• La carrera por la sucesión de Angela Merkel empieza a tomar forma. La Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido de la canciller, ya ha elegido su posible relevo. No obstante, las distintas formaciones trabajan bajo la sombra del legado de quien lideró a su país por más de 15 años. Foto principal: dpa / Federico Gambarini

En su discurso de aspirante a liderar la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Armin Laschet labró su imagen en torno a la confianza. Sabe que, muy probablemente, es lo que más necesitará generar de cara al futuro: luego de 15 años de Angela Merkel al mando de la Cancillería alemana, se proyecta como uno de los favoritos para relevarla en las próximas elecciones generales del 26 de septiembre. El camino no será fácil. “Hay mucha gente a la que ante todo le gusta Angela Merkel, y solo después de eso viene la CDU”, admitió. Pero tiene una carta a su favor: adalid del centrismo, es el digno representante del merkelianismo en su partido.

Laschet, de 59 años de edad, abogado y periodista, católico y un experimentado parlamentario, ya dio el primer gran paso para acercarse a la cancillería. Los 1.001 delegados de la CDU lo eligieron a él para liderar al partido a través de una votación telemática. Debían elegir entre él y otros dos aspirantes: Friedrich Merz, un histórico conservador de ala derechista del partido y Norbert Röttgen, un joven liberal y exministro de Medio Ambiente. Presidir el partido no hace de Laschet el candidato a la cancillería –deberá pactarlo con la socia bávara Unión Social Cristiana (CSU) y la nominación está programada para marzo–, pero lo pone en un lugar privilegiado.

El nuevo presidente de la CDU entiende que el partido solo ganará “si continúa siendo fuerte en el centro de la sociedad”. Es decir, si se mantiene en el centro político. “Polarizar es fácil”, expresó dirigiéndose a sus colegas de partido, “lo difícil es escuchar a los otros, transigir y llegar a acuerdos para lograr cosas”. De consensos ha necesitado durante siempre, algo fundamental en la vida política alemana. Así lo ha hecho en Renania del Norte-Westfalia, el estado federado más poblado, del que procede y que preside en coalición desde 2017.

Foto: ANP

Por primera vez en veinte años, la CDU no será dirigida por una mujer. Angela Merkel, elegida líder en abril del 2000 y reelegida sucesivamente, dejó de presidir el partido en diciembre del 2018. La sucedió la también centrista Annegret Kramp-Karrenbauer, pero renunció hace un año, en medio de un liderazgo debilitado. Cinco de los ocho cancilleres de posguerra alemanes pertenecían a la CDU, desde Konrad Adenauer a la actual canciller.

Merkeliano por naturaleza

Nacido en Renania,región productora por excelencia de carbón y acero durante decenios, Laschet evocó sus orígenes. “Mi padre era minero. Siempre me decía: ‘Cuando estás bajo tierra, no importa de dónde es tu compañero; religión, nacionalidad… no importan, lo importante es poder confiar el uno en el otro’”, recordó. El momento lo redondeó sacando de un bolsillo del pantalón la chapa de minero de su progenitor, quien tiempo después fue maestro. “Es la que lleva el número de identificación, y se cuelga en un gancho al regresar sano y salvo a la superficie”, aclaró. Su padre se la dio para que la llevase a Berlín al decisivo congreso del partido en la que finalmente fue elegido.

Abogado de formación en las universidades de Munich y Bonn, optó por el periodismo antes de entrar en política. Se afilió a la CDU con 18 años de edad. Ya metido en política, fue diputado en el Bundestag (1994-1998), y eurodiputado (1999-2005). De regreso a Renania, fue del 2005 al 2010 ministro regional de Familia e Integración. Desde junio del 2017, gobierna Renania del Norte-Westfalia en coalición con el liberal FDP, experiencia que resalta siempre que puede para esgrimir por qué debe ser el líder de la CDU: él sí ha ganado unas elecciones y ha gobernado. Puede que sea también un argumento futuro en su búsqueda de la cancillería.

Católico, casado y padre de tres hijos, Armin Laschet tiene fama de integrador. Fue uno de los pocos políticos que respaldó sin reservas la decisión de Merkel de abrir fronteras a los refugiados en el 2015. En la CDU, gracias a su política de integración cuando era ministro regional, le llaman “Amin, el turco”. La diversidad étnica “no es una amenaza, sino un desafío y una oportunidad”, dijo en el 2009.

La cercanía a Merkel es su gran baza, en un momento en el que la canciller tiene una valoración positiva que ronda el 80%. No obstante, esta también podría ser un factor que determine sus posibilidades de llegar a la cancillería. Muchos de sus partidarios creen que Merkel llevó al partido demasiado al centro en temas como la migración o la energía nuclear. Además, el liderazgo sólido de la actual canciller podrían eclipsarlo.

De hecho, la popularidad de Laschet dentro del partido y entre el público general es baja. De acuerdo con una encuesta publicada por Der Spiegel, solo el 41% de los votantes de la CDU lo consideran un buen candidato, mientras que el 45% piensa que no lo es. Esas cifras son del 34% y el 41%, respectivamente, entre la población general. Lo curioso es que Laschet tiene más apoyo entre los votantes del SPD que de la CDU, lo que evidencia su posición centrista.

“Los sondeos son una señal importante, pero no decisiva; en las elecciones renanas, mi oponente socialdemócrata iba siempre delante en las encuestas, y al final las urnas dieron otro resultado”, respondió en una rueda de prensa con periodistas extranjeros previa al congreso del partido, cuando le preguntaron si, de ser elegido líder de la CDU y flojear en los sondeos, aceptaría no ser candidato a canciller.

Visión global

Laschet es también un firme europeísta. Allí también defiende las políticas de Merkel. Recientemente apoyó la apuesta de la canciller por el Plan de Recuperación Europeo, pero más recordado es su pronunciamiento a favor de considerar la emisión de eurobonos durante la crisis de 2011, algo que pocos miembros de la CDU respaldaron en su momento.

Laschet seguiría los pasos de Merkel en su relación con Rusia y China, lo contrario que sus exadversarios para liderar el partido. Merz y Röttgen prometieron reequilibrar los intereses alemanes a favor del “occidentalismo”: más recursos para defensa y la OTAN.

Otros candidatos fuertes

Armin Laschet tendrá que sacar a relucir su carácter conciliador si quiere convertirse en canciller. Fuera de su partido, la competencia es todavía más dura, y posiblemente tenga que camuflar algunos de sus ideales, conforme a los nuevos intereses de los alemanes.

Merz ofrecía un giro conservador cuya punta de lanza era el endurecimiento de la política de inmigración en el país centroeuropeo. Buscaba recuperar los votos que huyeron hacia Alternativa por Alemania (AfD), la extrema derecha. Röttgen se situaba en el sector más liberal del partido y aspiraba que captar el voto joven que se disputa con B90/Die Grünen (Alianza 90 / Los Verdes), partido que actualmente pelea la segunda posición a los socialdemócratas alemanes, pero que en algunos estados ya supera a los dos grandes partidos de la coalición federal (CDU/CSU).

Uno de los escollos que debe superar es el de la alianza con los socialcristianos. La CDU y la CSU planean elegir a su candidato a la cancillería de manera conjunta y tanto Jens Spahn, ministro de Sanidad, como Markus Söder, líder bávaro, ambos líderes socialcristianos, de momento tienen más apoyos en las encuestas.

Söder, de 53 años de edad, tiene algo de lo que carece Laschet: carisma. Sin embargo, su pasado ideológico podría jugarle en contra. Durante toda su experiencia política, ha ido cambiando de posturas sobre diversos temas como la inmigración, la seguridad nacional o los “valores familiares”. También ha tendido lazos con el presidente ruso Vladimir Putin, a pesar de que también se ha mostrado favorable a sancionar a Rusia.

Markus Söder

Un tercer factor clave para formar un futuro gobierno serán los Verdes, quienes todavía eligen quién será su candidato. La elección está entre Annalena Baerbock y Robert Habeck. El último sondeo, publicado el 9 de enero por el instituto demoscópico Forsa, da a la CDU/CSU el 36% de votos; y a Alianza 90/los Verdes el 20%. Viene después el socialdemócrata SPD –actual socio menor del gobierno de coalición de Merkel–, con el 14%. Siguen la ultraderechista AfD a la baja y los izquierdistas de Die Linke, empatados con el 8%; y luego los liberales del FDP (7%).

En cualquier caso, el próximo candidato a canciller alemán deberá lidiar con una tarea nada fácil: empezar a tejer la era post-Merkel. 

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