• El Diario conversó con los encargados de la biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, de la Universidad Simón Bolívar, de la Universidad de los Andes y de la Universidad de Oriente para entender el presente de los recintos bibliotecarios en el país 

El recinto que hace parte esencial del conocimiento universitario resguarda en sus estanterías el cúmulo histórico de una sociedad. Cada libro que, entre los millones que se han escrito a través de la historia, hace parte de esa colección mantiene la trascendencia de la humanidad, pero en los últimos años se ha empeorado el estado de las colecciones por la falta de presupuesto. 

Jorge Luis Borges, uno de los escritores más importantes de la literatura latinoamericana, clasificaba a la biblioteca como un “universo” de infinitas galerías hexagonales, donde se concentra el saber de la humanidad. El autor argentino, fallecido en 1986, imaginó el paraíso “bajo la especie de una biblioteca”.

La universidad, al mismo tiempo, se transforma en una segunda casa para todos los estudiantes. El Diario visitó la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Simón Bolívar (USB) para entender el presente de sus bibliotecas y el trabajo inagotable de sus trabajadores que, ante las dificultades y el precario presupuesto, se levantan diariamente para ayudar a las nuevas generaciones.

Asimismo, conversamos con los encargados de la biblioteca de ingeniería y de la biblioteca de Humanidades y Educación en la Universidad de Los Andes (ULA), en el estado Mérida, y con la encargada de la biblioteca central de la Universidad de Oriente (UDO), en el estado Anzoátegui. 

Las universidades se enfrentan a un presupuesto insuficiente, otorgado por el Ministerio de Educación Universitaria a través de la Oficina de Planificación del Sector Universitarios (OPSU), para el mantenimiento de sus campus. Esperan, algún día, revitalizar los espacios más dominantes de la educación nacional.

El corazón de la UCV 

La biblioteca de “la casa que vence las sombras” –así la canta el himno de la institución– se encuentra rodeada de una gran cantidad de obras de artes y de la vegetación que caracteriza al campus.

El vitral de Fernand de Léger, un reconocido pintor cubista de principios del siglo XX, es uno de los primeros encuentros que tiene cada estudiante al entrar a la biblioteca. Los colores vivos, que van desde el azul hasta el rojo, encandilan la mirada cuando el sol los atraviesa. 

El edificio rojo que se yergue en el medio del campus y, a su lado, el Aula Magna,  precedida su entrada por el Pastor de Nubes,obra emblemática de la Ciudad Universitaria  de Jean Arp, pintor, escultor y poeta francoalemán.

Cada obra de arte, en el centro de la rutina estudiantil, fortalece la relación de los jóvenes con su universidad. Para Julie González de Kancev, profesora de Derecho Administrativo y encargada de la biblioteca, el recinto es un ente de vital importancia para que el estudiante genere un sentido crítico sobre su realidad. 

Ahora, como nunca, son necesarias las bibliotecas. Las condiciones de la biblioteca se mantienen por los trabajadores. Esta biblioteca está abierta y en condiciones estables gracias al trabajo de su empleados, si no, sería imposible”, agrega la encargada de la biblioteca mientras camina entre los estantes.
Foto: Víctor Salazar

Los estudiantes entran y salen, disfrutan de una película ante la luz azul del vitral de Léger y preguntan a los trabajadores sobre los libros necesarios para su educación.

La vitalidad del espacio está en ellos, en los jóvenes que continúan estudiando. González comenta, con gozo y alegría, que en el Día del Estudiante Universitario la biblioteca se encarga de regalar libros a la población estudiantil. 

“Esto para mi es un sueño hecho realidad. Que el estudiante pueda acceder, en este momento de crisis, a un libro porque la biblioteca se lo regala. Cuando muchas personas no tienen para comer, mucho menos para comprar un libro. Esto es algo que la universidad hace por sus estudiantes para estrechar, aún más, ese vínculo”, agrega. 

Foto: Víctor Salazar.

Desde hace dos años González, gerente de información, conocimiento y talento del vicerrectorado académico de la UCV, aceptó el reto de comandar la biblioteca en su momento de mayor dificultad, porque el presupuesto es, prácticamente, nulo.

Los problemas más graves que padece el edificio, comenta, ocurren a nivel estructural porque las refacciones son muy costosas. El aire acondicionado tiene años sin funcionar y los ascensores están en revisión por la dirección de mantenimiento del rectorado. 

Las voces de los estudiantes, caminando por los pasillos, revisando los estantes en busca de un libro, se cuelan en la conversación. Una de las razones para el sostenimiento del edificio, según González, es la caracterización arquitectónica del mismo. 

Carlos Raúl Villanueva, arquitecto de la Ciudad Universitaria en la década de los 50, presentó un recinto bibliotecario con ventanas amplias, con entrada de aire y luz constante, que era poco común en la concepción de una biblioteca.

La mayoría son espacios herméticos para evitar el deterioro de los libros por la brisa, el agua, entre otras razones, pero la amplitud de los ventanales ha permitido que, aunque no haya aire acondicionado, la humedad del recinto sea inexistente.

“El peor enemigo de los libros es la humedad”, comenta.

Foto: Víctor Salazar.

En ese momento, mientras pondera el genio de Villanueva, González abre las puertas de la bóveda de la biblioteca. Entre los estantes con las tesis realizadas en la universidad, bajo el titilar de algunos bombillos, está una puerta de metal, con una combinación y un cerrojo para proteger las colecciones más importantes que mantiene el recinto.

El aire acondicionado no funciona, pero el ambiente es seco y los deshumidificadores cumplen su función.

Foto: Víctor Salazar.

Son ocho estantes, en una pequeña sala, en los cuales se mantienen textos de gran valor histórico para el país. Uno de esos libros, con una encuadernación moderna, es una versión del siglo XVII de La Divina Comedia de Dante Alighieri.

Este poema, estructurado en tres partes (Infierno, Purgatorio y Paraíso), fue escrito en el siglo XIII por el poeta italiano y se transformó en uno de los textos más importantes en la historia de la humanidad. La vejez del papel es notable y las pequeñas manchas se ciernen sobre los números romanos, pero el estado del libro, sorprendemente, es óptimo. 

Foto: Víctor Salazar.

Asimismo, entre docenas de libros se encuentra un ejemplar del siglo XVIII El Orinoco Ilustrado y Defendido de Joseph Gumilla, un misionero jesuita que estudió la afluencia del río Orinoco, así como la cultura de las tribus indígenas que se encontraban en las orillas del Orinoco. También, frente al estante donde se encuentra el libro de Gumilla, hay un ejemplar recopilatorio de las cartas de Simón Bolívar. 

Foto: Víctor Salazar.

Cada uno de los libros resguardados en la bóveda, protegidos de la humedad, son una muestra de la trascendencia de dichos registros. Libros de hace tres siglos que se mantienen, más allá de lo narrado en sus páginas, logrando que los hitos más importantes de la historia de Venezuela, resguardados en estos ejemplares en una de las casas de estudio más importantes del país, generen un reencuentro de los jóvenes con su pasado, al mirar la vejez de las páginas y la sintaxis gramatical de siglos atrás.

Es el acceso directo al conocimiento que está dentro de la biblioteca, que es una memoria y una historia colectiva, porque están todas las áreas del conocimiento. Ahora, con esta crisis económica, política y social que estamos viviendo, es fundamental la relación del estudiante con su biblioteca”, comenta González.

El oficio de los trabajadores, según González, es la única razón para que la biblioteca se mantenga como un punto importante en la vida estudiantil. Entre los pocos que han quedado, ya que muchos se han ido por el salario tan bajo y la crisis social que afecta al país, se encuentra Saúl Garrido.

La tez de su rostro muestras algunas arrugas que se mueven con su sonrisa. Su mirada, al ver pasar a los estudiantes, se ilumina mientras marca los libros prestados en su escritorio.

Desde hace 46 años, Saúl trabaja en la biblioteca de la UCV. Inició en el año 1974, mientras Carlos Andrés Pérez era presidente, la bonanza petrolera era una realidad en las calles venezolanas y la universidad, con la inclusión del arte en la arquitectura, se convertía en un referente para el resto del mundo.

Foto: Víctor Salazar.

Su mayor satisfacción, comenta Garrido con un tono de voz tenue, está centrada en la ayuda que le brinda a los estudiantes. Para él la figura de los jóvenes que luchan diariamente para seguir estudiando, que responden a las calamidades en un salón de clases, es uno de los elementos que más agrado le genera.

“Mientras uno ve pasar el tiempo y ve que eso muchachos tienen más dificultades para mantenerse en el país uno intenta ayudar de la mejor forma posible”. 

Julie González, junto a Garrido, comenta que “estudiar ahorita, venir a las 5:30 pm y salir a las 7:30 pm, es un acto de resistencia. Espacio que se abandona, espacio que se pierde. Este espacio es de cada uno de los muchachos que ha estudiado aquí”.

La motivación principal no la puedo ni describir, imagínate. La necesidad de asistir a mi sitio de trabajo es automática en mí. Saber que estoy tratando de colaborar con que los muchachos no se nos vayan del país. Bueno, porque ellos, realmente, no tienen la culpa de los paros y el mínimo aporte de nosotros es prestarle el servicio. Esa es mi satisfacción”, comenta González.

La sala del primer piso, justo al lado del vitral de Léger, lleva el nombre de Saúl Garrido desde 2017. Además, recuerda con especial alegría las visitas realizadas por los egresados que han trabajado a su lado en el programa de becas que tiene la biblioteca.

Sueldo de pasantías. En 2019 habían 160 becados, pero su sueldo era de 1.900 bolívares al mes, por la crisis presupuestaria. La mayoría decidió irse y ahora solo quedan 10 pasantes en la biblioteca.

Asimismo, menciona que uno de los momentos de mayor felicidad como trabajador de la biblioteca ocurrió en 2012, cuando se inauguró la estantería abierta.

Antes de ese momento las estanterías se mantenían cerradas y el trabajador, ante el requerimiento del estudiante, buscaba el libro y se lo entregaba.

Desde ese año, recuerda, los estudiantes tienen la posibilidad de buscar ellos mismos el libro y disfrutar de toda la colección. 

Foto: Víctor Salazar.

“Nosotros teníamos un gran trabajo. Hace unos años atrás teníamos hasta 1.500 consultas diarias. Ahorita con la tecnología ha bajado un poco, pero el estudiante siempre quiere ver el libro en papel. Hemos mantenido una asistencia considerable para ellos”, agrega. 

En 46 años, Saúl no ha faltado ni un solo día a su trabajo, ni ha llegado tarde, ni ha tenido problemas de gran magnitud. La figura de Saúl Garrido, estampando libros y ordenando los estantes, es una suerte de ejemplo para todos los estudiantes que caminan por los pasillos de la biblioteca. Su trabajo, ante todo, es estar ahí para los jóvenes y ayudarlos en la búsqueda del conocimiento.

Garrido trabaja de lunes a sábado. Nunca ha desistido de su oficio y se mantiene incólume en su escritorio, mientras atiende a la población estudiantil. González, en este caso, comenta que cada uno de los trabajadores hace su mayor esfuerzo para mantener la universidad operativa.

“La UCV sigue adelante a pesar de todo: a pesar del sesgo presupuestario, a pesar del asedio, a pesar de todo seguimos adelante”, asegura.

Aunque el presupuesto para el mantenimiento de la biblioteca es, prácticamente, inexistente, la fiereza de sus trabajadores ha permitido que los estudiantes sigan disfrutando del recinto y que el corazón de la UCV no desfallezca por la falta de presupuesto. 

La USB: una biblioteca cerrada

La realidad de la biblioteca de la Universidad Simón Bolívar, ubicada cerca de la entrada del campus de Sartenejas, estado Miranda, es una muestra del olvido gubernamental. Ha tenido que cerrar sus puertas debido a la contaminación de hongos y moho.

La obra de Carlos Cruz-Diez llamada “Laberinto cromovegetal”, se componía de 53.000 plantas organizadas por colores que se erguían sobre los porrones y llenaban de plenitud estética a la universidad. Ya no queda nada de dicha obra, el tiempo y el presupuesto paupérrimo evitaron que se pudiera mantener. La maleza, por la falta de mantenimiento, es lo único que prospera en los alrededores de la biblioteca. 

La inmensa puerta principal, parecida a las de grandes catedrales, se encuentra cerrada y el encargado de la biblioteca Alejandro Teruel comanda la recuperación del recinto. Los 16 empleados que siguen trabajando arduamente para recuperar todo el lugar usan tapabocas y guantes.

La contaminación por la humedad, los hongos y el polvo se ha inmiscuido por todos los rincones del edificio. 

La biblioteca está cerrada desde el 18 de julio de 2019, por falta de personal. Desde septiembre estamos cerrados por contaminación. Nunca habíamos estado cerrados por un periodo tan largo”, comenta Teruel, el profesor titular de la USB.
Foto: Víctor Salazar.

El edificio es hermético, las ventanas están selladas y el flujo de aire exterior es, prácticamente, inexistente. El aire acondicionado es primordial para mantener el estado óptimo de los libros, pero desde el 15 de agosto de 2018 dejó de estar operativo por la falla de uno de sus compresores, luego de 30 años de uso. Al mismo tiempo, el resto de enfriadores se encuentra paralizado por falta de recursos.

Una biblioteca no puede sobrepasar los 21° C y aquí hemos llegado a 28° C. No se puede sobrepasar 65% de humedad para evitar la proliferación de hongos y moho, y hemos alcanzado 85% de humedad relativa. Es como el ambiente perfecto para criar hongos”, agrega Teruel.

Antes de visitar el tercer piso de la biblioteca es necesario cubrirse y usar guantes. La contaminación de hongos y ácaros es una constante en el edificio. Cada esquina está repleta de alfombras desgastadas por el tiempo y la falta de mantenimiento. El aire es denso y el polvo está en cada rincón. 

Foto: Víctor Salazar.

Los estándares de cuidado y mantenimiento de la biblioteca establecen que el edificio junto a la colección, que abarca más de 400.000 volúmenes, tiene que ser aspirado trimestralmente.

En los últimos cuatro años solo se ha logrado aspirar 35% de la colección y en los últimos nueve meses 1% de la misma. La contaminación, según Teruel, ya llegó a los libros y estima que se tendrá que eliminar entre el 10% y el 20% de material bibliohemerográfico.

La primera en alertar a los empleados de la biblioteca sobre el nivel de contaminación en los textos fue una profesora de filosofía, relata. La USB mantiene una de las colecciones más importantes del país y cada día que pasa, con el aumento de la suciedad y la falta de presupuesto para la limpieza, más libros están en peligro.

Contaminación de los libros

10%

diciembre del 2018

35%

julio del 2019

75%

septiembre del 2019

Teruel asegura, mientras revisa con los guantes color verde el nivel de contaminación, que en este momento en todos los estantes, por lo menos, debe haber un libro contaminado.

“Yo, muy conservadoramente, estimo que podríamos enfrentarnos a una pérdida de 10% de la colección”, agrega. 

El techo del tercer piso, sumido en la oscuridad por la falta de más de 600 bombillos en todo el edificio, se caracteriza por las manchas de 36 filtraciones distintas y por el anime enmohecido. Teruel, con un postgrado en computación de la Universidad de Oxford, Inglaterra, comenta que el techo tiene que ser asfaltado por completo para sosegar las goteras, pero son más de 1000 metros cuadrados y el presupuesto no alcanza para las refacciones.

Foto: Víctor Salazar.

“Esta colección corre un gran riesgo por no haberse invertido lo suficiente para mantener las condiciones. Los libros no son eternos, los libros necesitan cuidado», asevera.

Foto: Víctor Salazar

La alfombra, por otra parte, debe ser aspirada semanalmente y lavada una vez al año para evitar la proliferación de hongos. Pero desde hace nueve años que la alfombra no recibe la limpieza adecuada por la falta de presupuesto, lo que produjo que los hongos encontrarán un lugar de reproducción. Esto representa un peligro para la salud de los empleados de la biblioteca.

Foto: Víctor Salazar.

La USB se caracteriza por ser un centro investigativo y, por ende, la biblioteca debe ser actualizada constantemente, pero el presupuesto para la compra de libros y la suscripción de revista es cero, según Teruel. 

El estándar latinoamericano es medio libro por estudiante nuevo. Deberíamos comprar 1.000 libros anuales, pero no hay presupuesto. Lo que entra es por donación de egresados en el exterior”, aclara.

A partir de este proceso un profesor venezolano en Estados Unidos, comenta, recolectó una serie de textos en su casa de estudios en el país norteamericano para donarlos.

De esta forma se lograron recolectar 300 libros, la donación más grande de textos de reciente publicación que la USB ha recibido. De resto, la universidad recibe entre 80 y 100 libros anuales por la donación de sus egresados.

Falta de libros. El déficit acumulado de la compra de libros es de 10.700 libros, en la reciente década.

La USB estaba suscrita a más de 800 revistas de investigación científica, pero desde 2010 no se han recibido nuevos números porque no hay presupuesto. Esto induce a la biblioteca a un incumplimientos con los estándares latinoamericanos y reduce el conocimiento de los estudiantes por la escasez de contenido de nueva data.

El polvo se levanta con cada paso y se adhiere a la respiración. Muchos de los libros, clásicos de la colección, deben ser botados porque su vida útil ha finalizado. “Hay que sacar cada libro, hay que aspirarlo, hay que revisarlo porque puede estar con hongo, con moho, con comején y con polillas”, agrega.

Foto: Víctor Salazar
El presupuesto estipulado de la biblioteca es de 2.400.000 dólares, pero solo recibimos 40 dólares”, afirma.

Y el presupuesto, según Teruel, para las refacciones más urgentes es de 250.000 dólares. Los gastos operativos de la biblioteca, que parten desde la limpieza hasta el sueldo de sus trabajadores, no pueden ser cumplidos porque el presupuesto dado por el Ministerio de Educación Universitaria es ínfimo.

Foto: Víctor Salazar

Desde 1971, primero como estudiante y luego como trabajador, Alejandro Teruel ha hecho vida en la USB. Comenta que el cierre de la biblioteca, como centro de apoyo para la investigación y ente de vital importancia para el estudiante, es un atentado a la educación universitaria.

La ULA y la UDO: entre destrozos, robos y falta de presupuesto.

En el interior del país la realidad se recrudece y entre la falta de presupuesto, las bibliotecas universitarias han padecido el desdén de la violencia.

En la Universidad de Oriente el recinto Luis García Pelissier sufrió varios ataques que incluyeron el desvalijamiento de los aires acondicionados, a pesar de no estar operativos; el robo de equipos informáticos y del sistema bibliotecario Alejandría, denominado como “el corazón de la biblioteca”, porque resguarda la data de estudiantes y egresados.

Foto: Marcelo Lecumberre.
Este hecho causó que el servicio que estamos llevando a cabo se esté ejecutando de forma manual”, comentó la licenciada Tahiri Rincón, encargada de la biblioteca.

La falta de aire acondicionado provocó un fuerte deterioro en las colecciones de investigación literaria y científica. Desde hace 8 años el aire acondicionado no recibe mantenimiento y desde 2017 no funciona en ninguno de los tres pisos y sótanos, que abarca 95% del edificio. 

Asimismo, los tres baños para los usuarios se encuentran inhabilitados por la falta de mantenimiento y las condiciones deplorables en las que están. La relación de los estudiantes con la biblioteca se ha resquebrajado por el estado del recinto, pero Marcelo Lecumberre, dirigente estudiantil de la universidad, hizo un llamado a todos sus compañeros para mejorar el estado del edificio. 

Foto: Marcelo Lecumberre.

«Mi llamado es a la comunidad estudiantil, para que reflexionen y tengan un poco más de conciencia con respecto a la crítica situación que atraviesa nuestra biblioteca. Lastimosamente nosotros hemos olvidado por completo las condiciones que presenta el edificio e incluso hemos lastimado su capital sin saberlo, por lo tanto les pido un poco más de compromiso y responsabilidad con cosas tan simples como la devolución de los libros y el uso debido de las salas de consultas”, propuso Lecumberre. 

En La Biblioteca Integral de Arquitectura, Ciencias e Ingeniería de La Universidad de los Andes la falta de presupuesto que empezó a disminuir desde el año 2008, como tema recurrente en el ámbito universitario, ha provocado el deterioro de las instalaciones y de las colecciones.

Asimismo, al igual que la UDO fue víctima de robos y destrozos.

Miroslava Rivas, encargada de la biblioteca, comentó que solo quedan 17 empleados, de los cuales 5 tienen cargo profesional; 8 representan al personal técnico y 4 al personal de limpieza.

Siete personas se han ido de la biblioteca por causas distintas que, según Miroslava, son la jubilación, los problemas de transporte que atosigan a la población y la pésima remuneración que tienen los trabajadores universitarios. 

Las filtraciones de agua, al igual que en la Universidad Simón Bolívar, han puesto en peligro más de 1.280 revistas de investigación.

Foto cortesía
El techo del edificio de la Biblioteca tiene filtraciones y es literalmente un colador, por más que se han realizado las diligencias respectivas por los altos costos y el déficit presupuestario no se ha logrado Impermeabilizar”, agrega Miroslava Rivas.

Argenis Arellano, coordinador de la biblioteca de Humanidades y Educación de la ULA, comentó que el mantenimiento de una biblioteca es una sinergia entre el oficio del trabajador y el sostenimiento del edificio en las mejores condiciones, pero en los últimos años, por la falta de presupuesto el estado del recinto bibliotecario está en condiciones de deterioro.

“Toda la planta física se encuentra en franco deterioro por no contar con el personal adecuado para su mantenimiento. Aunque no existen fallas drásticas a nivel estructural, sí existen graves problemas de humedad y de todo el sistema eléctrico”, comenta. 

La colección de libros también ha sufrido los embates de la desidia gubernamental y, según Arellano, desde hace cinco años la gerencia de la biblioteca no ha podido adquirir nuevos ejemplares. 

Ante la imposibilidad de aplicar las medidas adecuadas para la preservación y conservación de los materiales impresos, toda nuestra colección sufre a diario de un proceso de deterioro irreversible. Asimismo, la deserción estudiantil ha conllevado a la pérdida constante de libros, puesto que a la hora de partir intempestivamente del país, muchos jóvenes no realizan los trámites adecuados saltándose en ocasiones la entrega formal de materiales prestados de la biblioteca”, puntualiza el encargado de la biblioteca de Humanidades.

Los trabajadores, relata Arellano, sufren los pesares de la crisis social que padece el país. La remuneración deplorable que dificulta su nivel de vida, junto a los problemas de transporte, alimentación e inseguridad son algunas de las razones para la falta de personal.

El presente de las bibliotecas universitarias de Venezuela está signado por un problema recurrente: la falta de presupuesto.

El universo de estantes hexagonales que Jorge Luis Borges denominaba como el paraíso se ha deteriorado en el país por la desidia gubernamental. El abandono de la biblioteca, un espacio que reúne el conocimiento de la humanidad y que tiene trascendencia a través de los siglos es un atentado a la memoria del país y a la formación de las nuevas generaciones. 


Noticias relacionadas