• Reconstruyó varias iglesias y se despojó de todos los lujos para ayudar a quienes menos tenían. El papa Francisco llamó a imitar su modelo. Cada 4 de octubre se celebra su fiesta

Cada 4 de octubre se celebra la fiesta de San Francisco de Asís, uno de los santos más conocidos del catolicismo, y cuyo nombre fue tomado por el papa Francisco en su honor.

Este año 2021, el papa Francisco propuso a San Francisco de Asís y a la Madre Teresa de Calcuta como modelos de pobreza y misericordia a imitar. “Ser feliz es aquello que más anhela el ser humano. De ahí que el Señor promete la felicidad a los que quieran vivir según su estilo y ser reconocidos como bienaventurados”, afirmó el papa.

En esta línea, el papa destacó el testimonio de San Francisco de Asís, quién según él fue pobre de espíritu, rico de fraternidad y deseoso de la amistad social. “Así lo testimonió el joven Francisco de Asís, hijo de un rico comerciante, en los albores de la era industrial, del capitalismo y de la banca, abandona las riquezas y comodidades para hacerse pobre entre los pobres, testimoniando esta bienaventuranza con el llamado ‘sposalizio con madonna povertà’”.

¿Quién fue San Francisco de Asís?

El verdadero nombre de este santo es Juan –Giovanni, en italiano–. Sin embargo, decidió abandonar ese nombre con el que fue bautizado para llamarse Francisco, en un intento por sacar de su vida todo aquello que consideraba malicioso y entregar su vida a Cristo.

Su padre, Pedro Bernardone, fue un comerciante que trabajaba en Francia. Como se encontraba en ese país cuando nació su hijo, la gente le apodó “Francesco” (el francés). Bernardone era un rico comerciante de telas que ansiaba un futuro prometedor para su hijo.

Francisco recibió la educación habitual para la época. De esta forma, aprendió a hablar latín desde joven. Y según cuentan investigadores, en su juventud no tenía reparos en hacer gastos cuando andaba en compañía de sus amigos, en sus correrías periódicas, ni en dar pródigas limosnas.

Cuando tenía cerca de 19 años de edad, antes de su conversión, se unió al Ejército y luchó en una guerra que se libró entre las ciudades de Perugia y Asís. Fue prisionero durante un año, pero finalmente fue liberado ileso. De acuerdo con los relatos, fue en un viaje a Apulia, en 1205, ​ mientras marchaba a pelear, cuando durante la noche escuchó una voz que le recomendaba regresar a Asís. Y así lo hizo.

El cambio a la nobleza

Desde ese momento, Francisco comenzó a cambiar su actitud, convirtiéndose en más pacífico, reflexivo y con desapego a lo terrenal. Esa transformación tuvo su punto cumbre cuando convivió con los leprosos, a quienes por ese entonces se consideraba difícil de mirar.

Se dedicó después a la reconstrucción de la capilla de San Damián. Según los relatos, lo hizo después de haber visto al crucifijo de esta iglesia decirle: “Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas”. Fue entonces cuando vendió algunas pertenencias de su padre, regresó a San Damián y se lo dio al sacerdote, quien rechazó la ayuda.

Su padre vio el hecho como una locura. Después de meses buscándolo -Francisco se había escondido-, lo encontró y lo reprendió severamente, lo encadenó y lo encerró en un calabozo. Cuando el mercader fue a trabajar, la madre de Francisco lo liberó. Y lejos de huir, se quedó en casa para ratificarle a su padre que haría todo por amor a Cristo. Luego de devolver el dinero a su padre y de despojarse de su vestimenta, proclamó a Dios como su verdadero padre ante la iglesia.

Ejemplo para el catolicismo

Después de reconstruir varias iglesias, se presume que recibió su verdadera misión el 24 de febrero de 1208, ​ cuando escuchó estas palabras del Evangelio: “No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos… (Lc., 10)”. De esta forma, pasó a tener una vida austera.

Francisco predicaba y pedía la pobreza. Comenzó la expansión de su mensaje evangélico en varios lugares del mundo. Murió en su ciudad natal, Asís, en 1226.

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