• La gerente de la librería, Katyna Henríquez, conversó con El Diario sobre el proyecto “Libros a Domicilio” y contó los retos que implica una iniciativa como esta en Venezuela en  tiempos de pandemia   

La naturaleza de los libros es tan enigmática como la naturaleza misma. Al faltar un eslabón en esa simbiosis literaria se frena la relación intelectual entre un autor y su lector, denigrando el ingenio humano a un lúgubre objeto inanimado de papel y tinta. Así están las librerías tras la pandemia: muertas. Sin embargo, Katyna Henríquez se niega a vivir ese duelo y es por eso que la fundadora de El Buscón desarrolla un proyecto de entrega de libros a domicilio en Caracas.

Es inútil contextualizar la pandemia cuando el mundo entero la padece, la diferencia radica en esas particularidades que le agrega la idiosincrasia y la situación de cada región. Desde que Katyna se propuso el proyecto “Libros a domicilio” le ha sido imposible  escapar a otros sucesivos obstáculos que se le fueron presentando progresivamente: primero se agudizó la escasez de gasolina, luego se sumó el acceso limitado al centro comercial Paseo Las Mercedes y -para colmo- los constantes cortes de luz  le impiden consultar los precios y la existencia de los libros desde su casa.

Foto cortesía

“Los libros están lejos de mi zona de residencia, por esta razón solo vamos a ofrecer una selección de ejemplares que vayamos movilizando desde El Buscón a otro espacio desde donde saldrá el delivery. Esto limita muchísimo, no tenemos un acceso permanente a la librería por los problemas que existen con el transporte”, aclaró la gerente de El Buscón para El Diario, enfatizando en que todavía se está trabajando en la logística para poder ofrecer el servicio.     

Instagram será la vitrina virtual de los ejemplares que estarán a la venta, por medio de esa red social también se gestionarán los pedidos y pagos.

Su labor de librera muta al no tener contacto directo con el lector, pero sobresale al momento de ofrecer una selección atractiva y que pueda responder, a pesar de las limitaciones, a un amplio target de lectores. 

Ser librero es uno de los oficios más nobles que existen en el mundo. Es también un compromiso, una responsabilidad, porque de alguna forma unimos espíritus del presente y del pasado. Pero sobre todo ser compañía, que finalmente como un médico de cabecera se convierte en un médico para sus lectores”.

Más allá de los compromisos humanos de Katyna y su equipo, están las obligaciones que persisten en su entorno: facturas, pago de condominio, obligaciones laborales y principalmente esa conexión necesaria que existe con el espacio físico donde viven brevemente los libros de El Buscón. 

La sensación es de mucha desolación y tristeza. Ver ese universo en la oscuridad sin la vida de sus visitantes y de sus libreros es muy desolador. Yo espero que esto pase lo más pronto posible y que podamos ejercer nuestro oficio en su plenitud”.

Mientras tanto Katyna reflexiona, confronta y trabaja sobre la marcha ante las dificultades particulares de un país que no solo lucha contra un virus silente, sino que vive con el mutismo de una situación que parece interminable. 

Foto cortesía

Un día amanecimos y el mundo era otro.

Sin contacto, ni abrazo, con la sonrisa escondida, hombres islas.

En la asepsia del todo virtual apostamos por la palabra sanadora, por los mundos imaginados, por la levedad de la poesía, por el papel y la memoria.

Katyna Henríquez Consalvi

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