• Leo Maita y Patricia Heredia Pelaca conversaron con El Diario sobre el inicio del proyecto, la importancia del libro en la sociedad actual y a relación entre España y Venezuela a través de la literatura

La historia de la humanidad se encuentra resumida en el libro, siendo el formato más sencillo y al mismo tiempo el más duradero. Por ende, la librería es el espacio donde las historias individuales, diminutas en el aparataje del universo, se encuentran con el individuo para crear una relación sin precedentes. 

En el centro de Madrid, en la calle de la ribera de curtidores, se yergue una librería que lleva por nombre Los Pequeños Seres y que recuerda, en su propio círculo de referencias, a la obra escrita por Salvador Garmendia en 1958. Sus fieles libreros son los venezolanos Leo Maita y Patricia Heredia Pelaca.

Cuando un visitante llega a la entrada del local, aparece, con el pelaje blanco y pequeños destellos negros, Petit Hana, una perrita de 13 años que se trasformó en un factor clave para enamorar a cada uno de los clientes. 

Foto: Vanessa Guacache

La historia de la librería, como si de un obra literaria se tratase, comenzó de manera enrevesada. Primero, comenta Patricia para El Diario, nació el lugar y luego se formalizó la idea. En el relato, desde su casa en Madrid por la cuarentena iniciada el 14 de marzo debido a la pandemia de Covid-19, se establece el deseo inexorable de tener una librería como el primer ápice para su creación.  

Todo aquel que ha pasado sus días entre el olor de las hojas, en las historias que rememoran momentos y emociones, en la vida trastocada de los autores, ha querido ese espacio, pero muchas veces, aclara ella, su oficio en la palabra escrita se iba por otros derroteros. 

¿Queríamos una librería? No lo sabíamos. ¿La queríamos en ese momento? Casi seguramente no. Pero era, con toda probabilidad, una situación de ahora o nunca, y no somos gente que deja pasar las oportunidades con potencial”, agrega.

“’Sí, hagamos la librería’, dijimos”. La decisión ya estaba tomada y, poco a poco, el deseo de todo conocedor de la literatura se estaba realizando para Leo y Patricia. No sabía qué tipo de librería sería ni cómo sería el proceso de escogencia de los libros presentes en cada una de las estanterías, pero su conocimiento sobre el ámbito editorial le permitió dar el primer paso para conformar lo que hoy se llama “Los Pequeños Seres”

Foto: Vanessa Guacache | Patricia Heredia

“Pensamos: qué nos gusta de las librerías que conocemos, qué no nos gusta de ellas; qué admiramos del mercado editorial español y qué rechazamos categóricamente de él; cómo es nuestra relación con los libros y cómo queremos que sea la relación de nuestros lectores con los libros, con la lectura, con el tiempo, con el placer”.

Ambos concibieron la librería como un espacio silencioso que se enfrentará al ruido voraz de la ciudad y que brindará, en el ajetreo diario, un momento de sosiego y reflexión.

Además, su trabajo como libreros tiene como regla inequívoca la apreciación de la buena literatura, obviando todo tipo de prejuicios ante el libro como su vejez, su autoría, entre otros aspectos. 

El verdor de las plantas aparece en todos los rincones del local, simulando un jardín edénico en el centro de Madrid, para propiciar, según ellos, el retorno al libro orgánico, a la concepción de vitalidad que resguardan dichas páginas. El libro renace cada vez que es leído, que es llevado en el transporte público, que es recordado en un momento fugaz de la rutina. 

Foto: Vanessa Guacache | Leo Maita
No queremos un libro flor, que se corta de una planta circunstancial, se expone por sus colores brillantes y se marchita a los pocos días; queremos un libro árbol, que haya que sembrar, cuidar, regar y podar, y que crezca y se haga más robusto a medida que pasen los años”, menciona Patricia.

La figura del libro en la vida 

La relación con el libro suele estar antecedida por la figuración del lector. El libro es un germen iniciático, es el inicio para la creación del otro y, de esta manera, se mantiene vivo a través del tiempo.

“Para nosotros el libro es fundacional y fundamental: contenedor de pensamiento, no solo desde el punto de vista de un objeto físico que lleva las ideas dentro de él, sino en tanto que escribir nos permite ordenar y complejizar nuestros pensamientos”, asevera Leo.

Tanto para el escritor, como para el lector, la figura del libro es un punto de encuentro para el pensamiento azaros; como explica Patricia, así como el agua asume la forma del recipiente que la contiene, de cierta manera nuestras ideas se van condensando y, tradicionalmente, asumen la forma de la palabra escrita.

En los últimos años, con el avance de la tecnología y la vida enfocada en la rapidez de la simulación virtual, de las redes sociales y la viralización espontánea de cualquier contenido, la figura del lector se ha modificado y, por ende, la librería ha perdido peso en el mercado mundial.

Negocio online. En 2012 solo 4,2% del negocio editorial ocurría por internet, pero para 2018 el porcentaje se había incrementado a 14,2%.

En este escenario Amazon se presenta, con el poder de una gran plataforma, como un fuerte contendiente de toda librería al ofrecer un catálogo inmenso, una facilidad de entrega de los libros físicos y la posibilidad del formato digital.

Patricia menciona que el lector de Amazon y el lector de librería, aunque no pareciera, son dos individuos distintos.

Inevitablemente, la vida contemporánea está cada vez más dominada por lo digital, y es normal que sea así, pero existe una diferencia grande entre ir a una página web para comprar un libro del que ya sabes todo y estar caminando alegremente por la calle y sorprenderte con un título o una edición en una vitrina”, destaca.

El algoritmo, aquel mecanismo que estudia cada movimiento del individuo para presentarle nuevas propuestas en el extenso mundo de Internet, es una ruptura con el aspecto azaroso de la vida, con el desconocimiento del futuro y, consecuentemente, con la experiencia misma.

La librería, como la caracteriza Patricia, es un retorno a la experiencia sensorial, a la magia del encuentro que tiene el cliente con libros que no conocía, que no sabía que existían y que, desde ese momento, pueden significar un cambio en su vida.

Compra de libros. En 2012 46,8% del negocio editorial ocurría a través de la librería, pero para 2018 esta cifra bajó a 42,9%.

Además, para ella la ubicación de la librería es primordial para sostener una relación cercana entre cliente y librero.

“En términos prácticos, la comunidad es fundamental para las librerías, porque la gente que vive en los alrededores es la que más pasa por ahí y la que te va a tener en mente a ti antes que a cualquier otra librería o plataforma cuando quiera leer”, agrega. 

Los cambios, de una u otra manera, son parte de la evolución humana y, para Leo y Patricia, la librería debe adaptarse a las necesidades contemporáneas y utilizar las herramientas disponibles para lograr una conexión más cercana con el lector.

Ambos, graduados en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV), habían emprendido antes de tomar rumbo a la capital española una compañía ornitorrinco, como él la denomina, llamada Scripta Manent. El objetivo principal de dicha empresa era el uso y refinamiento de la palabra escrita en el ámbito creativo, editorial y de comunicación.

Foto: Los Pequeños Seres

Desde este proyecto, comenta Patricia, se entusiasmaron en la conexión que posee la lengua y la literatura con temas de tendencia. Muchas veces, por su talante reflexivo, la literatura se piensa como una isla abandonada en el mar de las comunicaciones pero, como ella refiere, es imperante unificar el poder de la palabra con la capacidad de difusión que permiten las redes. 

Las redes son importantísimas para prolongar la relación con el cliente, especialmente ese cliente que vino un día al mercado de El Rastro y se encontró con tu librería. A través de las redes sigues hablando con esa persona, le recuerdas que existes y le das razones para volver”, declara Leo.

Para Leo y Patricia el internet es un punto de conexión, desde cualquier parte del mundo, con cientos de lectores y, aunque en el ámbito libresco se desprecia el uso de las redes, para ellos este elemento fortalece la relación con sus clientes. En este caso, ella explica el ejemplo de un par de clientes que desde Barcelona son fieles a “Los Pequeños Seres” y compran las recomendaciones que realiza la librería a través de su cuenta de Instagram. 

Innovación desde la librería

El 17 de septiembre de 2019 se inauguró la librería en el centro de Madrid. La idea comenzaba a tomar forma y para sus libreros era imperante innovar en la relación que tiene una librería con los lectores. Obviar las mismas presentaciones canónicas, los bautizos de libros con el mismo champán sobre la hoja que se había echado por décadas y, por el contrario, transformar aLos Pequeños Seres” en un espacio de esparcimiento, encuentro y reflexión continua. 

El primer evento fue para celebrar la Noche de Brujas. Invitaron a los vecinos de la comunidad a disfrazarse y, con el apoyo de una amiga, a participar en una lectura gratuita del tarot. “Es una forma de lectura y es una manifestación cultural, ¿no?, pensamos, se vale”. Fue el primer contacto con una serie de personas que, aunque viven a escasas cuadras de la librería, se convirtieron en clientes fijos a través de dicho evento.

A partir de ese momento, la librería más allá de un espacio de compra y venta de libros, se transformó en un núcleo cultural de la zona y los eventos, de distintas vertientes artísticas, comenzaron a tener aLos Pequeños Seres” como lugar de realización.

Por ejemplo, desde el mes de noviembre ofrece, junto a Sonia Arcedillo —instructora de yoga para niños—, un evento mensual llamado Yogacuento. “Es muy interesante porque combina la lectura con dinámicas de yoga, haciendo que los niños desarrollen una relación más natural y orgánica con los libros”, agrega Patricia. 

Hace poco también se inició un ciclo llamado “Música y Palabras”, el cual se caracteriza por el talante intímo del concierto. En él los artistas invitados son capaces de explicar la trascendencia de su instrumento, la relación que mantienen con el mismo y establecer un diálogos con los espectadores para enriquecer la discusión musical.

Asimismo, el comediante venezolano Víctor Medina, conocido como Nanutria, grabó el episodio 54 de su podcast en las instalaciones de la librería. 

También, comenta Patricia, han colaborado con la asociación benéfica No Solo Cultura. Los fondos recolectados por la ONG son invertidos en proyectos sociales en la India y, agrega, que la experiencia cultural realizada tenía como objetivo brindar una mirada completa sobre la música, literatura, teatro y gastronomía de uno de los países con mayor riqueza mitológica en el mundo. 

La relación entre los vecinos, clientes y libreros cada vez es más cercana. Las estrategias realizadas por Leo y Patricia permiten que la librería se transforme, en vez de un lugar de estantes polvorientos, en un espacio de experiencia. En febrero, con motivo del día de San Valentín, construyeron un “booktinder analógico. “Se trata de elegir un libro basado en una biografía del libro, que está escrita en clave Tinder. Si haces match, te llevas el libro para una cita de lectura”, comenta Leo.

Foto: Los Pequeños Seres

Para Patricia, la librería, de cierta forma, es como un bar para introvertidos y amantes del silencio. La confluencia entre los libros, las plantas, el silencio y el cafecito compartido con los libreros le da vitalidad al espacio y, entre otras cosas, le brinda un lugar a todo aquel que busca un momento de reflexión. 

El pensamiento no se detiene y las ideas siguen, una a una, llegando a Leo y Patricia, pero las circunstancias han cambiado. El Covid-19 es uno de los mayores problemas que enfrenta la humanidad y la cuarentena preventiva, que comenzó el 14 de marzo, detuvo todos los eventos a futuro, pero la librería sigue siendo, desde las redes, un punto de encuentro para los lectores.

Apenas termine este período de pausa, comenta Patricia, tienen pensado iniciar una serie de talleres mágicos de escritura y creatividad para niños, junto a Letrimagia.

Además, comenzarán un proyecto dividido en distintos cursos sobre el haber literario, como el estudio de la mitología y teatro griego en inglés y, posteriormente, un club de traducción literaria que funcione como un taller permanente para que los traductores puedan compartir sus consejos y comentarios. 

La relación de Venezuela y España a través de la literatura 

En uno de los referentes más conocidos de la tradición literaria e intelectual española aparece, como aquel que no quiere la cosa, uno de los cuentistas venezolanos más representativos del siglo XX, llamado Pedro Emilio Coll. El cuadro Tertulia en el café de Pombo de José Gutiérrez Solana, resguardado en el este momento en El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, es una representación de las tertulias intelectuales de principios de siglo XX en la capital española. 

Foto: RTVE

En 1923 Andrés Eloy Blanco se encontraba en Madrid para la noche de Año Nuevo; solo, lejos de su familia y en su arrebato poético escribió uno de los poemas más representativos de la historia lírica de Venezuela: Las uvas del tiempo. 

España, Venezuela; Venezuela, España han estado unidas, como naciones independientes, por la conexión que genera el lenguaje y la cercanía del menester literario entre ambos países. Desde Emilio Coll, hasta Adriano González León, el escritor venezolano siempre paseó con desenfreno y algarabía las calles de Madrid. 

En los últimos años, con el proceso migratorio que ha signado la historia contemporánea del país, muchos venezolanos han aterrizado en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, para rehacer su vida en territorio español. 

En Madrid la presencia venezolana es evidente. Casi todo madrileño tiene un amigo o, por lo menos, un conocido venezolano. Ya hay palabras típicas de nuestra jerga que empiezan a calar en el habla cotidiana del madrileño, especialmente entre la población más joven (empujada por el auge de la música latinoamericana y caribeña)”, describe Patricia.

Hace un par de años, comenta, la arepa era una exquisitez desconocida en el paladar de la mayoría de los españoles, pero con la afluencia de venezolanos en Madrid y el encuentro cultural constante, el patacón, la cachapa y la arepa ya son parte del día a día de la ciudad. 

Los escritores venezolanos también encontraron un refugio para la palabra en las calles de piedra de la capital española. En su escritura, más que en otro lado, están los signos de la añoranza, de la lejanía y el exilio por una situación extrema.

Uno de ellos, quizás de los más reconocidos, es Juan Carlos Méndez Guédez, quien forma parte del Departamento de Actividades Culturales del Instituto Cervantes, donde se encarga de lo relacionado con Literatura y Pensamiento. También está Karina Sainz Borgo, periodista y escritora que trabaja para El País, la Revista Zenda y el diario Vozpópuli y, además, publicó con éxito su primera novela llamada La Hija de la Española. 

Foto: cortesía

Desde la librería el diálogo entre la literatura española y venezolana se mantiene de forma orgánica, no premeditada. Para Leo y Patricia es importante la construcción de un público español para, de esta forma, presentarle la escritura nacional a otros lectores y no caer en la paradoja del “espacio venezolano”. Es decir, un lugar concebido como venezolano, para venezolanos, en el cual, lógicamente, la difusión se ve estancada. 

Aquí queremos invertir el proceso, romper la endogamia. Por supuesto que desde el principio hemos tenido propuestas de eventos de venezolanos, y a todos les hemos abierto las puertas, pero hemos tenido cuidado de que nuestra agenda cultural esté dominada por eventos locales”, puntualiza Leo.

A finales de 2019 se celebró en “Los Pequeños Seres” la publicación de Caracas muerde, de Héctor Torres, por la editorial madrileña De Conatus. El evento se llamó Cómo escribir crónica con una pistola en la nuca y contó con la intervención de la poeta venezolana Lena Yau. 

Poco a poco la literatura venezolana, con una voz rasgada por el exilio, está tomando terreno en el ámbito español. Michelle Roche, escritora y periodista venezolana, publicó su novela Malasangre con la editorial Anagrama; Rodrigo Blanco Calderón, expectante a la resolución del coronavirus, tiene bajo el brazo la publicación de su siguiente novela con Alfaguara y las publicaciones de la editorial Kalathos, creada en Caracas, comienzan a adueñarse de las estanterías con la obra de autores como Eduardo Sánchez Rugeles, Ben Ami Fihman y Rafael Arráiz Lucca.

Foto: cortesía

Patricia comenta que la ciudadanía española, en su mayoría, es comprensiva con la situación venezolana, pero el enunciado “de izquierda” es diferente para ambos y, aunque son muchas las vertientes, para el venezolano el comunismo genera un zumbido de terror.

La gran dictadura española fue de derecha, por lo que el pueblo español no puede sino decirse de izquierdas. Nuestra dictadura se dice de izquierdas, por lo que todo lo que tiene un tinte rojizo nos da escalofríos. Pero hay que aprender a entender que la palabra izquierda nombra distintas realidades en el contexto español y en el venezolano, y que somos ciudadanos con traumas políticos distintos.”, explica.

El lenguaje, mucho más allá de ser un mero artefacto comunicativo, es el medio de relación entre todos los seres humanos, entre Los Pequeños Seres que caminaban por los recovecos de la novela de Garmendia, hasta una librería en España creada por dos jóvenes venezolanos, con una perrita, en busca de innovar la relación del individuo con el libro.

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