• El equipo de El Diario conversó con Francisco Javier Pérez, autor del diccionario, y con Lucas Garcia, parte del grupo de ilustradores, para conocer el trabajo detrás de este proyecto dirigido por la Fundación Polar

Martin Heidegger, filósofo alemán, clasifica al lenguaje como “la casa del ser”. Es el medio de codificación del mundo y es la única manera, desde el uso del signo, que el individuo tiene para construir el reconocimiento de su realidad. Para Francisco Javier Pérez, catedrático venezolano y secretario general de la Asociación de Academias de Lengua Española (Asale), crecer en una lengua particular es realizar un dibujo de la existencia a través de los pinceles que esa lengua permite. Por eso mismo, el Diccionario visual del español en Venezuela, presente en la Biblioteca de la Fundación Polar, es una mirada a través de la lexicografía, la ilustración y el sonido de los vocablos caracterizados del habla venezolana.

Francisco Javier Pérez publicó el Diccionario histórico del español en Venezuela, dividido en dos volúmenes, en 2013. En las 921 páginas este investigador realiza una selección exhaustiva, pero al mismo tiempo general, de las voces que caracterizan el habla nacional.

Comenta en exclusiva para El Diario que la pretensión de un diccionario, como él mismo lo ha trabajado durante mucho tiempo, es la descripción y visibilización de las palabras existentes. Esto para reconocer las formas lexicográficas del habla común, aspecto que muchas veces podría pasar desapercibido. La nueva edición visual, que se publicó el 10 de septiembre de 2020, es meramente un puñado de voces escogidas que puede, según Pérez, ser un bosquejo del lenguaje en Venezuela. 

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La selección ha tenido que sortear este reto: con unas pocas voces dibujar una idea aproximada de una comunidad de hablantes. Entonces, para mí el reto central de este diccionario es qué palabras deben escogerse para que alguien que no sea venezolano al verlas diga ‘oye, aquí hay un dibujo de lo que son estas personas y de lo que es ese país a través de su lenguaje’”, dice.

En este diccionario visual se estructuran tres niveles de codificación: la lexicografía, la imagen y el sonido. Cada uno de estos aspectos permite establecer una mirada distinta ante el reconocimiento de la palabra. Además, Pérez comenta que el proceso de lectura es inverso, en comparación con los diccionarios regulares. En un diccionario regular el camino entre la palabra y la imagen que el lector crea ocurre desde la descripción del enunciado. Así la construcción entre significante y significado se realiza entre los lineamientos del lenguaje, pero en el Diccionario visual del español en Venezuela la primera lectura se produce desde el reconocimiento de la imagen. Luego, si gusta, el usuario podrá leer la descripción lexicográfica para entender a cabalidad la palabra.

Aguacero

Además, el formato del diccionario está dividido en 14 categorías para definir aspectos comunes del habla venezolana. Pérez explica que una de las mayores dificultades al momento de emprender este trabajo fue realizar un selección fidedigna que pudiera representar las características del habla. “Un diccionario nunca es una obra terminada, lo sabemos, porque queda mucho por fuera”, pero es imperante lograr una mirada descriptiva de las palabras escogidas. 

Entre esas categorías está la alimentación, la naturaleza, el deporte, la ciudad, las tradiciones, entre otras. Cada una es un campo semántico diferente que tiene en su haber una serie de vocablos que, al instante, remiten a la construcción venezolana de la realidad. Desde “chamo” hasta “jeva”, desde las “nueve arepas” hasta el “malandro”, y así sucesivamente, se pueden reconocer, desde las características primordiales del habla, las formas y los intrincados procesos de la identidad. Pérez asevera que esto es, sencillamente, un muestrario de la riqueza lingüística del país y el objetivo, junto a Gisela Goyo, coordinadora editorial de la Fundación Polar, es ampliar constantemente estas categorías semánticas. 

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Mi planteamiento es que en próximas entregas se amplíen esos campos semánticos para que ese dibujo sea lo más fidedigno posible y lo más exacto para describir qué somos los venezolanos de acuerdo a las palabras que decimos. Es como una cédula de identidad con la fotografía. La foto facilita que ocurra una simbiosis entre la palabra y la imagen. De alguna manera, este diccionario es como una cédula de identidad del país a través de sus palabras y del retrato que esas palabras están intentando dar”, agrega.

Pero, al mismo tiempo, la imagen establece un proceso más laborioso al momento de lograr el significado de la palabra. Lucas García, escritor venezolano y parte del equipo de ilustración del diccionario, dijo en exclusiva para El Diario que «en la ilustración se trata de recoger la mayor parte de significaciones posibles». Esto produce que la imagen, esa cédula de la que habla Fráncisco Javier Pérez, sea lo más fiel posible al significado lexicográfico de la palabra.

Concepto de aguacero

“El mayor reto era que alguien que no sea venezolano vea la imagen y entienda a qué se refiere. Ese es el gran reto porque para nosotros no ofrece ningún problema, pero para un extranjero sí produce una complicación, por eso la imagen no puede estar separada del texto lexicográfico porque le aclara al usuario el significado concreto de la palabra”, dice Francisco Javier Pérez.

Es necesaria la sinergia armónica de los tres estados del signo (palabra, imagen y sonido) para lograr una lectura competente, ya que si la imagen refiere a otra cosa, ocurrirá un desequilibrio en el significado que tendrá el lector. Este diccionario es, sobre todo, una manera de establecer una mirada de lo venezolano desde su habla y ayudar al reconocimiento identitario de sus propios hablantes. 

La identidad venezolana desde su forma de hablar

Muchos venezolanos que han tenido que emigrar por la situación actual del país son capaces de reconocerse, saber que provienen de un mismo lugar, a través de las palabras. Al escuchar que alguien dice “chamo” y, luego, completa la oración en tono de burla por algún pantalón “brinca pozo”, se puede intuir, inmediatamente, que ese hablante es venezolano y lleva consigo el bagaje lingüístico de su identidad. 

Chamo

Este diccionario es único en su estilo y es la primera vez que se realiza en Venezuela. Es un sueño cumplido para Francisco Javier Pérez que, destaca, siempre quiso participar en la creación de un diccionario en el cual la imagen plausible del enunciado fuese lo primero a la vista. Luego, como es necesario, estará el apartado lexicográfico para dar la percepción cabal de la imagen, pero ese cambio, tan presente en este proyecto, establece una nueva forma de encontrarse con los vocablos. 

Concepto de chamo

Además, no es una imagen referencial de la situación, es una ilustración que tiene, a su vez, una carga estética y simbólica que varía según el dibujante. Esto permite la amplitud del rango en la percepción de la palabra. Aunque en el oficio lexicográfico representa un desequilibrio, por la cantidad de variables que intervienen en el significado, para Pérez es “un valor agregado muy grande, porque no es solamente la referencia inmediata, sino que cada uno de estos ilustradores le brinda un gran mérito al trabajo”. 

Hace cinco años, cuando el proyecto comenzó a formalizarse, este factor presentaba distintas dificultades. Incluso, en algún momento, el trabajo ilustrativo no lograba una correspondencia cabal con la palabra, lo que era, quizás, uno de los obstáculos más notorios en la realización del diccionario, pero la organización de Gisela Goyo y Gabriela Fontanilla, coordinadora del área de ilustración, fue importante para lograr una sinergia entre todos los niveles involucrados. El contacto entre el autor Francisco Javier Pérez y el equipo de ilustradores estuvo mediado por la presencia de Goyo y Fontanilla. Esta última fue la que logró los parámetros gráficos para establecer una cohesión entre las distintas estéticas de cada ilustrador.

Diccionario de venezolanismos
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Aquí lo visual es la puerta de entrada al diccionario. Ese es el cometido. Además, hay algunas voces que tienen sonido. Esto nos lleva a otro terreno del signo. Cuando se habla de la ciudad muchos tienen sonido. Es interesante pensar que el lenguaje es eso: imágenes y sonidos”, dice Pérez.

En el equipo de ilustración están: Manuel Vargas, Stefano Di Cristofaro, Mercedes Madriz, Eddymir Briceño, Yonel Hernández, Astolfo Mata y Michael Lecour. Los fotógrafos fueron: Andrés Maner, Astrid Hernández y Efrén Hernández, entre otros. Lucas García, parte de este grupo de ilustradores, comenta que una de las características más llamativas de este diccionario es el equilibrio entre la imagen ilustrativa y la palabra escrita. Esto permite, agrega, una mayor aceptación de cualquier tipo de público, sobre todo el infantil. “Por su misma naturaleza, al ser ilustrado, lo hace con una capacidad de obtener audiencias mucho más amplias. Permite ser una muestra del país desde nuestra particularidad”. 

El proceso de interiorización de la lengua es un camino plagado de salidas y entradas, de pasajes repletos de maleza y otros que, por el contrario, están despejados a la mirada del hablante. El habla venezolana, para Francisco Javier Pérez, es un cúmulo de vocablos rebosantes de riqueza lingüística que le da vitalidad a la vida propiamente. Incluso, cuando las dificultades del contexto se ciernen en millones de venezolanos es el habla su ancla identitaria. Va consigo, para arriba y para abajo, como una maleta cultural que nunca se desprende. 

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Yo creo que, en la medida, que este conjunto de venezolanos que estamos afuera llevamos la lengua y la llevaremos siempre. No me refiero a la nostalgia, sino que son nuestras palabras. Por ejemplo, hoy, en el evento en el que estoy, participé en una mesa sobre el español de Canarias y las referencias venezolanas estaban todo el tiempo. Uno siempre lleva la lengua y al llevarla llevamos nuestra vida venezolana. Yo creo que este tipo de obras, que son fáciles de manejar y de acceder, son hasta divertidas porque nuestras voces tienen un rasgo de encanto”, explica Pérez.

La pedagogía en el “Diccionario visual del español en Venezuela” 

Todo diccionario es educativo, porque toda obra que hable de la lengua pretende comprenderla y divulgarla. Es un aspecto ineludible del trabajo lingüístico, pero, comenta Pérez, que este diccionario en particular tiene un lineamiento pedagógico muy importante. Por ejemplo, en el menú de opciones está presente una guía didáctica que se puede descargar en formato PDF para los docentes o padres que busquen instruir a sus hijos. 

Hallaca

Una de las máximas de la lingüística contemporánea, proveniente del Curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure publicado en 1916, es que el estudio de la lengua debe ser descriptivo, no prescriptivo. Es decir, el diccionario no es una guía sobre la forma correcta de hablar, sino, por otro lado, describe y estudia el comportamiento de los hablantes para reflejar la realidad. Este factor, aunque puede parecer una nimiedad, es importante para establecer el trabajo del lingüista, que en este caso es Francisco Javier Perez. Uno de los ejemplos, entre varios dentro del diccionario visual, parte de la variedad de la palabra “hallaca”. En algunos lugares del país, bajo registro escrito, se escribe “hayaca”. Entonces, esta dualidad en la gramática es parte del propio enunciado y, según Pérez, reducirla a una sola palabra sería cortar una forma presente en el léxico de los hablantes. 

Concepto de hallaca
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Entonces, me refiero a que las voces regionales no siempre tienen una ortografía fijada, porque siguen fluctuando en la escritura, como, por ejemplo, ‘lechosa’ o ‘lechoza’. Todavía, aunque hay una tendencia, esas voces no están fijadas. Por esto se presenta la doble alternativa y, en esa medida, mi criterio no es normativo. Esta riqueza se expresa también en el diccionario visual”, explica.

Estos factores, aunque son parte de la construcción del diccionario, son primordiales para un talante educativo, ya que establecen la manera correcta de abordar la lengua. Esto permite, a su vez, que el hablante se reconozca en sus expresiones propias y que produzca una lectura pertinente de las palabras que utiliza día a día. 

Además, el diccionario se puede descargar e imprimir para que los niños, en su avidez por aprender nuevas cosas, encuentren un divertimento en el estudio lingüístico. 

Arepas de beisbol

El Diccionario visual del español en Venezuela es una mirada importante a las raíces de la realidad venezolana. Es la lengua, como nunca antes, el primer punto de comunión en el extranjero. Los foráneos interesados en este territorio podrán descubrir la forma que tiene el venezolano de ver el mundo. Son miles de caminos que la lengua recorre y, en este momento, el español en Venezuela transita por la imaginación de todos los lectores que se aproximan a la sinergia entre la autoría de Francisco Javier Pérez y la estética de un grupo de ilustradores y fotógrafos. 

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