• El equipo de El Diario conversó con Luis José Ordaz y Javier Chacón, muralistas y pintores, sobre la importancia del arte en la vida cotidiana y, sobre todo, el crecimiento del muralismo para recuperar los espacios de la capital venezolana. Foto: José Daniel Ramos

Los callejones, avenidas, casas coloniales, recuerdos de la bonanza petrolera, con hormigón brutalista, vidrieras perpetuas de color que se modifican con los atardeceres escondidos tras el Ávila; la radiografía de los barrios en las montañas de la ciudad. Así, uno a uno, los espacios de Caracas dan vida a la identidad de sus ciudadanos. En los últimos años estos lugares han sido carcomidos por la violencia y, como era de esperarse, el temor se ha adueñado de ellos. El muralismo se convirtió en una estrategia para revivir la vitalidad de los lugares desde las pinceladas del arte. 

En la parroquia San Agustín del Sur, en el municipio Libertador, se realizó un corredor de murales referenciados en la cotidianidad de la zona. Luis José Ordaz y Javier Chacón son particípes de ese proyecto y, a su vez, del colectivo artístico llamado La Quinta Pata. Ellos reconocen en el oficio del muralista una relación ineludible con la identidad de los espacios tomados a través del arte. De esta manera, comentan en exclusiva para El Diario, los vecinos sentirán una apropiación de la obra que los acompañará durante su transitar diario.

Mural Guaguancó de Colores San Agustín Luis José Ordaz y Javier Chacón El Diario José Daniel Ramos
Javier Chacón (IZQ) y Luis José Ordaz (DER) | Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Luis José Ordaz pasó de su trabajo como mecánico automotor a descubrir en el arte un lugar para materializar su voz. “Hace 11 años me invitaron a participar en un mural y descubrí el camino en el que estoy actualmente. Todavía sigo aprendiendo, pero con los años comencé a estudiar Artes Plásticas en la Unearte y reforcé mis habilidades técnicas y teóricas sobre el muralismo. A punta de trabajo logré vivir del arte en medio de un país en crisis, donde todo es carísimo y la gente que puede pagar por el arte es porque cubrió todas sus necesidades básicas primero”, agrega. 

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El muralismo tiene una tradición importante en el arte latinoamericano y reconoce, de una u otra manera, la fuerza narrativa de los espacios comunes para establecer una posición crítica y reflexiva sobre la realidad. Caracas, de una u otra manera, se ha separado en comunidades cerradas, amparadas en su pequeñas realidades y temerosas al otro por la crisis y la necesidad. Por eso mismo, comenta Ordaz, es importante recuperar el sentido de comunidad a través de la difusión.

El ejemplo de San Agustín del Sur es recurrente para Luis José, ya que a través del trabajo realizado en las paredes del teatro La Alameda se ha visto, primeramente, una relación directa de los vecinos con la obra y, segundo, una recuperación turística del espacio. Lo que antes era estigmatizado por la violencia, ahora, comenta, es visitado con curiosidad por extranjeros o caraqueños que buscan adentrarse más en la ciudad.

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Luis José Ordaz | Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

“En el caso de San Agustín, particularmente, ha sido la unión de muchas voluntades que quieren transformar sus espacios a través del muralismo. Nosotros ponemos una balanza entre la representación del espacio, como San Agustín que representa un núcleo cultural de la salsa, el baile, el deporte, entre otros, y por otro lado la necesidad de generar cambio en los espacios”, dice Luis José Ordaz.  

Esto ha permitido que la perspectiva del arte urbano cambie para los ciudadanos de Caracas. Las expresiones callejeras eran vistas, por algunos incautos, como vandalismo ante lo impoluto de las paredes mudas, pero en los últimos años ha cambiado esa concepción y la ciudad comenzó a reconocerse en el muralismo y a entenderlo como una expresión de la cotidianidad. 

La identidad urbana en el muralismo 

Las referencias de estas expresiones masificadas del arte se pueden remontar a las pinturas rupestres, a los frescos y mosaicos de la época renacentista o, con vital importancia, al muralismo mexicano reconocido en la primera mitad del siglo XX. Estos últimos reconocieron el uso de las paredes, comunes y pedestres, mudas y perpetuas, para establecer un discurso factible para todos los seres humanos, instruidos o no. 

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La recuperación de la ciudad a través del arte permite un nuevo  espacio identitario para sus ciudadanos. De esta manera, con la unión de las voluntades, los espacios de la violencia, marcados por los huecos de bala, por el temor y la soledad se han revitalizado con presencia de sus habitantes. Para Javier Chacón, conocido como “Oda”, la identidad caraqueña es múltiple y se establece a partir del contexto de cada individuo. 

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Javier Chacón | Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

“Yo creo que la identidad que se crea sobre Caracas, sobre todo con el tema de la violencia, tiene que ver con el estrato de los barrios. En el este no se habla de la Caracas violenta, sino se habla de otra ciudad. Yo no soy caraqueño, solo tengo siete años aquí, pero he aprendido que la idea de Caracas depende de la zona donde estés. Nosotros formamos, desde el arte, parte de esa identidad y reconocemos que no es una sola cosa y entendemos que el desarrollo artístico de Caracas no, necesariamente, es el desarrollo artístico de Venezuela. Una de las interrogantes es: ¿cómo nos vemos aportando a la identidad de la ciudad en un país sumergido en inflación, inseguridad, incertidumbre y la poca solidaridad creada por la necesidad?”, dice Chacón en exclusiva para El Diario. 

Una de las maneras de darle resolución a esa pregunta, desde el espectro artístico, es con la recuperación de los espacios. En la multiplicidad identitaria de Caracas, como una ciudad en perpetuo cambio, sea para bien o para mal, pero indetenible ante el paso del tiempo, reside la riqueza cultural de la urbe. “Esto ha pasado, más allá de la voluntad de sectores políticos, por la voluntad de la misma gente, nosotros como pueblo, de seguir creyendo en estos oficios”, agrega Chacón.

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Por eso mismo, más allá de establecer un discurso artístico ajeno a las comunidades, Luis José y Javier siguen la ruta de representar a los “héroes invisibilizados” en el día a día: la señora que vende café, la madre soltera que lleva a su hija tomada de la mano a todos lados, los niños correteando entre los callejones, los abuelos que bendicen a toda la comunidad con sus rezos. De esta manera, dice Ordaz, el foco político se mueve de representaciones ideológicas al espectro general de que todo ciudadano, en su lugar dentro de la urbe, es un ser político. 

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“Para nosotros armar un equipo, definir las propuestas, cuadrar proyectos son dinámicas políticas. Nosotros respetamos nuestras ideas individuales, pero siempre buscamos dejar un mensaje claro porque, creo, no es el momento de la confrontación. Necesitamos sumar y abrir espacios”, explica Chacón.

El trabajo como objetivo artístico

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En el colectivo la Quinta Pata, del cual son parte Luis José y Javier, existen personas con distintas perspectivas políticas, artísticas, ideológicas, entre otras, pero, de acuerdo con ellos, los une el mismo cariño por el oficio del arte. Cada uno persigue la meta del trabajo artístico como un espacio posible.

La crisis humanitaria y económica que atraviesa Venezuela desde hace varios años ha obligado a muchos artistas a dejar los pinceles, las brochas y latas de spray en el pasado para perseguir el sustento diario. En este momento de la conversación Luis José y Javier recuerdan su visita al interior del país por un encargo: en ese viaje el equipo de la Quinta Pata reconoció, de una u otra manera, que la realidad de los otros estados de Venezuela, fuera de Caracas, es diferente y las dificultades se incrementan. Ante este contexto las redes sociales se han convertido en un medio de conexión y difusión primordial. 

“El tema de las redes sociales es fundamental para la difusión y llegar a lugares que no imaginabas. Esto nos ha permitido llegar a muchos lugares en el país y nos ha llevado a conectarnos con otros creados que están en esos lugares más aislados. En el interior el problema de la gasolina es fuerte, lo es para conseguir pinturas y no hay tiendas que motiven a las personas para trabajar. Nosotros con la Quinta Pata tratamos de generar un movimiento que les pueda servir a ellos como plataforma para crecer”, explica Luis José. 

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Luis José Ordaz | Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

De esta manera, aunque ellos deben acordar sus proyectos, tanto con instituciones gubernamentales como privadas, existe una línea discursiva ante la polarización que vive Venezuela. Además, otro de sus objetivos principales es el reconocimiento del muralismo como un oficio común. “En Venezuela eso está empezando a nacer y es bueno porque ha generado la necesidad de ver que los espacios están cambiando y que las paredes han dejado de ser mudas para empezar a decir algo”, dice Ordaz.

El contexto actual es reconocible en cualquier caminata por la ciudad y, como hemos visto anteriormente, el muralismo tiene una relación política directa al representar un proceso de cambio urbano. Ahora, la pregunta que nace en este momento es: ¿Cuál debe ser la voz del artista ante su realidad? 

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Javier Chacón | Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

“La voz del arte tiene que ser, simplemente, el trabajo. Es importante seguir trabajando y no encasillarse, ni etiquetarse; el deber del artista en Venezuela es reflejar el momento histórico desde su subjetividad, no desde la que te forma una ideología fija, sino desde el sentimiento individual y un corazón creativo y sincero”, puntualiza José Luis. 

Las paredes del Teatro Alameda, en San Agustín del Sur, Caracas, dan muestra del oficio del arte para visibilizar a los héroes cotidianos de la comunidad y para aupar la recuperación de sus espacios. Ahora, los caraqueños podrán caminar a la par de una imagen inmortalizada de los músicos que alimentan una parte del folklore y la identidad de la ciudad. 

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511
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