• Con la instauración del régimen Talibán en ese país, ya las vidas de las mujeres están empezando a cambiar. Algunas de ellas han declarado a medios que temen por lo que pueda pasarles con las restricciones que imponen y que suponen un retroceso de 20 años en los que se había avanzado con los derechos humanos. Foto principal: Hedayatullah / EFE

Afganistán se está convirtiendo en un infierno particularmente para las mujeres y niñas con la toma del poder por parte de los talibanes. Sus derechos humanos, que ya se estaban deteriorando progresivamente con la retirada prevista de los militares extranjeros -la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados dice que alrededor del 80% de los que han huido desde finales de mayo son mujeres y niños-, podrían terminar por completo con el nuevo régimen Talibán.

Los talibanes, según denuncia la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA),  “tratan a las mujeres peor que a sus animales”. Literalmente. Mientras que es ilegal tener animales enjaulados en las zonas bajo su control, “encarcelan a las mujeres afganas entre las cuatro paredes de sus hogares”, dicen.

La situación a las cuales pueden ser sometidas las mujeres y niñas ya genera preocupación en la comunidad internacional. António Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), alertó que está “seriamente preocupado” por sus derechos, los cuales dijo “deben ser protegidos”.

Terror a lo que viene

Aunque los talibanes prometieron que respetarían los derechos humanos si regresaban al poder en Afganistán “de acuerdo a los valores islámicos”, especialmente los de las mujeres, la realidad ahora es muy distinta. El efecto ha sido inmediato. Un grupo de 12 mujeres afganas narraron hace unos días a elDiario.es a lo que temen ser sometidas.

Las mujeres contaron que las zonas definitivamente controladas por los talibanes han cerrado 176 escuelas. Prohibieron el acceso de las niñas a la educación, y muchas de ellas son casadas a la fuerza a partir de los 15 años. “Se reparten a las mujeres como botín de guerra, las violan y las azotan en público por sorprenderlas sin burka”, aseguran. En el caso de los niños, son reclutados a la fuerza como soldados.

Por eso, antes de que se apaguen nuestras voces y desaparezcan nuestros rostros, queremos enviaros estos mensajes, ocultando nuestros verdaderos nombres, para intentar no desaparecer definitivamente en el olvido”, escribieron para el medio español.

Sara, desde Bamiyán, en el centro de Afganistán, dijo: “Estoy muy preocupada por mis tres hijas. No tenemos sitio al que huir. La gente nos dice: ‘Cuando los talibán tomaron los distritos de Saighan y Kahmard, entraron en todas las casas por la fuerza y contaron el número de vestidos para saber cuántas mujeres vivían en cada casa’. Cuentan que los talibán se llevan a las mujeres y a las niñas a la fuerza. Prefiero que mis hijas mueran de una manera digna antes de que caigan en sus manos”.

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Safia, de 26 años de edad, aseguró: “Soy estudiante desde los 16 años. Mi sueño habría sido ser profesora de universidad algún día, pero la vuelta de los talibán supondrá para mí el encarcelamiento en mi propia casa y mi muerte, poquito a poco. El mundo no puede ignorar la amenaza que representan los talibán para las mujeres”.

20 años de retroceso

Los principales derechos humanos que garantizaron a las mujeres afganas se consiguieron en el siglo XX. En 1919 lograron el derecho al voto, en 1950 se abolió el ‘purdah’ (la segregación por género), y en la década de 1960 se aprobó la igualdad en muchas otras áreas de la vida, incluida la participación política. Una popular fotografía de 1970 muestra a tres mujeres en minifalda caminando por una calle en Kabul, la capital afgana.

Mujeres en Kabul en 1970. (Laurence Brun)

Eso empezó a cambiar en los siguientes años, luego de una serie de golpes de Estado, de la invasión de la Unión Soviética y los conflictos entre el gobierno y los grupos muyahidines en las décadas de 1980 y 1990. El cambio definitivo fue cuando los talibanes tomaron el control del país desde 1996 hasta 2001. De inmediato impusieron reglas sociales con base en su interpretación ultraortodoxa de la ley islámica. Algunas de las prohibiciones las recoge la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán. Existe el riesgo de que muchas de ellas vuelvan.

Por ejemplo, las mujeres tienen prohibido trabajar fuera de sus hogares. Solo unas pocas doctoras y enfermeras tienen permitido trabajar en algunos hospitales en Kabul. En otras ciudades como Ishkamish, un distrito rural con escasos servicios, en la provincia de Takhar, las imposiciones ya han comenzado a notarse.

Nooria Haya, una partera de 29 años de edad que trabaja en Ishkamish, contó a la BBC que la primera prohibición que le dieron los talibanes cuando tomaron el control de la región, fue la de hacer reuniones entre el personal masculino y el femenino. Antes de eso, solía tener encuentros diarios con hombres médicos para acordar los tratamientos para los lugareños y las prioridades de la clínica pública en la que trabaja. De hecho, otra de las prohibiciones que menciona la RAWA es que las mujeres no pueden ser tratadas por médicos o enfermeros masculinos.

“Hay muchas restricciones ahora. Cuando salgo tengo que llevar la burka, como me lo ordenan los talibanes, y un hombre me tiene que acompañar”, añadió Nooria. Los talibanes obligan a las mujeres a llevar burka. Si no lo hacen, podrán ser azotadas, golpeadas o insultadas. Si enseñan sus tobillos también podrán ser azotadas.

La nueva realidad se hizo más pública gracias a unas fotografías que se hicieron virales en redes sociales, de la reportera en Afganistán de la cadena CNN, Clarissa Ward. En la primera foto, antes de que los talibanes retomaran el poder, se ve a la periodista con maquillaje, ropa de colores y con la cabeza descubierta. En la foto actual, se la ve con el burka, solo enseñando su rostro sin maquillaje. Sin embargo, la periodista aclaró que en la primera fotografía estaba en un recinto privado.

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“Siempre usé un pañuelo en la cabeza en la calle en Kabul anteriormente, aunque no con el pelo completamente cubierto y abbaya. Así que hay una diferencia, pero no tan marcada”, aclaró Ward.

La caída de los talibanes en 2001 ocasionó grandes mejoras en los derechos humanos, más allá de que la sociedad afgana no adoptó por completo algunas prácticas. Entre otras cosas, ocasionó que las mujeres llegaran a cargos de poder. Podían ser embajadoras, ministras, gobernadoras, alcaldesas, miembros de la policía y las fuerzas de seguridad. Ahora, con su llegada al poder nuevamente, muchas de esas mujeres temen por su futuro.

Una de ellas es Zarifa Ghafari. Con 27 años de edad, se convirtió en la alcaldesa más joven de Afganistán. Gobierna la ciudad de Maidan Sharh desde 2018 y ha defendido los derechos de las mujeres en ese país durante años, presentando su propio programa de radio y fundando una organización no gubernamental centrada en el empoderamiento económico de las mujeres. 

“Estoy sentado aquí esperando a que vengan (los talibanes), dijo Ghafari al iNews of the Taliban del Reino Unido . “No hay nadie que me ayude a mí ni a mi familia. Solo estoy sentada con ellos y mi esposo. Vendrán por gente como yo y me matarán. No puedo dejar a mi familia. Y de todos modos, ¿adónde iría?”, añadió.

Más prohibiciones

En 2003, el gobierno afgano ratificó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, que requiere que los estados incorporen la igualdad de género en su legislación nacional.

En 2004 la Constitución afgana contempló que “los ciudadanos de Afganistán, hombres y mujeres, tienen los mismos derechos y deberes ante la ley”. En 2009 se promulgó una ley para proteger a las mujeres del matrimonio forzado y de menores y de la violencia. Esta ley, de acuerdo con Human Rights Watch, registró un aumento en la denuncia, la investigación y, en menor medida, la condena por delitos violentos contra mujeres y niñas.

Nada de eso valdrá bajo las interpretaciones de los talibanes. Otras de sus normas son:

Las mujeres no pueden hacer nada fuera de casa sin su ‘mahram’ o ‘guardián’ (padre, hermano o marido).
Las mujeres no pueden comerciar.
Las mujeres no pueden estudiar en escuelas, universidades o instituciones educativas.
Las mujeres podrán ser azotadas, golpeadas o insultadas si no visten según las reglas o si no van acompañadas de su ‘mahram’.
Las mujeres podrán ser lapidadas si son acusadas de tener relaciones extramatrimoniales.
Las mujeres no pueden usar cosméticos.
Las mujeres no pueden hablar o estrechar la mano a hombres que no sean ‘mahram’.
Las mujeres no pueden reír en voz alta.
Las mujeres no pueden llevar zapatos de tacón.
Las mujeres no pueden subir a un taxi sin su ‘mahram’.
Las mujeres no pueden participar en la radio, la televisión ni en reuniones públicas.
Las mujeres no pueden practicar deportes o entrar a centros deportivos.
Las mujeres no pueden montar en bicicleta o moto, ni siquiera con su ‘mahram’.
Las mujeres no pueden llevar ropa de colores vistosos.
Las mujeres no pueden reunirse con motivo de festividades, ni siquiera religiosas.
Las mujeres no pueden lavar la ropa en ríos o plazas públicas.
Las calles con nombres de mujeres cambiarán de nomenclatura.
Las mujeres no pueden asomarse a ventanas o balcones, ni ser vistas (por lo que es obligatorio disponer de cortinas opacas).
Las mujeres no pueden coser ropa femenina ni acudir a que le hagan ropa en sastrerías.
Las mujeres no pueden entrar en los baños públicos.
Las mujeres no pueden viajar en el mismo autobús que los hombres.
Las mujeres no pueden llevar pantalones acampanados, ni siquiera debajo del burka.
Las mujeres no pueden realizar fotografías (ni salir en ellas).
Las mujeres no pueden salir en revistas, libros o carteles publicitarios.

Además, el régimen talibán prohibió la música, el cine, la celebración del Nowruz (el año nuevo persa), al tratarse de una festividad pagana, la celebración del Primero de Mayo o Día del Trabajador, al ser considerada una fiesta “comunista”; obligó a todos los que tuvieran un nombre no islámico a que se lo modificaran, a los jóvenes a raparse el pelo y a los varones, a vestir indumentaria islámica y llevar barba larga; y estableció como obligatorias las cinco oraciones del día.

Ayuda a las mujeres afganas

En medio de este contexto de brutalidad en contra de las mujeres afganas, han surgido iniciativas internacionales para apoyarlas ya sea con donaciones o visibilizando sus situaciones. La organización feminista Siete Polas recogió en un hilo de Twitter algunas de ellas.

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Women for Women, una organización sin fines de lucro que apoya a las mujeres sobrevivientes de guerra, está recibiendo donaciones en su página web womenforwomen.org para mantener su trabajo de apoyo a mujeres en ese país. Lo mismo está haciendo Women for Afghan Women, la organización de mujeres más grande de Afganistán.

Por otra parte, Rukhshana Media, un medio de comunicación dedicado exclusivamente a cubrir historias de mujeres en Afganistán, compuesto completamente por mujeres afganas, está recibiendo donaciones para continuar con su trabajo periodístico.

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