- El liberal, que ha gobernado los últimos seis años, hizo una jugada política que podría salir cara: adelantó las elecciones confiado de que obtendría mejores resultados que en 2019, y podría perder contra el conservador Erin O’Toole. Foto principal: Getty Images
Un error de cálculo podría poner fin a la era de Justin Trudeau en Canadá. El primer ministro canadiense, que tejió en los últimos seis años su imagen de líder carismático y liberal en el mundo, adelantó las elecciones generales para este lunes 20 de septiembre, previendo unos mejores resultados para su partido que en 2019. Sin embargo, estos estarían lejos de producirse: las encuestas marcan un empate técnico en votos entre él y el conservador Erin O’Toole, con 31% cada uno.
El adelanto electoral de Trudeau falló en los cálculos desde el mismo día en el que lo anunciaron. Afganistán cayó en manos de los talibanes, y el debate público, antes dominado por el buen control de la pandemia del covid-19 (Canadá ha vacunado al 70% de sus habitantes y registrado 27.440 muertes, una de las tasas más bajas dentro de los países del G7), en la firmeza y la capacidad de liderazgo internacional.
El primer ministro ha sufrido un considerable desgaste en su popularidad desde que llegó al poder en diciembre de 2015. Entonces tenía una aprobación de 63%. Hoy es solo de 36%, de acuerdo a la firma demoscópica Angus Reid. No obstante, esto tampoco garantiza una derrota al actual primer ministro por el sistema de gobierno canadiense.
La clave de la elección podría ser Jagmeet Singh, de los Nuevos Demócratas, al superar el 20% de los votos. Singh, un político de centro-izquierda, podría ser quien destrabe la configuración del nuevo gobierno en caso de que las encuestas están sobrevalorando a Trudeau y al final sea O´Toole el ganador en votos y escaños. Esto también obedece al desplome del Partido Verde que marcan los sondeos.
El legado de Trudeau
La imagen del primer ministro canadiense adquirió mayor protagonismo en los últimos cuatro años. Joven, liberal, abierto a la inmigración y cercano a los líderes de la Unión Europea, Trudeau fue el mayor contrapeso a Donald Trump. Puertas afuera, el idilio con el canadiense se forjó con decisiones como la legalización del cannabis en todo el país y un impuesto al carbono para combatir el cambio climático. También mantuvo el tratado de libre comercio con Estados Unidos y México pese a las amenazas de Trump de desechar el acuerdo.
Puertas adentro, más allá de que su gobierno mantuvo una importante popularidad la historia ha sido diferente en los últimos años. A su Administración lo persigue el “caso Wanzhou”, la alta ejecutiva de Huawei retenida en Canadá a la espera de que se determine su extradición a Estados Unidos. Mientras que China ha reaccionado deteniendo arbitrariamente a ciudadanos canadienses y ejecutando sentencias, el primer ministro solo lo ha condenado públicamente, sin más acciones.
Y aunque para muchos en el mundo Canadá es un espacio en blanco en el mapa político, juega un papel importante. Canadá es miembro del G7, de la OTAN, del G20 y de muchas otras organizaciones y bloques internacionales importantes.
En caso de ganar, el líder conservador Erin O’Toole, quien se opone a las restricciones por el coronavirus y la vacunación obligatoria, prometió adoptar una posición más dura contra China y trasladar la Embajada de Canadá en Israel a Jerusalén.
El conservador progresista
La oposición ha sido implacable criticando a Trudeau por convocar la votación anticipada dos años antes de la fecha límite por ambición personal. Y contra todo pronóstico, eso lo ha capitalizado el conservador O’Toole.
Al comienzo de la campaña, según Abacus Data, el 40% de los canadienses no sabía lo suficiente sobre O’Toole como para siquiera formarse una opinión sobre él. El candidato de 48 años de edad no era ni el que más simpatía generaba entre los conservadores.
O’Toole se presentó a los canadienses en tono conciliador, centrista y, paradójicamente, menos conservador. “Desde el primer día de mi liderazgo, mi prioridad ha sido construir un movimiento conservador donde todos los canadienses puedan sentirse como en casa”, dijo semanas antes de los comicios. “Ya no somos el Partido Conservador de tu padre”, añadió.
Cuando se postuló para el liderazgo del partido en 2020, se calificó a sí mismo de conservador “azul verdadero”, criticando la “cultura de cancelación” y la “izquierda radical”. Se comprometió a derogar la prohibición liberal de ciertas armas de fuego «estilo asalto» y cancelar el plan de impuestos al carbono de Trudeau. Todas esas posturas las dejó a un lado en estas elecciones.
O’Toole también se ha definido como proaborto, toda una rareza entre conservadores. Esto lo han aprovechado los liberales para marcar sus cambios de propuestas a lo largo de los años y venderlo como una farsa. “Ser proelección no es que los médicos tengan el poder para elegir. Es el poder que tienen las mujeres para elegir”, se diferenció Trudeau al principio de la campaña.
En cualquier caso, los extremos parece que no gobernarán Canadá después de estas elecciones. Queda por definir si los liderará, como en los últimos seis años, el liberal Trudeau