• El ganador del Grammy Latino como Mejor Álbum de Música Clásica por su disco Latin American Classics conversó en exclusiva para El Diario sobre su historia y sus proyectos a futuro. Ahora que Kristhyan Benítez tiene un gramófono en su carrera, espera seguir haciendo música e inspirar a los más jóvenes | Foto: Getty Images.

Tuvo solo 45 segundos para hablar. Una mezcla de emociones lo inmovilizaron cuando mencionaron su nombre como ganador de la categoría. No sabía si reír o llorar. Cuando su cuerpo reaccionó, se puso de pie y sobre el escenario del MGM Grand Arena, en Las Vegas (Nevada, Estados Unidos), el venezolano Kristhyan Benitez recibió el Grammy Latino a Mejor Álbum de Música Clásica por su disco Latin American Classics.

Agradeció a Dios, a su familia, a su esposo y a quienes lo apoyaron. Mencionó también a la diáspora, de la que él es parte. “Le quiero dedicar este premio a la diáspora venezolana. Donde sea que estén, podemos seguir soñando, creciendo y podemos siempre dejar el nombre de Venezuela muy en alto. No importa dónde estemos, sí se puede”, dijo Benítez el 18 de noviembre de 2021.

La imagen de él sonriendo con su gramófono en mano lo acompañará el resto de su vida. Luego de ese día, Kristhyan aún disfruta del triunfo. En entrevista exclusiva para El Diario, comentó que el momento fue impactante y no esperaba ganar. Fue un honor para su carrera estar nominado entre “grandes” de la música clásica. Él solo fue a disfrutar de la gala, pero era su momento.

“Siempre tengo en mi corazón y en mi mente a todas las personas que más extraño y con las que más comparto y el sentimiento, que es parte de este álbum, de mi país, esa cicatriz que tenemos todas las personas. Muchísima gente se lo atribuye a los que están fuera de Venezuela, pero creo que la tenemos todos, porque los que estamos fuera de Venezuela extrañamos a los que están dentro y ellos a nosotros”, subrayó Benítez desde Nueva York.

Kristhyan Benítez recibiendo su Grammy Latino el 18 de noviembre en Las Vegas (Nevada, Estados Unidos). Foto: Getty Images.

Un músico clásico con flow

Él no es el músico clásico predecible, aburrido, como comentó en sus redes sociales al postear una foto con el vestuario con el que recibió el Grammy Latino. Para él, la música clásica tiene flow. Esa irreverencia lo ha hecho evolucionar con el pasar de los años y ha influenciado su música.

Mi estilo se ha ido transformando. Crecí y me formé con la música clásica, la adoro y es lo que más me gusta hacer. Me define, estoy siempre en mi elemento, pero me considero un pianista crossover. Tengo otro lado que, no es otro estilo, pero es parte de ese proceso creativo que se ha ido abriendo en mí. Estoy más abierto a experimentar musicalmente”, relata Kristhyan Benítez.

La pandemia por covid-19 despertó en él un lado que no conocía, pero siempre estuvo allí: la improvisación y la composición. El caraqueño de 38 años de edad explica que, en la música clásica hay que seguir reglas, entrenamientos especiales, sin “salirse de la caja”. Él salió de ella, no por un tema de ego o rebeldía, comenta que se trató de algo intrínseco.

A raíz de la cuarentena, ese suiche se encendió. “La gente piensa que la improvisación no es de pianistas clásicos, sino de Guataca o Jazz. En la época de Mozart, la manera en cómo se escribían las partituras tenía pedazos que obligaban al ejecutante a improvisar”, argumenta el músico. Su inspiración es la pianista Gabriela Montero, quien al igual que él, salió de lo común en el género.

Kristhyan Benítez previo al estreno de Latin American Classics, en julio de 2020. Foto: cortesía Kristhyan Benítez.

Guitarra no, piano sí

Ahora, que retrocedió en el tiempo para hablar sobre su historia, recuerda su niñez. Empezó a los 4 años de edad en la música, impulsado por sus padres, quienes querían que tocara un instrumento musical. En el plan que ellos tenían, decían que él tocaría guitarra, un instrumento portátil y accesible.

Al llegar a la escuela de música de Olga López en Caracas, la subdirectora le dice a mi mamá que debo escoger un instrumento. Mi mamá le dice guitarra, y ella le dice que yo debía escoger en un salón de exploración. Fue amor a primera vista. Yo era un niño pequeño, al ver ese piano de cola gigantesco, y con esa ambición, quizás sin saberlo, dije ‘yo quiero tocar piano’”, recuerda.

De allí salió regañado, dice entre risas, pero el apoyo familiar siguió, aunque en su familia nunca hubo músicos. Empezó con un teclado electrónico. A los tres meses de haber empezado, ganó un premio para tocar en el Teatro Teresa Carreño, en un concierto para homenajear al maestro José Antonio Abreu. A partir de ese momento, explica, las actividades, conciertos y encuentros musicales aumentaron, y a corta edad, la música se convirtió en un trabajo; uno que ha ejecutado con pasión en todo momento. El piano es su primer matrimonio en un proceso que cataloga como orgánico. La música clásica también captó su atención durante su niñez, por eso continuó con ella.

Al terminar los estudios con su mentora Olga López, se ganó una beca para estudiar en Manhattan School of Music (Nueva York), donde hizo una licenciatura en música. En París (Francia) hizo una maestría en ejecución de piano. Debido a su desempeño, ganó otra beca en el conservatorio de Boston, en Berklee College of Music (Massachusetts), donde realizó un doctorado en piano. Tras cerrar la etapa como estudiante, se radicó en Nueva York, donde siempre soñó vivir.

Kristhyan Benítez durante su niñez. Foto: cortesía Kristhyan Benítez.

Uno de miles en Nueva York

Durante su infancia, su abuelo le habló de Nueva York, una ciudad reconocida por su diversidad cultural y musical. De niño alzaba su mirada y se imaginaba entre sinfónicas y rascacielos. Ahora que está radicado allí, con más conciencia, cree que la ciudad: “te lo puede dar todo o te lo puede quitar”. Él fue uno de miles y debió destacar. El escenario y reconocimiento siempre estuvieron allí, pero al empezar de cero en otro país, debió adaptarse, entrenar y perfeccionar su técnica.

Benitez dice que sus ensayos pueden extenderse hasta por seis horas, porque no puede perder su destreza. Agrega que: “el componente principal de esto es hacerlo con amor y entregarse completamente. No hay un punto medio”. Nueva York, ciudad de extremos, lo ayudó a comprender eso, pues su trabajo también puede tornarse extremo.

En la música, y en las ciudades donde vivió, hay espacio y público para todos, por lo que la competitividad no lo desenfoca. “Yo siempre he querido exponer la música latinoamericana y venezolana de piano, eso está en mi ADN”, dice para El Diario Kristhyan Benítez. Esa labor lo llevó a China en 2017, donde, con un repertorio latinoamericano y venezolano, expuso sus raíces. De ese amor por lo propio surgió Latin American Classics, disco con el que se llevó el gramófono este año 2021.

El álbum de 21 canciones es su cuarta publicación luego de haber grabado Nosotros (2020), Miniatures (2017) y Beethoven: Latin American Soloists (2016). La justicia social y el amor lo inspiran, al igual que la constante nostalgia que provoca el ser migrante venezolano. Los pianistas Gabriela Montero, Martha Argerich, Daniel Barenboim y Nina Simone son cuatro de sus referentes. “Para mí lo más importante cuando hago un concierto, cuando improviso, es tratar de tocar al público y que sientan”, resalta Benítez.

El músico considera que la pandemia de coronavirus limitó esa posibilidad de conectar con el público. Sin embargo, destaca que la música tiene un poder curativo. Durante la pandemia, en sus momentos de meditación se sentaba frente al piano para reflexionar. De ese “salir de la caja” y constante reflexión en pleno encierro surgió su más reciente álbum.

Benítez en China (2017). Foto: cortesía Kristhyan Benítez.

Segundo volumen de Latin American Classics, su próximo proyecto

Kristhyan Benítez es músico de Steinway & Sons, al igual que otros como Nina Simón y Marta Arguerich. Comenta en exclusiva que su próximo proyecto en conjunto con la marca de pianos extiende su intención de destacar la música latinoamericana. Actualmente trabaja en el segundo volumen de Latin American Classics.

En el álbum habrá piezas inspiradas en Argentina, Cuba, Brasil, México y Venezuela. Otro de los proyectos que están en su agenda de trabajo para 2022 y 2023 incluyen otro disco, en el que hará arreglos de un cantautor mexicano de boleros.

Empiezo por ensayo y error. La fuente de inspiración llega y también la puedes incitar. Empiezo a experimentar. Hay días que funciona y otros que no. Hay que tener mucha tranquilidad, mucha paz y mucha nobleza al momento de entrar en un proceso creativo. El ego tiene que quedar atrás. Mucha gente dice: ‘tú tocas piano, eres un genio’. No, la verdad es que no me considero un genio, genios son otros. Los genios no se equivocan y a mí me gusta equivocarme para poder superarme”, comenta el caraqueño sobre su proceso creativo.

Salir de la zona de confort lo ha llevado a donde está hoy. La vida de migrante ha colaborado en esa tarea. Como a otros venezolanos, le tocó hacer cosas que se alejaban de su pasión, pero considera que todo es un tema de adaptación y constancia. Por ejemplo, le tocó tocar un órgano en una iglesia, algo que nunca imaginó luego de tocar en salas importantes de Europa, pero que fue necesario para reforzar su aprendizaje. Con su carrera e historia, Benítez espera convertirse en agente de cambio para otros.

Música con propósito

A mediano plazo, Kristhyan quiere convertirse en papá, seguir tocando piano en el mundo y espera continuar siendo un referente en la música clásica latinoamericana. “Yo quisiera fama porque considero que la fama me va a ayudar a tener una plataforma para hacer una fundación y así ayudar a jóvenes músicos que hayan vivido lo que yo viví, orientarlos, ayudarlos y apoyarlos. Para mí es importante, como profesor, dejar esa semilla sembrada, porque necesitamos esa generación de relevo siempre activa. Uno no solo debe recibir aplausos y ya”, dice Benítez.

Ahora que el músico clásico Kristhyan Benítez goza de un momento de logro gracias a su Grammy Latino, recomienda a los jóvenes que desean incursionar en la industria cuestionarse verdaderamente si aman la música. Agrega que, para llegar a la meta, hay que tener disciplina, ganas, deseos y sueños; aferrarse a eso. “La única manera de hacer música es a través del amor”, concluye. Para él, a pesar de cualquier prejuicio social, la música es un trabajo que lo apasiona y lo seguirá siendo por el resto de su vida.

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