• El músico venezolano, residenciado en este momento en México, conversó con el equipo de El Diario sobre su camino en la música y las referencias literarias de su propuesta. Además, comentó la búsqueda que ha tenido desde joven a través de la expresión artística. Foto: Edward Perdomo

Heberto Añez es un explorador perpetuo entre las condiciones de la melancolía y la espera. En este momento, mientras la época se parte en miles de fragmentos, siendo partes de una amalgama de simulaciones, estrenó su proyecto más reciente bajo el seudónimo de Sr. Presidente, titulado Concorde. En su vida ha transitado por distintos lugares de la experimentación y mantiene, como un remache inamovible, las referencias de los sonidos nacientes en Maracaibo, estado Zulia. 

Este último proyecto tiene un camino reconocible bajo las huellas difusas de la filosofía contemporánea y las lectura por parte de Heberto del autor surcoreano Byung-Chul Han, la autora argentina Esther Díaz y la española Rosa María Rodríguez. Estos escritores han problematizado la relación actual de los seres humanos con la potencialidad de las redes sociales y la existencia en una simulación perpetua. Este tipo de referencias, comenta Heberto, son notables en la concepción del álbum y su quiebre en dos partes, una llamada “Desechable”, con ritmos reconocibles y pegajosos, y la otra llamada “Inmaculado”, en la cual se permite la experimentación plena. 

En este disco existen dos canciones que tratan directamente la modernidad líquida. Lo que yo he vivido porque cuando comencé a estudiar estas cosas pensaba que eso estaba por venir, que no había llegado todavía, pero a partir de las redes sociales y la importancia de la apariencia (el fenómeno editar mi vida) ya no es solo corporal. Esther Díaz llama a este proceso la fragmentación del “yo”. En este disco, prácticamente, relato que la época hizo una ruptura y yo me siento en una bisagra porque tengo muchos valores modernos y postmodernos”, dice en exclusiva para El Diario.

Las canciones de la primera parte son: “Las Cosas me Llaman”, “Lo Mejor se Fue”, “Un Gran Espíritu Azul”, “Presencias” y “Joya”; en la segunda parte son: “Grease”, “María”,  “Apple iPhone Twinkle”, “Medianoche Sándwich” y “El Lago Country Club”. Cada una de las partes es capaz de funcionar individualmente, pero la conjunción en Concorde permite, de una otra manera, adentrarse en la pesadez de la nostalgia, de la ida sin retorno, el sentido de la vida editada por entero, entre otros tópicos. 

El estreno de este proyecto fue atropellado y caracterizado por la vaguedad del destino. “Como dice el dicho: Si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes”, dijo Heberto. A principios de 2020 había pautado algunas funciones en Estados Unidos, pero sus planes migratorios estaban dirigidos a Argentina, para reunirse con TLX, su banda desde 2006. Sin embargo, en el mes de marzo, luego de haber realizado dos fechas en EE UU, se declaró la emergencia nacional por el covid-19 y quedó varado en el país norteamericano. No podía continuar sus planes para Argentina ni tampoco regresar a Venezuela. “Tuve que planear qué carajo hacer con mi vida y decidí irme a México”, agrega.

Heberto Añez y su camino por distintas referencias 

La familia paterna de Heberto fundó un grupo de gaitas en los años cincuenta llamado Los Tucusones y grabaron, hasta 1996, más de 30 producciones discográficas. La música fue un elemento recurrente en su hogar y, además, el entendimiento de sus inclinaciones artísticas. 

En la adolescencia tuvo otra gran influencia que se mantiene hasta el día de hoy: su hermana. Ella le presentó la música anglosajona y sonidos que no eran reconocibles a esa edad y aparecían ante los ojos de Heberto como un mundo renovado de ritmos. “Uno de ellos fue un grupo belga llamado Technotronic. Era mi grupo favorito cuando tenía esa edad y actualmente me parece magnífico. Después, muchas cosas de esa época como Corona, Cristal Waters, etc. Creo que es de las cosas que mayor influencia tiene en mi composición y, luego, hice un suiche a los 10 años porque conocí a Paul Gillman y comencé a escuchar Motley Crew y Nirvana”, dice.

Heberto Añez Novoa
Foto: Edward Perdomo

En ese momento, al recordar el camino de referencias que construyen su propia búsqueda, menciona que el primer álbum que escuchó de Nirvana fue en 1994. Ese mismo año Kurt Cobain, vocalista de la banda de grunge, se suicidó y la atmósfera para un joven Heberto se cubrió de una capa densa y nebulosa de muerte. Posteriormente, estudió Artes Audiovisuales en la Universidad Católica Cecilio Acosta y Artes Plásticas en la Universidad del Zulia. 

Sin embargo, su aprendizaje musical fue autodidacta y se enriqueció con el tiempo y el descubrimiento de nuevas expresiones artísticas. En la casa de su padre, en 1999, tenía la posibilidad de escuchar el repertorio de canales musicales que había pagado. Con ellos descubrió una afición latente por la música clásica, sobre todo con el postimpresionismo, hasta la obsesión. 

Al final de la década de los noventa descubrió el retorno de la música electrónica a las fiestas de la ciudad y, más allá de las referencias del rock y grunge, el sonido de la época está marcado por la experimentación tecnológica. “En 1999 es un regreso de las fiestas electrónicas y llega a Maracaibo y en el 2000 voy para mi primera fiesta rave, siendo menor de edad. Empecé a ir a fiestas electrónicas donde había música desquiciada, drogas y muchas cosas nuevas en la ciudad. Esa movida se mantuvo hasta 2004 y 2005”, relata. 

Foto: cortesía

Por otra parte, como libélula permanente, la literatura, la psicología y la filosofía comparten un lugar en las referencias artísticas de Heberto Añez. Su recuerdo lo lleva a las noches marabinas. Cuando él tenía seis o siete años de edad, y su madre, bajo la luz de una lámpara, leía algunos clásicos. Luego, esos libros se volvieron indispensables para Heberto. Y aunque ha descubierto ciento de lecturas en su vida, siempre, de una u otra manera, regresa a los primeros libros.

En 2004 sintió curiosidad en los procedimientos de la filosofía y la amplitud de su pensamiento. Las nociones que tenía hasta el momento eran básicas y rudimentarias. “Yo estaba en una búsqueda y tenía una pequeña idea de lo que estaba buscando, hasta que un amigo me presentó Las confesiones de San Agustín y tuvo nociones de filosofar y empecé a estudiar la historia de la filosofía de manera muy rudimentaria. Luego, en 2008 se inauguró la biblioteca pública María Calcaño en Maracaibo y era un espacio gigantesco donde podía leer en silencio”, comenta.

En esa sala de lectura descubrió la obra de Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Marcel Proust, Gottfried Liebniz, Baruch Spinoza, entre otras. Tanto literarias como filosóficas. De esta manera, las referencias de Heberto se volvieron imprescindibles del lenguaje y, posteriormente, logró un encuentro ameno y melancólico en su obra. 

Señor Presidente, un álter ego para la experimentación musical 

En 2006 comenzó su carrera profesional en la música como tecladista de TLX. Una de las bandas más reconocidas del rock venezolano en los últimos años. En ese momento, junto a Andrés Morillo, Cufiño y Roberto Jiménez, tocaba en “raves”. La movida rockera nacional todavía estaba reiniciándose.  

Luego, en 2008 comienza a escribir fuera de los parámetros o concepciones de la banda. Esas letras y ritmos, florecientes desde la experimentación, no tenían cabida en TLX y decidió crear un proyecto alterno bajo el nombre de Señor Presidente. “Con Presidente puedo hacer lo que yo quiera y tenía una paleta más grande de opciones”, dice.

Su primer álbum fue Banco Insular y se estrenó en 2012. Luego, los años siguientes fueron de gran convulsión en la vida venezolana. Heberto codificó el dolor de la injusticia, la muerte y la pesadez en su siguiente proyecto llamado Ilustre ventanal de estrategias. 

Todo comenzó con un par de versos de su poemario titulado “Oscuro sol” y publicado en 2012. En febrero de 2014 Heberto estaba en la casa de un amigo. Luego, el 12 de ese mes, tras las protestas estudiantiles, se conoció la muerte de Bassil Da Costa. Él quedó atrapado en esa casa por varios días y la sensación de acabose era latente en cada una de las esquinas. Justamente, recordó, mientras miraba por la ventana de la sala, un verso: “Quiero ser, flor mía/ un secreto de cañaveral/ un ventanal de estrategias”. Ese fue el ápice necesario para crear el siguiente álbum.

Este proyecto, explica, está configurado por la muerte y el derramamiento de sangre ocurrido en 2014. “En 2013 yo tenía una corazonada muy mala y era sobre cuánto tenía que esperar para el cambio del país. De alguna manera sentí ese miedo premonitorio del año que siguió a esa canción. Yo quedé sumido en una depresión ese año. Me tomé todo el 2015 para grabar el disco y sacarlo en agosto”, comentó.

Señor Presidente es un personaje enmarcado en la multiplicidad y el cambio constante. Las calamidades y bienaventuranzas de Heberto Añez se codifican en su obra artística. Y aunque aquí no quede un alma y lo mejor se haya ido, se mantiene, quizá, en su búsqueda por el primer paso para el reconocimiento del futuro y el recuerdo del pasado. 

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