• La miniserie de Netflix se adentra en ese hermético mundo ultraortodoxo judío desde la experiencia de una mujer que busca despejarse de dogmas

Asentir y obedecer, rezar y concebir. Son parte de las funciones que las mujeres deben cumplir dentro del cerrado mundo de las religiones ultraortodoxas.  Con la cabeza baja simulando sumisión, el cabello cubierto con un tichel (pañuelo) y vestimenta recatada complementan el rostro resignado de las judías que pertenecen a las ramificaciones más arcaicas de la religión abrahámica judía. 

El cine ha reflejado el drama judío desde la perspectiva del Holocausto en más de una oportunidad. Las lágrimas y el sufrimiento en el rostro de quienes, a mediados del siglo XX, les arrebataron su identidad y sentido de pertenencia, ha sido plasmada en películas como por ejemplo La Lista de Schindler (1993), dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Liam Neeson, quien encarnó al industrialista alemán Oskar Schindler.

Los 6.000.000 de judíos que fueron asesinados por el nazismo han marcado un hito en la historia universal , sin embargo, dentro de las comunidades judías ortodoxas existen hábitos poco representados en el Séptimo Arte y en los que las principales afectadas son las mujeres. Esta situación interna en el submundo del judaísmo sirve de alimento para la trama de Poco Ortodoxa,— la miniserie inspirada en el libro de la vida de Deborah Feldman— y que ha subido a los primeros lugares de popularidad en la plataforma Netflix. 

Poco Ortodoxa. La serie se estrenó en la plataforma de streaming Netflix el 26 de marzo.

Cuatro capítulos fueron suficientes para mostrar los conflictos de una joven perteneciente al movimiento ultraortodoxo Satmar, que deriva del judaísmo. La comunidad a la que pertenece Esty, representada por la actriz israelí Shira Haas, está asentada en Nueva York, en el barrio de Williamsburg, lugar habitado en su mayoría por judíos practicantes. A pesar de estar en el país de la libertad, las reglas de la comunidad religiosa  judía no son las mismas del país en el que se encuentran. 

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Foto: Cortesía

Las preceptos de la Torá, la ley que rige los fundamentos del judaísmo, son las que aprisionan a Esther “Esty” Shapiro, una joven de 19 años que sufre las consecuencias de un matrimonio arreglado y a una comunidad a la que no logra adaptarse.

En una escena la protagonista manifiesta a su profesora de piano, mal vista ante los ojos de su comunidad por ser goy (ajena al pueblo judío):  “Williamsburg no es Estados Unidos”, con esa frase refleja la abismal diferencia que existe entre ambas culturas, es casi como vivir en un submundo. 

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Williamsburg no es Estados Unidos” Esther Shapiro

Allí es imposible comportarse o pensar de una manera diferente a la establecida en la comunidad jasídica, que es un modo de vida e interpretación religiosa de judaísmo ortodoxo. Sin embargo, Esty es y se siente distinta a las demás mujeres. Su madre fue expulsada de la comunidad por ser lesbiana y la custodia de su hija le fue arrebatada, mientras que su padre estuvo ausente gran parte de su vida, lidiando con el alcoholismo. Por ello la protagonista se refugió en sus abuelos para encontrar la figura paterna que necesitó. 

Satmar. Movimiento adherido al judaísmo originario de Rumanía.

“Soy diferente”, le advierte a su futuro esposo cuando lo conoce para luego casarse en una ceremonia arreglada. “Es bueno ser diferente”, le responde él sin mirarla a los ojos en ningún momento y en Yiddish, lengua que los judíos europeos aún conservan. Pero su matrimonio se enfrentará a problemas por los cuales son juzgados por la comunidad y en los que la mujer es la única responsable. “Ser diferente” ya no resultaba atractivo para Yanky Shapiro, el esposo de la protagonista. La intimidad resultó traumática y complicada para Esty, quien fue culpabilizada por su comunidad al no tener hijos rápidamente. 

La serie no juzga las reglas de la comunidad jasídica con respecto a la sexualidad, muestra este aspecto sencillamente como lo que debe ser según la Torá. Lo que sí muestra la trama es el contraste sexual que experimenta la protagonista al huir de su comunidad y encontrarse en Berlín con una sociedad sexualmente libre, además de reencontrarse con su madre homosexual. 

La perspectiva femenina se deja ver en cada uno de los aspectos de la serie, desde el tabú sexual hasta el empoderamiento y liberación. La producción está inspirada en la biografía de una mujer (Deborah Feldman) que perteneció en esta comunidad, mientras que la dirección y producción estuvieron a cargo de Maria Schrader y Anna Winger respectivamente. El punto de vista femenino es clave en el desarrollo de la trama.

Es la sensación de no pertenencia lo que atormenta a Esty quien, al momento de huir, decide irse a Berlín. Lo paradójico es que la protagonista encuentra en la ciudad que originó el trauma de su comunidad la posibilidad de descubrirse a sí misma y sanar rencores. Es en este aspecto donde la serie nos muestra la necesidad de cerrar el ciclo de un rencor histórico provocado por crímenes de hace 75 años. La serie no profundiza en el drama del Holocausto sino en la manera en que las comunidades jasídicas heredaron el trauma a generaciones que se desenvuelven en sociedades totalmente diferentes a lo que fueron en la Segunda Guerra Mundial. 

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Foto: Cortesía

El trauma heredado es lo que Esty se propone a dejar atrás al llegar a la ciudad europea. En la escena en la que se sumerge en el lago, que está muy cerca de la residencia donde los nazis decidieron matar judíos hace tantos años atrás, es un momento clave que resume la esencia de la trama. Con algo de emoción y un toque de recelo se adentra en las aguas del plácido lago en cuyas aguas reposa el reflejo naranja del atardecer. 

Con paso lento pero seguro, Esty camina dentro del agua y con la mirada fija en el horizonte se quita la peluca y la deja flotar en el lago, dejando ver así su cabello rapado producto de las reglas ortodoxas de su religión. Soltar la peluca y dejarla ir en el agua representa todas las reglas y restricciones que deja atrás y se sumerge en la nuevas posibilidades que le brinda Berlín

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Foto: Cortesía

La serie cuida cada detalle y elemento para adentrar al espectador en una comunidad poco explorada. El vestuario, color, elementos, atuendos, celebraciones, rituales son fielmente presentados según los cánones de judaísmo. 

La trama busca mostrar la realidad de una comunidad ultraortodoxa, cerrada y resentida pero también profundamente religiosa que atesora los valores del pasado y los plasma como una guía para el futuro. Pero más allá del poder religioso, la historia nos muestra la capacidad de redescubrimiento, empoderamiento y liberación.

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