• Un repaso de la vida de uno de los más grandes pintores venezolanos del siglo XIX

Hace 158 años, en la ciudad de Valencia nació Francisco Arturo Michelena Castillo, segundo hijo de Juan Antonio Michelena y Socorro Castillo que quedaría inmortalizado en los anales de la historia venezolana como uno de los grandes pintores del siglo XIX.

Si bien Arturo Michelena es principalmente reconocido por sus pinturas sobre temas y personajes históricos que se han convertido en íconos de la memoria colectiva del pueblo venezolano, también fue un gran cautivador de la figura humana, el retrato familiar, el desnudo, la mitología, el paisajismo, los equinos y, al final de su vida, temas religiosos.

Arturo Michelena
Miranda en La Carraca, Arturo Michelena,1896 

Nace un ilustre

Su padre fue un renombrado pintor, quien sería director de la Escuela de Dibujo y Pintura; su abuelo materno Pedro Castillo también fue un pintor, conocido por ser el autor de los murales de la casa del general José Antonio Páez.

Sus primeros años de formación fueron impartidos por su tía Edelmira Michelena en la otrora calle Puerto Cabello, actualmente conocida como Díaz Moreno; cruce con calle el Sol, hoy en día calle Páez en su casa natal, donde solo queda una placa como recuerdo. Posteriormente estudiaría en el colegio de Lisandro Ramírez hasta 1874, cuando empezaría en el Colegio Cajigal.

Nació en el seno de una familia de artistas, tuvo experiencias con la pintura desde muy pequeño. Luisa Galíndez, autora del libro Historia de Valencia; Siglo XIX, señala que Michelena pintaba todo lo que veía en la escuela; pizarrones, mesas, tinteros y silueta.

Posteriormente sería instruido por Constanza de Sauvage, una dama francesa discípula del pintor Eugène Devéria, quien le enseñó a aprovechar la luz y a distribuir mejor los colores.

La preparación de un artista

Su primer gran encargo fue el de ilustrar la edición neoyorquina del libro de Francisco de Sales Pérez: Costumbres Venezolanas con tan solo 11 años de edad. De acuerdo con el biógrafo Enrique Planchart, después de ver los resultados Sales Pérez le envía una caja de crayones junto a una dedicatoria que rezaba: “Arturo quiero asociarme a tu gloria futura regalándote los primeros pinceles».

Entre 1879 y 1872 instala junto a su padre una academia de arte en su casa, ahí se dedican a cumplir encargos de retratos y sirve como un período de aprendizaje y práctica para el artista.

Galíndez asegura que, durante ese tiempo, se pensaba que Michelena debería viajar a Europa para consolidarse como artista, pues en Valencia estaba perdiendo sus mejores años sin profesores de primer nivel. En 1885 llega la oportunidad, recomendado por Sales Pérez, el presidente Joaquín Crespo lo envía a Francia en compañía del pintor Martín Tovar y Tovar, con una pensión de 60 pesos mensuales.

En París acude a la Académie Julian para aprender del afamado Jean Paul Laurens, junto a pintores como Cristóbal Rojas y Emilio Boggio. Ahí cultivó una duradera amistad con Cristóbal Rojas.

El éxito en Europa

En 1887 presentó El niño enfermo en Le Salón des Artistes Français, donde fue aclamado por los presentes. A partir de ese momento cosechará múltiples éxitos tanto en Europa como en Venezuela, a donde regresa en 1889 y donde contrae matrimonio con Lastenia Tello Mendoza.

Arturo Michelena
El niño enfermo, Arturo Michelena,1886

Pronto vuelve a París, donde su estilo cobra un trazo más fluido y la utilización del color se vuelve más dinámica. Sin embargo, se ve obligado a volver a Venezuela debido a una situación económica inestable y a su delicado estado de salud, producto de un cuadro tuberculoso.

Tras su vuelta a Caracas, rápidamente asume el cargo de pintor oficial del Estado y la Iglesia. Durante este tiempo recibió una gran cantidad de encargos que le permitieron instalar su propio taller. Michelena alcanzaba el momento más exitoso de  su carrera en el ocaso de su vida.

Muerte y legado

En 1897 se traslada a la calle Ayacucho de Los Teques (Miranda) por recomendación de los médicos, sin embargo, moriría el 29 de julio de 1898 a causa de la tuberculosis con tan solo 35 años de edad. En su homenaje se muestran 173 de sus obras en el Salón Rojo del Capitolio de Caracas, en una de las primeras exposiciones realizadas en el país.

Debido a su muerte prematura, dejó inconclusas algunas de sus obras más imponentes como La última cena y no logró pintar una gran cantidad de bocetos que desarrolló a lo largo de los años.

Arturo Michelena
La última cena, Arturo Michelena, 1898

En 1948 sus restos son trasladados del Cementerio General del Sur al Panteón nacional y en el centenario de su nacimiento, el 16 de junio de 1963, abre sus puertas el Museo Arturo Michelena, en la que fue su casa de La Pastora (Caracas).

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