• La prohibición de dispersar los restos se mantiene vigente en la Iglesia católica, sin embargo, establecen que los familiares tienen otras alternativas

El Vaticano aclaró el 12 de diciembre que las cenizas de los difuntos se pueden conservar en lugares comunes similares a los osarios. Además, explicaron que una pequeña parte de estas se pueden conservar en un sitio especial dispuesto por los familiares.

“También la familia puede colocar una pequeña parte de estas en un lugar significativo para el fallecido”, explicó el dicasterio para la Doctrina de la Fe en un nuevo documento.

Ante las dudas sobre la conservación de las cenizas que planteó el presidente de la Conferencia Episcopal italiana, el cardenal Matteo Zuppi, el prefecto de Doctrina de fe, el argentino Víctor Fernández, publicó esta respuesta con algunas aclaraciones.

Estas aclaratorias con respecto al lugar de reposo de las cenizas de los fallecidos de acuerdo con la Iglesia católica contaron con la aprobación del papa Francisco.

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En este documento se precisa que, como indica el texto aprobado por el papa Francisco ‘Instrucción Ad resurgendum’ en 2016, está prohibido dispersar las cenizas de un difunto.

Lo que está permitido es que se conserven en un lugar sagrado, como por ejemplo en el cementerio, o también en un lugar específicamente dedicado exclusivamente para tal fin.

“De manera que no se puede sustraer al difunto de la memoria y de las oraciones de los familiares y de la comunidad cristiana, así como ser motivo de olvidos, faltas de respeto o prácticas indecorosas o supersticiosas con sus cenizas”, dice la medida aprobada por el papa Francisco.

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Foto: El Carabobeño

Excepciones por causas mayores

Este nuevo documento del Vaticano expone que, ante problemas económicos, es posible preparar un lugar sagrado, definido y permanente para la acumulación y conservación de las cenizas de los difuntos bautizados. 

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Con la obligación de indicar los datos personales de cada uno de los restos que allí reposan para no dispersar la memoria nominal.

La Iglesia admite, por tanto, la posibilidad de verter las cenizas en un único lugar común, como ocurre con los osarios, pero preservando la memoria con el nombre de cada uno de los difuntos.

Finalmente, se precisa que, excluyendo “cualquier tipo de malentendido panteísta, naturalista o nihilista”, en cumplimiento de las normas civiles, si las cenizas del difunto se conservan en un lugar sagrado, se puede tomar en consideración y evaluar las solicitudes de una familia para preservar debidamente una pequeña parte de las cenizas de uno de sus familiares en un lugar significativo para su historia.

El documento recuerda también que la Iglesia aprueba la cremación. 

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“La fe nos dice que resucitaremos con la misma identidad corporal que es material” pero esta transformación “no implica la recuperación de las partículas idénticas de materia que formaron el cuerpo”, se estipula en el documento.

Agrega el texto que la resurrección puede ocurrir incluso si el cuerpo ha sido totalmente destruido o disperso. 

“Esto nos ayuda a comprender por qué en muchos cinerarios las cenizas de los difuntos se guardan todas juntas, sin guardarlas en lugares separados”, añade el documento. 

El Vaticano aclara en qué lugares se pueden conservar las cenizas de los difuntos
Unsplash / Zoran Kokanovic

Tradiciones de la Iglesia católica para los difuntos

El Vaticano recomienda que los cuerpos de los difuntos o las cenizas procedentes de la cremación sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados.

Estas prácticas se remontan a 1963 cuando con la Instrucción Piam et constantem del 5 de julio, el entonces Santo Oficio, estableció que: “la Iglesia aconseja vivamente la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos”, pero agregó que la cremación no es “contraria a ninguna verdad natural o sobrenatural”.

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Con esta instrucción la Iglesia católica reafirma las razones doctrinales y pastorales para la preferencia de la sepultura de los cuerpos y de emanar normas relacionadas con la conservación de las cenizas en el caso de la cremación.

Enterrar a los difuntos es para la Iglesia la confirmación de su fe en la resurrección de la carne, además de otorgarle dignidad al cuerpo humano. 

También aclaran que la sepultura de los cuerpos de los fieles difuntos en los cementerios u otros lugares sagrados favorece el recuerdo y la oración por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana.

Además del entierro o la cremación, los católicos acostumbran hacer misas por el descanso eterno de las almas.

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