• En los últimos meses, la atleta de 36 años de edad se ha preparado sola y sin recursos en un campo de beisbol en San José de Barlovento, Miranda. Todo su esfuerzo valió la pena, pues este 30 de junio se confirmó su clasificación a Tokio 2020

A la balista venezolana Ahymara Espinoza le costó mucho publicar un video pidiendo apoyo para iniciar su preparación en Eslovenia. Aunque sigue en Venezuela, hoy se materializó su sueño: tener un cupo para participar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Ella es tímida, no habla mucho, tampoco utiliza las redes sociales con frecuencia. Pese a sus pocas palabras, no puede evitar alterar su tono de voz cuando cuenta cómo ha sido el camino por un cupo olímpico. Es profesora de educación física y entrena en solitario en un estadio de beisbol en San José de Barlovento, estado Miranda, un poblado rural en la región central y calurosa de Venezuela. 

La imagen de su primer entrenador, quien la inició en la disciplina de lanzamiento de bala, siempre la acompaña, aunque no en este plano. “Ufa”, como era conocido en el pueblo, murió hace 12 años luego de sufrir un infarto. Ahymara lo recuerda y es ahí cuando se convierte en un torrente de palabras incesante. “Yo empecé en el atletismo a los 11 años de edad, me inicié con él y fue duro porque siempre me iba a buscar a mi casa para entrenar”, cuenta Espinoza para El Diario.

Pero la atleta venezolana se aferra a no desistir. Es la campeona sudamericana de lanzamiento de bala y es la única representante por el país en esta modalidad. Aun con todas las dificultades que enfrenta, tiene el puesto 26 del mundo en el ránking femenino de su especialidad. 

Bajo este registro de títulos y reconocimientos, ella comenta que, desde hace mucho tiempo, es su propia entrenadora, masajista y psicóloga. En el campo de beisbol intenta buscar los espacios que no han sido carcomidos por la maleza. Se lleva la bala, una división de madera y unas tizas para trazar un círculo que le permita guiarse en el entrenamiento. Agradece el espacio, pues cuando comenzó la pandemia en Venezuela, en marzo de 2020, tuvo que adaptarse a lo que pudiera servirle de terreno para no dejar de practicar. 

En esta búsqueda terminó entrenando en la playa. Su rutina se limitaba a unos metros de cerámica y practicaba hasta que el Sol se lo permitiera. A Ufa le agradece la disciplina y la constancia, la misma que le ha valido para obtener recientemente la marca de 18,15 metros en el Campeonato Nacional, en Barinas, y que la posicionó muy cerca de ser una de las clasificadas a Tokio 2020. 

El tiempo es oro para la balista venezolana

El esfuerzo que hace todos los días no es en vano, sí, pero Ahymara entiende que la exigencia a ella misma y la práctica con un entrenador la llevará a conseguir la clasificación directa a los Juegos Olímpicos (18,50 metros). Pero es realista y admite que no puede seguir practicando entre matorrales y sin apoyo profesional.

Ahymara sostiene que el 29 de junio era la fecha límite para poder culminar su entrenamiento. Quiso viajar con sus propios recursos, pero es imposible para ella.

 Juegos XI juegos Suramericanos Cochabamba, Bolvia, en 2018 | Foto: Edixon Gamez

La barloventeña cuenta que estuvo en Europa cuando comenzó la pandemia, pero tuvo que regresar en septiembre de 2020 por no poder costear los gastos que implicaba su estadía. Relata que también se enfermó producto de la ansiedad y el encierro. Estos gastos corrieron por su cuenta. Lo mismo sucedió con las competencias y el pago de las sesiones de masajes, pues es necesario que luego de los entrenamientos los balistas puedan recuperar el cuerpo. 

Explica que de su salario como maestra no puede costear un viaje a Eslovenia, país en donde entrena desde el 2012 con un nuevo entrenador para mejorar su técnica. Tampoco los zapatos especiales que necesita para participar en las competencias y que son de uso obligatorio. 

Cuando no había pandemia, ella ganaba como docente menos de cinco dólares al mes, pero necesitaba 30 para comprar los zapatos de entrenamiento. También necesita una persona que se los pueda enviar desde el exterior, pues no se consiguen en el país y la única opción es pedirle a un familiar que haga la compra.

La situación económica te aprieta y te limita mucho. Con mi sueldo de docente a veces no me doy abasto para surtir en la cena, para comprar proteínas o para los zapatos, sin mencionar los gastos por las medicinas de mi mamá. Si bien agradezco que tengo una beca, simplemente no alcanza y eso también hace que no pueda cubrir muchas necesidades básicas”, explicó.

Pese a esto, volvió a Barlovento con una medalla de oro en 2019. Se subió al podio del Campeonato Sudamericano de Atletismo de Perú con un registro que la hizo ganadora: 17,44 metros. Lo mismo quiere hacer en las próximas competencias, pero es una carrera contra el tiempo y que no puede manejar.

Ahymara no quiere que se le rompa el sueño y saca el máximo partido de cada metro del estadio cerca de su casa para entrenarse. 

“Del Ministerio (para la Juventud y el Deporte) me llamaron y me dijeron que me iban a prestar el apoyo. Espero que para la próxima semana pueda viajar”, dice para despedirse. Son 35 centímetros los que la separan de su boleto a los Juegos Olímpicos. Solo necesita el apoyo monetario, pues del resto, afirma, que lo logrará. Lo sueña por Ufa y por su mamá, su primera admiradora. Traer una nueva medalla de oro a su casa, a su pueblo, en Barlovento. 

Esta entrevista se publicó el 9 de junio, pero se actualizó el 30 de junio cuando se conoció su clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio.

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