• Mauricio Quijada, de Anaco, estado Anzoátegui, fue el encargado de darle vida a una de las canciones de El último tour del mundo

“El mundo es mío, el mundo es tuyo”. Esas afirmaciones, infladas de cierto pensamiento utópico, cobran fuerza en la voz de Benito Antonio Martínez Ocasio, el puertorriqueño mundialmente conocido como Bad Bunny, y son las que se apoderan del tema “El mundo es mío”, el primero de su album El último tour del mundo. Una canción cargada de fuerza, e incluso hasta de cierta pretensión, que lleva estampada la marca venezolana. Sí, puede que el mundo sea nuestro —aunque sea en profundas ilusiones— pero, por ahora, para Mauricio Andrés Quijada Zamora, creador de la pista de este tema, el único mundo que importa, y que sí sueña con hacer suyo, es el de la música. 

Nació bajo el calor de Anaco, en el estado Anzoátegui. Con tan solo 20 años de edad, el hijo de Kalam Quijada y Daisy Zamora, ahora conocido como Maux en el ámbito musical, comienza a disfrutar de los primeros logros de su naciente carrera. Habla con timidez, pero su voz está cargada de afabilidad. Confiesa para El Diario que es la primera vez que da una entrevista; sin embargo, eso no lo detiene y, entre algunas risas, se sincera.

Desde que se despierta, y hasta que cae la noche, su esfuerzo se lo dedica a la música. Ha hecho del tiempo de pandemia un espacio para el autoconocimiento y su desarrollo musical. En enero de 2020 ya tenía la pista de “El mundo es mío”, pero no fue sino hasta abril cuando obtuvo el resultado con el que se sintió satisfecho. Fueron meses de mucho trabajo y un año entero de aprendizaje; un proceso de formación que continúa ahora en 2021.

No encasilla sus gustos musicales. Es un venezolano que disfruta del rock, la música electrónica y el pop estadounidense y británico. En cada sonido puede descubrir una referencia, una oportunidad, el empujón que necesita para inspirarse y crear. Celebra lo distinto que puede ser un ritmo de otro y abraza lo único de cada producción. Ha sido un recorrido de emociones y de ideas que cree que se remonta a cuando apenas era un  niño de 8 años de edad. Fue en ese momento cuando lo invadió la curiosidad por los sonidos, por la música. Es un viaje que no ha terminado. 

Los primeros encuentros con la música

Maux asegura que su camino musical comenzó después de conocer a su mejor amigo, el venezolano Juan Linares, quien también es productor. Ese encuentro en su época como estudiante de bachillerato quedó sellado por la pasión que ambos perseguían y que con el tiempo convirtieron en su trabajo.

Mauricio tenía 13 años de edad cuando conoció a Juan, quien con 12 ya sabía tocar la guitarra y disfrutaba de la música tanto como lo hacía él. Linares le enseñó a tocar la guitarra, compartían gustos, encuentros y canciones. Maux supo que ese era el mundo que no quería abandonar, por lo que trabajaría para desarrollarse en él.

Lo que no sabía es cómo se toparía con la oportunidad de crear sus primeros ritmos. Fue en la casa de su vecino donde se encontró con FL Studio, un software para trabajar audio digital, utilizado para la producción musical y desarrollado por la compañía belga Image-line Software. Sus amigos se estaban divirtiendo, creando ritmos para pasar el rato, pero él vio allí su primera oportunidad. Y así comenzó todo. Primero se apoyó en la música electrónica, pero su interés se fue expandiendo hacia géneros como el reguetón y el trap. 

Ahora desea seguir sumando conocimientos. Planea retomar las clases de piano que abandonó cuando apenas era un niño y no olvida lo que aprendió tocando una batería que le rogó a su mamá que le comprara cuando tenía 11 años. Son facetas de su vida que, cree, han ido completado el rompecabezas de su formación profesional. Una en la que no deja de trabajar y que alimenta constantemente.

Lo hace escuchando música, oyendo a sus artistas favoritos, prestando atención a la fusión de géneros e inspirándose en sus colegas y amigos, que lo empujan a seguir desarrollándose y avanzando. Fue esa misma motivación la que lo llevó a participar en El último tour del mundo.  

El último tour del mundo. El álbum debutó en el número uno en el Billboard 200 de Estados Unidos. Se convirtió en el primer disco en idioma español en encabezar la lista.

Un venezolano en el mundo de Bad Bunny

Maux llegó a “El mundo es mío” gracias a Rimas, la compañía discográfica que lo firmó y la misma que representa a Bad Bunny. Al enfrentarse a este reto, Maux confiesa que se sintió angustiado, nervioso, ansioso, en medio de un viaje de emociones. “Quería gritarle al mundo que había hecho algo en colaboración con Benito”, comenta, no sin antes halagar a Bad Bunny y ahondar sobre la admiración que siente por él. Ese puertorriqueño que “ha sabido demostrarle el mundo que pueda hacer la música que él quiere, lo que le nazca”.

Una sola palabra le basta para describir El último tour del mundo: increíble. Alaba el concepto, el tiempo que se tomó Bad Bunny para desarrollar un mundo completamente nuevo, contenido en esa recopilación de 16 canciones. Un mundo, más experimental, en palabras de Maux, pero uno del que él ahora forma parte. 

Captura | Billboard

“Siento que es un disco que es para sus fanáticos, para la gente que escucha su música de corazón”, agrega, y celebra poder estar creciendo en su carrera. No duda de su pasión. Cada paso que da, cada logro que alcanza, son empujones para continuar creciendo en el ámbito musical. “Ahora más que nunca estoy convencido de que esto es lo mío”. Así lo sostiene lleno de seguridad, al tiempo en el que habla sobre otros proyectos que ya ha realizado y que fortalecen su portafolio profesional.

Otros proyectos de Maux

El venezolano Gustavo Rafael Guerrero Soto, mejor conocido como Big Soto, está en la lista de artistas con los que ha trabajado previamente. También tuvo la oportunidad de crear de la mano del puertorriqueño Mora, quien a su vez ha colaborado con Bad Bunny. No hay límites, su talento le ha permitido conectar con cantantes de Argentina, Chile, y espera seguir sumando nombres y experiencias.

Especialmente porque cada una de sus colaboraciones musicales, asegura, le han dejado una enseñanza distinta y valora cada una de ellas justamente por su carácter diferenciador, que hacen de él un mejor y más desarrollado profesional. De cada una de esas experiencias extrae aprendizaje que le permite convertirse en un mejor productor. De ello no tiene duda.

Maux y Big Soto | Foto: @prodbymaux
Me siento inmensamente feliz. Siento que poco a poco he ido subiendo escalones, con mis propios proyectos, con todo. Yo como persona también me he desarrollado muchísimo. Siento que voy por un muy buen camino”, apunta.

Una mirada hacia el futuro 

Maux no tiene planeado rendirse. Ahora transita un camino en el que si bien llegó a sentir miedo de que la música no fuera para él, se ha dado cuenta de que estaba equivocado. Él mismo se ha ido poniendo pruebas que ha logrado superar y no se cansa de entender que sus capacidades sí son suficientes para alcanzar sus sueños.

Por eso ya piensa en el futuro, y asegura emocionado que quiere dedicarse también a la composición, para presentar proyectos completamente hechos por él. Su meta es seguir desarrollándose como artista, como músico, ofrecerle calidad al público.

Y aunque resalta que no puede dar muchos detalles sobre otros proyectos en los que ya se encuentra trabajando, no deja de señalar lo orgulloso que se siente por ellos, por lo que ha conseguido. El pronóstico para 2021 lo ve positivo, tanto que su voz se carga de emoción cuando habla sobre ello.

Es la misma emoción que transmite al hablar sobre sus padres y el apoyo que ha recibido de ellos, quienes también forman parte de la fuerza motivadora que lo lleva a iniciar cada vez más proyectos. Dar lo mejor de sí, seguir creciendo, nunca rendirse, esos son los elementos principales que guían la carrera de Maux en este momento.

Maux, con tan solo 8 años de edad, se vio entusiasmado por la música, sin saber que a sus 20 ya estaría trabajando de la mano de artistas reconocidos en todo el mundo. Es un sueño que sí, se ha comenzado a materializar, pero por el que seguirá trabajando. “Allí está el mérito”, concluye. 

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