank
Foto: Víctor Salazar

Carlos Mara se graduó como Comunicador Social en la Universidad Monteávila y cuenta que sus inicios en la banda se dieron como algo del destino, algo fortuito que resultó bien.

Conoció a Antonio Romero cuando estaba en el colegio, fue uno de sus primeros amigos cuando se mudó a la capital. Los unió el deporte, la música todavía no los había encontrado. La amistad se fue fortaleciendo con el paso de los años. Una vez que Antonio empezó a formarse con el bajo, ambos decidieron unirse a las gaitas colegiales, una experiencia que asegura disfrutaron al máximo.

“El productor de las gaitas nos decía que éramos buenos, que formáramos una banda”, recuerda con una sonrisa en su rostro.

Pero a él le apasionaba la música latina y Antonio disfrutaba más el rock y el metal, por lo que no lograban encontrar ese punto medio que los uniera. Disfrutaban mucho de las mismas canciones, pero nunca habían pensado en alinear sus gustos musicales. 

La etapa colegial terminó y un año después de ese cierre Antonio lo llamó para que tocaran juntos. Cuenta que la experiencia fue tan increíble que se dieron cuenta de que allí había algo interesante con lo que podían experimentar. 

En la universidad conoció a Santiago, que en ese momento era baterista. Lo llamaron para que se uniera a su banda y en ese momento descubrió que su verdadero talento era cantar. Con el paso del tiempo se unieron los cuatro y de esa forma nació Anakena. 

Describe los encuentros con el público igual que sus compañeros de banda: una locura. El recibimiento parece mejorar con cada una de las presentaciones y la fe que tienen en este proyecto también parece incrementarse con el paso del tiempo. 

blank
“Cuando haces algo con pasión, puedes contagiar a la gente”, asegura

Asegura que ser arriesgados es algo que les ha funcionado como banda, pues tocan diversos géneros y precisamente es lo que quieren, que no los definan, que se rindan al disfrute de sus ritmos sin más. 

Para él Anakena es Caribe, familia, unión. Ha sido una etapa de crecimientos no solo para él, sino para todos los miembros de la banda. También ha sido un período lleno de retos, pero lo han sabido disfrutar.

Quiere mantenerse auténtico a quien es, no dejar que lo opaque el ego y estar enfocado siempre en disfrutar el momento, sin que nada pueda opacar todo lo que han logrado hasta ahora, esa conexión tan “mágica” con el público y esa alegría que le han brindado. 

blank
Foto: Víctor Salazar

Anakena planea establecer Madrid como base de operaciones, un espacio en el que esperan posicionarse como banda y aprovechar el gusto de los europeos por la música latina.

En 2020 esperan viajar por diversos países del mundo, empezando en el mes de enero, fecha en la que tienen previsto presentarse en Estados Unidos. Además, ya vienen preparando un nuevo disco. Se llevan lo mejor del recibimiento del público venezolano en el país y están preparados para conquistar a los venezolanos que se encuentran dispersos por el mundo para llevarles caribe y sobre todo, disfrute. 

Noticias relacionadas