• A la actriz venezolana la polémica no la abandona. Pero ella continúa a pesar de las críticas y los golpes que le ha dejado este año caótico. Con más de 20 producciones de TV y una decena de películas en su currículo, también ha hecho carrera en el mundo empresarial y ahora ejerce de entrevistadora en Qué pena con la visita, que presenta en su cuenta de Instagram, en la que además promueve a emprendedores

Daniela Alvarado habla y es como si con ella sonara toda una orquesta. Todo es ritmo, movimiento, golpe. Ríe y enciende la oración completa. La actriz venezolana, conocedora de los escenarios y las cámaras desde pequeña, cuenta para El Diario la versión de su encierro, los recuerdos de su padre, la muerte lenta de la televisión local y habla sobre las plataformas virtuales en las que ha volcado su faceta de entrevistadora. 

—¿Cómo has vivido estos seis meses de confinamiento?

—Ya estoy acostumbrada. Al principio fue muy duro, porque enfrentas algo que no conoces, que no entiendes. Uno ve las noticias y casi que quieres salir a la calle con el traje blanco de bioseguridad. La verdad es que sí, tienes que cuidarte. No solo por ti, sino por respeto a los demás. Pero quizás es mucho más sencillo de lo que lo pintan. Y en este tiempo ha sido más el aprendizaje personal que me ha tocado vivir, que el tener que lidiar con un tapabocas o unos guantes. Ese ha sido más bien mi mayor enfrentamiento en esta pandemia.

—¿Y cuál ha sido el aprendizaje más duro?

Que Dios no le manda a uno cosas que no pueda aguantar, que no pueda soportar. Eso. Definitivamente. 

—Las decisiones que se toman en la vida implican siempre un acto de renuncia, ¿cómo ha sido ese proceso para ti?

Me ha costado mucho renunciar a cosas. Y he renunciado, pero no ha sido fácil. Aprendí, después de vieja, a decir que no. Pero es algo que uno debe aprender desde muy chamo: decir no sin sentirse culpable. Ha sido bastante difícil. Y todavía es algo que me cuesta, aunque estoy dispuesta a seguir, porque uno tiene que soltar y desprenderse. 

—¿A qué has renunciado?

He tenido que renunciar a muchos momentos de tranquilidad. A personas, a seres que amo; dejarlos ir. He tenido que renunciar a tantas cosas para poder avanzar.

Daniela Alvarado
Foto: Guillermo Felizola

—Has cuidado tu vida privada y aun así no estás exenta de la polémica. Te han llamado homofóbica, racista; hablan de tus amistades, parejas, sexualidad. ¿Cómo te ha afectado y cómo lo manejas?

(Risas) Creo que con una televisión que no existe y unas redes sociales que están, por decirlo, a la buena de Dios, la gente le da vueltas a todo. Tú dices: qué bello es el verde. Y te responden: ¡por qué el verde sí a mí me gusta el azul! Digo, ¡madre mía de mi vida, coño! Es tan difícil. La gente es demasiado sensible; todo les molesta, les pica, les jala, les sube, les baja.

Es agotador. Es A-GO-TA-DOR. Yo tenía entendido que era medio talentocita, pero la cantidad de personajes que la gente cree que yo interpreto y que me han puesto últimamente… de verdad. Yo no sabía que era tan polifacética. Porque según la gente soy homofóbica, racista, bisexual, lesbiana; pero también he sido puta. Yo no sabía que yo era tan arrecha (risas). Y lo peor de todo es que igual te siguen en redes sociales para ver. Es como un morbo.

Todo el mundo siente una inconformidad arrecha en la vida y yo no tengo por qué estarla aguantando. Cada quien con sus frustraciones. Yo tengo las mías y no se las pego a los demás. Hay que aprender que después de los 25 años usted es responsable de lo que dice y lo que hace. Y no  puedes estar culpando al planeta, al país, al papá, la mamá, la tía, los hermanos. No. Yo me he hecho responsable de lo que me ha tocado. Pero no de lo que la gente me quiere achacar.  

¿Cómo te blindas ante estos comentarios?

Leo todos los comentarios, pero muchas veces no me gusta ver los de gente que ofende. Me doy cuenta de que son cuentas compradas y las bloqueo de una vez. Es una sensación horrible, porque me da como un frío en el estómago y me empieza a dar como taquicardia, porque me cae súper mal. Sobre todo porque sé que es una persona que si te viera en la calle no te diría absolutamente nada, porque son tan cobardes, tan faltos de empatía. No me blindo. Soy un ser humano, con qué me voy a blindar. Hay veces que digo: ah, no me importa. Pero hay momentos en que evidentemente me afecta. No me corre Toddy por las venas. 

Migración al mundo virtual

Con más de 2.370 publicaciones y 3.700.000 de seguidores, Daniela Alvarado ha diversificado sus habilidades a través de Instagram (@danialvarado323). Además de actriz y empresaria de modas, ha desarrollado el oficio de entrevistadora con el segmento Qué pena con la visita, en el que ha conversado con personajes tan disímiles como Diego Arroyo Gil, Andrés Chumaceiro y Markomusica. Además, publica semanalmente #MartesDeEmprendedores, con el que da a conocer microempresarios de Venezuela y otros países de América y Europa. 

¿Qué has aprendido del oficio de entrevistar?

Lo principal es que tengo que dejar hablar al entrevistado (risas). Y ya los dejo hablar. Dejo que se expresen, que digan lo que les dé la gana. Y también ya sé qué quiero preguntar. Al principio me costó mucho, estaba muy nerviosa porque no soy animadora ni conductora de nada (risas).

¿Qué es lo peor de una entrevista?

Como entrevistadora: hablar con una persona que es monosilábica. Que dice: sí. No. Claro, claro. ¡Ay, me choca! No entiendo: entonces para qué acepta la entrevista. Y cuando a uno lo entrevistan, que te pregunten cosas que no tienen sentido como por ejemplo: ¿Por cuál trabajo te gustaría ganar el Oscar? Y yo: ¿Ahhh? Pero si no lo sé. 

Varios actores han migrado a las redes sociales con espacios de entrevistas, reality show, programas en vivo o los llamados live. ¿Crees que eso altera su esencia?

La cambia un poco. Pero la decisión es de uno. No perder esa esencia de querer seguir actuando, produciendo, dirigiendo, escribiendo… Pero sí, hay veces que estoy en mi casa y no sé quién soy. No sé si soy actriz, conductora. No sé si soy influencer, youtuber. No sé qué soy. No sé cómo me llamo (risas). 

Daniela Alvarado
Foto: Guillermo Felizola

La herencia y la niñez

Daniela del Carmen Alvarado Álvarez entró al universo de la actuación a una edad en la que ni siquiera había perdido los dientes de leche. Integró el elenco infantil del programa Bienvenidos de Miguelangel Landa, hizo ballet clásico y formó parte del grupo de un grupo de baile con el que subió a escenarios de espacios televisivos como Sábado Sensacional

¿Cómo recuerdas ese primer contacto con las cámaras?

Con nostalgia, con mucho cariño. Mi visión es de una niña, porque para mí era jugar, jugar, jugar. 

Desde los 15 años participabas en producciones juveniles como A todo corazón y La primera vez. ¿Cómo influyeron esos años en tu personalidad? 

Tengo que reconocer que en ese momento de verdad aprendí mucho. Recuerdo muchas personas con muchísimo cariño: Héctor Moreno, Rafael Romero; directores como Tony Rodríguez, Nicolás Di Blasi. Trabajé con mucha gente. Por supuesto, Alberto Giarroco; todo el elenco de A todo corazón. A Luis Alberto Lamata, con quien estaba haciendo películas a los 14 años. Trabajar con ellos era como ¡wow! Maravilloso. Era gente muy profesional, siempre lo han sido. 

Así lo era también su padre, el actor zuliano Daniel Alvarado fallecido el pasado 8 de julio. Junto a él caminó por el séptimo arte con largometrajes como Macu, la mujer del policía (1987), de Solveig Hoogesteijn. Daniela Alvarado lo recuerda siempre desde el amor. “Mi papá olía a madera, almendras, siempre dulce, siempre cercano. Abrazar a mi papá era completamente pacífico, como comer pan dulce una tarde”, escribió en una de sus publicaciones en Instagram

¿Cuál es la influencia que ha dejado tu padre en lo que eres?

Mientras más pasan los días, más me doy cuenta de cosas mías que son exactas a mi papá. Él era muy buen amigo, inocente. ¡Uy, súper inocente en un montón de aspectos! Con todo y que era un señor. Un hombre bueno: se quitaba lo que tenía en la boca para dárselo a los demás. Y yo no me había dado cuenta de que todo eso que yo hacía era él en su esencia. No me había dado cuenta de eso hasta ahorita, que ya no está. Y me asombra mucho.

Me veo en el espejo y digo: ¡Madre mía, qué impresionante! Es verlo a él. Me veo las manos. Los pies. Sonará tonto para algunos, pero son las manos de él. Son sus pies. Gran parte de lo que soy como persona es él. Y me afecta muchísimo, porque siento que, a lo mejor, cuando estuvo vivo no lo supe apreciar o no lo supe entender. 

Daniela Alvarado
Foto: Guillermo Felizola

La televisión hecha en Venezuela

Desde finales de los años ochenta a la actualidad, Daniela Alvarado ha participado en más de 20 programas televisivos, en su mayoría telenovelas, entre las que están las recordadas Juana, la virgen y Voltea pa’ que te enamores, producidas por los que en su momento fueron los dos principales canales del país.

¿Cómo ha sido trabajar con Radio Caracas Televisión y Venevisión? ¿Cuáles son las principales diferencias entre ambos?

Maravilloso, porque cada uno tenía su toque, su estilo. Venevisión era como el canal de las estrellas, del Miss Venezuela, de Sábado Sensacional, de las grandes producciones. Y en Radio Caracas no solo se trataba de grandes producciones, tanto en telenovelas como guiones, sino que eran grandes directores, grandes actores. Era como una vecindad para mí; porque aunque muchos estábamos en producciones distintas, era como si estuviéramos en una gran telenovela. Mientras no estábamos grabando, podíamos pasar horas echando vaina y riéndonos y tomando café y fumando y hablando cualquier cantidad de pendejadas que se nos ocurrían. 

A tu juicio, ¿en qué se ha convertido la televisión venezolana actual?

Para mí la televisión se convirtió en una cosa inerte. Que está allí, pero no está. Es muy duro haber visto una industria tan grande y de repente ver cómo se convirtió en un batracio. Es como: ¡Dios, qué es esto! A mí me da vergüenza, porque la televisión venezolana tuvo épocas increíbles. Creo que toda su historia es increíble hasta hace 12 o 15 años. Ahí fue donde comenzó la decadencia, empezó a morirse. Así mismo. Horrible. 

Has vivido el cine, la televisión y también el teatro. ¿Qué has aprendido de cada formato?

El cine –¡ahhhhh!– paciencia; que no tengo. No la tengo. De la televisión, que todo es apurao. Y del teatro, que allí encuentras la calma que no tienes en las otras dos. 

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