• Andrea Rondanelli entrega más de 100 almuerzos a los migrantes que a raíz de la pandemia perdieron sus empleos

Tender una mano al prójimo es el emprendimiento de la chef chilena Andrea Rondanelli, de 49 años de edad, a quien sus ganas de hacer el bien la impulsaron a crear una olla común, ubicada en el sector las Rejas de Santiago de Chile. Desde julio ayuda con un plato de comida a los migrantes venezolanos que por la pandemia perdieron sus empleos, lo que les ha impedido generar ingresos para subsistir en el país sureño.

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Esto me nació porque lamentablemente la situación lo ameritaba (…) Lo he hecho en un acto de amor súper grande, porque soy una persona que ha estado fuera del país. He vivido lo que es estar sola”, expresó en entrevista a El Diario.

La situación en la que viven muchos de los migrantes en su país movió las fibras de Andrea, a quien también le ha tocado vivir la experiencia de ser residir en un país lejano a su tierra de origen.

Olla común en Chile. Organización de personas que se encargan de buscar insumos para brindar alimentación a los más necesitados.

Andrea quedó varada en Chile a raíz del confinamiento implementado para evitar los contagios por coronavirus, mientras que su pareja está en Australia, donde ambos residían. 

En Chile vive con su hija y su mamá. Recibe apoyo económico de su pareja desde el exterior. Sin embargo, no ha desaprovechado el tiempo y lo dedica cocinando para los venezolanos que van a buscar un plato de comida a su sede.

A través de su cuenta en Facebook publica las donaciones que recibe, fotografías de las comidas que prepara. También comparte mensajes de apoyo para los migrantes venezolanos en su país.

La chef Andrea comparte fotos de sus recetas
Foto: Cortesía
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Las donaciones las recibo a través de amigos, colegas de trabajo, vecinos, personas que me han visto en las entrevistas que me han hecho en la televisión y lo que recaudo en la feria (mercado al aire libre) los domingos», dijo.

Agregó que también recibe ayuda de venezolanos que se encuentran en mejor situación económica en el país.

En la sede, Andrea cuenta con el apoyo de otra chilena y cuatro venezolanas para hacer las comidas. Indicó que a diario logran entregar entre 150 a 200 almuerzos.

“A algunas de las personas más necesitadas las he ayudado con la cena”, agregó.

Rutina de domingos

“Hola caserito” (apodo que se le da a los vendedores o compradores en los mercados en Chile) es el saludo amable y lleno de fe que emana de Andrea para solicitar donaciones a los vendedores de la feria (mercado al aire libre) que se colocan todos los domingo en un sector de Santiago.

Muchos de los comerciantes ya la conocen, algunos son sus amigos de infancia y otros porque la reconocen por su labor con los migrantes. 

La mayoría la esperan para darle un brazo y  apoyarla con alguno de los productos que venden. Otros ya le tienen una bolsita preparada con alimentos. 

Andrea va todos los domingos al mercado
Foto: Tahiana González

“Esta bien lo que hace”, expresó al equipo de El Diario uno de los dueños de los puestos del mercado popular, quien no se identificó, durante un recorrido en el lugar.

Andrea es una mujer muy conversadora, realiza su paseo lleno de risas, mostrando, además, respeto y amabilidad hacia sus connacionales que allí trabajan.

“Hay muchos ferianos que son de mi edad, ellos venían con sus padres y yo con mi mamá. Yo me crié acá (…)”, mencionó. 

La chef recibe ayuda en el mercado
Foto: Tahiana González

“Atenta y servicial”

Andrea cuenta con el apoyo de Yesenia, una venezolana que la conoció por medio del grupo que se creó en WhatsApp, en el que se comparte información de la sede. 

La generosidad y buena voluntad de Andrea instó a Yesenia querer conocerla en persona y poder colaborarle con su iniciativa.

“Es atenta y servicial, siempre está pendiente en el grupo de WhatsApp quien necesite algo (…) quería conocerla y para poderla conocer tiene que ser los domingos porque trabajo de lunes a viernes”, contó la venezolana para El Diario

El recorrido por el mercado popular culminó con un «viste como Dios me bendijo» de Andrea, quien en su mirada revela el orgullo y tranquilidad que siente al poder llevar todos los días un plato de comida a los hogares de los migrantes que hoy se encuentran necesitados.

Andrea agradece a Dios por la ayuda que recibe
Foto: Tahiana González

Sin precedentes en Chile

Andrea afirmó que la creación de ollas comunes es nuevo en su país. Aseguró que aunque existen personas que reparten comida a quienes se encuentran en situación de calle, no hay sedes que realicen la labor para que asistan todo aquel que lo necesite. 

Su ayuda va dirigida a la migración venezolana por tener la mayor cifra de extranjeros en Chile. 

“98% de quienes viven aquí son venezolanos”, dijo Andrea, haciendo referencia a las personas que residen en los edificios que están cerca de la sede. 

Con su labor ha logrado obtener el cariño y apoyo de muchos extranjeros venezolanos, a quienes llama sus amigos. Se ha sensibilizado por las experiencias que han enfrentado muchos para poder tener una mejor calidad de vida y además ayudar a sus familias en Venezuela, lo que la impulsa a seguir colaborando en medio de la pandemia.

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