• Nació en California en el año 1964. Su paso en la política estadounidense le ha otorgado en más de una ocasión el don de ser “la primera en «rellena-el-espacio»”. Este 7 de noviembre se convirtió en la primera mujer que preside la vicepresidencia de Estados Unidos. Imagen principal: Eleanor Shakespeare/Politico Magazine

Barack Obama hablaba en un evento público en el pueblo de Atherton, cerca de San Francisco, en el estado de California. Era 4 de abril de 2013. “Tienen que tener cuidado con ella”, alertó el presidente, en tono de broma, para dar apertura a las presentaciones de los notables asistentes al evento. «Primero porque es brillante, dedicada y perseverante y a la persona que quieren tener aplicando la ley, ya que se asegura de que todo el mundo es tratado por igual”, prosiguió. “Pero es que resulta que además es, de lejos, la fiscal general más guapa del país”, dijo Obama, y ante los aplausos, ratificó: “¡Es verdad, lo es!”.

El desparpajo le duró poco al presidente. Al día siguiente, Jay Carney, portavoz de la Casa Blanca, excusó a Obama y aseguró que había llamado a la fiscal para “disculparse por la distracción creada por sus comentarios”: ni porque se tratara de una vieja amiga, de una declaración que se inclinaba más hacia el halago, algunos lo dejaron de acusar de sexista, de menospreciar un currículum bien ponderado. El físico al cual se refería el presidente era de piel oscura, cabello marrón, ojos color café y cejas finas. Se trataba de Kamala Harris, actual candidata a vicepresidenta de Estados Unidos por el Partido Demócrata.

La trayectoria de Kamala –se pronuncia Kámala o, como ella dice, “como el signo de puntuación”, muy común en India y significa “flor de loto”- ostenta una larga lista de primeros. Fue la primera mujer y la primera persona de color en ser elegida como fiscal de San Francisco, cargo que ocupó durante siete años, y luego como fiscal de California, que ocupó durante otros seis años. Luego, en 2014, se convirtió en la primera senadora indio estadounidense de Estados Unidos y la primera senadora negra de California. Ahora es la primera mujer negra y la primera mujer del sur de Asia en aceptar la nominación a vicepresidente.

Si le preguntan cómo es ser “la primera” en todo, quizás haga la broma de siempre: es la “primera ‘rellena-el-espacio’”, y que “un hombre” también podría hacer su trabajo.

Sea por sus logros profesionales o por sus rasgos físicos, que dejan entrever por sí mismos ribetes de superación, Harris se ha convertido en foco de atención tanto para sus seguidores como para sus detractores, que no son pocos. En sus memorias que escribió en 2019, The Truths We Hold: An American Journey, habla de cómo en 2002, mientras hacía campaña para fiscal de San Francisco, aprendió a hacer campaña. “Siempre estaba más que feliz de hablar sobre el trabajo por hacer”, escribió sobre sus conversaciones en el camino. Los votantes, sin embargo, querían escuchar sobre ella: sus experiencias, sus principios, sus logros. “Me criaron para no hablar de mí misma”, dice. “Me criaron con la creencia de que había algo narcisista en hacerlo. Algo en vano”.

Narcisismo aprehendido ya por conveniencia política, si de algo se ha encargado Harris es que conozcan su historia particular. Quedó claro cuando aceptó la nominación a vicepresidente, durante la Convención Nacional Demócrata virtual. Esa noche elogió a las personas que habían allanado el camino para su elevación. Elogió a su madre. Y se elogió a sí misma. “He luchado por los niños y las sobrevivientes de agresión sexual”, dijo la exfiscal, presentándose, entre otras frases, como una necesidad urgente ante la crisis nacional: la pandemia, y el racismo. “Las vidas negras importan”, reclama con frecuencia.

Aquella presentación le sirvió para una ráfaga de reprimendas en los medios de comunicación. “Parece nada leal y muy oportunista” (CNBC). Ella es “un poco demasiado carismática” y “puede que sea un poco dominante con su personalidad” (Bloomberg). Ella puede “molestar a la gente de la manera incorrecta” (CNN, citando a Ed Rendell, ex gobernador de Pensilvania). Su discurso cerró con la música de «Work That» de Mary J. Blige:

Hay tantas chicas
He oído que se ejecutan
Desde la hermosa reina
que podrías convertirte en…
Lea el libro de mi vida
y vea que lo he superado.

Raíces foráneas

Kamala Harris nació el 20 de octubre de 1964 en Oakland, en el norte de California. Hija de dos estudiantes graduados de Berkeley, ambos eran inmigrantes: su madre, Shyamala Gopalan Harris, estudiante de nutrición y endocrinología del sur de la India, y su padre, Donald Harris, un académico de economía de Jamaica. Se conocieron “en el movimiento”, dijo Kamala en una entrevista a Vogue. A menudo llevaban a Kamala y a su hermana menor, Maya, a marchas por los derechos civiles. Se divorciaron cuando Kamala tenía 7 años de edad.

En la entrevista con Vogue, Harris recuerda sus viajes regulares a Jamaica y a la India, junto con su hermana. Del primer país recuerda haber estado sentada en el porche de la casa de su abuela en Jamaica durante horas, masticando caña de azúcar y escuchando a su padre y sus tíos hablar de política. Del segundo, a su abuelo Chennai, un diplomático del gobierno y de su abuela, quien en la década de 1940 era conocida por conducir por pequeñas aldeas indias en un Volkswagen Bug, micrófono en mano, para informar a las mujeres sobre cómo obtener anticonceptivos. “Ella era la forma más pura de las mujeres Harris”, comentó Harris a la revista. “Todos somos versiones diluidas de mi abuela”.

Foto: Campaña Joe Biden, vía The New York Times

De vuelta a Estados Unidos, la vida de las hermanas transcurría entre visitas a su padre en Stanford, donde era profesor, y limpiando tubos de ensayo en el laboratorio de su madre, una científica biomédica e investigadora del cáncer de mama. Y en los ratos libres, cumplían con las expectativas altas de su madre: cantar en el coro de una iglesia de Oakland, dominar la cocina india, y ver dibujos animados solo si simultáneamente hacían algo productivo, como bordado o tejido. También llegaron a vivir en Montreal, Canadá, por el trabajo de la doctora en un hospital allí.

Harris se educó en colegios donde la mayoría de los estudiantes eran blancos. En ese momento todavía no se aplicaba la práctica de llevar escolares de barrios más pobres a barrios más ricos para integrar los colegios, que incluso después de que fuera ilegal seguían segregados por raza. Ella estudió en la segunda clase integrada de su colegio, y ella iba en autobús cada mañana a un barrio más rico y más blanco que el suyo. Entre los senadores que se opusieron a esa integración, y que alabó –en palabras de Harris- a otros senadores segregacionistas, estaba Joseph Biden, hoy su compañero de fórmula presidencial. “No creo que seas racista, pero…”, le recriminó en uno de los primeros debates en la precandidatura demócrata, en 2019.

Fue así hasta que llegó a la Universidad Howard de Washington, que nació como otros college para acoger estudiantes afroamericanos. Allí se postuló para el consejo estudiantil, se comprometió a formar parte de una hermandad de mujeres y se desempeñó como presidenta de la sociedad económica. En los campus se vivía el fulgor de los movimientos anti-apartheid. Era la era Reagan.

Eso no evitó que su familia sufriera la discriminación en la California de los años 60 y 70, entonces un estado muy conservador. Harris recuerda cómo en su comunidad se reían del “acento fuerte” de su madre, y cómo desconocidos asumían que su madre era la limpiadora en lugar de la profesora universitaria.

Shyamala, que murió en 2009 y ha sido su punto de referencia, era “una fuerza de la naturaleza”. Quizás Kamala aprendió mucho de ella.

Modern Family

La de Kamala Harris es una de esas historias de amor improbables. Era 2013 cuando una amiga íntima de ella y cliente de un despacho de abogados de un exitoso hombre divorciado de la costa oeste de Estados Unidos, le dio el número de Harris al abogado. “He conocido a un hombre que creo que va a gustarte”, advirtió la amiga a la que entonces era fiscal general de California.

Pasaron un par de días cuando el hombre, Douglas Emhoff, se decidió a enviar un mensaje de texto. Lo hizo desde un partido de baloncesto donde jugaba el equipo de la ciudad. Harris respondió al mensaje con un simple “¡Vamos, Lakers!” a pesar de que ella es seguidora de los Warriors de San Francisco. Finalmente, ambos acabaron hablando por teléfono y fijaron una cita para el fin de semana. Una vez que se produjo, todo fue romance.

Al día siguiente de su primer encuentro, Emhoff escribió un correo electrónico a Harris. Le dijo: “estoy mayor para andar con juegos, pero realmente me gustas mucho y quiero ver si esto puede funcionar”. Y funcionó. Menos de un año después, en 2014, se casaron en una ceremonia civil íntima en los juzgados de Santa Bárbara, California. Los casó Maya, la hermana menor de Harris.

Desde ese momento, Harris pasó a tener dos hijastros. Emhoff tenía dos niños, que llevan el nombre de las leyendas del jazz Ella Fitzgerald y John Coltrane. Con el nuevo matrimonio, Harris adquirió un nuevo título hasta entonces desconocido e inventado en exclusividad para ella. Nada de títulos mal vistos, los hijos de Emhoff la llaman “momala”, una mezcla entra mother (mamá) y su nombre, Kamala.

Foto: Twitter de Douglas Emhoff

“Conocer a John y Ella te hace saber que su madre, Kerstin –exesposa de Douglas-, es una madre increíble”, escribió la senadora en un artículo para la revista Elle. “Kerstin y yo nos llevamos muy bien y nos hemos convertido en amigas cercanas”, prosiguió la política. Harris asegura que a veces bromean con que quizá su “modern family”, en referencia a la serie de ese mismo nombre, es una “familia moderna quizá demasiado formal”.

Ahora Emhoff puede empezar a experimentar eso que tiene Harris de ser “la primera ‘rellena-el-espacio’”. De convertirse su esposa en la primera mujer vicepresidente de la historia de Estados Unidos, automáticamente él pasará a ser el primer segundo caballero de ese país. Toda una proeza.

Fiscal y senadora

A pesar de su historia de vida, no es, sin embargo, muy bien apreciada por alguna de sus actuaciones en los cargos públicos. El historial de Harris en la fiscalía —fue la fiscal de distrito en San Francisco de 2004 a 2011 y la fiscala general de California de 2011 a 2017— tiene varias polémicas y críticas especialmente de la izquierda más radical. Autodefinida como “fiscala progresista”, dice creer que es posible tener mano dura contra el crimen y, al mismo tiempo, confrontar las profundas desigualdades del sistema de justicia penal.

Una vez se hizo con el cargo de la fiscalía de San Francisco, rápidamente recibió críticas por no perseguir la pena de muerte en un caso que involucraba el tiroteo de un oficial de policía. Primera contradicción con eso de resolver desigualdades en el sistema. Sin embargo, diez años más tarde, cuando un juez declaró inconstitucional la pena de muerte en California, Harris apeló la decisión, bajo el argumento de que estaba obligada a hacerlo en su papel de fiscala general del estado.

Como fiscal general, casi nunca procesó a oficiales de la policía que hubieran asesinado a civiles, aunque para cuando dejó ese cargo había abierto algunas investigaciones sobre los departamentos de la policía. También recibió críticas por haberse negado a permitir pruebas avanzadas de ADN que pudieron exonerar a Kevin Cooper, un hombre negro sentenciado a muerte, y por haber defendido algunas condenas en contra de acusaciones de conducta inapropiada de la fiscalía.

En 2016 llegó al cargo de senadora y, con ello, la fama. En marzo de 2018, durante una audiencia en el Capitolio, preguntó una y otra vez, de manera directa y cortante, al entonces fiscal general Jeff Sessions si se había reunido con empresarios rusos durante la campaña presidencial de 2016. Después de varias evasivas, Sessions elevó la voz y dijo: “No soy capaz de acelerar tan deprisa, me pone nervioso”.

Unos meses después, Harris interrogó al aspirante a juez del Supremo, Brett Kavanaugh, con el mismo estilo: una sola pregunta corta y directa, interrumpiendo al interrogado que divagaba. Kavanaugh acabó perdiendo los nervios en esa audiencia, gritando y llorando. De igual forma fue elegido para ocupar un puesto en el Supremo.

Foto: Sarah L. Voisin/The Washington Post/Getty Images

Sus aliados han cambiado con el tiempo y, dependiendo desde dónde se los mire, ha sido para mal. En años recientes, buscó aliarse más con la fracción de izquierda del Partido Demócrata. En un inicio respaldó el proyecto de ley “Medicare para todos” del senador Bernie Sanders, pero luego dio marcha atrás con su apoyo. La alianza no le ha salido gratis: desde entonces le han llamado socialista, comunista, radical.

La primera vicepresidenta de EE UU

Con el triunfo de Biden como el 46° presidente de Estados Unidos, Kamala Harris automáticamente se convirtió en la primera mujer que asume la vicepresidencia de ese país.

Este sábado 7 de noviembre, Biden obtuvo la victoria en Pensilvania y Nevada y consiguió 290 votos electorales, de los 270 necesarios para llegar a la Casa Blanca.

“Lo hicimos, Joe. Serás el próximo presidente de Estados Unidos”, le dijo Kamala a Biden a través de una llamada telefónica.

Luego de su aspiración frustrada a presidente, al menos apareció un camino alterno: la vicepresidencia. Quizás solo sea un paso previo. De cualquier forma, a Kamala Harris probablemente todavía le falte ser la primera en otros cargos. El tiempo lo dirá.

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