• La autora de origen venezolano Tilo Febres-Cordero publicó este año con Kálathos ediciones un libro para los pequeños que deben cambiar de residencia; allí pueden documentar solos o junto a sus padres sus ilusiones, pensamientos, logros, miedos, nuevos amigos, nuevas mascotas y lugares visitados. Está disponible en librerías de España y en plataformas digitales 

Cada proceso migratorio tiene su historia, y más aún cuando los que viajan son niños. La infancia tiene muchas anécdotas, cambios y dificultades que involucran también a toda la familia. Es un tema que le interesó a la autora venezolana Tilo Febres-Cordero. Así elaboró El viaje de mi vida, un libro para que los pequeños puedan dejar testimonio de su migración y ayuda tanto a niños como a sus padres en el proceso de adaptación a una nueva realidad.

Fue publicado este año por Kálathos ediciones, casa a la que Febres-Cordero llegó cuando trabajaba como voluntaria para Código Venezuela e investigaba sobre editores venezolanos que pudiesen trabajar en un texto que la fundación estaba considerando patrocinar. “Y aunque ese proyecto no se concretó, los recordé meses más tarde a la hora de querer publicar el mío”, cuenta. El libro se encuentra a la venta en librerías de España y también se puede adquirir a través de plataformas digitales.

La idea de El viaje de mi vida surgió hace 20 años. Entonces, Febres-Cordero trabajaba como intérprete de niños enfermos en Texas, Estados Unidos. “Me fui percatando de lo difícil que era para ellos encontrarse en un país extraño, lejos de sus amigos y demás familiares, sin entender el idioma ni las costumbres, y encima enfermos. Los niños buscaban quejarse lo menos posible para evitarles sufrimiento a los padres y no hablaban de la tristeza que llevaban por dentro”, recuerda la autora. 

Tilo Febres-Cordero
Foto: Cortesía

El proceso para hacer el libro le llevó solo dos meses. Luego otros cuatro modificando y revisando el proyecto, eliminando frases o palabras que Febres-Cordero creyera que influirían en el lector a la hora de contestar. “Era muy importante para mí que el libro fuese un registro fiel de lo que el niño siente, no de lo que yo pensara que él debía sentir”, añade.

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El viaje de mi vida ofrece diversas posibilidades de registro: llevar un diario de los eventos que precedieron al viaje, del camino recorrido y de las dificultades superadas; documentar las tradiciones de su país de origen para así mantenerlas en su vida actual; anotar las diferencias, características y costumbres de su nuevo refugio; llevar un cuaderno en el cual registrar diariamente sus sentimientos, pensamientos, deseos, ilusiones, desencantos y logros; anotar los nombres de nuevos amigos y de visitas familiares; dibujar a su familia, amigos, mascotas o lugares que visitó si no tiene fotos; así como contar aquellos cambios, avances y ajustes del niño en su nuevo país. 

Señala Febres-Cordero que el libro posee también ilustraciones que están en blanco y negro para que el niño pueda colorear a su gusto, además de espacios vacíos para pegar fotos, recuerdos, boletos de viaje, tickets de eventos o actividades y cualquier elemento para construir su memoria.    

La diagramación y los dibujos de El viaje de mi vida estuvieron a cargo de la ilustradora Claudia Leal, con quien la autora entró en contacto gracias a la misma casa editorial. “Ella es muy talentosa y tiene una variedad enorme de diseños. Cuando le expliqué lo que quería, quedó en reunirse conmigo unos días más tarde y me presentó dos o tres dibujos con animales y me di cuenta de que había captado a la perfección lo que yo quería transmitir. Esa fue la única prueba que vi y de allí en adelante le di rienda suelta y aunque siempre sometió sus dibujos para aprobación, no tuve que cambiar absolutamente nada”, expresa Febres-Cordero.

Entre las ilustraciones que aparecen en el libro, destaca al personaje de la ardillita, que representa de cierta forma al autor real del cuaderno de viaje: el niño o niña que lo está armando con sus recuerdos y vivencias: “Tuve la idea de agregarla al final, y aunque ya todas las ilustraciones estaban listas sin la ardilla, Claudia la incorporó maravillosamente en todas partes sin problema alguno. Los detalles, los colores, los personajes, las vestimentas, absolutamente todo resultó perfecto y apropiadísimo para mi libro. Yo veo sus ilustraciones como el imán que atrae irremediablemente a adultos y niños”.

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Con El viaje de mi vida Kálatgos ediciones amplía su catálogo infantil, que el sello lleva adelante junto con autores clásicos de la literatura venezolana (Ida Gramcko o Juan Liscano) y otras voces de la narrativa actual (Federico Vegas, Leonardo Padrón, Israel Centeno) en sus tres colecciones: poesía, narrativa y crónica y política. 

Dirigida por Artemis Nader y David Malavé, Kálathos ediciones opera actualmente desde Madrid, a donde trasladó su sede tras 15 títulos publicados en Venezuela. En el año 2017 presentó su primer texto en España: Cantos de fortaleza. Antología de poetas venezolanas. Ahora Tilo Febres-Cordero se suma a su grupo de autores.

¿Qué testimonios ha recibido o conoce del proceso de migración visto con los ojos de un niño?

—Cuando viví en Potsdam, Alemania, tomé clases de alemán junto a los refugiados sirios, los cuales deben asistir obligatoriamente a esas clases y aprender el idioma y la historia de Alemania. Eran todos mayores de 20 años, pero tenían hijos o hermanos pequeños y tuve la oportunidad de escuchar sus problemas y ansiedades, los mismos de los niños enfermos en Texas, pero llenos de recuerdos terroríficos del viaje de partida y las decepciones sufridas en los países destinatarios. Tengo también los testimonios de sobrinos que tuvieron que migrar –de diferentes edades– y cómo les ha afectado el cambio.

El libro está destinado a niños con edades entre 2-3 años y hasta 9-14 años: ¿qué ofrece para cada grupo de edad? 

—El libro le ofrece al niño la posibilidad de expresar cómo se siente por dejar a su país y por tener que adaptarse a otro desconocido. Si el niño tiene de 8-14 años y puede contestarlo solo, es una válvula de escape que le permite expresar sus sentimientos, de manera de no aparecer “malagradecido” ni entristecer a los padres con sus experiencias de bullying en el colegio, o por sentirse inadecuado o inapropiado o de menos, y puede expresarse libremente.

Si el niño tiene de 3-8 años, los padres pueden llenar el libro con el niño, y así indagar, preguntar, averiguar inteligentemente cómo se siente realmente y enterarse de lo que está viviendo. Se han dado el caso de madres que me cuentan que hasta que llenaron el libro no se enteraron de que su hijo realmente no tenía amigos cercanos, o de cómo lo rechazan en el colegio, o se burlan de él o se siente distinto simplemente porque su ropa es diferente. Los padres pueden aconsejar al niño, apoyarlo y ayudarlo si tienen conocimiento de la situación y en el proceso de llenar el libro se enteran de muchas cosas.

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—La idea del diario como registro de existencia, de vida, de cambio, ¿qué representa para usted? 

—Algo que hubiese querido tener durante toda mi vida. Yo nací en Venezuela pero desde los 8 años viví, estudié y/o trabajé en Roma-Italia, Torquay-Inglaterra, Barcelona-España, Puerto Rico, West Palm Beach, Houston, Dallas, Boston, New Haven, New Jersey, Atlanta, Grosse Point Michigan, EE UU; Monterrey-Méjico, Potsdam Alemania, y ahora en  Madrid. No fue fácil irme adaptando a los diferentes países, idiomas y costumbres y en cada sitio dejaba un pedazo de mí y me llevaba algo de recuerdo, pero no tuve nunca un libro como el mío.

Hoy en día esos diarios de mis viajes contendrían un tesoro de vivencias, aprendizajes, alegrías y tristezas que explicarían muchas de las inquietudes que me motivan o preocupan actualmente. Creo firmemente que al llenar El viaje de mi vida, el niño y su familia contarán para siempre con un documento fiel e histórico de lo que fue para todos un viaje crucial en sus vidas, y de cómo los marcó ese cambió tan drástico que emprendieron.

¿Qué representa una mudanza para usted? ¿Qué lleva siempre en su maleta? 

—Para mí la mudanza es un descontrol enorme. Lamentablemente he tenido que hacerlo múltiples veces porque así lo ha querido la vida, pero yo hubiese preferido tener una sola vivienda, un solo hogar. Con cada mudanza pierdo muchas de las cosas que son parte de mi pasado y siento que parte de mí también desaparece y no sé ni cómo ni dónde reencontrarla. Tuve un gatico llamado Homero que me acompaño durante 16 años y me dio mucha estabilidad, compañía y cariño. Cuando falleció en 2018 sentí que también se llevaba parte de mí –esa parte de uno que es receptora incondicional de un cariño inocente y desinteresado–  y desde entonces llevo un recuerdo de él siempre conmigo, pero en mi cartera, para mayor seguridad. Lo demás de mi equipaje es solo transitorio y carece de importancia.

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—Usted trabajó en Estados Unidos como intérprete médico, en labor diaria con niños enfermos y familias extranjeras, ¿cómo recuerda esa experiencia?

—Sumamente humanizante. Es una de las etapas más satisfactorias de mi vida porque aunque en ocasiones los eventos eran muy tristes, siempre fueron de mucho agrado por haber realizado un trabajo humano que iba más allá de la comprensión de dos idiomas. Los niños enseñan mucho más de lo que aprenden, sólo con sus actitudes y reacciones ante la adversidad. También creció mucho mi admiración por esos padres extranjeros, inmersos en el dolor del abandono de su país, teniendo que enfrentar con buena cara las enfermedades graves de sus hijos, sin poderse comunicar claramente y sin familia ni amigos cerca. A pesar de que trabajé 25 años en cirugía del corazón en adultos, fue este trabajo sencillo con los niños que me enseñó más del ser humano.

—¿En Madrid ha tenido experiencia con familias venezolanas y los problemas de adaptación que puedan sufrir los niños? 

—No, a Madrid llegué prepandemia, pero sin tiempo suficiente  para eso. El covid-19 me aisló de los demás, como nos pasó a todos. En el confinamiento estuve realizando durante unos meses interpretaciones telefónicas para los padres de emigrantes en Estados Unidos que habían sido separados de sus hijos por el gobierno americano. Tuve que dejarlo porque lo duro de esa realidad me afectó mucho emocionalmente. Fue entonces que me decidí a escribir el libro. 

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