• Yuli y Oro no lo planearon, pero el camino las llevó a ser embajadoras de uno de los tantos sabores de la gastronomía venezolana

En Montevideo, Uruguay, de un pequeño local emana el aroma y el sabor venezolano gracias a una de las comidas predilectas de nuestra tierra: los tequeños. La magia que ocurre en la cocina de aquel lugar tiene dos protagonistas: una pareja de mujeres venezolanas que emigró en 2016 al país austral. Ahora, contra todo pronóstico, son referentes de este plato en el extranjero. Reparten diariamente la sazón de esa parte de la gastronomía venezolana a uruguayos y también a sus compatriotas, que buscan con frecuencia un poquito del país en el que nacieron. Allí encuentran a Tequeños La Rambla. 

Oroyelix Lozada y Juliedy Guillen son las responsables del éxito de este espacio que es la primera fábrica de tequeños en Uruguay. Ambas son egresadas de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), licenciadas en Comunicación Social. Tras un paso corto por los medios venezolanos y el manejo de redes sociales, decidieron partir buscando nuevas oportunidades, así se sumaron entonces a los casi 15.000 venezolanos que residen en el país suramericano. Nunca imaginaron que este emprendimiento se convertiría en su sustento económico y un constante motivo de orgullo, pero así ocurrió. 

Conociendo cómo surgió Tequeños La Rambla 

Oreyelix, u “Oro”, como prefiere que la llamen, es la primera que habla de los inicios del negocio. Comenta que nunca imaginaron vender este aperitivo cuando emigraron, pero el camino se fue dando para que así ocurriera.  

Una chica que conocimos nos dijo que estaba buscando un proveedor de tequeños. Yuli se ofreció a hacerlos, le pidió la receta a un tío panadero y listo. Nos encargó 200 tequeños en ese primer pedido, ella jamás apareció. Pero el trabajo en temas de logo y marca ya estaba hecho, por eso decidimos seguir adelante. Así empezó Tequeños La Rambla”, recuerda Oro.

Desde ese momento comenzaron un proceso nuevo, en el que trabajaron sobre la marcha. Oro aprendió la elaboración de los tequeños. Julieth, o “Juli” como le dicen con frecuencia, se encargó de administrar las redes sociales del negocio. De ahí salieron sus primeros clientes. 

Al principio el emprendimiento solo era una forma para obtener ganancias extras, pero lo que vino después cambió la percepción de las dos venezolanas. Ambas participaron en varias ferias gastronómicas, la más significativa: la Feria de las Migraciones; y su stand de venta fue un éxito. “Empezamos a entender que era un proyecto que tenía futuro, que a la gente le había gustado, que el uruguayo estaba siendo receptivo”, dice Oro, Yuli lo reafirma. 

Entonces comenzó el trabajo duro. Estudiaron referentes, se reunieron con venezolanos destacados en el área e hicieron ajustes. Por ejemplo, agregar la venta de tequeños fritos, inicialmente solo los ofrecían congelados. Eso junto a la inclusión de su negocio en plataformas como Rappi y Pedidos Ya, fue suficiente para que el negocio se convirtiera en un éxito. Tanto, que luego surgió la idea de la fábrica. 

“Todo eso fue lo que nos permitió proyectarnos y por eso decidimos abrir la fábrica de tequeños. Es la primera en Uruguay (…) Después de este proceso sentimos orgullo, satisfacción, de saber que todo el sacrificio, que mucho trabajo y poco descanso ha valido la pena, eso es lo más importante”, afirma Yuli. 

Foto: Cortesía

En el negocio no solo las distingue ser fabricantes, sino también los productos novedosos que ofrecen. Tienen los habituales tequeños de queso, pero hay dos opciones que las distinguen: “Nuestra línea premium tiene como base queso crema. Hay uno para vegetarianos, otro para los carnívoros, ese es de queso crema, crocante de tocineta y cebollín que es el favorito. El otro es queso crema y champiñones al ajillo, esa idea surgió de querer innovar, hacer algo rico, pero diferente”, detalla Oro. 

Otro punto que las caracteriza son sus empleados, todas mujeres. Un guiño al empoderamiento femenino.

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“Este emprendimiento es netamente femenino, acá trabajamos puras mujeres, tenemos tres que nos acompañan con el trabajo. Es una mujer la que hace las entregas. Nos caracterizamos por eso y nos gustaría mantenerlo a lo largo del tiempo. Estamos ligadas al tema del empoderamiento femenino, de que todas podemos hacer lo que sea, es como un lineamiento, un valor de nuestra marca”, agrega. 

Uruguayos, tequefanáticos 

El nombre aún no lo aprenden con exactitud, pero su sabor ya los enamoró. Oro cuenta que los uruguayos que van a la fábrica piden “taqueños”, para hacer referencia a los tequeños, pero a ellas eso no le preocupa, pues comenta que ellos han sabido adoptar el platillo venezolano como propio. 

“Nosotros decimos que son tequefanáticos. Lo compran mucho para la cena, para compartir con la familia. Siempre hacen comentarios sobre el queso porque es distinto. Eso los atrapa”, agrega la joven venezolana. 

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El gusto de los extranjeros por los tequeños no es fortuito, al menos no para Oro y Yuli. Desde que el negocio comenzó a marchar bien, ambas tuvieron claro que la idea no era solo recibir público venezolano, sino también al local: los uruguayos. Por ello partieron desde el nombre del local, para que fuera algo que uniera a las dos nacionalidades: así eligieron Tequeños La Rambla. 

Ahora que tienen una fábrica y su producción ha aumentado, ambas aspiran a hacer de su emprendimiento algo más grande. Tienen muchos planes a futuro, entre ellos que su negocio se convierta en franquicia y puedan abrir varias sedes en todo el país, y por qué no, en la región. La pareja también sueña con vender sus productos a supermercados y restaurantes. Si antes Tequeños La Rambla era un trabajo momentáneo, en la actualidad, para ellas, lo es todo. 

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“Comenzó siendo una opción pequeñita y después de dos años se convirtió en todo para nosotras, nuestro proyecto de vida, desvelo, pesadilla, sueño. Es literalmente todo. También es la oportunidad de aprender un montón de cosas, nos permite poner en práctica todo lo que estudiamos y hemos aprendido en la marca, eso lo hace muy valioso». Tequeños La Rambla tiene una huella de Yuli y de Oro. 

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